La UE y América Latina y el Caribe: aunar esfuerzos frente a la COVID-19

Josep Borrell. ARVP UE

Hace pocos años, la Unión Europea situó el concepto de “resiliencia” en el centro de su Estrategia Global y de Seguridad. En un mundo más complejo, disputado e interconectado, se asumía que la seguridad y el bienestar enfrentaba nuevos desafíos geopolíticos y los riesgos transnacionales de la globalización. Ello exigía fortalecer la capacidad de cada país para encajar y sobreponerse a un choque externo. Ese era un objetivo de nuestra cooperación con los países en desarrollo, menos resilientes, pero también interpelaba a una UE que se sabía vulnerable ante esos riesgos.

Hoy, la COVID-19 supone una prueba fundamental de resiliencia para las sociedades, las economías y la gobernanza en todo el mundo. Siendo una pandemia global, nadie está a salvo, menos aún con respuestas exclusivamente nacionales. Sin duda, hay distintas capacidades y responsabilidades de partida, pero sin cooperación y apoyo mutuo, su impacto puede ser aún más devastador para todos. La propia UE sufre una crisis sin precedentes, con sus sistemas de salud al límite y aprendiendo sobre la marcha cómo “aplanar la curva” del contagio, y busca como dar una respuesta mancomunada a una crisis que es, al tiempo, sanitaria, económica, social y de gobernanza. En los países menos desarrollados esta crisis se afronta con sistemas de salud más precarios, y menos margen para preservar, simultáneamente, la salud y la actividad económica, el empleo y los medios de vida. Aquí y allá, los dilemas de política de la COVID-19 son más angustiosos donde hay menos espacio fiscal, las instituciones son más frágiles y la confianza ciudadana en sus gobiernos más precaria.

Aunque en distinto grado, en América Latina todo esto está presente. La región ya iniciaba el año 2020 con un escenario adverso. Desde el fin del ciclo de las materias primas en 2014, las tasas de crecimiento han sido las más bajas de las últimas siete décadas, el empleo y el bienestar retrocedía, y aumentaba la pobreza.  El Latinobarómetro registraba los peores índices de satisfacción con el funcionamiento de la democracia en los últimos veinte años. La desigualdad y las diferencias de acceso seguían siendo enormes, y la región, con el epicentro en Venezuela, enfrentaba la peor crisis migratoria de su historia reciente. También ha perdido capacidad de actuar colectivamente, al haber desmantelado parte de sus organizaciones regionales a causa de la polarización y la fragmentación política.

Con esas condiciones de partida el desafío para América Latina es titánico. Incluso con medidas drásticas de confinamiento y distancia física frente al contagio, los sistemas de salud pueden colapsar en una fase temprana de la pandemia. Al ser parte de titularidad privada, no existe acceso igualitario a los test y la atención médica de calidad. Pero los efectos más lacerantes de la desigualdad se plantean en las medidas de prevención y contención del contagio. Para quienes tienen que utilizar metro o microbuses atestados, observar lo que en México se llama “Susana distancia” no es una opción. Quienes viven al día, con ingresos muy bajos o en el sector informal, no pueden permitirse el confinamiento y la inactividad laboral durante semanas o meses. Los migrantes quedan en un limbo laboral y legal que impide sobrevivir. Y los gobiernos se encuentran sin espacio fiscal para incrementar el gasto en salud, asegurar una renta mínima a quienes son pobres o vulnerables, o sostener a las empresas, especialmente las pymes, para que puedan recuperarse tras la pandemia. Estados Unidos puede recurrir a la Fed y financiarse en su propia moneda. En la UE el Banco Central Europeo puede ampliar las opciones de financiación, y se puede recurrir a los créditos de contingencia del Mecanismo Europeo de Estabilidad, y quizás, a mutualizar deuda. Salvo el recurso al Fondo Monetario Internacional, que supone un injusto estigma financiero, nada similar existe en Latinoamérica y el Caribe. Sin respuestas adecuadas, además del elevado coste humano, hay serios riesgos políticos en la región ante el ascenso de fuerzas de ultraderecha.

