Entrevista a Adrián Bonilla, director ejecutivo de Fundación EU-LAC

HABLAMOS CON I ADRIÁN BONILLA

«Un escenario central para la educación superior, vinculada a la investigación y a su impacto en las sociedades, de todas maneras, es el del reconocimiento científico»

La vida académica de Adrián Bonilla está marcada por la FLACSO. Ha trabajado en la sede Ecuador desde 1994, siendo respectivamente subdirector (1996-2004) y director (2004-2012) y, de especial recuerdo para la Fundación Carolina, desde esa responsabilidad ha sido el impulsor y organizador del I Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales (2007). Posteriormente ha sido secretario general de FLACSO (2012-2016) y secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador. Desde hace unas semanas, dirige la Fundación Unión Europea-América Latina y Caribe (Fundación EU-LAC).

Usted es un especialista en las políticas exteriores latinoamericanas ¿Cómo han evolucionado en los últimos años?

Lo que hemos tenido, a lo largo del siglo XXI en la región, son diversos ciclos políticos que se han correspondido a momentos económicos definidos por las formas de inserción de la región en las dinámicas de la Globalización. La expansión de las economías latinoamericanas de la primera década de este siglo, sobre todo en Sudamérica, permitieron al mismo tiempo la producción de proyectos multilaterales de distinto signo y con ámbitos diversos, sobre todo en la dimensión de la política internacional. La experiencia latinoamericana más importante de esos años es probablemente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que es un proyecto que sobrevive, a pesar de la enorme heterogeneidad de sus miembros. Una mención importante, sin embargo, hay que hacer sobre los antiguos sistemas de integración originados en las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, cuya importancia sigue siendo incuestionable. Si bien, esos proyectos, no se convirtieron en regímenes de integración política al estilo de la Unión Europea (UE), han procesado prácticamente todo el comercio entre países vecinos, en los últimos sesenta años y han sido una fuente muy importante de estabilidad y ausencia de conflicto interestatal.

Años atrás ha realizado un estrecho seguimiento de las Cumbres CELAC-UE y de las Cumbres Iberoamericanas ¿Qué valor tienen hoy día estas reuniones de alto nivel?

El entorno internacional de la segunda década de este siglo, ha evidenciado la necesidad de revisitar el multilateralismo contemporáneo, a la luz de las experiencias recientes. Los procesos de regionalismos múltiples en América Latina y el Caribe, por ejemplo, se levantaron sobre Cumbres Presidenciales. La diplomacia de Jefes de Estado fue especialmente importante en esa región durante la primera década de este siglo y permitió la generación de varias iniciativas, la mayoría de las cuales siguen vigentes, entre ellas CELAC, Alianza del Pacífico y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestro América (ALBA). Las circunstancias económicas y el ciclo político regional no fue el mismo en la segunda década, y los impactos previsibles del Covid-19 sobre los escenarios internacionales permiten vislumbrar nuevas agendas. Dentro de los nuevos regímenes internacionales, la CELAC particularmente, sigue siendo la instancia de representación y diálogo político más importante porque acoge economías y gobiernos de distinto signo y ha tenido la capacidad de sobrevivir a las diversidades básicamente porque construye un espacio de identidad regional importante para la producción de agendas y para la interlocución global, que el regionalismo restringido y el bilateralismo no alcanzan a proveer.

Las Cumbres de Jefes de Estado son importantes para legitimar iniciativas nuevas y para fortalecer las propuestas de los organismos internacionales. Si bien su frecuencia ha disminuido, porque los momentos fundacionales ya ocurrieron, no dejan de ser el instrumento más potente entre los acuerdos. Probablemente se retomen una vez que la Pandemia haya sido controlada.

En estos momentos es el nuevo Director Ejecutivo de la Fundación Unión Europea-América Latina y Caribe (Fundación EU-LAC) ¿Cuáles serán las prioridades de su gestión en esta organización internacional?

Creo que la pandemia marca tres necesidades estratégicas para los organismos intergubernamentales. La primera de ellas es preservar la relación birregional en el contexto de la contracción económica global que va a afectar a las estructuras productivas más allá de al comercio internacional. Esto puede ser especialmente intenso en América Latina y el Caribe, en donde los precios globales a la baja de los bienes primarios y de servicios vinculados al turismo, pueden afectar los intercambios societales de carácter internacional. Una segunda es promocionar y potenciar el multilateralismo como un instrumento indispensable para afrontar temas de agenda global, como por ejemplo la Pandemia del Covid-19, el cambio climático o la recesión que se prevé para esta década. La tercera es imaginar los instrumentos de relacionamiento internacional en circunstancias en que los contactos físicos, las misiones, los encuentros y los viajes van a ser muy limitados. La enunciación de compromisos y las formas de la diplomacia, por ejemplo, no son un tema menor. Estas tres dimensiones miradas, desde la relación entre las dos regiones, inevitablemente van a atravesar el sentido y la naturaleza de las actividades de la Fundación, cuya misión es involucrar a las sociedades en las agendas de los estados y visibilizar la relación birregional.

Todo parece indicar que con la COVID-19 entramos, la UE y ALC, en un escenario de crisis económica y exclusión social ¿Habrá que repensar y reactivar los organismos multilaterales?

El impacto económico de la pandemia va a repercutir no sólo en los mercados sino en los espacios de producción y en la forma cómo los bienes van a circular. La intensidad de la crisis va a volver inevitable que tanto en América Latina y el Caribe, como en Europa se vuelva de nuevo hacia un tema que por distintas razones dejó de estar en el centro del debate público, que es el de la integración económica. En el Hemisferio Occidental, los instrumentos generados en los años sesenta y setenta del siglo pasado, por mencionar solo unos ejemplos, la Comunidad Andina de Nacionales (CAN), el Sistema de la Integración Centroaméricana (SICA), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad del Caribe (CARICOM), siguen normando el intercambio entre países vecinos, sobre todo, pero la contracción de la economía global va a volver necesario volver la mirada a los mercados internos y a la necesidad de ampliarlos. No en la lógica de la substitución de importaciones solamente, que marcó los modelos de desarrollo en esa época, pero sí, de escenarios inmediatos de salida que permitan reactivar la producción doméstica en todos los países. En este escenario la relación con Europa en términos de mercado, de inversión extranjera directa y de intercambio tecnológico es central para las dos regiones. Consolidar su asociación les puede permitir, además, tener una presencia sólida en los asuntos globales.

Adrián Bonilla, sabemos de su interés por dos temas, a los que no es ajena la Fundación Carolina. El primero, la Cooperación en Educación Superior ¿Cómo repensamos y reconfiguramos dicha cooperación en estos momentos?

Uno de los espacios compartidos más visibles entre las dos regiones es el de la Educación Superior. Generar regímenes internacionales intergubernamentales en este tema es complejo por múltiples razones. Pero, tal vez la más notable de ellas es el hecho, absolutamente justificado por cierto, de que los actores centrales de la Educación Superior en ambas regiones son entidades autónomas, las universidades. Sin embargo, se puede avanzar. Los datos de movilidad, fondos de becas, cooperación para la investigación crecieron mucho en las dos primeras décadas de este siglo. Regímenes formales, acuerdos internacionales de homologación o acreditación internacionales, no obstante, son todavía una expectativa. Un escenario central para la educación superior, vinculada a la investigación y a su impacto en las sociedades, de todas maneras, es el del reconocimiento científico. Hay un saludable debate global, pero especialmente intenso en América latina y el Caribe, así como también en Europa sobre los sistemas de indexación y su relevancia. Tiene que ver con procesos de reconocimiento, pero también con asimetrías que eventualmente reproducen comunidades epistémicas cuyas dinámicas en algunos casos pueden ser vistas como excluyentes, y con cuestionamientos a propósito de la vinculación de sus productos con las necesidades de las sociedades. Afrontar este debate y hacer un esfuerzo por institucionalizar normas, en este ámbito, puede ser una gran oportunidad para avanzar en la relación bi regional.

