“Debemos trabajar conjuntamente para dar respuesta a los nuevos retos”

HABLAMOS CON I LAURA ELENA CARRILLO

Directora ejecutiva de la Agencia mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID). Cuenta con las licenciaturas en Comunicación y en Educación, maestrías en Historia y en Desarrollo Sostenible, además del Doctorado en Desarrollo Regional. En el año 2010 se integró al servicio público en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México, para coordinar el Programa Niñas y Niños Talento. También participó en el Fideicomiso Educación Garantizada como directora del Programa de Estímulos para el Bachillerato Universal Prepa Sí. Fue Directora de de Evaluación del Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México. Investigadora y docente en los niveles básico, medio y superior, ha participado como ponente y moderadora en conferencias y congresos en México y en el extranjero. Es autora de varias publicaciones en materia de desarrollo, cooperación, educación y políticas públicas.

 

Cómo directora de la cooperación mexicana, ¿cuáles son los principales desafíos de las políticas de cooperación al desarrollo en Iberoamérica y en México, en el marco de la Agenda 2030?

El principal, es empezar a ver no tanto como países, sino como regiones porque algo que nos afectó, de alguna forma, es que tenemos un producto interno bruto elevado y da la impresión de que somos una economía muy grande, entonces, nuestra situación social, se vería reflejada también como mejor calidad de vida, y no es así. Acá tenemos una especie de disparidad, porque tenemos, efectivamente una economía grande, pero también tenemos mucha inequidad y mucha desigualdad y esa desigualdad, si se hace un análisis regional, es aún mayor. Tenemos regiones del país como la del Norte que está mucho más avanzada en muchos aspectos pero, por ejemplo, la región Sureste de México se parece mucho más a la situación social y económica del norte de Centroamérica que al propio México. Este es un gran desafío porque no se puede ver a México como un solo país, en realidad, somos cinco o siete distintos; además, tenemos que vernos no como un país aislado que se encuentra entre América del Norte, Estados Unidos y Canadá y Latinoamérica, sino que nos tenemos que ver como parte de la región latinoamericana, y más aún, como parte de la región Iberoamericana.

En la medida en que nosotros podamos entender que no estamos aislados, que no somos una sola región, que somos varias, creo que vamos a poder empezar, ahora sí, a planear con una visión mucho más comprensiva… al final, sea desarrollo, sea crecimiento económico, lo que queremos hacer y lo que quiere hacer el presidente López Obrador, es eliminar la pobreza y ese es el mismo objetivo de la Agenda 2030.

Desde esa perspectiva integradora, ¿qué papel puede jugar el Plan de Desarrollo para Centroamérica?

Es precisamente la prioridad en este momento. Se nos ha encargado a la Agencia de Cooperación, también de manera muy particular, dar a conocer este plan, dar a conocer las bondades de este plan y buscar adeptos y compañeros, no sólo dentro del país, sino también y de manera muy importante con nuestros socios en cooperación internacional, de manera que ellos puedan ver que estamos haciendo algo muy concreto, muy específico, para tener resultados a corto y a largo plazo. Hay situaciones de real emergencia en las que, si pudiéramos contar con el apoyo de la cooperación internacional, seguramente podríamos apoyar a toda la gente que ahorita se encuentra en una situación muy difícil.

Vamos a trabajar en una gran campaña en torno a la cooperación internacional, a las Agencias, para de alguna manera, buscar la financiación e implementar el Plan. Esa es la prioridad que me han encargado como directora ejecutiva de la cooperación internacional en México.

Desde la perspectiva mexicana, ¿cómo veis la situación en América Latina?

México estuvo mirando mucho hacia el norte en años pasados y el presidente Andrés Manuel López Obrador, tiene la visión de mirar hacia la región a la que realmente nosotros pertenecemos. Tenemos mucho que aprender de unas regiones y otras. La región iberoamericana, por ejemplo, tiene mucho en común en términos culturales y en términos de idioma. En México, creemos y, no quiero ser petulante, que tenemos un liderazgo natural que debemos retomar y que queremos aprovechar para que se traduzca, insisto mucho en esto, en una mejor calidad de vida, no solo para los mexicanos sino también para todos los latinoamericanos y de manera muy especial para nuestros hermanos centroamericanos. Como les digo, compartimos una región que se ha quedado rezagada, como también El Caribe, que cada año se ve azotada por el cambio climático y eso no es responsabilidad de una sola región, sino de todo el planeta. Todos deben hacerse responsables también de sus consecuencias.

¿Qué papel crees que puede desempeñar el sector privado en estos Planes de cooperación al desarrollo o en la propia implementación de la Agenda 2030?

Debe ser un papel cada vez más protagónico, porque, así como estoy hablando de las regiones que deben tener planes de desarrollo integrales, pues también deben tenerlos todos los sectores. A la iniciativa privada le interesa que los nuevos jóvenes vengan preparados para ayudarles y buena parte de la preparación de la juventud, de la niñez, se da en los sistemas gubernamentales o en los sistemas nacionales de educación y en ese sentido debe haber una comunicación continua. El desarrollo económico y la posibilidad de generar mejores oportunidades de empleo, se van a dar en buena medida, en la iniciativa privada, de modo que esta relación, que siempre ha sido natural, hay que reforzarla.

¿Eso está presente en el Programa de gobierno de Andrés Manuel López Obrador?

No hay duda con respecto de las políticas públicas del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo van a ir viendo con el paso de estos meses. La duda va a quedar esclarecida automáticamente porque la inclusión de la iniciativa privada está presente. Fue además muy importante en las pasadas elecciones la participación de empresarios porque lo que ellos quieren y lo que les conviene, es que a México le vaya bien y si la calidad de vida aumenta, entonces también aumentan las posibilidades de que la iniciativa privada haga una aportación más importante a México.

Hablas de la vuelta de México a América Latina y al Caribe, ¿qué papel le atribuyes a España en todos esos posibles planes de desarrollo tanto al interior de México como de la región centroamericana?

España siempre ha sido nuestro aliado, siempre hemos sido hermanos. La cooperación más importante que tenemos es con España y la cooperación que tiene España con América Latina es mucho más fuerte que la que se da en otras regiones del mundo. Eso es natural, porque nosotros, como digo, compartimos tanto y compartimos tanta hermandad cultural que me parece que es natural que tengamos este acercamiento. Pero, además México tiene la tradición también de apoyar a los españoles. Estamos cumpliendo 80 años del apoyo que dio el presidente Cárdenas a los exiliados españoles, y yo creo que cuando hablamos de esa época, en mi experiencia, a los mexicanos se nos pone la piel muy sensible y también a nuestros hermanos españoles, porque es un reflejo precisamente de esa unión que tenemos y que debemos reforzar, y que ahora, me parece más importante que nunca para fortalecer esta región.

Quiero aprovechar para decir que es momento de superar las rencillas que pudiera haber entre hermanos y que la mejor manera de hacerlo es dialogándolo, platicándolo como cualquier familia. Tenemos que hacer un frente común, porque el mundo nos presenta estos nuevos retos. Ayer lo mencionábamos también, con el equipo del Seminario, y es que estamos quedándonos muy atrás en temas de innovación, en temas de tecnología, de ciencia y deberíamos crecer en ciencia y unidos, podemos hacerlo. Si enfocamos nuestros recursos para unirnos como región, para unirnos también España y México y dar frente a, como digo, al resto del mundo, seguramente podemos lograr resultados en poco tiempo.

Efectivamente, en los tiempos que corren, con ese extraño multilateralismo que es distinto, debemos trabajar conjuntamente para dar respuesta a los nuevos retos, a esas trampas del desarrollo y que como no seamos capaces de enfrentarlas a corto plazo, va a ser un problema grande para todos nosotros.

 

“Uruguay tiene como agenda política la Agenda 2030”

HABLAMOS CON I ANDREA VIGNOLO

Andrea Vignolo, licenciada en Psicología por la Universidad de la República (UdelaR), es, desde marzo de 2015, directora ejecutiva de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional en Presidencia de la República y, desde 2018, docente de Cooperación Internacional y Cultura al Desarrollo en la Universidad CLAEH. Participó en la mesa “América Latina en transición y la transformación de la cooperación internacional” del seminario organizado por Fundación Carolina “La Agenda 2030 y el desarrollo en Iberoamérica. Retos para las políticas de cooperación internacional”, que se celebró en Madrid el 6 y 7 de junio de 2019. Con motivo de su participación en este encuentro, la entrevistamos para conocer mejor la realidad de la cooperación uruguaya y su adaptación a la Agenda 2030.

 

Como directora ejecutiva de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI), ¿puede comentarnos cómo se plantea Uruguay el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030? ¿Qué consecuencias tiene la llamada “graduación” en la estrategia a seguir para alcanzar la Agenda 2030?

Uruguay tiene como agenda política la Agenda 2030, y eso provoca que nuestra asignación presupuestaria esté en línea con los ODS y con las metas que se plantean. Cuando se aprueba la Agenda 2030, se insta a los países a que tienen que movilizar recursos internos para su implementación. Estos son los recursos presupuestarios. A diferencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que se habían acompañado de un fondo de apoyo, esta Agenda convoca a que los países tenemos que trabajar y repensar nuestras políticas para poder alcanzar esos desafíos.

En primer lugar, lo que hicimos fue saber en qué estado estábamos en vistas de lo que se proponía en la Agenda 2030. Hicimos toda una evaluación de los tipos de indicadores que se planteaban, en cuáles tenía Uruguay información, en cuáles no… Lo que sí se tomó como decisión fue no crear una nueva superestructura para el desarrollo, sino apoyarnos en unas estructuras existentes, y empezamos a establecer un diálogo entre las políticas que veníamos realizando y los ODS y las metas de la Agenda.

“El concepto de transición al desarrollo es lo que nos permite generar espacios de diálogo”

De esa manera, lo que tenemos hoy es una foto que muestra en qué desafíos de la Agenda 2030 hemos mejorado y cuáles son aquéllos en los que todavía nos falta mayor desarrollo, asignación y diseño, sobre todo, de políticas públicas, para poder alcanzar esos desafíos. Lo que sí tenemos claro es que solos no lo vamos a poder hacer, y por eso la cooperación internacional desempeña un papel muy importante, quizá no tanto desde el punto de vista financiero –aunque lo financiero importa–, pero también desde la parte de generación de conocimiento, del intercambio de experiencias. Eso es lo que estamos promoviendo a nivel internacional y, en ese sentido, el concepto de transición al desarrollo es lo que nos permite generar espacios de diálogo con donantes tradicionales, con organismos internacionales multilaterales –que promueven una agenda de desarrollo con una mirada multidimensional del desarrollo, pero que también se rigen por una visión economicista–.

En ese escenario, hemos encontrado muy buena disposición para el diálogo. Esto lleva tiempo, quizá nosotros queremos ver resultados más a corto plazo, pero implica mayor concientización, información… que era lo que cuestionábamos desde los países que íbamos a ser “graduados”. Es decir, nos gradúan y no saben, siquiera, cuáles son los efectos que esta graduación va a tener o qué nuevas responsabilidades vamos a adquirir tras esta. Estamos empezando a buscar mecanismos que nos acompañen en ese proceso y consideramos la cooperación como un instrumento fundamental.

A pesar de que Uruguay tiene la capacidad de decidir en qué ODS va mejorando y en cuáles tiene que trabajar más, al final quizás acabe con las mismas características que el resto de la región. Es decir, Uruguay entrará en el “compartimento” de América Latina y Caribe. En ese sentido, ¿cómo ve Uruguay lo que pasa en el resto de la región con miras al cumplimiento de los ODS y la Agenda 2030?

Nosotros, por supuesto, somos un país en una región. Y, por eso, trabajamos en conjunto. La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) son nuestros espacios de diálogo, donde podemos compartir el avance y los desafíos de este compromiso de la Agenda 2030. Trabajamos en los dos espacios de manera distinta, pero complementaria, para poder ir avanzando. Pero no es fácil, porque asistimos a una pérdida de derechos en varios lugares. Eso nos preocupa y nos convoca a redoblar el esfuerzo. Aun así, este tipo de situaciones hace que estemos más convencidos de que tenemos que seguir trabajando en esa senda.