La UE y sus Estados miembros están ya prestando apoyo en el ámbito sanitario, y se ha decidido reorientar de inmediato los programas de cooperación técnica y financiera con América Latina y el Caribe para responder a esta pandemia, con un total de 918 millones de euros asignados por la Comisión Europea, y otros 325 millones del Banco Europeo de Inversiones. Más allá de estos recursos, donde nuestra asociación estratégica con Latinoamérica y el Caribe puede ser más efectiva es impulsando juntos una respuesta multilateral robusta. Trabajaremos en el G20 y las instituciones financieras multilaterales para que exista más espacio fiscal para evitar el colapso sanitario, el desplome económico y una grave crisis social. Ello dependerá en gran medida del acceso urgente a la financiación externa. Si está ausente, algunos actores externos pueden ver en esta situación, de manera oportunista, una vía para utilizar la asistencia bilateral con objetivos geopolíticos. Y tampoco es el momento de las sanciones económicas generalizadas, que ya antes de la pandemia tenían un grave coste humano, y vedan el acceso a recursos externos. El FMI y el Banco Mundial ya han anunciado líneas de financiación y alivio de la deuda de los países más pobres, pero no deben olvidarse los países de renta media lastrados por un alto endeudamiento. Hay precedentes: en la crisis de 2008 el G20 actuó con resolución y, a instancias de ese foro, el FMI multiplicó por cuatro su capital. Hoy las necesidades son mayores y se deben considerar todas las opciones existentes para movilizar más recursos.

Este es el mayor shock a la economía global desde la Segunda Guerra Mundial. Una respuesta eficaz necesitara movilizar la acción colectiva internacional. La UE y América Latina y el Caribe —una asociación de 61 países— han de aunar esfuerzos de nuevo. Es en momentos de crisis agudas cuando se ponen a prueba los vínculos entre países amigos. Y esta crisis nos ha vuelto a recordar que nuestra resiliencia depende también de la cooperación internacional. De esta crisis, solo saldremos unidos.

Josep Borrell

Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Vicepresidente de la Comisión Europea

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Crisis políticas y protestas sociales en América Latina

En un ciclo relativamente corto, y en algunos casos, ante la sorpresa de muchos, varios países de América Latina —Ecuador, Chile y Bolivia— se han visto sacudidos por crisis políticas y amplias protestas sociales. Perú también ha vivido una crisis política que es una derivada más de los casos de corrupción asociados a las prácticas de Odebrecht. En México, los graves acontecimientos de Culiacán son una muestra de los riegos del desborde de la violencia asociada al narcotráfico y la debilidad estatal. A ello se suma la crisis de Venezuela, la más grave y de largo alcance, que ha generado un éxodo poblacional masivo que afecta al conjunto de la región. En Argentina, con el telón de fondo de una profunda recesión económica y una grave crisis social, las elecciones presidenciales han llevado a un cambio de gobierno y de orientación de la política exterior y de desarrollo que es la expresión de un amplio descontento social. En Centroamérica, Nicaragua, Guatemala y Honduras, por distintos motivos, presentan un escenario problemático en términos de estabilidad y gobernabilidad democrática. La elección de Bolsonaro en Brasil es también la expresión de un país polarizado social y políticamente y sin un rumbo claro.

En suma, el panorama de relativa estabilidad que ofrecía América Latina hace apenas un año, de la mano de un ciclo de gobiernos liberal-conservadores, ha desaparecido en pocos meses, en algunos casos, como Chile, de manera relativamente sorpresiva, y las políticas de gobierno de esa etapa parecen estar ahora ampliamente cuestionadas.

Tanto desde el punto de vista del análisis de sus causas y dinámicas, como de la respuesta política, ese escenario plantea interrogantes de gran calado: ¿Se trata de crisis de alcance eminentemente local, con causas y agentes ubicados en cada país, aunque coincidentes en el tiempo, o responden a dinámicas regionales y/o globales? Si es así, ¿Son causas estructurales, o dependen de la iniciativa de determinados actores políticos y sociales? Se ha llegado a afirmar que detrás de esas protestas sociales se encontrarían actores externos que estarían conspirando contra la estabilidad política y la prosperidad que habría alcanzado la región al dejar atrás el ciclo de gobiernos progresistas anteriores.