Y el segundo es la participación de las sociedades civiles en las políticas nacionales e internacionales ¿Qué instrumentos habrá que utilizar, a su juicio, para garantizar dicha participación?

En buena medida la participación de actores de la sociedad civil depende de los temas de agenda que se prioricen. En el ámbito de la Fundación EU-LAC, cuya misión consiste justamente en vincular a las sociedades a las políticas diseñadas por los jefes de estado y los representantes gubernamentales, todo lo que tiene que ver con educación superior, la producción de conocimiento científico, cultura, movilidad humana o equidad e igualdad en horizontes como los enunciados por los ODS de Naciones Unidas, son otros tantos escenarios en donde esa participación no sólo que es posible, sino que sin ella, cualquier iniciativa que vaya en esa dirección perdería sentido. Las personas, las sociedades, por lo tanto, son la finalidad última de la existencia de los estados y sus organizaciones, y así lo queremos comprender en la Fundación.

El Boletín de la FC agradece su atención y le desea un gran éxito en la dirección de la Fundación EU-LAC.

Entrevista a Roberta Lajous, coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

HABLAMOS CON I ROBERTA LAJOUS

«La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) trata de avanzar en proyectos específicos, de interés para todos, de manera consistente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU.»

Foto: David Mudarra. Licencia CC

Roberta Lajous Vargas es coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Obtuvo la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México y la maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Stanford. Ha sido embajadora de México ante los gobiernos de Austria, Cuba, Bolivia y España, y representante permanente ante la ONU en Viena y Nueva York. Es autora del libro “Historia mínima de las relaciones exteriores de México 1821-2000” publicado por El Colegio de México. Hablamos con ella sobre las relaciones entre México y Estados Unidos y con España, su carrera diplomática y el futuro de la CELAC.

En su vida académica destaca el estudio, entre otros, de dos temas: las relaciones de México con Estados Unidos y la política exterior mexicana. ¿Qué comentarios le suscita la frase “Tan cerca de Dios y tan lejos de Estados Unidos”? Y a su juicio, ¿cuáles han sido los ejes directrices de la política exterior mexicana?

La política exterior de México ha oscilado entre ciclos de mayor acercamiento a Estados Unidos para buscar crecimiento económico y periodos de relativa distancia para afirmar la identidad nacional. En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y hace unos días, el 1º de julio para ser exactos, su sucesor: el T-MEC. Actualmente experimentamos un ciclo de creciente integración de las tres economías de América del Norte, el cual hemos encontrado beneficioso para convertirnos en una región competitiva en el mundo. A diferencia de Europa, el esquema de integración de América del Norte, es exclusivamente económico. México tiene además tratados de libre comercio con la Unión Europea, Japón y un número significativo de países de América Latina. Junto con Chile, Colombia y Perú integramos la Alianza del Pacífico. También participamos en esquemas de cooperación con economías del Pacífico asiático. Como España, somos un país de pertenencias múltiples.

Las encuestas de opinión sobre la posición de México en el mundo, revelan que los mexicanos vemos creciente ventaja en la vecindad con Estados Unidos. Sin embargo, la convivencia no ha sido fácil. Cuando fui directora general para América del Norte, en el siglo pasado, hubo un periodo de diferencias con Estados Unidos. Cuando mi jefe veía que yo perdía la paciencia con los temas fronterizos, me decía: “nos costaría mucho dinero mudarnos a un lugar más lejos”. Los diplomáticos mexicanos hemos aprendido, a lo largo de la historia, a encontrar ventajas en un matrimonio sin posibilidades de divorcio. Nuestras sociedades están cada día más vinculadas, no sólo a través del comercio y la inversión, también de la migración y de la cultura. Mas de 12 millones de personas que nacieron en México viven en Estados Unidos, a los que se suman sus hijos y los nietos de otros mexicanos que llegaron antes o ya estaban allí cuando los cruzó la frontera en 1848. Quienes se identifican con México forman una comunidad de más de 30 millones que le dan color y sabor a todo el suroeste de los Estados Unidos. También viven más de un millón de estadounidenses en México. La segunda lengua en Estados Unidos es el español y pronto tendrán más hispanohablantes que España.

En su carrera diplomática ha ocupado numerosos puestos en la Secretaría de Relaciones Exteriores y como embajadora estuvo destinada en Austria, varios organismos de Naciones Unidas, Bolivia, Cuba y España. ¿Cuál es el momento más importante en esa larga carrera diplomática? ¿Qué lecciones puede sacar de la misma?

A lo largo de 40 años he tenido el privilegio de ser testigo de momentos importantes en la historia mundial y de la acción diplomática de México. En Viena tuve la oportunidad de observar la integración de Europa después de la caída del muro de Berlín y ser embajadora concurrente en nuevos países que recién surgieron a la vida independiente: Eslovaquia, Eslovenia y Croacia. También viví la experiencia cuando mi país decidió encabezar, en la Organización de las Naciones Unidas con sede en Viena, el esfuerzo por abordar el problema de las drogas de una manera integral, que culminó tres años después en la Conferencia Mundial de las Drogas de 1988. Ese mismo año fui la primera mujer que presidió la Conferencia General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, también con sede en Viena, en el contexto de los recientes ensayos nucleares de India y Pakistán.

Tal vez el momento más difícil que he vivido, es estar dentro del edificio de la ONU en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, cuando fueron derribadas las Torres Gemelas. Fue una coyuntura compleja porque quedamos aislados del mundo por muchas horas y hubo que tomar decisiones. No sólo con respecto a los proyectos de resolución que se aprobaron al día siguiente y que cambiaron el concepto de seguridad mundial frente al terrorismo, sino para apoyar al personal de la Misión de México y el trauma que el evento nos ocasionó. Unos meses después ingresamos al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente y fueron tiempos difíciles por la fricción que despertó, con Estados Unidos, nuestra posición con respecto a la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak. No pude permanecer en Nueva York el tiempo que me hubiera gustado porque hubo una crisis política en la relación bilateral con Cuba y me enviaron como embajadora a la isla.

Cuando llegué a La Habana, me tocó el delicado papel de restañar las heridas en busca de una normalización diplomática. México fue el único país de América Latina que nunca rompió relaciones con la Revolución Cubana y con la llegada al poder de un gobierno de centro derecha en México, era preciso evitarlo. Somos países vecinos entre los que hay vasos comunicantes complejos que un embajador tiene que evitar se salgan de cauce. Mi estancia en La Habana seguramente fue una buena preparación para ser embajadora del segundo gobierno del PAN ante el primer gobierno de Evo Morales. Mi estancia en La Paz fue fascinante porque fui testigo de una revolución social con énfasis indígena. México había pasado unos años antes por el levantamiento indígena zapatista en Chiapas y las transformaciones legales que ello propició, tuvieron mucha relación con Bolivia. Nosotros nunca nos hemos considerado un Estado plurinacional como lo asumió entonces Bolivia, pero acabábamos de hacer reformas constitucionales para afirmar nuestra identidad pluricultural y plurilingüistica. Somos el país con mayor población indígena del continente americano.

En 2013, fue designada como Embajadora de México en España, concurrente en Andorra, cargo que ocupó hasta 2020, durante las administraciones de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuál fue el momento más importante en esa larga carrera diplomática?  ¿Qué lecciones puede sacar de la misma?

Me siento muy honrada de haber sido representante de gobiernos del PRI, del PAN y de Morena. La embajada que más me ha marcado, por su duración, importancia e intensidad de la relación, es España. Como estudié en El Colegio de México, al igual que el canciller Marcelo Ebrard, conocí la España republicana en su exilio mexicano. Como directora General para Europa, más de la mitad de mi trabajo fue con España. Traté con muchos diplomáticos españoles desde entonces, a quienes volví a encontrar en Madrid, como a Juan Pablo de Laiglesia y Emilio Casinello. Uno siente que conoce España, pero no hay nada como vivir allí, visitar ciudades y pueblos, participar en sus fiestas populares, conocer sus gentes y viajar por las diferentes autonomías. No sólo conocí toda España, sino que gracias a ello entendí mejor México y nuestra herencia hispana.