“Puede haber liderazgo, pero, si no hay fortalecimiento institucional, es imposible que las políticas públicas puedan perpetuarse”

Por otra parte, Uruguay puede trabajar en torno a la cooperación con base en sus capacidades no solo financieras, sino también humanas, porque somos pocas personas. Tenemos que hacerlo en función de nuestras capacidades, y siempre con base en la demanda. Para nosotros es fundamental que, en los países donde promovemos la cooperación y la generación de conocimientos, el fortalecimiento también sea institucional. Si no, es inviable que se consoliden los cambios. Puede haber liderazgo, pero, si no hay fortalecimiento institucional, es imposible que las políticas públicas puedan perpetuarse.

Una de mis preocupaciones alrededor de la graduación es que también gradúan a la sociedad civil y a la academia. Hay mucha sociedad civil que viene a mi oficina a decirme: “Pero ¿cómo hago para subsistir sin recursos del Estado?”, porque si es el Estado el que le transfiere recursos a la sociedad civil, la sociedad civil no tiene esa capacidad de ejercicio de la democracia: un tema que tendríamos que seguir profundizando. No tengo recetas, pero sí entendemos que allí hay un espacio de construcción, de debate, de pensar juntos a ver cómo podemos tratar el tema.

En cierta manera, si se ven afectadas la sociedad civil y la academia, los gobiernos se quedan así sin altavoces que repliquen el mensaje con respecto al resto de la población. Para poder cumplimentar los ODS y la Agenda 2030 necesitamos que de verdad estén involucradas las sociedades al completo.

Totalmente. Cuando se habla de multiactor, ¿de qué hablamos? Tenemos que decirlo y hacerlo. No solo vale el discurso. El otro día, un Decano de una Facultad nos decía que ahora están teniendo dificultades para publicar porque, como estamos graduados, ahora nos cobran más por publicar en las revistas arbitradas. No nos hacen los descuentos que nos hacían antes…. Así que hay muchos impactos indirectos que vamos descubriendo día a día. También depende de la región. Es muy distinto en Europa, que cuenta con el apoyo y acompañamiento de la Unión Europea. En América Latina no tenemos ese acompañamiento a nivel regional, y eso, de alguna manera, condiciona.

“Debemos redefinir la narrativa del desarrollo, cambiar los enfoques y las herramientas”.

HABLAMOS CON I MARIO PEZZINI

 

Mario Pezzini es el director del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y consejero especial para el Desarrollo del secretario general, Ángel Gurría.  Le entrevistamos durante su visita a España para participar en el seminario “La Agenda 2030 y el desarrollo en Iberoamérica. Retos para las políticas de cooperación internacional”, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los días 6 y 7 de junio.

¿Llegará a tener “desarrollo en transición” carácter y aplicación universales? ¿Cree que eso es posible?

Sí, porque el debate empezó a iniciativa  de África del Sur, seguido de países como Ghana o Costa de Marfil; seguramente también hay interés en Asia, en países como Tailandia o Vietnam. Estamos hablando entonces de un tema universal, porque ¿qué significa “desarrollo en transición”? Significa cómo el sistema de cooperación internacional debe transformarse y transitar en la dirección de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Y cuáles son las ventajas que tiene “desarrollo en transición” sobre el sistema de cooperación anterior?

El sistema de cooperación anterior, como todo cuerpo social, ha tenido una evolución en el tiempo: se ha modificado, se ha adaptado frente a la implementación práctica de las acciones y también de los problemas, pero en el origen fue construido con un objetivo bastante claro: cómo ayudar, a la gente que estaba por debajo de la línea de pobreza extrema, a cruzar la línea; la idea, en el fondo, era realizar transferencias financieras a estas personas. Ahora, al cambiar esta visión, el sistema de cooperación debe adaptarse.

Sabemos que el tema de la pobreza es un tema complicado, y aún lo es más cuando una familia cruza la línea de la pobreza extrema. En primer lugar, porque puede regresar a esa pobreza extrema. Y en segundo lugar, porque se enfrenta a otro tipo de retos, que las transferencias financieras por sí solas ya no pueden ayudar a solucionar. Por eso hoy pensamos que el objetivo no es conseguir un nivel de renta personal, sino un objetivo de bienestar y, por ello, se deben tener en cuenta muchos más tipos de intervenciones, políticas, técnicas, etc   En este sentido, la transición del sistema de cooperación internacional es indispensable, porque hemos puesto una serie de Band Aid (tiritas) en el antiguo modelo y ahora debemos empezar a redefinirlo. Debemos redefinir la narrativa del desarrollo, cambiar los enfoques y las herramientas.

La Fundación Carolina tiene un patronato en el que hay muchas empresas. Ahora parece que para alcanzar los Objetivos de la Agenda 2030 y aplicar “desarrollo en transición”, se considera que el sector privado es indispensable.

Por supuesto, porque si como digo, nos enfocamos en los diferentes objetivos -recordamos que los objetivos son 17, articulados en numerosas metas y muchos indicadores-, pues bien, hay una serie de objetivos que no se pueden alcanzar si otros actores, distintos del sector público, no están involucrados. Nos referimos, por supuesto, a las empresas, porque en muchos casos se trata de pensar en infraestructuras, se trata de pensar en digitalización, se trata de pensar de otra manera para utilizar los recursos naturales no renovables, se trata de pensar en qué tipo de desarrollo rural, y también urbano, se va a producir en los países en desarrollo. Y aquí las empresas tradicionalmente tienen un papel fundamental. También las fundaciones. También es importante la sociedad civil. No se puede pensar en trabajar los ODS si no se tiene al mismo tiempo en cuenta diferentes actores que deben sentarse a una misma mesa para discutir y para tener todo el saber que se necesita. Frente a una nueva narrativa que va más allá de los aspectos financieros, es evidente que hay que acercarse a otros actores, como los alcaldes, la empresa privada, para pensar bien qué hacer y cómo hacerlo. Esto es indispensable.

Pero tomemos en cuenta otra cosa, un dato que es particularmente significativo: en los años noventa ha habido trece países que han tenido una tasa de crecimiento económico más del doble de la OCDE, se trataba de China, Chile, Malasia y otros. Entre 2000 y 2010, los países que han tenido una tasa de crecimiento más del doble de la OCDE fueron, ochenta y tres. Esto significa que la geografía de crecimiento del mundo ha cambiado. Desafortunadamente, en muchos casos el crecimiento económico no se ha traducido en bienestar general. En muchos casos ese es el reto que se ponen los países en desarrollo: cómo hacer una ciudad mejor organizada, cómo labrar campos que sean más productivos, cómo hacer industrias para favorecer el trabajo local. Y esto son las cosas que muchas empresas privadas saben hacer, multiplicándose las oportunidades del conocimiento.

En el seminario “La Agenda 2030 y el desarrollo en Iberoamérica. Retos para las políticas de cooperación internacional”, se ha repetido hasta la saciedad lo mucho que ha cambiado en los últimos años el mundo. Incluso ha cambiado la Agenda 2030, como decía Mario Cimoli, desde que se aprobó hasta hoy. Ese cambio tiene que ver, en cierta manera, con un choque entre lo que podríamos llamar las distintas visiones del multilateralismo y otras políticas más concentradas, más orientadas. ¿Eso va a impedir o va a ser un obstáculo para que se puedan lograr el mayor número de objetivos posibles de la Agenda 2030?

Claro que sí. Tenemos que encontrar una solución apropiada a un problema complejo, como hacer más larga la vida de los ciudadanos de un país en desarrollo. Hay ocho años de diferencia entre la vida de un ciudadano de un país de la OCDE y otro de un país de América Latina. Ocho años son muchos, entonces, trabajar sobre este tipo de problemas, necesita de la movilización de mucho saber, de muchas ideas, de muchas cosas. Esto requiere necesariamente de un trabajo multilateral, puede ser internacional o puede ser local, pero multilateral.

Si regresamos a la idea de que el problema solo es una transferencia financiera, es evidente que no vamos a solucionar el problema. Yo pienso que lo que necesitamos es una forma de multilateralismo más sofisticada que la del pasado. No se trata de dejar de lado la experiencia acumulada, eso sería un error. Sino de reformar el multilateralismo a partir de lo que ya tenemos, sumando actores y sumando herramientas. Por ejemplo hay una dimensión que a mi me parece cada vez más importante en el multilateralismo, se trata de la dimensión regional. Precisamente, porque hay conflicto a nivel global, se va a reforzar mucho la conexión a nivel de una región. ¿Estamos preparados para enfrentar ese tipo de problema? En América Latina contamos con la CEPAL que puede trabajar en ello, pero no es el caso en los otros continentes, a pesar del esfuerzo que está haciendo la Unión Africana. Cómo fortalecer también la dimensión regional en el multilateralismo, es un tema muy importante.

El día 20 de junio se presentó en Madrid el informe “Perspectivas económicas de América Latina, 2019″(LEO 2019), que de alguna manera ha puesto de manifiesto el “desarrollo en transición”. En el mismo se habla de las cuatro trampas del desarrollo: la de la productividad, la de la vulnerabilidad social, la institucional y la medioambiental ¿Esas trampas son los retos que hay que superar en el inmediato futuro?

No solo en el futuro inmediato sino desde ya mismo. Durante muchos años hemos pensado que había una sola trampa, que era la trampa de la pobreza extrema y, en realidad, hay mucho más que esta trampa. Si tomamos a los países de Latinoamérica, en los que la renta per cápita es relativamente elevada -en promedio Latinoamérica tiene la misma renta per cápita que China-, podemos fácilmente constatar que el tipo de avance que se ha producido en el tiempo es incompleto ¿Por qué? Porque si miramos, por ejemplo, la seguridad personal, en América Latina hay países de renta alta donde el nivel de seguridad es comparable al de los países de renta medio baja. Y lo mismo pasa con la esperanza de vida. Por supuesto se debe de seguir trabajando, intentando superar la trampa de la pobreza extrema, pero hay que enfocarse en superar en lo más inmediato estas otras cuatro trampas, porque si no lo hacemos podemos confundir el crecimiento económico con el desarrollo y la renta con el bienestar. Ambas están, por supuesto, relacionadas, pero no son sinónimos.

Entrevista a Esteban Madrigal, abogado en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y exbecario de Fundación Carolina

HABLAMOS CON I ESTEBAN MADRIGAL

«Estoy convencido que las democracias más sólidas y justas dependen de la participación activa, propositiva, directa e inclusiva de las personas que las conforman»

Esteban Madrigal forma parte del equipo jurídico de la oficina de San José, Costa Rica, del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional. Fue becario de Fundación Carolina en 2012, cuando realizó el Máster de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Hablamos con él sobre las acciones llevadas a cabo por el CEJIL, que tiene la misión contribuir a la defensa de los derechos humanos en el continente americano, del trabajo que realiza él en la Organización y de la actualidad de la región centroamericana.

 

¿Cómo describirías tu experiencia como estudiante en España, en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y como becario de Fundación Carolina?

España me brindó la oportunidad de conocer personas con mucha experiencia en el estudio de los problemas que globalmente enfrentamos y activa en la elaboración de propuestas e ideas para superarlos. Además, desde el punto de vista social, el país en ese momento –2012– estaba atravesando una grave crisis que ponía en discusión el modelo social y económico. Ello me permitió entender un proceso que se ha reproducido históricamente –guardando las distancias– en los países de América Latina, y que no había logrado comprender hasta ese momento. Pero, más importante aún, fue presenciar cómo el país y la sociedad española le hacían frente a este contexto con iniciativas innovadoras, que apuntaban a la mayor democratización del sistema a través de la participación activa de la población en muchos de los aspectos de la convivencia diaria.

Mi experiencia en la UCM me aportó mucho en ese sentido. La Complutense es una universidad que ofrece un espacio muy diverso con muchísimas perspectivas y discusiones, que la convierten en un centro de aprendizaje vivo, cargado de dinámicas que permiten a sus estudiantes desarrollar sus habilidades para insertarse en el mundo laboral y académico. No obstante, el espacio cumple con una función fundamental en la vida del país; formar personas comprometidas e involucradas con el desarrollo económico y social de su entorno.