Un análisis riguroso parece indicar que sí hay causas estructurales que son comunes al conjunto de la región: en primer lugar, el ascenso de clases medias y aparición de una amplia franja de población vulnerable ante la recesión económica, que ya está presente, y que suponen una difícil combinación de expectativas en ascenso, y de frustración y descontento al comprobarse que no se pueden materializar. En segundo lugar, un generalizado “malestar en la democracia” que se concreta en una amplia crisis de representación política, de desafección ciudadana y de desconfianza en las instituciones y en las elites, que se ha manifestado ya en el “súper ciclo” electoral de 2017-2019. Ese “malestar” está claramente reflejado en las encuestas de opinión, como el Latinobarómetro, que en su edición 2018 registró los peores indicadores de satisfacción con el funcionamiento de la democracia en la región de los últimos 25 años. Estos factores causales serían también la particular expresión latinoamericana de una dinámica global de desafección y crisis de la democracia, de rechazo a las elites, y de contestación o cuestionamiento de la democracia y el orden liberal internacional que se observa también en otras latitudes.

Ahora bien, esos factores se manifiestan de distinta manera en cada país, y se suman a factores de estructura y de agencia que son propios de cada escenario nacional. Esos factores diferenciadores son clave: explican las importantes variaciones que existen en la región: que haya o no revueltas populares, y sus dinámicas particulares (Ecuador, Chile); o que el descontento se canalice por mecanismos electorales (Argentina); que el motivo de la protesta se relacione más con la desigualdad o la precariedad socio-económica (Argentina, Chile, Ecuador), o con factores políticos o electorales, como el fraude electoral (Bolivia) o la corrupción (Perú).

A la vista de esos factores, la afirmación de algunos líderes políticos de que las protestas hayan sido manejadas desde el exterior es, a todas luces, sencillamente ridícula. Y el recurso a las fuerzas armadas y la apelación al mantenimiento del orden como garantes del poder constituido difícilmente puede ser la solución a problemas sociales y políticos que requieren de ejercicios de diálogo y concertación de amplia base. Refleja, más bien, la incapacidad o rechazo de las elites tradicionales a reconocer demandas sociales legítimas en sociedades aún segmentadas y con una profunda brecha de desigualdad. Ese amplio “malestar en la democracia”, y las protestas a las que ha dado origen, apelan a la reconstrucción del contrato social con mecanismos que aseguren sociedades más inclusivas: Supone una ampliación de la agenda democrática y la exigencia de políticas públicas más amplias, inclusivas, y de mayor calidad, de transparencia y rendición de cuentas de elites e instituciones, un nuevo “pacto fiscal”, y sociedades más abiertas, que permitan el ascenso social y la renovación de las elites.

Una convocatoria que promueve la Agenda 2030 de desarrollo sostenible

José Antonio Sanahuja

La convocatoria de becas 2019-2020 de la Fundación Carolina pretende contribuir, desde la cooperación en educación superior a lograr los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y la Agenda 2030. Es también una muestra de la renovada relación que España quiere tener con América Latina y, en particular, de los nuevos enfoques que debe tener la cooperación española al desarrollo con esa región, y la que se lleva a cabo en el seno de la Comunidad Iberoamericana.

En los últimos años, el progreso económico y social que ha conocido América Latina y el Caribe ha supuesto cambios importantes en las agendas del desarrollo y la cooperación. La región tiene los recursos y la voluntad política para abordar por sí sola los retos aún pendientes de erradicación de la pobreza y la desigualdad, y a través de innovadoras herramientas de Cooperación Sur-Sur y triangular, participa ya de las nuevas formas de asociación que demanda la Agenda 2030. Para España, como para la Unión Europea, también es necesaria una renovación de la política de desarrollo: ha de ser más horizontal y debe contar con enfoques y programas más avanzados, en particular aquellos que impulsan el aprendizaje conjunto, el intercambio de experiencias y prácticas institucionales y políticas, y la generación y transferencia de conocimiento.