Josep Borrell y Roberta Lajous

El momento más importante que me tocó vivir en España fue la visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto justo en el interregno, ya anunciada la abdicación del rey Juan Carlos I, en 2014. Fue posible reunir en una sola mesa a los principales actores políticos y económicos de ambos países. España se consolidó como el segundo inversionista del mundo en México, desplazando a otros países europeos que tradicionalmente lo habían sido. A partir de entonces se amplió considerablemente la inversión mexicana en España. Otros momentos significativos fueron cuando Elena Poniatowska y Fernando del Paso recibieron el Premio Cervantes. Ambos convocaron a grandes exponentes de la lengua que une ambos lados del Atlántico. El aniversario de los 40 años de relaciones diplomáticas en 2017, permitió a la Embajada celebrar una serie de eventos en diversas ciudades españolas para conmemorar la efeméride y reflexionar sobre el futuro de la relación bilateral y la de ambos países dentro de la Comunidad Iberoamericana.

La primera visita que recibió el presidente Andrés Manuel López Obrador, después de su toma de posesión, fue la del presidente Pedro Sánchez en enero de 2019. Se estrenaron los nuevos protocolos del gobierno entrante con la comitiva del gobierno español y los empresarios que la acompañaron. Allí se mencionó por primera vez el tema de la conmemoración de los 500 años de la llegada de los españoles al territorio que hoy es México y la reconciliación con la historia común. El incidente de la posterior carta que envió el Presidente al Rey, cuyo texto aún se desconoce, despertó un emotivo debate en la prensa. Pronto fue superado por el afecto que prevalece entre mexicanos y españoles. La relación entre México y España es importante en lo político, lo económico, lo cultural, pero también en el plano afectivo. Ningún otro país en el mundo tiene esa dimensión para México: España forma parte de nuestra identidad, que compartimos todos los países hispanoamericanos y Puerto Rico. Compartimos la lengua y parte fundamental de la cultura. Compartimos también una población que tiene la doble nacionalidad. Mucho menor en número que la que compartimos con Estados Unidos, pero significativa en cuanto al peso que ejerce en la relación bilateral.

Usted jugó un importante papel en la apertura de la Casa de México en España. ¿Qué significado tiene para México y para España esta institución?

En efecto, se requirió mucha tenacidad para llevar el proyecto a término. Desde que se inauguró el Centro Cultural de España en la Ciudad de México, por una donación de un palacio virreinal que hizo el entonces alcalde Andrés Manuel López Obrador en 2002, había sido una meta para los embajadores de México lograr la correspondencia. Fue Manuela Carmena, apenas se hizo cargo de la Alcaldía de Madrid, quien de inmediato accedió a mi petición de donar un inmueble para crear un centro cultural alrededor de una librería del Fondo de Cultura Económica (FCE). Me dijo que todas las lecturas de sus años universitarios fueron de libros editados por el Fondo. Le emocionó conocer que habían sido los exilados españoles en México quienes hicieron las traducciones de los grandes clásicos de la cultura occidental para el FCE y saber que era una institución hermana de la Casa de España (transformada en El Colegio de México).

El proyecto sobrevivió a dos secretarios de relaciones que no vieron con simpatía la Casa por el enorme costo que ello supondría. Fue entonces cuando me decidí a buscar financiamiento de la creciente comunidad empresarial mexicana en España y el tercer canciller se entusiasmó con la propuesta. Se creó la Fundación Casa de México en España, presidida por el empresario Valentín Diez Morodo, para financiar la remodelación del inmueble ubicado en la calle Alberto Aguilera nº 20 y asumir su operación, sin costo para el erario público. Para los mexicanos es motivo de orgullo la Casa y la comunidad mexicana residente en España se siente cada vez más identificada con ella en la promoción de lo que somos. También ha sido muy bien acogida por los españoles, particularmente los del barrio aledaño. México estuvo ausente de España durante la dictadura, nos quedamos sin calles ni plazas públicas en los años de mayor crecimiento de Madrid y otras ciudades. Pero, a partir de 1977, hemos trabajado para recuperar un lugar en el corazón de España.

Hablemos del futuro: en la actualidad es la coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore (PPT) de México en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Al respecto le hacemos tres preguntas: ¿Se producen avances en la articulación e integración de los países latinoamericanos y caribeños en la CELAC? ¿Hay avances en la relación CELAC-UE? ¿Para cuándo la Cumbre CELAC-UE?

México asumió la PPT de CELAC en enero de este año, consciente de la polarización que caracteriza a la región. A pesar de ser el único foro que agrupa a todos los miembros de la región, a 10 años de su creación justamente en territorio mexicano, corría el riesgo de desaparecer, como lo hicieron otros mecanismos de concertación regional en fecha reciente. Por ello, México propuso un programa muy pragmático de 14 puntos que fue consensuado por los miembros de CELAC en los meses previos. Se trata de avanzar en proyectos específicos, de interés para todos, de manera consistente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU.

La pandemia nos ha obligado a usar los medios virtuales para cumplir con la agenda de trabajo. Sin embargo, gracias a ello se han podido realizar numerosas reuniones a nivel ministerial sobre diversos temas, que han incluido también a sectores de la sociedad civil. Tal vez no hubiera sido posible un contacto tan frecuente, de manera presencial. Hemos hecho de la necesidad, virtud. El tema que mayor atención ha recibido es la coordinación de esfuerzos para luchar contra la pandemia, a través de una red de salud pública, y sus efectos negativos sobre la economía y la sociedad. Para ello se hizo una alianza estratégica con CEPAL y FAO a fin de tener un diagnóstico de los riesgos inminentes sobre el avance de los ODS, con énfasis en la promoción de la seguridad alimentaria. América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo más afectada por el COVID-19. Continúa creciendo el número de casos y los indicadores económicos van en caída como lo demuestra el Observatorio de CEPAL creado a partir de la solicitud de CELAC el pasado mes de marzo. Ello ha provocado una profunda reflexión sobre la necesaria flexibilización del pago de la deuda de la región.

Se han llevado a cabo dos importantes diálogos regionales entre autoridades y rectores de universidades con el apoyo de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL) sobre temas de economía y de educación. La segunda resultó de particular interés por la rápida transformación a medios virtuales que experimentaron todos los niveles educativos. Ello pone de relieve las carencias de conectividad en toda la región y la necesidad de adaptar los sistemas educativos a los medios virtuales. Habrá que capacitar a los maestros de todos los niveles educativos, proporcionar los medios electrónicos y los materiales educativos para el próximo ciclo escolar, en el que se tendrán que reducir la densidad escolar. Otro de los temas que hemos abordado es la cooperación en los temas espaciales y las posibilidades de construcción de un nano satélite y su lanzamiento para observar el territorio de la región a efecto de mitigar el cambio climático, en particular los huracanes tan riesgosos para la región del Caribe. También se podría aprovechar para la optimización de la agricultura, la minería y la pesca sostenible. La observación puede contribuir al desarrollo de ciudades inteligentes y capacidades de conectividad con implicaciones profundas para la educación y la medicina. CELAC ha acompañado los trabajos sobre gestión sostenible de los océanos, iniciados por la Unesco, por ser un tema vital para el Gran Caribe, donde se ubican la mayoría de los Estados miembros.

El dialogo entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe avanza por distintas vías paralelas. Apenas el 10 de julio, a instancias de España, Francia y el Alto Representante para Asuntos Exteriores de la UE, se tuvo una reunión virtual con 18 ministros de relaciones exteriores, de ambas regiones, sobre cooperación en la crisis actual y sus consecuencias. CELAC y la UE preparan un dialogo de alto nivel para octubre sobre innovación e investigación con una agenda para responder al mundo post COVID. España ha jugado, como siempre, un papel de acercamiento con América Latina y el Caribe desde la UE. El vicepresidente de la UE para Acción Exterior, Josep Borrell, ha demostrado ser sensible y estar muy interesado en la región, por lo que confiamos fijar la fecha de una cumbre CELAC-UE en fecha próxima.