La beca de Fundación Carolina, surgió en un momento personal en el que sabía lo que quería hacer, pero no tenía las herramientas suficientes, desde el punto de vista técnico, para llevar a cabo el trabajo. La beca me dio la oportunidad de profundizar en el Derecho Internacional y las Relaciones Internacionales, y afianzar mis conocimientos en esta materia para luego ponerlos en práctica en Costa Rica y la región.

Actualmente trabajas en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL)… ¿En qué países trabaja el CEJIL? ¿Cuántos beneficiarios tiene? ¿Trabajan con otras organizaciones? ¿Cuáles son las organizaciones e instituciones financiadoras de la CEJIL?

A principios de la década de los 90, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos empezaba a promoverse como un importante espacio para la defensa y promoción de los derechos humanos en un continente azotado por la desigualdad, la corrupción y la violencia. Por una parte, la Comisión Interamericana insistía a los Estados que, después de décadas de conflictos armados y dictaduras, debían garantizar los derechos más fundamentales para poder transitar a modelos democráticos.  Mientras tanto, la Corte Interamericana se iniciaba con el desarrollo de su jurisprudencia en la materia, para garantizar la justicia por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en estos periodos.

CEJIL surge en este contexto en 1991, como una organización regional que lucha por la justicia, la libertad y una vida digna para quienes habitamos el continente americano, a través del uso estratégico del derecho internacional, del cumplimiento de los derechos humanos y de los órganos de protección del Sistema Interamericano y Sistema Universal.

Nuestro trabajo ha sido posible gracias a la alianza que hemos establecido con cerca de 380 organizaciones locales e internacionales. Ello nos ha permitido representar a más de 10.000 víctimas en distintos asuntos. Entre ellas, personas defensoras de derechos humanos, pueblos indígenas, comunidades campesinas, ambientalistas, periodistas y víctimas de graves violaciones.

Este trabajo se lleva a cabo gracias al apoyo brindado por organizaciones y Estados cooperantes del norte global, principalmente europeo. Entre ellos la cooperación danesa, Pan Para el Mundo, la Unión Europea, el principado de Liechtenstein, Open Society Foundation, Noruega y Diakonía, entre otros, así como donaciones y apoyos particulares.

¿Cuáles son los casos más emblemáticos sobre los que ha trabajado CEJIL? ¿Cuáles son los más importantes en los que has trabajado tú?

Cuando CEJIL inició su trabajo, la mayor parte de sus casos versaban sobre violaciones al derecho a la vida, la integridad física, al debido proceso o la libertad de expresión cometidas durante las dictaduras y conflictos armados en América. Así, por ejemplo, los casos como Barrios Altos y la masacre de la Cantuta en Perú, demostraron la responsabilidad del expresidente Alberto Fujimori en la creación de una fuerza paramilitar que cometió estas masacres. Dichas acciones fueron determinantes para su enjuiciamiento, por haber cometido crímenes de lesa humanidad, y para derogar la Ley de Amnistía que no permitía llevar a la justicia a los responsables por graves violaciones de derechos humanos.

En Guatemala, hemos tenido la oportunidad de acompañar a las víctimas de graves crímenes cometidos durante el conflicto armado y organizaciones que luchan por romper con la impunidad. Por ejemplo, el caso Molina Theissen, relacionado con la desaparición forzada de Marco Antonio, un niño de 14 años, como represalia por la huida de su hermana de un centro de detención clandestino y por la actividad política de la familia en general. El caso representa un patrón de crímenes que se dieron entre los años 1979 y 1983 cometidos contra niños, utilizados para castigar a sus familiares considerados “enemigos internos” del gobierno.

También el caso de la Masacre de las Dos Erres, otro ejemplo de las barbaries cometidas por el Ejército guatemalteco durante el conflicto en contra de población campesina e indígena considerada subversiva por los militares. En estos y otros casos, la Corte Interamericana ordenó eliminar obstáculos, como las leyes de amnistía, para investigar, juzgar y sancionar a los responsables materiales e intelectuales, incluidos los altos jerarcas del Estado. Ello abonó a que en Guatemala se iniciaran con las investigaciones por los crímenes cometidos durante la época, llevando incluso al banquillo de los acusados al General Rios Montt por el caso del Genocidio Ixil.

He tenido la oportunidad de trabajar y vincularme en estos casos. Durante un tiempo fui responsable de los asuntos de El Salvador, lo que permitió trabajar muy de cerca en el caso de las Masacres de El Mozote, en particular en el proceso de implementación de la sentencia emitida por la Corte Interamericana.  Las masacres de El Mozote son el asesinato masivo más grande documentado en América Latina, cometido en 1984 por militares salvadoreños.

En 1993, El Salvador aprobó la Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz, que impedía la investigación de las atrocidades cometidas en el conflicto y perdonaba los crímenes. La sentencia de la Corte Interamericana del año 2012 señaló que esta ley era incompatible con la Convención Americana sobre Derechos Humanos y un obstáculo para investigar los hechos de la masacre y sancionar a sus responsables. En julio de 2016, la Sala de lo Constitucional salvadoreña, haciendo alusión a la sentencia de la Corte Interamericana declaró inconstitucional la Ley de Amnistía abriendo la posibilidad de reanudar los procesos por casos como las masacres de El Mozote.

A nivel internacional, desde CEJIL también representamos en conjunto con el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA), a las víctimas y familiares de la masacre de los Jesuitas españoles y sus dos colaboradoras, investigación que fue abierta recientemente por el impacto que tuvo la anulación de la Ley de Amnistía.

Estos casos representan una parte de las grandes luchas lideradas por organizaciones sociales, colectivos de víctimas y movimientos sociales, que en los diferentes países buscan justicia, impulsan la democracia y la garantía de los derechos humanos.

¿Cuál es tu opinión sobre lo que está pasando ahora en Nicaragua?

Nicaragua se encuentra enfrentando la mayor crisis política y social desde que finalizó la guerra en 1979. El pasado 18 de abril se cumplió un año desde el estallido de las manifestaciones, un año marcado por la fuerte represión del gobierno y las reivindicaciones sociales por la democracia.

Los datos de la represión y el horror son abundantes. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la crisis hasta la fecha ha tenido como consecuencia la muerte de 325 personas; más de 3,000 heridas; un número indeterminado de desaparecidas; 777 personas detenidas arbitrariamente y criminalizadas. Asimismo, se contabilizan más de 300 profesionales de la salud que han sido despedidos por brindar atención a las víctimas de la represión; 144 estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) expulsados; más de 70 periodistas y trabajadores de medios de comunicación se vieron forzados a exiliarse por la persecución; y alrededor de 62,000 personas nicaragüenses han sido desplazadas forzosamente en búsqueda de refugio, principalmente hacia Costa Rica.

La gravedad de los hechos consecuencia de la acción de las fuerzas estatales y de grupos para-policiales afines al gobierno ha implicado que en Nicaragua se hayan cometido crímenes de lesa humanidad, según el informe de Grupo Internacional de Expertos Independientes para Nicaragua (GIEI) establecido por acuerdo entre el gobierno de Nicaragua, la Comisión Interamericana y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pese a la presión internacional, el Estado se ha negado a cumplir con sus obligaciones. De hecho, en el marco de la represión las autoridades nicaragüenses expulsaron a los organismos de derechos humanos, entre estos la Comisión Interamericana y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU. Desde entonces, el incansable trabajo de organizaciones, víctimas y familiares resiste a los intentos del gobierno de acallar las voces disidentes y que denuncian la grave situación que atraviesa el país.

La salida a esta crisis sigue siendo incierta. Si bien hay un proceso latente de diálogo entre el gobierno actual y distintos representantes de la oposición, principalmente el empresariado, los estudiantes y otros sectores de la sociedad civil, el Estado se niega aceptar las condiciones básicas para avanzar; la liberación de todos los presos políticos y la convocatoria inmediata a elecciones bajo condiciones de igualdad que permitan la participación de todos los sectores.

Cabe señalar que, si bien la crisis se inició en 2018, desde hace años, el gobierno en colusión con empresarios y el partido liberal, emprendieron reformas que fueron, poco a poco, erosionando la democracia y el estado de derecho.

Mientras tanto, los nicaragüenses insisten en que haya justicia y democracia sin caudillos y están convencidos que para ello la acción no violenta es la vía. El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo tendrá que ceder frente a la presión internacional, pero sobre todo a la resistencia pacífica de un pueblo que en los años 80 soñó con una Nicaragua libre y sin hambre, y que se ha visto traicionado por las ansias de poder de la familia Ortega Murillo.

Pareces tener una clara tendencia a defender la participación de la sociedad civil en la vida política… ¿Es así? ¿Cómo crees que debe ser dicha participación?

Estoy convencido que las democracias más sólidas y justas dependen de la participación activa, propositiva, directa e inclusiva de las personas que las conforman. Desde mi experiencia en la región, he podido constatar cómo las políticas públicas que desarrollan los Estados para enfrentar problemáticas sociales como la pobreza, la seguridad, el empleo o la violencia contra las mujeres, entre otras, son más efectivas, sostenidas en el tiempo y justas, cuando se diseñan de la mano de aquellas personas u organizaciones de la sociedad civil que conocen los problemas y que se han especializado en cómo abordarlos.

La política representativa es fundamental para canalizar el sentir ciudadano y elegir a la clase política que la sociedad quiere para dirigir los asuntos públicos. No obstante, eso no debe excluir que la sociedad civil –incluyendo las personas que sufren las consecuencias de las políticas–, que es la que cuenta con un amplio conocimiento y especialización en las complejas problemáticas sociales, no pueda participar, ya que, de lo contrario, la posibilidad de fracaso es muy alta.

Conoces bien la realidad guatemalteca… ¿Cuál es la situación actual del país? Y en lo que se refiere a los Derechos Humanos, ¿qué supone la salida de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) del país?

En Guatemala, a más de veinte años de la firma de los Acuerdos de Paz, persisten varios de los motivos que generaron el conflicto interno armado. Entre ellos, la concentración del poder económico en pocas manos, una estructura estatal débil y altos niveles de corrupción. De igual forma, subsisten graves problemas estructurales relacionados con la desigualdad social, pobreza, exclusión y falta de acceso a la justicia, que se han constituido en verdaderos obstáculos para la garantía de los derechos humanos.

Ligado a ello, la problemática de la impunidad derivada de la falta de capacidad del Estado para garantizar un sistema de justicia adecuado y una justicia independiente e imparcial. En el país hay cerca de 6.000 homicidios por año y sólo el 2% de estos crímenes llegan a juicio.

Pese a ello, en los últimos años se han presentado avances en el combate contra la corrupción e impunidad gracias a instituciones como la CICIG y el propio Ministerio Público –o Fiscalía General-. La contribución de la CICIG ha sido significativa, tanto en su labor de investigación, como de apoyo en promoción de reformas legales tendientes a una mayor eficacia en la administración de justicia.

El avance en la lucha contra la impunidad y la corrupción que ha vinculado a altas autoridades del Estado con redes criminales y estructuras del crimen organizado, ha desatado amenazas y ataques contra jueces, fiscales, periodistas, medios de comunicación y personas defensoras de derechos humanos.

Precisamente, la CICIG y sus funcionarios, han sido también objeto de amenazas y ataques por parte de altos funcionarios del Estado, entre ellos el propio Presidente, la actual Canciller y el Ministro de Gobernación, al punto que en agosto de 2018 las instalaciones de la CICIG fueron rodeadas por unidades militares y cuerpos de seguridad altamente armados.

Cabe recordar que la CICIG ha presentado hallazgos de investigaciones conocidas como: La Línea, Plazas Fantasmas o Corrupción en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), que dieron lugar a casos conocidos como Cooptación del Estado, Negociantes de la Salud o Plazas fantasmas de la Junta Directiva del IGSS, asuntos relacionados con el robo de millones de dólares por parte de altos funcionarios y estructuras paralelas que funcionan al margen de la institucionalidad.  El caso “La Línea”, el cual salió a la luz pública en 2015, envió a juicio en 2017 a 28 personas, incluido el expresidente de Guatemala, Otto Pérez Molina y la exvicepresidenta, Roxana Baldetti Elías, acusados de liderar la red de defraudación aduanera.