La cooperación en educación superior, ciencia, tecnología e innovación es por todo ello uno de los ámbitos prioritarios. El conocimiento científico y tecnológico es un motor central del desarrollo sostenible, y contribuye, de manera transversal, a lograr la implementación de la Agenda 2030 en sus cinco “P”: el cuidado del planeta; el desarrollo de las personas; una prosperidad que no deje a nadie atrás; la paz, la justicia y las instituciones sólidas y que rindan cuentas; y las asociaciones y partenariados entre todos los actores. La oferta de becas contemplada en esta convocatoria permitirá formar especialistas para implementar sistemas de producción y consumo sostenibles; para descarbonizar el mix energético, hacer frente al cambio climático y preservar la biosfera; para mejorar la actividad empresarial y afirmar la agenda de productividad en la que ha de descansar el empleo decente y el progreso material de la sociedad; y en los campos social y político, para impulsar el cambio institucional y la innovación social, la igualdad entre mujeres y hombres y en el conjunto de la sociedad, y con todo lo anterior, para promover sociedades más pacíficas y seguras, revitalizar la democracia y el Estado de derecho y su legitimidad ante una ciudadanía más exigente y que ya no acepta ser gobernada como antes. Son, además, un importante mecanismo de ascenso social basado en el mérito, que contribuye a romper las barreras sociales, de etnia o género que perpetúan la desigualdad en las sociedades latinoamericanas y contribuyen así a generar sociedades más abiertas y con mayor igualdad de oportunidades.

En fechas recientes, la III Reunión de ministros y ministras y altas autoridades de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Comunidad Iberoamericana se reunía en La Antigua (Guatemala) y comprometía a los países firmantes a fortalecer el intercambio y movilidad de investigadores iberoamericanos para la formación de jóvenes científicos. También instaba a los firmantes a adoptar medidas institucionales para fomentar y garantizar el acceso e igualdad de oportunidades para las mujeres en la carrera científica, tecnológica y académica, así como para promover el progreso en la misma.

Esta convocatoria de la Fundación Carolina se ha diseñado teniendo en cuenta todos estos compromisos y metas. Además de la habitual convocatoria de becas de posgrado, estancias de investigación, y doctorado, incluye algunas novedades importantes respecto a convocatorias anteriores. Entre ellas se encuentra el programa de estancias de investigación que se lleva a cabo con la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Este programa, por primera vez, permite la movilidad académica en ambas direcciones, pues también está abierto a investigadores/as españoles que quieran desarrollar estancias en una institución académica de un país latinoamericano y caribeño que sea parte de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Por otro lado, estas becas pretenden afrontar las conocidas brechas de género que aún existen en materias como ciencias experimentales, tecnología, ingeniería y matemáticas (áreas STEM, por sus siglas en inglés), en las que la presencia de mujeres es menor. Por ello, en este programa se han establecido de manera expresa mecanismos que aseguren una mayor presencia de mujeres en esas disciplinas. Queremos reconocer expresamente el papel de liderazgo que ha tenido la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, a la hora de promover estas novedades. También cabe destacar la continuidad y ampliación de las llamadas becas institucionales, orientadas al fortalecimiento de las administraciones públicas iberoamericanas, así como a la consolidación del programa de doctorado, que, en esta convocatoria, amplía y refuerza su cobertura con el lanzamiento de un programa dirigido a la Alianza del Pacífico, así como un programa diferenciado de becas STEM para la formación de universitarias latinoamericanas.

Cabe destacar, por último, que esta convocatoria es también muestra de la renovación de la Fundación Carolina como actor del sistema de acción exterior y de la cooperación al desarrollo de España, y como uno de los mecanismos que tratan de contribuir, de manera simultánea, a la conformación del espacio iberoamericano del conocimiento y la educación superior, al fortalecimiento de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y a la implementación de la Agenda 2030 haciendo de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, la sostenibilidad, y la igualdad entre mujeres y hombres vectores centrales de la cooperación al desarrollo avanzada que dicha Agenda exige.

Finalmente, queremos expresar también nuestro agradecimiento al conjunto de las instituciones, empresas y universidades que hacen posible que esta convocatoria de becas sea una realidad: tanto a aquellas que nos respaldan desde el patronato de la Fundación, como a todas aquellas que a ambos lados del Atlántico nos prestan su inestimable apoyo y colaboración.