Entrevista a Juan Carlos Moreno, director de la Fundación Academia Europea de Yuste

HABLAMOS CON I JUAN CARLOS MORENO

“La Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, es uno de los instrumentos de la acción exterior de la Junta de Extremadura que vertebra Europa e Iberoamérica”

 Juan Carlos Moreno

Juan Carlos Moreno es el director de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste. Doctor en Derecho por la Universidad de Extremadura. Licenciado en Derecho, en la especialidad de Derecho Privado, por la Universidad de Sevilla. Ha sido asesor jurídico de algunas de las más importantes empresas públicas extremeñas. Profesor de la Facultad de Formación del Profesorado en la diplomatura de Trabajo Social de la Universidad de Extremadura en la que ha impartido, entre otras, las asignaturas de Derecho Administrativo, Derecho Constitucional y Política Social. Ha desarrollado una amplia actividad en el ámbito de las fundaciones, tanto en la faceta investigadora como en la de gestión. En esta ocasión nos habla, entre otros temas, del papel que representan en el momento actual las Fundaciones.

Juan Carlos, has sido entre otras cosas, un académico especializado en el mundo de las fundaciones. ¿Qué papel juegan en estos momentos en España y qué papel deberían jugar? 

Bueno, yo creo que existen tres sentimientos humanos, tan antiguos como el origen del hombre, que son, la filantropía, la solidaridad y la generosidad. Esos tres valores, esos tres principios humanos, han hecho mucho bien a lo largo de la historia, pero normalmente desde un punto de vista individual. Las fundaciones, no son ni más ni menos que un cauce jurídico, para dotar a esos sentimientos ancestrales, de un camino regulado para conseguir llegar a los objetivos que la humanidad necesita, pero ahora de una forma conjunta. Las fundaciones tienen el papel de enfocarse, sobre todo, hacia la educación, que es muy necesaria, así como hacia la solidaridad internacional ante los nuevos retos que tienen en el mundo. Por consiguiente, a día de hoy, el papel de las fundaciones es necesario y en el futuro deberá ser más necesario aún, sobre todo, si el legislador tiene la suficiente sensibilidad, para dotarle de un nuevo mecanismo, sobre todo fiscal, que actualice la última regulación del 2002 con una mayor generosidad. La sociedad tiene que ser tan generosa con las fundaciones, como las fundaciones deben ser generosas con la sociedad.

El año pasado, organizasteis el X Encuentro Hispano-Luso de Fundaciones. ¿Cuáles fueron los principales resultados?

 Fueron resultados que se declararon en un documento bastante amplio, pero lo voy a sintetizar, diciendo que hay una gran sinergia entre las fundaciones lusas y españolas. Prácticamente hablamos el mismo idioma, con ligeros matices de acento, pero a los ámbitos de actuación que ambas en Portugal y en España queremos llegar, son casi idénticos. Tanto la educación como la solidaridad internacional son muy necesarias para las fundaciones. Ese es nuestro mayor punto de encuentro entre fundaciones de un lado y de otro de la raya.

¿Cuáles son las actividades fundamentales de la Fundación Yuste?

La Fundación Yuste es un lugar de encuentro físico e intelectual, entre quienes ya tienen un gran bagaje intelectual y vital a sus espaldas y los jóvenes que todavía no lo tienen, pero lo quieren tener. Nosotros lo que propiciamos, es ese lugar de encuentro, en el que eminentes profesores de toda Europa, asisten generosamente para enseñar lo que saben y contar sus vivencias a los jóvenes. Por ejemplo, el año pasado, asistieron de 26 países diferentes del mundo, ansiosos de que alguien les cuente y les enseñe lo que realmente quieren aprender. Eso después, se puede traducir en Cursos de verano y en más de 100 actividades que hemos desarrollado durante el año pasado.

¿Qué papel juega la Fundación Yuste en la Junta de Extremadura, y más concretamente en la Dirección de Acción Exterior?

La Fundación Yuste es uno de los instrumentos de la acción exterior de la Junta de Extremadura. Nuestro propio Estatuto de Autonomía, presenta a Extremadura como un lugar que vertebra Europa e Iberoamérica. Es necesario decir los motivos que nos unen a Europa empezando por el geográfico y el físico, e innecesario decir los que nos unen a Iberoamérica desde la época de tantos y tantos extremeños que en el siglo XV y XVI fueron a Iberoamérica. Por lo tanto, uno de los papeles fundamentales de Extremadura, es ser vertebración entre dos mundos como Europa e Iberoamérica, que son complementarios. Todo ello se materializa en ese instrumento que es la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, que lleva a cabo este mensaje estatutario.

La Fundación tiene una oficina en Bruselas, ¿Cuál es su cometido?

La oficina en Bruselas abrió en el año 1999, cuando la Fundación llevaba solamente 7 años y cuando la Fundación actual era solamente europea, no era iberoamericana. ¿Por qué en Bruselas? Porque en Bruselas, sobre todo en aquellos años, pero también ahora, es donde se cuece toda la burocracia europea y nosotros teníamos que estar allí. No descartamos que en un futuro también podamos tener una oficina abierta en Iberoamérica. Nos parecería en justa correspondencia una necesidad.

Después del proceso de constitución del ejecutivo europeo, en el que España tiene un alto representante, el exministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, ¿qué puede esperar la Fundación Yuste de esta nueva Dirección?

Me voy a limitar a un feliz acontecimiento que tuvimos el verano pasado en el mes de julio, y fue la generosa presencia del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, en uno de los Campos Yuste. Lógicamente, su presencia levantó una gran expectación mediática, pero debo decir que sobre todo despertó un interés increíble entre los alumnos, no solo antes, sino después de marcharse, ya que todos seguían comentando sus palabras. Y esas palabras, fueron realmente un canto de esperanza hacia Europa, reconociendo las dificultades y los retos que tiene Europa, pero lo que vino a decir, es que, existe una Europa que es más Europa que nunca. Todo lo que el exministro, Josep Borrell transmitió hace unos meses en Yuste, es lo que a nosotros nos gustaría que se viera plasmado en las acciones del ejecutivo europeo.

Uno de los objetivos de la Fundación Yuste, es tender esos puentes entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea. ¿Cómo realizáis esa labor?

Ahora mismo, estamos haciéndolo poco a poco. Nuestro presupuesto es limitado y las distancias son largas. Más largas son económicamente hablando, para aquellos alumnos americanos que quieren venir aquí. ¿Cuál es nuestro reto? Nuestro reto es que la misma facilidad educativa, de transportes, de comunicación que durante más de un cuarto de siglo han tenido los alumnos europeos con Yuste, en el futuro lo tengan los iberoamericanos. Ese es nuestro reto. Hasta que no podamos equiparar ambos lados del Atlántico, no habremos cumplido el objetivo de ser realmente un escenario de encuentro de jóvenes, y de quienes tienen algo que transmitir.

La actividad de la Fundación Yuste con más impacto mediático, es la entrega de los Premios Carlos V. ¿Cuántas ediciones se han convocado? ¿Qué supone este premio para la Fundación Yuste y para Extremadura?

Hasta ahora llevamos 14 ediciones. Efectivamente es el acto de la Fundación que tiene más repercusión mediática, tanto, que lo preside y entrega S.M. el Rey, pero no creo que sea lo más importante que hacemos, viene a ser como el corolario del resto de actividades. Si nosotros lo que queremos es marcar una tendencia de compromiso con Europa, el premiado es de alguna forma, un ejemplo a seguir. Es decir, nosotros decimos que Europa tiene que ser un espacio solidario y por ello, premiamos a Sofía Corradi, que creó las becas Erasmus e hizo una Europa más solidaria entre los jóvenes. Por consiguiente, nosotros más allá del oropel del premio, de la brillantez como acto social que podamos tener, lo que queremos expresar a la sociedad, es que las personas que han recibido este galardón, son personas que han trabajado por Europa y que, en cierta forma, son un modelo a seguir.