Sin embargo, y a pesar de los avances, el país enfrenta un gran reto para sostener los esfuerzos y luchas que han fortalecido su institucionalidad. A raíz de la decisión del gobierno de Jimmy Morales, la CICIG tendrá que abandonar el país a finales de 2019. Ello, sumado a los recientes crímenes de alto perfil que han confirmado la infiltración de redes de delincuencia organizada en el Estado, plantea una grave amenaza para el estado de derecho. Estas redes amenazan con socavar otros avances en la democratización que el país arduamente ha logrado en los últimos años.

¿Cuáles son los casos más importantes en los que has trabajado en Guatemala?

El más reciente fue el caso Cuscúl Pivaral y otros, un caso relacionado con 49 personas con VIH quienes por décadas no han recibido una atención integral para enfrentar la infección, un virus que hoy en día se sabe puede ser tratado. La mayoría son personas de áreas rurales o urbanas marginales de Guatemala. Lamentablemente 15 de ellas no lograron ver la justicia pues fallecieron durante el proceso, precisamente por la falta de respuesta de Guatemala.

ONUSIDA estima que en Guatemala hay más de 42000 personas viviendo con el virus –número que aumenta anualmente– y sólo cerca del 36% recibe tratamiento antirretroviral, aunque de forma irregular, pues la población tiene que enfrentarse constantemente a problemas de desabastecimiento del sistema de salud el cual tiene sus causas estructurales en la corrupción, el monopolio de las patentes de los medicamentes y problemas de contratación administrativa.

En agosto de 2018, la Corte Interamericana emitió una sentencia histórica dando la razón a los pacientes y declarando la responsabilidad del Estado por la violación del derecho a la vida por las víctimas fallecidas y del derecho a la integridad y salud de las víctimas que pasaron graves sufrimientos debido a las secuelas físicas y psíquicas de la falta de atención.

Asimismo, la sentencia es histórica, pues además de otorgar reparaciones a las víctimas, ordena al Estado desarrollar una política pública encaminada a una reforma integral en el sistema de salud para garantizar el tratamiento y la atención a las personas con VIH, y abordar los problemas en torno a ella, incluido el acceso a medicamentos. Además, impacta en el resto de países latinoamericanos que enfrentan cuestiones similares, pues sienta las bases y obligaciones que tienen los Estados en materia de salud y atención a personas con VIH.

También conoces bien la realidad centroamericana. ¿Es una región con distintas realidades en los países o cada vez se van pareciendo más todos?

Somos una región muy diversa y distinta desde Guatemala hasta Panamá. Pero muy similar a la vez. Nos unen una serie de lazos culturales y procesos históricos y, sin duda, muchísimos problemas sociales que hemos arrastrado por décadas. Pero también nos unen esas incansables luchas por sociedades más justas y solidarias. Somos gente sencilla y valiente, con ganas de salir adelante.

¿Ha merecido la pena la práctica profesional de la abogacía como compromiso social para exigir el respeto de los Derechos Humanos en la sociedad?

El derecho es una herramienta muy poderosa para la transformación social. Yo creo en el uso del derecho desde una perspectiva crítica y como una forma de acción política, cuando se utiliza para impulsar cambios en las estructuras que sostienen la desigualdad, la corrupción y la impunidad y facilitan el espacio para las violaciones a los derechos humanos.  Ese ha sido mi camino y ha valido mucho la pena, cuando los resultados de la justicia llegan.

Entrevista a Carolina Padrón, periodista deportiva y exbecaria de Fundación Carolina

HABLAMOS CON I CAROLINA PADRÓN

«Salir de tu país […] te abre los ojos a un mundo totalmente nuevo»

 

Carolina Padrón es una periodista deportiva venezolana que actualmente trabaja en el canal deportivo ESPN en español. En 2005 estudió un máster de periodismo en España con una beca de Fundación Carolina. Recientemente ha visitado Madrid para participar como presentadora en el Leadership Congress for Women in Football (LWF), un congreso internacional sobre el papel de la mujer en el fútbol y aprovechamos para entrevistarla el día antes de la celebración del evento.

 

¿Por qué elegiste estudiar un máster de periodismo en España? ¿Cómo descubriste las becas de Fundación Carolina?

Desde que tengo uso de razón me gustaba escribir y contar historias. Lo tuve muy claro desde niña, y sentía, de alguna manera, que España era como la Meca del periodismo y de la investigación en habla hispana. Creo que lo sigue siendo. Quería venir y ver una manera distinta de hacer periodismo, ver qué podía llevar a Venezuela, desde mi estilo y desde lo que yo era.

Fue muy curioso porque estaba buscando cómo estudiar fuera y, casualmente, leí la edición dominical del periódico El Nacional, uno de los que más se ven en mi país, que estaba dedicada, exclusivamente, a las becas, y entre ellas se encontraban las de la Fundación Carolina. Enseguida fue como “¡esto es!”, y me puse a prepararlo. Me metí en la página, empecé a rellenar el currículum y pensé: “si eso es lo que tiene que pasar en mi camino, si la suerte me sonríe…” y mira, ¡me pasó!

«Salir de tu país […] te abre los ojos a un mundo totalmente nuevo, te cambia tu manera de vivir, de percibir las cosas, de ver otra cultura, de poder absorberla y disfrutarla»

A nivel personal y profesional… ¿Qué es lo que te aportó el máster? ¿Y la experiencia de estudiar en España?

Creo que me aportó en todo. A nivel personal, salir de tu país. Nunca había venido a Europa. Te abre los ojos a un mundo totalmente nuevo, te cambia tu manera de vivir, de percibir las cosas, de ver otra cultura, de poder absorberla y disfrutarla. Creo que eso te da muchísima seguridad. Ir a vivir fuera te da una pluralidad, una manera de poder escuchar otras voces y de poder trabajar con ellas que te nutre en todos los aspectos.

A nivel profesional, siento que en Latinoamérica somos muy barrocos. Hablamos mucho y adornamos todo muchísimo. En España tenía que ser más clara y directa. Entonces tratas de serlo, de ir más “a saco”, como dicen acá. Creo que me ofreció la posibilidad de tomar unos ojos prestados y de ver el mundo a través de ellos, ver qué era la cultura española.

Viniste a hacer el máster de periodismo de el diario El Mundo y después hiciste las prácticas en el diario Marca…

Sí, no sabía qué área tomar. Sentía que tenía que dedicarme a trabajar en medios; en ese momento, me gustaba mucho la radio y el deporte. Me parecía que Marca hacía un trabajo maravilloso: las portadas, la manera en que son un poquito más metafóricos (el periodismo deportivo te permite salirte de la “cajita”…). Era algo que me gustaba y dije ¿por qué no? Solicité entrar en Radio Marca, me dieron la oportunidad y ahí empecé hace 13 años; para mí fue el descubrimiento de mi vocación y de la base de mi vida profesional.

¿Continúas aún en contacto con los estudiantes del máster? ¿Y con España?

Sí, sí. De hecho, nos hemos visto cuando hemos tenido ocasión y todavía nos comunicamos, aunque creo que tengo más contacto con los que trabajaron conmigo en la radio, que se hicieron grandes amigos. Creo que hicimos mucha liga allá en el trabajo y siento que siempre a donde he ido me he sentido muy arropada por las personas.

Adoro Madrid. Es una de mis ciudades favoritas en el mundo. Cuando llegué esta semana le dije a una amiga: “algún día voy a volver acá, algún día me voy a retirar acá, porque me encanta y porque creo que de las mejores experiencias que he tenido en mi vida ha sido haber estado acá en España”, sin ninguna duda.

«A los candidatos les diría que se atrevan a soñar, que se atrevan a creer»

¿Qué consejo darías a las personas que están interesadas en solicitar una beca de Fundación Carolina?

Primero, creo que en cuanto a la ejecución hay que ser muy claro. Yo me acuerdo de que cuando me hicieron la entrevista fui muy atrevida, porque tenía 20 o 21 años, y quería hacer todo y nadie se rio de mí en la Fundación. A los candidatos les diría que se atrevan a soñar, que se atrevan a creer, que se atrevan a tener esa preparación. Si un año no son seleccionados deben intentarlo de nuevo al año siguiente; tienes un año para pulir tu currículum, para hacer más colaboraciones, para publicar… depende de tu área, por supuesto. Pero ese año te da para intentar formarte más y demostrarle a la Fundación que puedes ser un buen candidato, porque hay tantas personas optando por lo mismo que es complicado que te den la beca. Si tienes esa mentalidad de excelencia, creo que tienes el camino abierto para la oportunidad.

¿Qué hiciste tras la beca para llegar a donde estás ahora?

Quería estar donde trabajo ahora, que es la cadena más grande de periodismo deportivo, y me dije: “el paso anterior a ese es trabajar en una televisión; hay un canal venezolano de televisión abierta de deporte; quiero trabajar ahí primero y luego irme para allá”. Quería aprender primero a hacer televisión, había hecho radio nada más, y quería volver a Venezuela.  Y luego tuve la oportunidad de estar en ESPN, donde hemos ganado dos Emmy como mejor programa en español de deportes.

Te desenvuelves con seguridad en un medio en el que la mayoría de los periodistas son hombres…

Trabajar en medios deportivos es súper complicado. Hay que tener nivel y preparación. Mi primer llamado internacional fue un clásico, un FC Barcelona – Real Madrid en el Camp Nou. Recuerdo, además, que era la única extranjera y de ocho, yo era la única mujer y la más joven. Sentía que representaba a todas las minorías en ese momento; sigue habiendo algo de machismo, la gente te mira al principio con escepticismo, preguntándose si sabrás, si podrás. Luego hablas y se acercan a felicitarte. Rompes ese estereotipo que hay ahí de que la mujer no sabe de ciertas cosas.

Siempre les he dicho a mis compañeras que está muy bien que sean unas niñas guapas, pero también tienen que ser más inteligentes y más preparadas que guapas. La belleza no es un talento, y tenemos que cultivar la otra parte. Ahora, tampoco te deben juzgar ni te deben señalar por cómo te ves, bien o mal; pero hacemos televisión. Sabemos que todo es un complemento, pero que es una carrera de hormiguita, de hacerlo bien, afianzarse y que la gente realmente sienta que estás ahí por preparación y por talento.

Da la impresión de que siempre has tenido muy claro cuáles son tus metas…

Sí, tal cual. Siento que no sé si ha sido suerte o mucha determinación desde el principio, pero me acuerdo de escribir mucho. De hecho, uno de mis sueños era escribir un libro -que ahora lo estoy haciendo- y me preguntaba por qué no lo había hecho antes, qué me frenaba, por qué a veces uno se llena de miedos. Ahora tengo una plataforma, una página web llamada La chica del banquillo, en la que escribimos solo mujeres y en la que vamos a sacar un club de lectura, ya que mucha gente pide recomendaciones de libros. Hace un año leía solo sobre deporte, pero retomé también otros autores. La gente me ha escrito muchísimo pidiéndome que recomiende algún libro de deporte, alguna biografía, algún autor latinoamericano, alguno europeo, algo en inglés… y todo eso me parece que está lindo. Creo que mientras más te enfoques, tu camino va a estar diseñado de una manera y vas a tener, no menos baches, pero sí el talento para esquivarlos o estar más preparado para las eventualidades.

«La gente nos dice que este es el periodismo que hay que volver a hacer; reportajes, contrastes y búsqueda de fuentes»

¿Cómo comenzó el proyecto La chica del banquillo?

Pregunté a ESPN si me darían la oportunidad de escribir en su página. Recibí como respuesta del director de la página: “mándame algo, a ver”, como pensando que yo no sabía escribir dos palabras juntas. Le mandé un texto y me llamó enseguida y me dijo: “no puede ser que tú escribas así. ¿Por qué no habías escrito antes?”. Me preguntó si tenía un nombre para mi sección y le dije La chica del banquillo, lo tenía clarísimo, y desde que lo sacamos ha sido una de las secciones más leídas de la página.