José Antonio Sanahuja
Director

Enero de 2019

Saludo del director

José Antonio Sanahuja

Envío este mensaje de saludo a la ya muy nutrida comunidad académica y profesional que se ha gestado en torno a la Fundación Carolina desde sus orígenes: las universidades y centros de estudio que se han asociado a la Fundación y acogen y forman a sus becarios; los anteriores becarios, que ya están revirtiendo a la sociedad la formación recibida y con los que seguimos en contacto; el gobierno de España, su Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europa y Cooperación, y las entidades públicas y empresas que nos respaldan desde el Patronato de la Fundación, prestando un entusiasta apoyo institucional y financiero; la Casa de S. M. el Rey y, como no, el equipo profesional de la Fundación en su sede en Madrid, y la Fundación Carolina Colombia y las asociaciones de exbecarios que actúan desde países de Iberoamérica.

A todas y todos, un afectuoso saludo.

Como nuevo director —y puedo hablar también en nombre del nuevo Secretario General y Gerente, Hugo Camacho— es un gran honor y un privilegio poder asumir la dirección de la Fundación Carolina, por el importante acervo y el prestigio acumulado por esta institución.

Ese prestigio se ha ganado a través de una actuación efectiva en el marco de la acción exterior y la diplomacia pública de España. Pero donde la Fundación se ha convertido en una referencia inexcusable es en su actuación como instrumento de la cooperación científica y universitaria y en su contribución a la construcción del Espacio Iberoamericano del Conocimiento y la Educación Superior. Para ello, la Fundación Carolina se ha configurado como experiencia singular de alianza público-privada que contribuye a aunar esfuerzos de universidades y centros de estudios, de las empresas y de las instituciones del Estado.

De su relevancia y prestigio da fe, por ejemplo, el alto número de solicitudes y el alto nivel académico que caracteriza al programa de becas, así como sus buenos resultados, la aceptación del programa internacional de visitantes o de líderes iberoamericanos, o la vibrante actividad de la Red Carolina a través de las redes sociales.

Quiero expresar por ello mi reconocimiento a la labor desarrollada por el personal de la Fundación y las personas que me han precedido en la dirección: Daniel Sada (2000-2003), José María Lassalle (2003-2004), Rosa Conde (2004-2012), y Jesús Andreu (2012-2018).

Mi compromiso como director es, en primer lugar, preservar y ampliar ese importante acervo. Y ello exige, en primer lugar, evitar cualquier atisbo de autocomplacencia. Es necesario un renovado esfuerzo de actualización y puesta al día para que la Fundación Carolina siga siendo relevante para las sociedades iberoamericanas, en particular en lo referido a las demandas para la educación superior, el mundo del trabajo, o los nuevos retos ha de encarar la ciudadanía, las empresas y las políticas públicas, todo ello en el marco de la acción exterior y de la cooperación al desarrollo española.

Dos aspectos, en particular, reclaman nuestra atención. En primer lugar, tanto América Latina y el Caribe como España y la Unión Europea se enfrentan a cambios sociales y económicos profundos, ante un mundo en transformación y una globalización en crisis o sometida a tensiones. El mundo no es el que solía ser. Al ascenso de nuevas fuerzas y actores políticos, que ponen en cuestión el orden internacional y suponen nuevos riesgos geopolíticos, se suma una acelerada revolución tecnológica que comporta tanto riesgos como oportunidades para la cohesión social y, y exige una actualización del contrato social en el que se sustentan las sociedades iberoamericanas. Ello nos exige reflexión y análisis, un mejor conocimiento mutuo, y una renovación de nuestros vínculos y formas de asociación. La Fundación Carolina, en esta etapa, ha de sumar esfuerzos con las universidades y centros de pensamiento que están aportando conocimiento relevante para afrontar esos cambios.