Una primera actividad de trabajo conjunta entre la fundación Yuste y la Fundación Carolina, ha sido la organización el año pasado en el Campus Yuste, de un curso sobre la redefinición del Contrato Social en las relaciones entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea. ¿Qué ideas tienes para poder seguir colaborando juntos?

Primero, no encuentro ningún motivo para no hacer más actividades juntos. Nosotros de alguna forma nos enamoramos de la Fundación Carolina antes de conocernos, fue un flechazo a primera vista, porque realmente veíamos reflejado mucho de lo que nosotros queríamos ser. Una vez confirmado ese flechazo, empezamos a hablar de capitulaciones matrimoniales entre nosotros y vimos que no nos habíamos equivocado de pareja. Ahora mismo, yo creo que la Fundación Yuste mantiene unas relaciones muy cordiales, muy estables y sobre todo de más futuro con la Fundación Carolina. ¿Qué queremos más en concreto de la Fundación Carolina? Nosotros el aspecto europeo lo tenemos muy consolidado, el aspecto iberoamericano está más débil. Nosotros nos queremos apoyar en la Fundación Carolina, nos queremos apoyar en la SEGIB, para que sean nuestros padrinos ante ese mundo que conocemos, pero que todavía no dominamos, ni controlamos.

 

Entrevista a Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la OCDE

HABLAMOS CON I MARIO PEZZINI

“Necesitamos reconstruir los modelos de desarrollo, a través de nuevos pactos sociales con nuevas y diferentes formas de participación democrática, una visión nacional y un rediseño de la cooperación internacional”

Mario Pezzini es director del Centro de Desarrollo de la OCDE y consejero especial del secretario general de la OCDE para el Desarrollo.

¿En qué condiciones recibe el mundo esta pandemia?

A nivel global, la pandemia se encuentra con tres grandes tendencias.

Primero, un creciente descontento social. Importantes manifestaciones se llevaron a cabo en varios países, en particular en América Latina y el caribe (ALC), reclamando mejores respuestas por parte de sus estados que ayudaran a enfrentar vulnerabilidades crecientes. Recordemos que a finales de 2019 el descontento se expandió por varios países en la región a través de manifestaciones con repercusiones importantes en las agendas políticas de los gobiernos, incluidos Chile, Ecuador y Colombia. Las razones fueron múltiples entre ellas que entre 2006 a 2018, la proporción de la población satisfecha con la calidad de los servicios de salud cayó del 57% al 42%, muy por debajo de la OCDE (70%). Asimismo, solo el 25% de la población en ALC tiene confianza en su gobierno nacional y ha caído la moral tributaria pues el 53% de la población justificó no pagar impuestos en 2016, en comparación con el 46% en 2011.

Segundo, la pandemia encontró unas economías con bajo crecimiento y con capacidades fiscales limitadas. Primero, en los países OCDE el crecimiento entre 2012-19 fue de 2.1% en promedio y el año pasado fue de solo 1.7%. El crecimiento también estaba a la baja en los países en desarrollo. Entre 2000-18, mientras los países de Asia emergente crecieron en promedio 7.4%, en África 4.6% y en América Latina 2.6%, el año pasado el crecimiento fue de 5%, 3.6% y 0.1% respectivamente. Estas condiciones fueron empeoradas por la crisis del COVID-19 a nivel global. La OCDE ha estimado que cada mes de cuarentena se podría traducir en una disminución de hasta 2 puntos porcentuales en el crecimiento anual del PIB. Un crecimiento bajo o negativo tenderá a exacerbar los problemas económicos y sociales reduciendo aún más las capacidades de los gobiernos para enfrentarlos. Adicionalmente, muchos países en el continente africano se han visto atrapados en un espacio fiscal limitado. Los niveles de deuda han aumentado rápidamente en los últimos años. Después de alcanzar un mínimo del 32% en 2008 gracias a la cancelación de la deuda externa de 31 países africanos, el monto total de la deuda pública bruta africana se duplicó a un estimado de 57.6% del PIB en 2019. Los países exportadores de petróleo (Angola, Camerún, Chad, Gabón y Guinea Ecuatorial) vieron que la ratio deuda/PIB se duplicó en 2018 en comparación con 2010, dado el final del auge de los precios de las materias primas en 2014. La situación es similar en ALC donde los ingresos fiscales son solo el 22.8% del PIB. Además, la pandemia está ejerciendo una fuerte presión sobre las condiciones económicas y sociales en las economías emergentes de Asia.

Tercero, un creciente rechazo global al multilateralismo. En las últimas décadas hemos sido testigos de una caída en el apoyo al multilateralismo tanto a través del surgimiento de tendencias nacionalistas en algunos países, endurecimiento de las políticas migratorias y la guerra comercial entre Estados Unidos y China de la que fuimos testigos antes de entrar en la pandemia.

¿Cómo impactará la pandemia al mundo en desarrollo?

El impacto de la pandemia lo estamos viendo ya. Principalmente, la pandemia está poniendo de manifiesto fallas importantes en los sistemas sanitarios de a lo largo y ancho de los países indiscriminadamente, con una mortalidad que es a día de hoy de más de 300 mil. Más allá, las medidas para contener el virus están generando una recesión económica sin precedentes que afecta ya, y continuará afectando, los ingresos de millones de hogares.

Más allá del choque sanitario que está agobiando a los sistemas de salud, la crisis podría exacerbar debilidades estructurales de las economías. Por ejemplo, en América Latina condiciones preexistentes de baja productividad y la exclusión social empeoran las previsiones económicas. La mayoría de los trabajadores son informales (58%) y por tanto tienen acceso limitado a la protección social y sus familias se verán particularmente afectadas. 57% vive en vulnerabilidad; por debajo de USD 13 por día (PPP 2011). Es posible que, además, muchas empresas se declaren en quiebra, en particular las MIPYMES que representan el 99% del total de empresas y representan casi el 60% del empleo formal en la región.

África depende significativamente de la exportación de materias primas cuyos precios venían cayendo desde antes de la pandemia. Muchos países africanos se encontrarán con un espacio fiscal aún más reducido para tomar las medidas necesarias para enfrentar la pandemia, lo que podría exponerlos a una crisis fiscal: en efecto, si los países africanos implementaran medidas tributarias similares a las que tomaron muchas de las economías de la UE hasta ahora, la OCDE estima que, si todas las demás condiciones permanecen iguales, la relación deuda pública/PIB del continente aumentaría de 57.6% (2019) a aproximadamente 85%, aunque en algunos países puede ser aún más alta. Por tanto, el problema de la deuda será mayor. Muchos países se verán con dificultades para hacer frente a la deuda externa, en particular la privada. El FMI ya hizo un llamado a una moratoria de la deuda de 25 países – la mayoría africanos. Esto puede no ser suficiente.

El peso relativo de los sectores económicos va seguramente a cambiar, produciendo una reestructuración de las economías nacionales. En Asia emergente, la proyección de crecimiento es de 2.1% como línea base y una reducción -0.5% en un escenario conservador en 2020 (de 5.8% en 2019). Esto tendrá un impacto significativo en los mercados financieros de la región. La contracción en las exportaciones se originó en interrupciones en el sector manufacturero en China con repercusiones tanto en la demanda como en la oferta. Como resultado de políticas que limitan los viajes y el cierre de fronteras, se espera que disminuyan los ingresos por turismo en la región. El Banco de Desarrollo Asiático estimó una pérdida de USD 15 a 35 billones en ingresos por turismo para China y USD 19 a 45 billones en ingresos por turismo para el resto de Asia en desarrollo.