A partir de ahí decidí hacer el blog. Luego me asocié con una persona en México y me propuso que hiciéramos una página web y ahora tenemos mil cosas. Además, hice un proyecto para el lanzamiento de la página en el que escogimos a 11 mujeres de toda Latinoamérica para escribir sobre deportes, que es algo poco común. Me dio mucha alegría porque recibimos más de mil solicitudes; me pasé semanas leyendo cada una porque quería seleccionarlas personalmente y la verdad es que son maravillosas. Me han llenado de satisfacciones; son de Guatemala, Honduras, El Salvador, México, Venezuela, Paraguay, Chile… de muchos lugares; se están involucrando en este proyecto y la gente las lee. Una de ellas, de República Dominicana, ganó el premio Cronista del año deportiva el año pasado. Hay otra guatemalteca que acaba de ser reconocida por un importante medio de comunicación como una de las 10 mejores periodistas de Guatemala. La gente nos dice que este es el periodismo que hay que volver a hacer; reportajes, contrastes y búsqueda de fuentes. Yo las pongo en contacto con deportistas que conozco para tratar de sacar materiales y eso las nutre a ellas y, por supuesto, también a la página y a los lectores.

La idea de la página es ofrecer algo integral y he cuidado mucho que la línea fuera de empoderamiento femenino, porque no es un medio de comunicación para mujeres, pero yo siento el mensaje del feminismo, siento que debe ser una educación que debe recibir el hombre y la mujer, no solo la mujer. El problema es cómo socialmente nos han creado hoy o durante la historia. Siento que tenemos que ir poco a poco, pero lo hacemos en conjunto; vamos todos juntos al mismo lado. La página ha servido para eso y la verdad es que ha ido hasta ahora muy bien.

¿Cuál es el perfil de las personas que leen esta página?

De todo tipo; nuestra mayor base son hombres, eso me contenta también porque estamos mandando un mensaje a una parte que está involucrada. Pero tenemos muchas seguidoras mujeres también. De hecho, todos los días nos siguen preguntando que cuándo vamos a abrir otra convocatoria para participar. Pero ya son 11 y están muy comprometidas. Ahora creo que vamos a hacer otra cosa con la página, estamos dándole vueltas para no quedarnos atrás con la tecnología, para que la gente pueda escuchar un podcast o ver un vídeo.

El motivo de tu visita a Madrid ha sido participar en el Leadership Congress for Women in Football (LWF) sobre liderazgo femenino en el deporte. Cuéntanos algo más.

Sí, exactamente, soy la presentadora. El congreso se celebra en el Wanda Metropolitano, y me parece maravilloso que haya hombres y mujeres hablando de esto. De hecho, a mí me emocionó porque me contactaron y no soy española, mi público está en Latinoamérica. Les dije que sí y, además, me pareció un tema maravilloso que nos involucra a todos y me alegró que se hiciera en un lugar que yo quiero tanto. De hecho, estaba ahorita repasando en la mañana con la organizadora y traen representantes legales de la UEFA, por ejemplo, y de colectivos de mujeres que han creado plataformas para futbolistas, siempre buscando la igualdad y resaltando los valores positivos, a la vez que la unión. Este tipo de cosas me parece que suman muchísimo y el tener a gente conocida del mundo del deporte le da mucha visibilidad.

¿Cuáles son los temas que se tratarán en este congreso?

Tratará temas muy diversos sobre el liderazgo femenino en el fútbol. En México, hace apenas unos años que se creó la liga femenina y ha sido un gran boom. Llenaron un estadio en la final; realmente se están haciendo cosas allá importantes en cuanto a inclusión e igualdad. Ahorita en Estados Unidos, las futbolistas demandaron a la Federación porque no tenían el mismo trato ni el mismo pago y, ni siquiera los mismos recursos para jugar que los equipos masculinos, y eso que ellas eran campeonas del mundo en distintas categorías, y el equipo masculino aún no había ganado ningún título.

«Creo que este tipo de congresos y de eventos suman muchísimo a que, poco a poco, se vaya equilibrando la balanza»

En España está empezando a ser noticia el fútbol femenino, aunque aún hay importantes clubes que no tienen equipo de jugadoras…

Fíjate que en México a lo mejor el fútbol femenino no es rentable todavía, aunque llenan una final: el primer año regalaron las entradas, pero consiguieron que las televisoras transmitieran a buena hora los partidos. En ESPN tenemos una plataforma, ESPNW, que, de alguna manera, trata del empoderamiento femenino. Tenemos la semana de la mujer que dedicamos a la lucha contra el cáncer todos los años y tratamos de conseguir más visibilidad. Cuando llegué hace casi nueve años al canal, yo era la única mujer que hacía el noticiero. De hecho, era la única periodista. Pero ahora hay como nueve ediciones en el noticiero y en cada uno de ellos hay una mujer y eso me parece maravilloso. Intentan que en cada programa por lo menos haya una y siento que es hacia donde tenemos que ir.

Dicen que, porcentualmente, cuando una mujer va a solicitar un trabajo, siente que necesita el 90-95% de los requisitos, y un hombre se atreve con un 70%. Nosotras sentimos que tenemos que prepararnos más, que se nos va a juzgar más, por cómo me veo y mil cosas sociales. Creo que este tipo de congresos y de eventos suman muchísimo a que, poco a poco, se vaya equilibrando la balanza.

¿Crees que hay alguna medida que se pueda tomar para visibilizar más el fútbol femenino?

Sí. En México, por ejemplo, se hizo que fuera obligatorio crear un equipo femenino para todos los clubes. Además, en la presente edición, por ejemplo, se hicieron camisetas específicamente diseñadas para las mujeres de marcas reconocidas. Vas a las ciudades y ves las vallas en la calle con imágenes del equipo femenino. Son cositas que la gente está identificando y que comenta. Todavía hay mucha lucha allá porque, para las mujeres, los sueldos ni siquiera permiten vivir de ello. Hay muchas jugadoras que están estudiando y, hace poco, hubo una polémica porque un equipo decidió cortar sus becas. Les pagan poco y les quitan las becas educativas. No tiene sentido. Así que, poco a poco, hay que mostrarlo y hablarlo para que la gente se vaya involucrando. No es un tema femenino, es un tema de todos.

¿Cómo crees que se puede llegar a la igualdad entre hombres y mujeres en el periodismo?

Las mujeres venimos ya con el estereotipo. Sentimos que tenemos que demostrar todo el tiempo, tenemos que “callar una boca”. El hombre no, el hombre va y ya. Y si eres mujer y te equivocas es mucho más visible, porque la gente está esperando que te equivoques para decir: “Mira, ahí está, es una bruta”. Y no es así. Yo, por ejemplo, me preparo muchísimo y siempre les digo a las periodistas del canal que van llegando que se pongan las pilas, que si van a un evento repasen, que revisen, que se lo aprendan. Porque te van a tratar de callar porque creen que no mereces estar acá. Y yo no paso por eso. Tenemos que estar a la altura, porque nadie me va a decir qué tengo que decir y qué no, pero tampoco le doy la oportunidad a nadie de caer en un tema que no me preparé. Siento que poco a poco, según evoluciona la sociedad, evolucionan los trabajos en todos los ámbitos y ahí vamos, dando pasitos.

Decías que ahora has empezado a escribir un libro…

Sí, sí. Mi idea al principio era escribir algo sobre deporte, pero realmente lo que siempre quise hacer fue escribir narrativa. Además, el libro de deporte lo voy a escribir siempre y estoy en un punto en mi carrera que no he llegado aún a la mitad probablemente. Así que decidí escribir una ficción basada en la historia de mi familia, pero ambientada en Venezuela. Obviamente sabemos que Venezuela está pasando momentos complicados y quise contar la historia de Venezuela de su transitar hasta acá, con todos los dictadores, golpes de Estado, etcétera. Es un poco como realismo mágico, como escritora latinoamericana que es como me crie, lo que me gusta y lo que soy. Como es ficción, los nombres de los presidentes y las cosas están cambiados, pero el venezolano que lo lea creo que va a poder identificar rápidamente de quién estoy hablando por la época, por las circunstancias y hasta por algunas palabras.

En Venezuela han pasado tantas cosas raras… Por ejemplo, hubo un presidente que dijo: “Si he robado algo de las arcas públicas que se me quemen las manos” y a las dos semanas sufrió un atentado donde el dictador Trujillo le ataca y se acaba quemando las manos. Como decía García Márquez, no es que nosotros inventásemos el realismo mágico, es que nosotros somos así.

 

Entrevista a Roberto Fernández Díaz, presidente de CRUE Universidades Españolas

HABLAMOS CON I ROBERTO FERNÁNDEZ DÍAZ

«La esencia de la universidad […] es la universalidad, y no hay universalidad sin movilidad»

Roberto Fernández Díaz es el presidente de Crue Universidades Españolas (anteriormente conocido como Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas y y sus siglas CRUE) desde octubre de 2017. Es rector de la Universidad de Lleida desde 2011, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia y Premio Nacional de Historia en 2015. También ha sido presidente de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP). Nos recibe en su despacho de la sede madrileña de Crue Universidades Españolas, una asociación que agrupa a las universidades públicas y privadas de España con el objetivo de convertirse en su portavoz ante el conjunto de la sociedad, para hablarnos de los retos más importantes a los que se enfrentan las universidades españolas.

Usted ha sido vocal, vicepresidente y presidente de Crue Universidades Españolas, ¿cuáles son los principales problemas que a los que se ha enfrentado la asociación?

Los problemas que tiene la CRUE no son nunca los problemas de la CRUE, son siempre los problemas de la universidad española. La CRUE, como institución, funciona extraordinariamente bien. Los que la componen son grandes profesionales; necesitaríamos, probablemente, mucha más gente para hacer lo mismo que hacen ahora. Por lo tanto, el contento de los rectores y de las rectoras con el funcionamiento orgánico de la CRUE es muy alto y muy merecido.

El reto más apasionante con el que me he encontrado en mi tiempo de presidencia ha sido el de intentar hacer una nueva ley de universidades, que considero un elemento estructural para la universidad española. De hecho, estoy convencido de que, en la nueva legislatura, como todos los partidos políticos están de acuerdo con la CRUE, esa nueva ley verá la luz.

Se refiere a la universidad española de hoy como la mejor que ha tenido España, al menos, en los dos últimos siglos. Sin embargo, hay un tópico que siempre está poniendo en negativo a la universidad española.

Creo que España es un país que vive con muchas dificultades el éxito. Estamos acostumbrados al autovictimismo y no nos creemos lo mucho y lo bueno que hemos hecho en la historia mundial, (aunque también hemos hecho algunos desastres), y no nos creemos su etapa de progreso más espectacular, que son los últimos 40 años, a partir de la Constitución española. Hay que recordarlo.

John Elliott, doctor honoris causa por mi universidad, amigo personal, en una cena hace muy poco me decía ante unos comensales: «No me llaméis más hispanista porque no tengo nada que enseñaros, y lo que me duele es que, desde los años 40, en los que vine, hasta ahora, no os deis cuenta del milagro extraordinario que significa lo que ha hecho España, que es un país admirado en el mundo entero». Si eso es así, que yo creo que es así, y que es muy demostrable que es así con las armas de la ciencia, la pregunta retórica es: algo habrá hecho la universidad española para que eso sea así. Porque, los médicos, los profesores, los ingenieros, los biólogos, los historiadores, los periodistas… los hemos formado nosotros, la universidad. Por lo tanto, ¿cómo puede ser que la universidad española sea muy mala habiendo formado a aquellos profesionales que han liderado la revolución española de los últimos 40 años? ¿Qué ocurre? Que frente a una cultura europea en la que no hay ningún primer ministro que hable mal de sus universidades, porque entienden perfectamente que es marca país, a nosotros hay algunos políticos, algunos medios de comunicación, que les gusta tirarse tiros en los pies y hablar mal de lo que tendrían que hablar bien.