El segundo aspecto a destacar se refiere a nuestra respuesta ante ese escenario de cambios. Tenemos ya una guía para la acción, que es la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Esta Agenda no nos es ajena, e interpela de manera directa al mandato de la Fundación Carolina. Se trata de una verdadera narrativa de progreso global, y aporta una visión universalista y a la vez respetuosa de la diversidad, que nos permite renovar nuestro compromiso con el ser humano y el bien común frente a discursos particularistas y excluyentes, movilizando la acción colectiva a través de sus metas, agrupadas como las cinco “P”: personas, planeta, prosperidad, paz y políticas responsables, y partenariados. Tanto las administraciones como las empresas que están presentes en nuestro Patronato están haciendo esfuerzos por incorporar esa Agenda, y la Fundación Carolina también ha de reajustar su actuación para sumarse a ese propósito desde su mandato y singularidad.

No quiero terminar sin agradecer, en nombre propio y en el del nuevo Secretario General, Hugo Camacho, el apoyo y la confianza depositadas en estos nombramientos por parte del Presidente del Patronato de la Fundación Carolina y Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; del Ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Josep Borrell; del Secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica y el caribe, Juan Pablo de Laiglesia; así como de todas las personalidades que integran el Patronato. Estoy también convencido de que en esta nueva etapa seguiremos contando con el trabajo entusiasta del personal de la Fundación, y que encontraremos la colaboración y el respaldo que hasta ahora hemos tenido por parte de todas las instituciones y entidades que nos apoyan.

De nuevo, muchas gracias a todas y todos, y nos tienen a su disposición.

José Antonio Sanahuja
Director

Un espacio para el latir humano

Por: Camila Ríos Armas
A veces se nos olvida lo humano. La solidaridad y empatía se cuelan por las ranuras de la acera que día a día recorremos en nuestra cotidianidad ciegasordomuda. Creemos muchas veces, metidos en nuestras mascaras, que el otro no nos ve, o que nuestro esfuerzo es vago y solitario. Vivimos sumergidos en nuestra realidad inmediata y viendo de reojo el mundo que está allá fuera. Lo nombramos en tercera persona como si no fuera, también, nuestro mundo. Son estos algunos de los motivos que hacen de la iniciativa Jóvenes Líderes Iberoamericanos, realizada por la Fundación Carolina con auspicio del Banco Santander y Fundación Rafael Del Pino, una loable labor.

Este año se llevo a cabo la décimo segunda edición de un programa que busca fomentar la integración iberoamericana y la sumersión de sus integrantes en la realidad político, social y económica de España y Europa. Bajo un riguroso proceso de selección formaron un grupo de 6 españoles, un portugués, y 43 latinoamericanos; lo llamaron un grupo de 50 iberoamericanos. Así se me presentó cuando me anunciaron ser una de las seleccionadas. Lo veía complicado, extenso y hasta algo etéreo, pero al llegar a Madrid y verme al lado de los otros 49 seleccionados todo pasó de lo inasible a lo material. Entendí en menos de 24 horas que la experiencia tenía que ver con nuestro lado humano. Entraría en contacto con los países a través de sus rostros, y si nos vamos a la etimología de la palabra persona, hasta podría decir que entraría en contacto a través de sus máscaras. Cada uno, como en la antigua Grecia, llevaba ante sí no la máscara de un rol específico en una obra de teatro, sino la máscara de su país, de sus orgullos y sus vergüenzas, sus logros y fracasos.

Nos convertimos en viajeros y como todo viajero, en receptáculos de lo nuevo, de lo inédito, gracias a una densa agenda que incluía viajes a Bruselas, Brujas, Gante, Toledo, Santiago de Compostela, Coruña y Madrid, y visitas a lugares emblemáticos como el Parlamento Europeo, la Catedral de Santiago, la sede de la Real Academia de la Lengua Española y el Palacio de la Moncloa, por nombrar algunos, o lugares excéntricos como la Ciudad Financiera del Banco Santander, en donde entre olivos de más de mil años nos adentramos en el modelo de esta entidad bancaria. Para algunos, ciudades ya conocidas, incluso ciudadanos de esas ciudades y para otros, primera vez en el continente viejo.

Las ponencias, conversatorios, paseos, fueron el espacio perfecto para aprender. Para buscar respuestas pero, sobre todo, para generar más preguntas. Tuvimos el privilegio de ser recibidos siempre por altos funcionarios de las entidades que visitábamos, haciendo del programa no solo una experiencia vital en el aspecto personal sino también en el profesional. De la mano de los ponentes, pudimos tener un conocimiento y compresión mayor de la identidad iberoamericana (Bruno, Brasil) y, sobre todo, de la realidad española y europea.