Por último, pero no menos importante, la falta de inclusión y el descontento social seguirán siendo prioridades en la agenda. Las desigualdades sociales están en niveles insostenibles. Una importante proporción de la población no tiene ninguna forma de protección social. Las clases medias son vulnerables e inestables, aún más que en los últimos diez años. Las instituciones sociales, formales e informales, tienden a discriminar a las mujeres y a la población indígena. La turbulencia social se exacerbará por la COVID-19, y la pandemia resaltará, una vez más, que la alta informalidad de los trabajadores debilita las capacidades de los países en desarrollo para ser resilientes.

Hablando de América Latina, ¿cuáles son los principales canales a través de los cuales la crisis podría golpear más profundamente la región?

Hay varios canales de transmisión de la crisis por la pandemia en ALC. Primero, la desaceleración de la economía China tiene por un doble canal de impacto a través de un choque a la demanda y choque a la oferta para la región. Asimismo, el rompimiento de las cadenas globales de valor y la disminución de la producción y comercialización de instrumentos médicos que se originan en este país afectará ALC de manera importante. Segundo, a finales de marzo, los precios del petróleo habían caído por debajo de USD 30 por barril, una caída de más del 50% desde enero de 2020 y una dramática caída en mayo. En términos generales, por ejemplo, para algunos países exportadores de materias primas, se calcula que esta crisis implicará una pérdida de entre el 50% y el 85% de ingresos por petróleo y gas. Varios países de Sudamérica podrán ver sus sistemas fiscales en aprietos. Tercero, la caída del turismo afecta muchos países, en particular en Centroamérica y el Caribe. Esta caída en turismo afectará el crecimiento principalmente en Centroamérica, región que estará afectada a su vez por una menor actividad económica en los Estados Unidos. Cuarto, la dramática caída y estancamiento de las remesas. De manera global, se espera que las remesas disminuyan en un 20% en 2020, según el último pronóstico del Banco Mundial. Esta sería la mayor disminución en un solo año de las remesas en el siglo pasado. A manera de comparación, la última crisis financiera mundial vio caer las remesas solo en un 5% en 2009. Además, la CEPAL estima que ALC verá la mayor caída en su actividad económica desde la Gran Depresión: caerá a -5.3% en 2020. Por otro lado, la salida de capitales y los flujos de la Inversión Extranjera Directa (IED) se contraerán entre 30% y 40% en 2020-2021 según la UNCTAD. En este contexto, un tema está tomando extrema relevancia: el tema de la deuda externa. Muchos países en la región, aun siendo de ingresos medios, van a enfrentar dificultades para hacer frente a la deuda externa. Ya estamos viendo los casos de países como Ecuador que tendrá dificultades fiscales importantes. Es fundamental que el debate de la deuda esté sobre la mesa con todos los actores involucrados para garantizar soluciones eficientes y duraderas para el desarrollo.

Ahondando en el tema de la deuda para la región latinoamericana, esperamos ver acciones internacionales que vengan…

El caso de la deuda es de suma importancia y debemos considerar varios aspectos. Lo primero es que medidas como la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G20 (DSSI, por sus siglas en inglés) tienen que incluir a todos los países en desarrollo que las necesiten. Será vital determinar cuál tipo de intervención, sean moratorias, alivios o restructuraciones, corresponde a la situación de cada país.  Pienso que se tratará también de asegurarse de que todos los acreedores públicos y privados se sumen y, por último, que sean coordinadas y apoyadas al nivel multilateral.

En relación con mi primer punto, es importante recordar que la DSSI del G20 solo cubre a los países más pobres y vulnerables. Discusiones sobre medidas coordinadas de alivio o de suspensión temporal del pago de la deuda pública deberían incluir a todos los otros países en desarrollo que las necesiten, independientemente de su nivel de ingreso. Cuando hablo de otros países en desarrollo que las necesiten, me refiero en particular a los países de ingresos medios que tienen un elevado nivel de endeudamiento con respecto a los de ingresos bajos, y que están siendo afectados en su mayoría por la bajada de los precios de materias primas como el petróleo y el cobre, el colapso de la demanda externa, y la salida de capital hacia mercados de la OCDE a menudo considerados más seguros. Para muchos países en desarrollo, la limitación de sus recursos, cuando ya tenían espacios fiscales reducidos antes de la crisis, complicará sus capacidades de responder a la crisis y pagar sus deudas, ambas posibilidades teniendo implicaciones negativas para su futuro.

Segundo, dependiendo de las condiciones fiscales en las cuales los países ingresaron a esta crisis, el nivel de intervención debe ser diferente. Para los países que al comienzo de la crisis se encontraban en dificultades de solvencia, como Argentina o Ecuador, ante la magnitud del choque, restructuraciones, así como cancelaciones directas de las deudas deben hacerse de forma coordinada. No obstante, las medidas tendrían que ser diferentes en los países que eran solventes y están enfrentando problemas de liquidez para financiar la gestión de la crisis y el pago de la deuda.

Tercero, es igualmente importante señalar que la iniciativa del G20 solo invita a los acreedores privados a unirse voluntariamente a la moratoria. Sin embargo, en los últimos años, la deuda externa de muchos países en desarrollo, y en particular de países de renta media, ha visto un aumento de acreedores privados en su composición. Para muchos países, el no incluir a todos los acreedores dentro de la DSSI o cualquier otro tipo de iniciativa, podría llevar a que los gobiernos concentren principalmente el uso de sus recursos fiscales – menores debido a la crisis – en pagar sus deudas a acreedores privados o bilaterales que no fueron incluidos, en vez de combatir con mayor capacidad las consecuencias de la pandemia y reconstruir estructuras socioeconómicas más resilientes. Como respuesta a un choque exógeno, inesperado e importante que la economía mundial está viviendo, se necesitan medidas excepcionales y todos los tenedores de bonos – bien sean privados o nuevos acreedores bilaterales como China – deberían hacer parte de la solución.

Ahora, es también clave que moratorias o alivio no cierren el acceso de los países a los mercados de capitales. En algunos países, una crisis de solvencia podría reducir sus capacidades para enfrentar la pandemia y en el caso de incumplimientos, amenazar su posibilidad de acceso a mercados internacionales de financiamiento, justo cuando la crisis ha reducido drásticamente las capacidades de los países a financiar su reconstrucción. Sin embargo, hasta algunos países con situaciones más estables en cuanto a su deuda como Kenia anunciaron que no iban a recurrir a la DSSI, para no arriesgar de ver sus calificaciones crediticias rebajadas y así dificultar su acceso a mercados internacionales de capitales. Esto se podría aplicar a países como Chile, Guatemala o México, que en las últimas semanas fueron capaces de emitir bonos en mercados internacionales.

Entonces, ningún esfuerzo hacia moratorias, restructuraciones y cancelaciones podrá ser fructuoso sin un acuerdo entre todos los acreedores públicos y los acreedores privados y sin garantizar futuro acceso al financiamiento. Necesitamos normas que impidan la reproducción de lo que desafortunadamente sucedió con los acreedores privados de la deuda de Argentina. Cláusulas de acción colectiva y otras evoluciones en los mercados de bonos durante los años 2000 proveen ejemplos concretos del involucramiento de acreedores privados.

Insisto, del análisis de la situación parece clara la necesidad de un esfuerzo de cooperación internacional ambicioso e innovador, que se apoye en un multilateralismo más inclusivo. Si queremos que los esfuerzos internacionales realmente tengan un efecto contra las consecuencias financieras y socioeconómicas de la crisis, las discusiones sobre  la gestión de la deuda deben incluir a todos los países en desarrollo, independientemente de sus niveles de ingresos, y adaptar el nivel de intervención a la situación de cada uno Además, es clave señalar que todos los actores deben ser incluidos y existen ejemplos de tal cooperación en el pasado.