«La universidad tiene que ser autocrítica, estar siempre en posición de reforma y ver qué no funciona»

Por lo tanto, luchar contra los tópicos interesados por parte de algunos es muy difícil. Pero, al mismo tiempo, cuando nosotros presentamos cada año la universidad en cifras —que, por cierto, debemos de ser de las pocas instituciones que tiene tal cantidad de autoanálisis de su situación, tal cantidad de autocrítica y tal capacidad de decirlo públicamente— lo que se demuestra son dos cosas: una, que comparativamente con el resto del mundo, tenemos un muy buen sistema universitario, y segunda: que con menos dinero que otros sistemas, hemos hecho bastantes cosas buenas. ¿Eso quiere decir que todo esté hecho en la universidad española? ¿Eso quiere decir que todo funcione bien? Bueno, evidentemente no. Necesitamos cambios.

Hay dos cosas que le van muy mal a la universidad española: una, los que siempre hablan mal de ella; otra, los que siempre hablan bien de ella. Y a veces tenemos una cierta tendencia entre nosotros, para defendernos de lo exterior, de hablar bien y olvidarnos de que también tenemos cosas que cambiar. Por lo tanto, la universidad tiene que ser autocrítica, estar siempre en posición de reforma y ver qué no funciona. Lo que funciona ya está muy bien, pero tienes que ver lo que no funciona.

Parece que en estos momentos la financiación es insuficiente para que la universidad española desarrolle todo su potencial. ¿Qué les dice usted a los gobiernos autonómicos? ¿Por qué en este país es casi imposible pensar en un pacto social y político por la educación? ¿Por qué hay tantas dificultades para eso?

La pregunta es: cuando todo el mundo mundial está teorizando que el motor del progreso económico y social en la sociedad del conocimiento, en el marco de la globalización, son las universidades; cuando casi toda Europa -excepto dos o tres ejemplos- está aumentando muchísimo su financiación de las universidades públicas, ¿es sensato que nosotros no lo hagamos? No es sensato.  ¿Es sensato que le pidamos a la universidad que sea el motor, la punta de lanza, el elemento fundamental del cambio que tiene que conseguir la equidad social, el crecimiento económico, el progreso social, la dinamización cultural, el desarrollo los territorios, y que le demos menos dinero que nunca? Eso no es sensato.

Hay una dicotomía que hay que resolver de una vez. ¿Por qué no se resuelve? Porque no somos un problema, es decir: no somos un problema de orden público, no somos un problema social. Porque, ¿usted ha visto a los rectores convocando en la Castellana una manifestación? No. ¿Usted ha visto alguna manifestación de los universitarios pidiendo más salario para ellos? No. Hemos pedido más dinero para el sistema, para hacer mejor la docencia, la investigación, no para nuestros sueldos, que entendemos que se han sacrificado como los de todos los españoles. Por lo tanto: hay un conjunto de fuerzas políticas que espero que en estas campañas electorales, en los debates de televisión, le dediquen un minuto a la universidad, porque en los dos últimos, ni un minuto. Su pregunta la contesto diciendo: creo que el conjunto de la clase política se llena la boca con la universidad, pero se olvidan de la universidad.

¿Cómo pueden contribuir las universidades españolas a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030?

¿Alguien piensa que se puede producir un desarrollo en el horizonte del 2030 sin las universidades? ¿Sin la ciencia, sin el conocimiento, sin la transferencia de ese conocimiento para la innovación, y sin que la innovación sirva para la competitividad, que sirve, a su vez, para tener mejores mercados que, además, son imprescindibles para que haya más puestos de trabajo y para que, por lo tanto, las clases sociales tengan más capacidad de consumo, lo cual revierte en la dinamización de la economía? ¿Puede hacerse todo esto sin el conocimiento y su transferencia? Es evidente que no. Por tanto, lo que todo el mundo ya ha descubierto, lo que nosotros ya sabemos -simplemente tenemos que aplicarlo- es que el elemento dinamizador de la vida económica y social en el siglo xxi ya hace tiempo que es el conocimiento, y este se produce, en un 80 % en España, en las universidades.

Todavía se sigue apreciando una cierta brecha de género en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). ¿Qué se puede hacer desde las universidades y, especialmente, desde Crue Universidades Españolas?

Hay una cosa muy curiosa en el tema de la universidad española, que es que se le achacan o se le piden cosas que responden al protagonismo general del país. «Mire, es que la gente no sabe suficiente inglés… ¿Podría hacer algo la universidad?» Sí, señor, pero es un problema de país. «No hay suficiente internacionalización de las universidades». De acuerdo, pero no serán solo las universidades las que tengan que solucionar esa cuestión, porque estamos ante un problema de Estado que requiere a los gobiernos, a los ministerios y muchísimos otros elementos.

El problema de la falta de mujeres que lleguen a las carreras científico-técnicas debería abordarse desde primaria, desde las familias y desde programas estatales de largo recorrido. Ello no quiere decir que la universidad mire hacia otro lado. Yo tengo la impresión de que, desde la CRUE y en la mayor parte de las universidades, se están haciendo esfuerzos para que esa situación se revierta.

La distancia entre hombres y mujeres en las carreras técnicas no tiene ningún sentido, no se basa en nada más que en la cultura, en la costumbre, en el no haber hecho políticas efectivas para que se rompa la brecha y acabe siendo un recuerdo del pasado gracias a un plan nacional en torno a las STEM y la cuestión de género.

¿Qué papel desempeña la movilidad académica en esa educación para el desarrollo que se sitúa como la base del cumplimiento de la Agenda 2030?

La esencia de la universidad, eso que la distingue como un bien universal, eso que hace que los universitarios, vayamos donde nos vayamos, nos podamos reconocer entre nosotros mismos, eso se llama universalidad, y no hay universalidad sin movilidad. No podemos considerar fuera de la formación de los estudiantes o fuera de la formación de los profesores la movilidad. La movilidad está dentro, en el seno. Te formas también cuando te mueves, cuando ves mundo.

«Las universidades tienen que servir […] para desarrollar la ciencia universal»

Uno de los problemas que tiene la universidad española es que a veces gestionamos las universidades y nos cuesta ver el mapamundi. Tenemos que abrir el mapamundi, y ese mapamundi abierto significa que yo estoy con los pies en mi territorio y con la mirada en el mundo, porque las universidades tienen que servir para desarrollar sus territorios, pero también para desarrollar la ciencia universal. En ese desarrollo de la ciencia universal, para la mejor formación de los estudiantes que después van a ser profesionales o de los profesores universitarios que son ya profesionales está la movilidad. ¿Qué ocurre? Pues que hay que tomársela en serio y a veces parece que se la toman más en serio entidades privadas que los propios gobiernos de la nación, o los gobiernos autonómicos, y eso no tiene sentido.

No tiene sentido que haya más latinoamericanos en Francia que en España; no tiene sentido que tengamos tantas dificultades en movilizar a nuestros profesores y a nuestros estudiantes para Latinoamérica; no tiene sentido que mi universidad tenga poquísimos recursos para hacer esa movilidad. ¿Por qué no los tiene? Porque el rector tiene que priorizar. Primero, el rector tiene el 95 % de sus presupuestos situado, sobre el que no puede actuar. Y el 5 % que me queda tengo que distribuirlo muy bien. En una etapa de recortes presupuestarios, ¿qué ocurre? Pues que la movilidad suele sufrir. Por tanto, hay que tomar conciencia de país de que no estaremos en el mundo si no estamos en el mundo, si no vamos al mundo y volvemos. Por tanto, estamos ante una asignatura pendiente de la universidad y de la sociedad españolas.

¿Debe ser neutral la universidad?

Hay que distinguir entre la universidad como institución y la universidad como comunidad universitaria. Esa distinción es absolutamente básica. Es bueno que la comunidad universitaria se politice, en el sentido más noble de la palabra: que se preocupe por el ser humano. La universidad está para que no haya guerras, ni hambre, ni miseria, ni desigualdades, ni discriminación. Está para eso. Fabricamos conocimiento para tratar que las lacras de la humanidad desaparezcan. Por tanto, que la comunidad universitaria de profesores y estudiantes se politice en el sentido griego de la palabra y haga asambleas, organice manifestaciones, seminarios, congresos… por favor, ¡háganlo! Si no, estamos muertos, si no, la academia está muerta. Háganlo, vayan ustedes a clase, vayan ustedes a esos seminarios, pero al mismo tiempo, preocúpense por los problemas del mundo. No sean solo profesionales, sean intelectuales también, interlegere.

Pero cuando hablamos de la universidad como institución, no es nuestra, es de todos los ciudadanos De todos. No de un claustro de profesores que en un momento determinado tiene una opinión política sobre no sé qué tema. Tiene que mantenerse neutral e independiente, y no politizada en el sentido partidista. No tenemos ninguna legitimidad para definirnos sobre las situaciones políticas partidarias.

Por otra parte, vivimos en una democracia representativa en la que hay unos órganos (cortes y parlamentos) que representan al pueblo. Por tanto: porque representamos a todos y la universidad no es nuestra, porque no nos hemos presentado con ningún programa político, sino por ambiciones docentes e investigadoras, y porque hay un parlamento que es el que tiene la atribución de representarnos a todos, la universidad como institución tiene que ser neutral. Los rectorados tienen la obligación de ayudar a que la universidad comunidad se mueva. «Oiga, rector, quiero un local», pues ahí lo tiene. «Oiga, rector, necesitamos café con leche para una reunión», ahí lo tiene. Por supuesto que sí. Siempre que sea pacífico y respetando las normas que la propia universidad se da en los estatutos.

Ese compromiso, por ejemplo, requiere autonomía, ¿no?

Pero es que autonomía universitaria… o sea, la libertad de cátedra, que es un derecho que consagra la Constitución al consagrar la autonomía universitaria, no es que el profesor se convierta en un mitinero en clase, no es adoctrinamiento político, o social, o de las ideas. Es la libertad de, desde la ciencia, expresar aquellas teorías sobre la realidad que tú consideres más demostradas, las mejores.

 

Entrevista a Marcelo Martinessi, exbecario y director de “Las Herederas”

HABLAMOS CON I MARCELO MARTINESSI

Hablamos con Marcelo Martinessi, director de cine paraguayo y exbecario de Fundación Carolina, con motivo del estreno de su película Las Herederas en España, (ganadora, entre otros premios, de dos Osos de plata del Festival de Berlín y cinco nominaciones a los Premios Platino). Le preguntamos por su experiencia como becario, por su trayectoria profesional después de la beca, y, como consecuencia de la fuerte presencia de mujeres en su película, por la importancia de alcanzar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

 

Marcelo, fuiste becario de la Fundación Carolina en 2006, cuando hiciste el curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos en Madrid. ¿Sigues en contacto con tus compañeros del programa?

De la gente que conocí con la beca de Fundación Carolina, mantengo especial contacto con la brasileña Julia Murat, decidimos trabajar juntos en el proyecto de Las Herederas y acabó siendo la coproductora. También mantengo el contacto con varios compañeros, que, de alguna manera, también están haciendo cosas, así que intercambiamos a veces opinión, a veces recomendaciones, etc. Sigo en contacto con otros becarios de la Fundación, como con Daniel Vega, Rubén Mendoza o Damián Fraticelli, así como con otras como Julia Solomonoff, que estuvo con nosotros en el estreno de Las Herederas en Nueva York.

La beca me ayudó mucho a intercambiar y a tener la posibilidad de tratar con gente maravillosa, como Vicente Leñero, un escritor que me ayudó a entender muchas cosas y Jorge Goldenberg, los dos tutores que me tocaron. También me permitió poder ubicarme como escritor de un primer largo y aprender qué cosas de las que escribía funcionaban, y en qué elementos necesitaba trabajar más.

¿En qué crees que contribuyó el curso a tu trabajo?

El ejercicio que te hace ese curso es maravilloso, la verdad. Poder empezar a… no sé, a pensar la narrativa cinematográfica con otros ojos también. Es importantísimo que ese curso exista para nosotros, porque desde Paraguay es como todavía no tener una cinemateca, no tener un instituto de cine, no tener una escuela pública de cine, es como que necesitamos conectarnos con el mundo para poder hacer películas. Y, como les digo, el caso de Julia Murat, el conocer a gente gracias a cursos como ese, te ayuda después.