Hubo muchas historias personales que, como dice Tania (España) se contagiaban, haciendo de la travesía una experiencia de libertad y felicidad (Javier, Honduras), en el que la solidaridad entre pares es posible (Santiago, Argentina) y la conciencia del otro y de cuánto puedes llegar a conocerlo se hace real (Luis, Perú). Fue una experiencia que nos hizo comprobar que sí bien existen fronteras entre nuestros países, nos une a todos una misma raíz (Carla, México). Una raíz que contribuye a la conformación de un sentimiento identitario (Silvia Elena, Nicaragua), un sentimiento de gran familia (Patricia, España). Y no es poca cosa que un programa logre exacerbar ese sabernos hermanos aun en la diversidad de culturas que nos separan (Indira, Cuba), o que nos coloque en el rol de ser personas adultas fuera de nuestros países (Juliana, Colombia), personas ávidas de conocimientos y llenos de dudas.

Y es para mí, justamente, esto lo que más me asombró de todo lo vivido: lograr sentirnos más personas. Lograr sentir la fascinación por la vida, como lo hacen los niños (Sofía, El Salvador) y sentir la formación de nuevos lazos amistosos, amigos que se quieren visitar en sus casas (Fernando, Bolivia). Un grupo muy especial en el que cada uno fue la pieza de un puzzle (Elizabeth, Uruguay) conformando ese espacio iberoamericano que para algunos, era ajeno. Para los propios españoles, vivir su realidad bajo otros lentes, como outsiders, fue algo que estoy segura marcó sus vidas. Para Borja (España), el programa le permitió abrir los ojos ante un mundo completamente diferente lleno de amor, sensibilidad, cariño y gente trabajadora. Y para Ivo (Portugal), más que llamarse europeo prefiere llamarse iberoamericano, nombre que arropa a cada una de las personas que para él dejaron un sentido de espacio común para todos.

Gracias a la Fundación Carolina, de la mano de sus representantes, vivimos una experiencia maravillosa en la que 50 personas con talentos muy diversos, que aún seguimos descubriendo (Eugenia, Venezuela), pudimos conocer aspectos variados como qué discuten en la Real Academia, cuál es el modelo de INDITEX, cómo Repsol llegó a ser la empresa que es, de qué manera el Banco Santander se ha convertido en una de los cinco bancos más importantes del mundo, cómo está organizado el Parlamento Europeo, cómo es que los molinos no son sólo invención de Cervantes sino también energía verde y cómo la fe tiene casa en una catedral como la de Santiago de Compostela. Haciendo eco de las palabras de William (Panamá), mis 49 compañeros me hacen creen en ese futuro prometedor y me inspiran a seguir adelante, o de las palabras de Esteban (Ecuador) “esas dos semanas fueron una inyección de vitamina para alimentar los sueños y compartirlos con más gente, genuinamente interesada en conocer más”. Y es esa saudade de compartir, como la llama Luis (México), lo que nos hará buscarnos, seguirnos e ir más allá de esas dos semanas para llegar de nuevo a ese lugar que nos permitió descubrir que “la vida no espera por nadie y que ella está ahí. Que se mueve sin parar golpeando nuestros corazones y jugando con nuestras mentes. Pero que también fluye internamente por nuestros sentimientos y pensamientos y que nos vuelve cada día más humanos” (José Luis, Argentina).

Queda en nuestras manos la inmensa tarea de hacer resonar todo lo aprehendido. Que ese lugar se vuelva espacio real con proyectos concretos en nuestras ciudades de origen. Y que lo que fue una experiencia personal la transformemos en una experiencia colectiva, llena de desafíos, de impacto y cambio. Luego de haber participado en la XII edición del Programa Jóvenes Líderes Iberoamericanos, cada uno, desde su área de estudio o trabajo, recordará que hay algo más allá y que justamente esa conexión con lo que está más allá viene de nuestro interior, viene del sentir, del latir humano que nos caracteriza y que hoy estoy segura, nos llevó a encontrarnos.