Por último, estos esfuerzos no pueden afectar el acceso a mercados de capitales, ni a la creación de mercados domésticos. Todos los actores partes a iniciativas de suspensión temporal o de alivio de la deuda tienen que insistir en el principio de necesidad de tales intervenciones en circunstancias excepcionales como las que estamos viviendo, para asegurar que no den lugar a acciones legales, y también que su utilización permanezca excepcional. La gestión eficiente de la deuda pública siendo un tema clave para la futura resiliencia de los países en desarrollo, se tiene que instalar un diálogo productivo entre los países y los emisores de deuda, donde el intercambio de conocimientos, de lecciones aprendidas, la transparencia y la cooperación entre pares hagan surgir estrategias eficientes para invertir en la construcción de economías más resilientes en países en desarrollo. Como en otros asuntos planteados por la crisis de la COVID-19, el Banco Mundial y los otros bancos multilaterales de desarrollo, así como las organizaciones internacionales y regionales, tienen que tomar sus responsabilidades para coordinar y sostener estos esfuerzos. En ese sentido, debemos contribuir a restaurar la legitimidad y apoyo al multilateralismo, que debe jugar un papel más preponderante en la gestión de esta crisis.

¿Cómo ve el desarrollo post-COVID-19 a nivel nacional e internacional?

Hay quien dice que esta crisis no va a llevar a ningún cambio fundamental, sino que va a consolidar posiciones anteriores a la crisis.  Para asegurarnos de aprovechar esta crisis como una oportunidad, los países en vía de desarrollo deben centrarse en repensar por un lado sus modelos nacionales de desarrollo y por otro su lugar en el mundo. A nivel nacional se debe aprovechar para reconstruir el pacto social que permita entender a través de los ojos de los ciudadanos el tamaño y el rol del Estado que se esperan en un mundo de post-pandemia. Repensar la relación Estado-Economía-Ciudadano permitirá construir unas bases sólidas para una sociedad más incluyente y sostenible. Par lograr este objetivo, necesitan nuevas y diferentes formas de participación democrática y una visión nacional. Los países deben ahora fortalecer sus unidades de planeación pues esta no es la primera ni será la última crisis económica ni emergencia sanitaria. Veremos más, debemos estar preparados.

A nivel internacional debemos reflexionar por una parte sobre la dependencia que ha mostrado la pandemia entre países a nivel comercial y analizar los obstáculos a una mejor coordinación y respuesta global, para cambiar los mecanismos a futuro, ya que tendremos un futuro compartido. Por una parte, la crisis COVID-19 ha servido para resaltar la dependencia de cadenas globales en temas tan fundamentales como puede ser la salud o la seguridad alimentaria. Será importante reflexionar sobre la relevancia de la integración regional y de las cadenas regionales de valor.  Al mismo tiempo, la crisis nos ha abierto los ojos sobre algunas fallas en el funcionamiento de una serie de mecanismos de coordinación a nivel internacional y de apoyo ante desafíos globales. Será importante reflexionar sobre que ha funcionado y que no ha funcionado y como mejorarlo. Esta pandemia ha puesto en evidencia la necesidad de mirar a las viejas herramientas y repensar su funcionamiento, Por ejemplo, servirá a prensar el enfoque hacia la deuda externa, y su moratoria o su ampliación a los países de ingresos medios en tiempos excepcionales como el que vivimos. Servirá a reflexionar sobre cómo mejorar la adaptabilidad y flexibilidad de los mecanismos e instituciones internacionales de inyección de liquidez, ante la necesidad de tomar medidas de forma rápida.

Esta crisis nos va también a servir para centrarnos en lo que verdaderamente queremos que sea el foco de la cooperación internacional a futuro, en vistas a la construcción de un futuro sostenible. Debemos pensar en la factibilidad de poner en marcha o acelerar herramientas que sirvan en la lucha contra unas desigualdades que se acentuarán tras esta crisis: la imposición de las grandes fortunas, un mayor esfuerzo en relación a los esfuerzos frente a la evasión y erosión de impuestos, las ventajas o desventajas de la implantación de un ingreso básico universal, entre otros. La viabilidad de un Plan Marshall a nivel global. No faltan ideas en la mesa.

Ante todo, es importante promover el diálogo de políticas.  Promover el aprendizaje entre países y expertos sobre las innovaciones que nos han permitido realizar la respuesta a esta crisis, tanto a nivel internacional como nacional. Promover el multilateralismo y la cooperación frente a los bienes públicos globales será sin duda una de las principales lecciones de esta crisis. Una reflexión sobre como aunar intereses nacionales con una cooperación en bienes públicos globales y para enfrentar desafíos globales debe ponerse sobre la mesa, para evitar derivas nacionalistas y enfrentamientos hacia el multilateralismo. La comparación y peer pressure entre países en pie de igualdad ayuda a confrontar los modelos de desarrollo e ir ajustando las velas para enfrentar los vientos en el camino.

 

Entrevista a Francisco Guillén, director del Máster en Salud Pública de la Universidad Pública de Navarra

HABLAMOS CON I FRANCISCO GUILLÉN

«Al igual que se dice que una cadena es tan fuerte como el más débil de los eslabones,
tendríamos que pensar que la salud global es tan fuerte como el sistema sanitario de los países mas débiles»

Francisco Guillén. Foto: UPNA

Francisco Guillén, es director del Servicio de Medicina Preventiva de la Clínica Universidad de Navarra y director del Máster en Salud Pública de la Universidad Pública de Navarra. Éste Máster es el más solicitado por nuestros candidatos, en las cinco últimas convocatorias de becas de Fundación Carolina.

¿Cómo se actúa para dar respuestas sociales a los problemas de salud pública?

En primer lugar hay que priorizarlos básicamente siguiendo tres criterios: Magnitud (a cuántas personas afecta), trascendencia (muertes, enfermedades, etc) y vulnerabilidad (capacidad de prevenirlos o solucionarlos). La salud pública busca acciones colectivas, entre las que se incluye la política para solucionar estos problemas. En base a esto, y basándose en experiencias contemporáneas de otros países o regiones, y en experiencias históricas, se toman medidas preventivas y de control que deben ser reevaluadas constantemente, contrastándose con la realidad, viendo lo que funciona y lo que no funciona.

¿Qué papel juega la comunicación en la salud de los ciudadanos?

El papel de la comunicación es muy importante porque da pautas a los ciudadanos para promover el autocuidado, la promoción de la salud y la prevención de enfermedades. La comunicación veraz por parte de las autoridades sanitarias es muy importante ya que impide la circulación de bulos, que pueden causar daños no solo psicológicos en la población añadiendo otra epidemia a la epidemia.

¿Cómo valora la labor de la OMS?

La OMS realiza una labor muy importante de coordinación entre los gobiernos, ONG e instituciones, que es fundamental en problemas globales que trascienden fronteras.

¿Qué lecciones médicas se van a poder extraer de esta crisis?

La globalidad. El mundo se ha quedado pequeño y como estamos viendo con el COVID-19, el SARS, Ébola, etc, problemas que puede haber en un lugar remoto del mundo, como podría ser el control de las zoonosis y la higiene alimentaria, se pueden trasladar rápidamente a todo el mundo. Al igual que se dice que una cadena es tan fuerte como el más débil de los eslabones, tendríamos que pensar que la salud global es tan fuerte como el sistema sanitario de los países mas débiles. La importancia de las medidas higiénicas como lavado de manos, para prevenir la propagación de enfermedades, esto es un problema porque hay muchos grupos de población que no tienen acceso al agua potable. La importancia de la medicina preventiva y la salud Pública, el estar preparado para casos de desastres. La necesidad de tener personal formado en epidemiología, medicina preventiva y Salud Publica, con capacidad de Liderazgo, ante estas situaciones.

Otra cuestión es la rapidez, los gobiernos en Europa han subestimado los riesgos y han actuado con retraso, muchos problemas se hubiesen solucionado si se hubiera actuado antes. Pero en el campo de la salud publica y la prevención de las epidemias, cuando se toman las medidas antes de la aparición parecen exageradas, y después de la aparición parecen insuficientes.

¿Qué medidas de cooperación internacional podrían reforzarse de cara al futuro para actuar concertadamente y evitar que haya entornos menos seguros?

Favorecer el desarrollo de los sistemas de salud, así como los sistemas de vigilancia epidemiológica, salud ambiental e inspección alimentaria en los países menos desarrollados.