Tras la beca, volviste a tu país y fuiste el primer director de la televisión pública de Paraguay. Cuéntanos cómo viviste aquella etapa.

Paraguay tuvo una pequeña primavera con un gobierno, digamos, de tintes socialistas, y en ese momento estaba estudiando cine en Londres, me llamaron y me fui a Paraguay. Tuve la posibilidad de participar en el proceso de creación de una televisión pública y fui su primer director ejecutivo. El gobierno empezó en el año 2008, la televisión pública se creó en el 2010 y se terminó en 2012 con un golpe de Estado perpetrado contra el gobierno de Fernando Lugo.

A partir de entonces, ese canal de televisión perdió su espíritu público y ahora es casi una agenda presidencial. Son los vaivenes de la política también; si uno se mete a jugar…. Yo aposté mucho por ese proyecto, y creo que no transformamos nada de lo que queríamos cambiar, pero sí nos transformamos nosotros.

¿Qué pretendíais transformar a través de ese proyecto?

Nosotros queríamos que la televisión, de alguna manera, pudiera verse como nos vemos nosotros, que hubiera programas que hablasen como nosotros. Es decir, que si tenemos una gran población que habla guaraní, pues que hubiera programas de entretenimiento y programas para niños en guaraní. Las televisoras comerciales no lo hacen, pero no porque sean malas, sino, sencillamente porque les resulta caro, hay que hacer una inversión, no les interesa.

Queríamos hacer una televisión que tuviera un espíritu público donde el ciudadano sintiese que podía ver algo desde un lugar donde no se manejan los mismos intereses que manejan los grupos privados. Incluso no nos interesaba mucho hacer noticieros, nos interesaba más hacer debates acerca de lo que estaba pasando en Paraguay.

 

Lo que hace el cine es ayudar a que la gente piense, y eso puede generar un cambio

 

Por lo que hemos visto, tu cine tiene elementos de compromiso social. ¿Crees que a través del cine se puede impulsar el cambio en la sociedad?

Me parece que puede ayudar a debatir. O sea, nosotros debemos impulsar el cambio. Yo creo que el cine no va a impulsar solo nada. Me parece que lo que hace el cine es ayudar a que la gente piense, y eso puede generar un cambio. Hay un corto mío sobre la guerra civil del 47, también hice un trabajo con niños de la calle en el que ellos hicieron el guion conmigo, fue un trabajo muy en conjunto, así que los cortos para mí sí eran muy militantes.

Las Herederas no es una película militante, es una película que sale un poco más de ese compromiso social, pero aun así en Paraguay se montó un escándalo a partir de la sexualidad, y yo pensaba: “no entiendo cómo esta gente no ve que la película es sobre muchas otras cosas.” Creo que lo que más le molestó a mucha gente es que fuera la primera película de Paraguay que estaba en la competencia de Berlín, que tuvo dos Osos de Plata y que cómo va a mostrar lo peor de Paraguay: una relación de dos mujeres… Realmente, y les soy absolutamente sincero, ni pensé en eso cuando hacía la película.

Fundación Carolina trabaja alineada con la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tu película tiene una fuerte presencia femenina. ¿Cómo crees se debe avanzar hacia una igualdad real y hacia el empoderamiento de las mujeres en Paraguay?

Paraguay es un país en el que históricamente las mujeres han sido muy importantes. Sufrimos una gran guerra en 1870 y la reconstrucción del país la hicieron las mujeres, porque quedaron solo el 10 % de los hombres. Es un país donde era muy común compartir hombre para repoblar el país. Tenía realmente una presencia muy fuerte de mujeres y hasta hoy, yo creo que las mujeres son, siempre digo, las que tejen la fibra interna de la sociedad. Pero lastimosamente en la visibilidad política, mediática y en los poderes de decisión, siempre hay una amplia mayoría de hombres.  Han sido los hombres los que han tratado de tapar esa importantísima presencia de mujeres.

Se trata de un país en el que existe una violencia estructural contra las mujeres muy grande en el lenguaje cotidiano, la forma de referirse a las mujeres en guaraní y en castellano es muy ofensiva y, por otro lado, tiene casos de violencia y de asesinatos de parejas a mujeres que es… las cifras de Paraguay de violencia contra la mujer son terribles. Entonces me parece que es un país que realmente tiene que repensarse y que necesita un movimiento feminista y que necesita leyes y que necesita de alguna manera proteger mucho más a las mujeres.

En el caso de las mujeres, no se trata solamente de llegar a un nivel de representación política determinado o a leyes de paridad, sino que tiene que ver con la violencia estructural que no se ve en los números, pero que está, por ejemplo, en el lenguaje cotidiano. Eso es lo que necesitamos cambiar y muchas veces son las mujeres mismas las que necesitan también trabajar en ese cambio, porque en no pocas ocasiones ellas también, lastimosa o inconscientemente, son reproductores de ese tipo de lenguaje o de ese tipo de preconceptos. Paraguay necesita mucho trabajo en ese ámbito.

¿Piensas que esta película puede ayudar, de alguna forma, a la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, el de la igualdad?

Me llamaba la atención que durante el rodaje algunos hombres del equipo, como que se molestaban por el rol de los hombres en la película, muy marginal, muy casi como un objeto. Y yo pensaba, ¡Dios mío!, cómo debe ser para una mujer, que en el día a día todas las películas, todas las series, todas las novelas, tienen a las mujeres en un lugar marginal, vistas como objetos o como caricaturas.

Creo que hay todo un trabajo que hacer, desde las mujeres también, porque haciendo la comparación política, el símbolo de mujer presidente ha sido siempre como Margaret Thatcher, que gobernaba como un hombre. Hay mujeres que son agentes reproductores de modelos masculinos. Lo que tenemos que conseguir son mujeres que piensen, ansíen, gobiernen y aprovechen todo ese hermoso universo femenino para poder cambiar las cosas. No es solamente el tema de la paridad, sino también ese pensar en todo lo que significa el ser mujer para poder proponer cosas distintas.  Hablo mucho de eso con mi mujer, con mis amigas feministas.

“La educación para el desarrollo es una pieza clave en la acción en favor del desarrollo sostenible”

HABLAMOS CON I AINA CALVO

 

Hablamos con Aina Calvo, la directora de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), de temas como el compromiso de la Institución con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostneible (ODS) de la Agenda 2030, de los centros culturales y de formación de la AECID en América Latina, así como del futuro de la educación para el desarrollo.

 

Lleva usted aproximadamente 9 meses al frente de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). ¿Qué balance hace?

Hemos trabajado mucho para tejer alianzas y complicidades, para abrir espacios de escucha y de diálogo y para fraguar cambios de calado que pongan a la Agencia rumbo a la cooperación que queremos para la próxima década, con el horizonte compartido de la Agenda 2030. Estoy convencida de que hay impulsos que son imparables, porque cuentan con la fuerza de los trabajadores y trabajadoras de la Agencia, con su compromiso personal y profesional con la lucha por la igualdad y por un desarrollo sostenible para todos y todas y porque, con suerte, la política de cooperación internacional se afianzará como una verdadera política de Estado que ocupe un lugar central en nuestra acción exterior.

 

En torno al personal expatriado ¿Cree que sus condiciones laborales son óptimas para tener buenos resultados en los proyectos de cooperación que gestionan?

Rotundamente no. Así lo he manifestado siempre que he tenido ocasión, y es algo que debemos corregir, por una cuestión de decencia. Por eso al poco de ser nombrada, con motivo del Día del Cooperante, me reuní con todos los actores de la Cooperación Española, con los sindicatos y con la Asociación Profesional de Cooperantes para escuchar sus reivindicaciones y tratar de encontrar soluciones. La vida profesional de estas empleadas y empleados públicos tiene lugar en países en desarrollo, a menudo con graves carencias de servicios públicos y vivienda, altos índices de inseguridad en muchos casos, elevada inflación, etc., con el agravante de que todo su futuro laboral está en el exterior. Las condiciones laborales de este colectivo se han ido deteriorando en los últimos años por diversos factores, como la congelación de sus salarios en la época de crisis. Y la tipología de nuestro personal laboral, cuyas condiciones retributivas en el exterior son diferentes a las del resto de empleados públicos, ayuda poco o nada a mejorar esta realidad. Por primera vez se ha creado un grupo de trabajo conjunto entre el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Política territorial y Función Pública y el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación para dar una solución definitiva y sostenible a esta situación.

 

¿Qué papel juegan los centros culturales y de formación de la AECID en América Latina?

Nuestras redes de centros juegan un papel fundamental, reconocido por nuestros países socios y por el resto de Administraciones españolas, que encuentran en ellos una plataforma única para poder llevar a cabo sus acciones de cooperación internacional con impacto en desarrollo. La Red de Centros Culturales está constituida por trece centros de la AECID y seis centros asociados, con participación local, que enriquecen la diversidad e implantación geográfica de la Red, mayoritariamente en América Latina además de Guinea Ecuatorial. La Red de Centros Culturales es un instrumento importantísimo para trabajar en el ámbito de la cultura como factor de desarrollo y de construcción de sociedades diversas, creativas, justas e inclusivas. Por su parte, los Centros de Formación de la Cooperación Española en América Latina y el Caribe —ubicados en Cartagena de Indias (Colombia), La Antigua (Guatemala), Montevideo (Uruguay) y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)— son unidades especializadas en gestión y transferencia de conocimiento, y funcionan como foros de encuentro, reflexión e intercambio de experiencias en torno a múltiples aspectos del desarrollo en la región. Al mismo tiempo, contribuyen al fortalecimiento de capacidades institucionales, a la dinamización de la cooperación sur-sur y a la creación y consolidación de redes de personas expertas. Además, en no pocas ocasiones, juegan también un papel significativo en la cooperación cultural.

 

La AECID está comprometida con la Agenda 2030. ¿Qué acciones concretas lleva a cabo la agencia para contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?

Toda la Administración Pública española debe orientar su acción a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ese ha sido siempre un compromiso firme de este Gobierno, pero también es un mandato que recibimos del conjunto de la comunidad internacional y, en cuanto a la cooperación internacional, también de la sociedad civil española, que siempre ha demostrado una elevada solidaridad. El trabajo de la AECID incide en prácticamente todos los ODS. Siempre hemos puesto el foco en la erradicación de la pobreza (ODS 1). La prioridad que la Cooperación Española da a la educación (ODS 4), a la salud (ODS 3) o a la lucha contra el hambre y la malnutrición (ODS 2) es sobradamente conocida. Por referirme a un ejemplo, el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento que gestionamos desde la Agencia en América Latina, lleva una década trabajando por lo que consagra el ODS 6, y ahora vamos a trasladar esa experiencia al mundo árabe a través del Programa Masar. Todo ello sin olvidar los principios transversales de nuestras actuaciones: la igualdad de género, la diversidad cultural y la sostenibilidad medioambiental (ODS 5, 7, 10, 11, 13, 15).

 

Usted está muy vinculada con la educación, ya que antes de dirigir la Agencia era profesora de Universidad… ¿Cómo cree que contribuye la educación en general a la consecución de los ODS, y la educación superior en particular?

Bueno, yo sigo siendo profesora, aunque ahora no ejerza como tal. Esa es mi profesión, más allá de la responsabilidad que tengo la suerte de ostentar en estos momentos. Creo que el compromiso con la educación es un compromiso cívico, al que inevitablemente se une mi vocación profesional. Además de ser un derecho humano fundamental, la educación es también un elemento imprescindible para la erradicación de la pobreza, para conseguir sociedad inclusivas y oportunidades para todos y para todas y para construir un mundo pacífico y sostenible. Por eso desde AECID tratamos de acompañar a nuestros países socios en el establecimiento de una enseñanza gratuita, equitativa y de calidad, con el objetivo de garantizar que los niños y niñas terminen sus ciclos educativos y asegurar la adquisición de conocimientos necesarios para promover el desarrollo sostenible en todas sus variantes. Pero el ODS 4 nos habla de promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos y todas antes de 2030 y se relaciona directamente con el ODS 8 orientado hacia el trabajo decente para todas las personas. En este sentido, las Escuelas Taller impulsadas desde la Agencia han jugado y siguen un papel esencial. Al igual que la educación superior, que además también tiene un papel determinante en los objetivos de crecimiento económico y de empleo productivo, así como en la formación de profesionales que conformen el capital humano necesario para impulsar procesos endógenos de desarrollo.

 

¿Cómo se imagina usted el futuro de la educación para el desarrollo? ¿Qué papel cree que debe jugar la movilidad académica en ese futuro de la educación al desarrollo?

La educación para el desarrollo es una pieza clave en la acción en favor del desarrollo sostenible. El propio ODS 4, en su meta 4.7, nos habla de promover la educación para el desarrollo sostenible y los estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y la contribución de la cultura al desarrollo sostenible. Personalmente, me sumo a quienes opinan que esta línea de trabajo debería ser capaz de incorporar nuevas miradas y de orientarse de manera primordial a una educación para la ciudadanía global. Dentro del espacio académico, la movilidad, el intercambio, la colaboración… son esenciales. Pero también creo que no debería centrarse exclusivamente en los currículos académicos, sino también explorar todo el potencial, por ejemplo, de los espacios educativos no formales.

“La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo”

HABLAMOS CON I ENRIQUE V. IGLESIAS

 

Enrique V. Iglesias, ex Secretario General Iberoamericano, lleva en su sangre lo iberoamericano, ya que nació en España para emigrar a los tres años a Uruguay. Con motivo de la reciente presentación de su libro Las Cumbres Iberoamericanas. Una contribución a su historia, hablamos con él, entre otros temas, de la importancia de las propias cumbres, de la cultura y el desarrollo en la cooperación iberoamericana, así como de su experiencia como Secretario General Iberoamericano.

 

Acaba de coordinar el libro Las Cumbres Iberoamericanas. Una contribución a su historia. ¿Por qué es importante escribir la historia de las Cumbres Iberoamericanas?

Yo creo que siempre es importante ayudar a la historia a recordar, en lo bueno y en lo malo, los hechos que van aconteciendo. En la historia de las relaciones entre España, Portugal y América Latina, ha habido ciertos momentos muy importantes, con mucha influencia y con mucho impacto político y social. La creación de las cumbres fue uno de esos momentos. Coincidió con el fin del siglo pasado, un momento histórico influido por el hecho de que América Latina había recuperado las democracias, un periodo de diálogo vinculado al V Centenario, que fue muy dinámico; una fecha realmente importante para América, para la Península Ibérica y para el mundo.

Ese contexto generó un clima que propició la aparición en escena de las cinco personas que, de alguna manera, tuvieron la iniciativa de generar una movilización política de diálogo entre las dos orillas del Atlántico; entre América y la Península Ibérica. Esas personas fueron, en primer lugar, el Rey Don Juan Carlos, que fue el que tuvo la iniciativa inicial; Felipe González, que siendo presidente del Gobierno visita México, se encuentra con su presidente Salinas de Gortari -la tercera persona- y juntos conciben la idea de crear esa movilización aprovechando el clima de recuperación democrática y de las celebraciones del V Centenario. Invitan también a la cuarta persona involucrada, Mario Soares, líder portugués y gran latinoamericanista, animando así a la quinta persona que impulsa de alguna forma las cumbres, el presidente de Brasil, Collor de Mello.

Estas cinco personas, de alguna manera, conciben la idea de realizar unas cumbres anuales a partir de 1991, cuando se celebra la primera de estas reuniones. A ella asisten todos los presidentes de América Latina y los primeros ministros o jefes de gobierno de Portugal y de España, así como el presidente de Portugal y el Rey de España. Así nació esta iniciativa, a la que cuando uno mira con perspectiva histórica, ya han pasado 25 años -27 en realidad-, se trata de 25 reuniones anuales; un hecho bastante excepcional en la historia de las relaciones internacionales. No siempre se juntan los 24 jefes de estado y de gobierno, pero nunca se ha quedado una silla vacía, siempre ha aparecido o un vicepresidente o un canciller.

Las reuniones se celebraron en un clima que yo creo que ha sido muy importante, porque el ambiente era muy distendido, muy informal, muy de amigos, que no es poca cosa. Es fundamental que esta comunidad apunte a eso. Hay un dato que yo siempre menciono: el único lugar en el que el presidente cubano, Fidel Castro, podía conversar con sus colegas en los diez primeros años, era en las Cumbres Iberoamericanas, hecho que demuestra los activos que tenía esta iniciativa.

Al principio las reuniones eran informales, mucho coloquio sobre los temas más relevantes de América, Europa y el mundo, pero luego se pensó que había que usar esta herramienta para promover la cooperación. Nació una primera tentativa de creación de una Secretaría para la Cooperación, de fomentar un proyecto de cooperación, hasta que posteriormente se genera ya la Secretaría General Iberoamericana, que surge en el 2005, y está ahora funcionando con buena salud y mucha actividad.

 

¿Cuál es su valoración del periodo 2005 – 2014, años en los que fue Secretario General Iberoamericano?

Para mí fue un periodo muy importante, en lo personal fue volver un poco a España; me había ido cuando tenía 3 años, y aunque volvía muy a menudo, fue la primera vez que comencé a venir a radicarme en España. Vine para armar este ejercicio con entusiasmo, con mucha gente que me acompañó para formar esta Secretaría, darle una estructura internacional, con todas las formalidades que tiene todo este esfuerzo.

Siempre tuvimos una gran colaboración de los gobiernos españoles y portugueses, y un gran apoyo y seguimiento de todos los países de América Latina. Armamos todo un árbol de áreas de cooperación en lo económico, en lo social, en lo cultural, y en lo político, que, de alguna forma, le dieron contenido a esta iniciativa, que va creciendo por sus importantes objetivos y contribuciones.

Resulta interesante destacar que la cooperación iberoamericana, particularmente de España con América Latina no es nueva. Hace setenta años que se creó la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), y posteriormente se crearon otras instituciones vinculadas con otros temas, como con la justicia o con los problemas de la seguridad social, que es otro de los temas que España empezó a privilegiar hace más de cincuenta años. Es decir, la idea de cooperar siempre existió. Aún en los periodos difíciles de las relaciones políticas entre España y América Latina, siempre hubo una vocación de apoyar la cooperación y de alimentar una relación que estaba más allá de los encuentros políticos que existieron en esa época.

 

¿Qué papel juegan para usted la cultura y la movilidad académica en el futuro de lo Iberoamericano?

Respuesta: Las dos son realmente muy importantes. La cultura es la base, el sustrato de la comunidad. Cuando hablo de cultura hablo de valores, de tradiciones, de dos lenguas que unen a toda la región, más allá de las lenguas vernáculas que existen y que son muchas, y, sobre todo, con objetivos comunes en materias de democracia.

La cultura es el mayor activo que tiene la Comunidad Iberoamericana, siempre lo pensé. Por eso, de alguna manera, el sector cultural tuvo gran prioridad durante todo este periodo y lo sigue teniendo, porque realmente es el gran capital que tiene la comunidad iberoamericana, y la que la distingue de otro tipo de relaciones, incluyendo la de Europa. Es decir, hay más cosas para compartir en esta comunidad que las que realmente se comparten en Europa, donde hay un conjunto de culturas que se agrupan pero que tienen sus identidades propias. En América Latina también las hay, pero el sustrato común es realmente muy vigoroso.

 

¿En qué medida es importante la cultura vinculada al desarrollo?

La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo, porque en la cultura están los valores fundamentales que mueven a una sociedad, para proceder y distribuir con igualdad y justicia. Esos valores son fundamentales en cualquier estrategia del desarrollo. Es decir, sirve para beneficiar a la sociedad. No solo a su bienestar físico, sino a su bienestar espiritual. Son valores comprometidos. La política de desarrollo no puede ser insensible a trabajar para los valores, porque ese es el objetivo central del desarrollo económico social inclusivo.

 

Usted llegó a Uruguay con tres años. Uruguay le acoge a usted y a su familia, le forma y le educa. Es increíble el papel de Uruguay acogiendo a la migración. ¿Cómo se siente usted?

Me siento, primero, muy agradecido y muy orgulloso de ser uruguayo. Como usted dice, llegué con tres años y el país me abrió todas las puertas. Nunca me sentí otra cosa que uruguayo, y siempre recuerdo que nací en Asturias. Tanto es así que tengo una Fundación, la que publica este libro, que se llama Fundación Astur, ¡por algo será! De alguna manera, mi origen siempre ha estado presente, pero nunca he sentido en mi país que alguien me señalara el no haber nacido en Uruguay, o el no tener acceso a cualquier cosa, menos una, que es el ser presidente de la República, (ríe), afortunadamente.

 

Entre sus muchos cargos, usted ha trabajado para Naciones Unidas, y fue Secretario Ejecutivo de la CEPAL en una época difícil, durante la dictadura de Pinochet, ¿qué recuerdos le trae esta época?

Recuerdos buenos y recuerdos duros, tristes. Chile siempre fue un país muy abierto a la cooperación internacional y a la presencia internacional. La CEPAL fue creada en Chile en 1948 y eso fue debido, precisamente, a esa vocación internacionalista que ha tenido siempre el país, y eso hizo que Santiago se convirtiera en una de las grandes capitales de Naciones Unidas. La CEPAL fue para mí un lugar muy importante de formación desde mi temprana juventud, porque conocí muy de cerca los trabajos pioneros que lanzó su fundador, el Dr. Prébisch. Siempre he tenido una relación muy estrecha con la CEPAL y con su Instituto de Planificación.

Era un poco volver a casa, al alma máter de mi formación en las disciplinas de ciencias económicas y sociales. Fue un periodo muy interesante, pero nos chocamos con que yo empecé allí en 1972 y un año después comenzó el periodo autoritario hasta 1990, y me tocó vivirlo en sus momentos más duros y más difíciles. Fue cuando aprendí la importancia de las Naciones Unidas, especialmente la trascendencia de los derechos humanos y la valoración de los grandes objetivos en libertad y democracia. Aprendí cómo esta institución pudo, con su bandera azul, ayudar en momentos muy difíciles a personas e instituciones como parte de la responsabilidad que tiene el sistema con respecto a esos temas.

De manera que fue una experiencia muy grata trabajar para la CEPAL y agradezco la oportunidad de haber podido estar con la bandera de Naciones Unidas al servicio de los problemas de la gente y de sus instituciones. En ese sentido, tengo recuerdos muy tristes de la gran división en la familia chilena, un país que yo quiero mucho. Soy muy amigo de Chile, me siento muy cerca de ese país. Ver su salida hacia la democracia fue muy grato y muy importante para terminar ese periodo tan difícil.

 

Y del pasado, al presente. Estamos todos muy preocupados con la situación en Venezuela y hace pocos días el Mecanismo de Montevideo le señaló a usted como uno de los posibles negociadores del conflicto. ¿Cuál es su postura?

Es un problema muy difícil. Por supuesto, siempre que se pueda ayudar a recuperar la paz y la convivencia hay que estar a la orden. Y es con ese espíritu que estaría dispuesto a colaborar con esta iniciativa que claramente tiene algunas condiciones previas. La primera es que realmente las dos partes quieran aceptar esta iniciativa como un instrumento de diálogo y de cooperación. Eso todavía no está claro y por tanto este mecanismo está a la espera de lograr estos consensos.

Luego, por supuesto, está el compromiso de dar salida a los problemas dificilísimos que tiene Venezuela, comenzando por el tema de las elecciones o el respeto a los derechos humanos y a todos los temas que entrarían en un paquete negociador. Habrá que esperar un poco a ver cómo evolucionan los hechos, la situación no es nada fácil, es muy peligrosa, y hay mucha gente sufriendo. Habría que tratar las soluciones cuanto antes para ayudar a revertir la situación tan difícil que vive la sociedad venezolana.