Como director del Master en Salud Pública de la UPNA ¿Cómo se podría favorecer desde la educación superior una cooperación más intensa en el ámbito científico y tecnológico?

Favoreciendo tanto la matricula del master y la incorporación de estudiantes extranjeros, (también en los programas Erasmus) que después puedan repercutir en sus países la formación recibida y ser formadores de nuevos recursos humanos en sus países de origen. Creando redes de graduados que favorezcan la cooperación no solo con la UPNA sino entre ellos y con las instituciones en que trabajan. Favoreciendo el desarrollo conjunto de programas de investigación multinacionales, la incorporación de egresados a programas de doctorado.

 


Video del Máster en Salud Pública, de la Universidad Pública de Navarra

Entrevista a José María Vera, director ejecutivo interino de Oxfam

HABLAMOS CON JOSÉ MARÍA VERA

«Si la respuesta a esta crisis se hace con las bases económicas a las que estamos acostumbrados, solamente llevará a más desigualdad […]Abogamos porque la forma de responder a esta crisis no sea siguiendo el tablero de juego de siempre».

Chema Vera en el campo de refugiados de Yemen. Marzo 2020. Foto:Oxfam

José María Vera ( @chema_vera) es director ejecutivo interino de Oxfam Internacional, una de las organizaciones humanitarias y de cooperación al desarrollo más importantes del mundo.
Ingeniero químico de profesión, comenzó su relación con la cooperación al desarrollo  como voluntario en Perú; ha ocupado diferentes roles dentro de la estructura de Oxfam , entre ellos director de Campañas y de Políticas.
Tras un paréntesis de seis años en la Secretaría General Iberoamericana SEGIB, coordinando los programas de cooperación de las Cumbres Iberoamericanas, regresa a Oxfam Intermón en 2012 para dirigir la institución. Fue cofundador en España de Ingeniería sin Fronteras y a título personal mantiene colaboraciones voluntarias con diversas organizaciones sociales.

 

Desde el mes de septiembre de 2019 es usted el nuevo director ejecutivo interino de Oxfam Internacional. ¿Cuál es el papel de esta organización como actor humanitario y de desarrollo global?

Se trata de una organización con un mandato asociado a la erradicación de la pobreza, enfrentando las desigualdades. El valor añadido que intentamos aportar al mundo de la acción humanitaria y del desarrollo global es ese enfoque desde las desigualdades, que son de género, económico-sociales, de acceso, e incluso, a la propia acción humanitaria.

Es una organización grande. Estamos presentes en unos 90 países, con afiliados de todo el mundo que conforman la confederación. Estamos presentes en prácticamente todas las crisis humanitarias severas. El escenario actual es todo un reto, porque, aunque haya países donde apenas hay casos de coronavirus, las dificultades de esos países al acceso humanitario son cada vez mayores y esta crisis las exacerba. Es el caso de Yemen, Siria, y algunos países africanos. Allí actuamos, especialmente, para asegurar el acceso al agua, saneamiento e higiene, a la ayuda alimentaria y a la protección. Es en estos momentos cuando la salud pública es prioritaria, y por ello se debe incrementar a nivel respuesta, pero muy especialmente en la prevención.

Oxfam también tiene toda una parte de líneas programáticas con enfoque sobre las desigualdades. Contamos con un número significativo de programas, alianzas y campañas en torno a la justicia de género y la desigualdad económico-social. Es desde ahí, desde nuestras fortalezas y experiencia, desde donde actuamos para afrontar la presente crisis, tanto en la respuesta comunitaria de países, como en la global.

 

Estamos viendo cómo el impacto económico de la crisis del coronavirus está aumentando las desigualdades. Oxfam ha alertado de que podría arrojar a 500 millones de personas en el mundo a la pobreza a menos que los países ricos tomen medidas urgentes, y para ello ha propuesto un plan de rescate económico. ¿Cuáles son las líneas principales de este plan? ¿Cómo podría financiarse?

Hemos propuesto dos planes. Uno es más urgente, que es el plan de respuesta de salud global y otro es el que se refiere al rescate económico de los más vulnerables. En cuanto a la salud, la desigualdad de los sistemas de salud y del acceso a la salud entre países ricos y países pobres es enorme. Pero lo es también dentro de los países, por ejemplo, africanos o de América Latina. En estos casos, no solamente son sistemas de salud muy frágiles, sino que, lo poco que no es de calidad, solo está disponible para la escasa población que puede pagarla. Si no puedes permitirte una cuota, no tienes acceso al test, al tratamiento, ni a nada que se pueda parecer. Por ello, planteamos un plan de 160 mil millones de dólares, urgente, para fortalecer y doblar la inversión en salud en los 85 países que tienen los sistemas de salud más frágiles. El objetivo no es solo asegurar una adecuada atención en los casos en los que el virus estalle, como lo ha hecho en España, sino para que sirva también para poder cubrir, al mismo tiempo, otras enfermedades que ya estaban presentes, como el cólera en Yemen. En realidad, en estos países no se trata de una crisis única, sino de una crisis que se construye sobre otras.

Por otra parte, el plan económico, que es más amplio, consiste en plantearse cómo enfrentarse a un escenario del que no se sabe todo, nos basamos en estimaciones. Dependerá mucho de cómo y cuánto dure esta crisis, pero podemos guiarnos por las situaciones de las personas. Por ejemplo, un taxista de Nairobi decía a un compañero que el virus “nos matará de hambre antes de infectarnos”. Las trabajadoras y trabajadores del sector informal lo están pasando francamente mal en países africanos, en India… En este último, por ejemplo, el 70% de los trabajadores y trabajadoras viven al día, con un salario diario. En Bangladesh ya hay estimaciones que apuntan a una reducción del ingreso del 80 % en las personas más pobres.

Si no pueden trabajar, ¿qué ocurre con ellos sin safety nets, ni familiares, ni ahorros, sin respaldo del Estado cuando pasen unos días de confinamiento? El hambre. Es a esas personas a las que hay que rescatar económicamente, y eso exige un plan muy significativo, incomparable con lo que hemos visto. Es aquí donde observamos la gran diferencia de esta crisis. Nosotros lo llamamos el inequality virus, porque se cimienta sobre las estructuras de desigualdad entre países y dentro de los países. La capacidad de inyección de planes de rescate en la Unión Europea o en Estados Unidos comparada con la de los países en desarrollo es muy significativa, es una diferencia absolutamente abismal.

 

Oxfam pide la cancelación inmediata de la deuda externa de los países en desarrollo para ayudarles a gestionar el impacto sanitario y económico de la pandemia. El G20 ha propuesto esta semana una moratoria del pago de la deuda hasta final de 2020, aunque limitada a los países más pobres, y ha pedido a los acreedores privados que se sumen a la iniciativa; sin duda es un avance importante, pero insuficiente. ¿Qué otras medidas, considera, que deben tomarse?

Hemos planteado la cancelación de todo el servicio de la deuda de los países en desarrollo durante el año 2020. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, un país como Ghana gasta en salud 11 veces menos de lo que paga en forma de servicio de deuda externa. Hoy, si se elimina el pago de la deuda durante este año, y se hace un seguimiento, podrían invertir esa cantidad en el sistema de salud o en sostener unos mínimos de redes de seguridad para la población más pobre.

Estamos en tiempos extraordinarios

donde las medidas

tienen que ser extraordinarias.

Como medida, estamos pidiendo que la cancelación también incluya la deuda multilateral. Por tanto, la del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la del Banco Mundial (BM). Si para ello hace falta vender reservas del FMI, puede hacerlo. Sus reservas de oro están en unos 150 mil millones de dólares ahora. De hecho, su valor creció  en 20 mil millones  desde inicio de año. Por lo tanto, es factible. Estamos en tiempos extraordinarios donde las medidas tienen que ser extraordinarias.

Otro punto es el de la emisión de derechos especiales de giro, respecto a lo que sí puede actuar el FMI. Lo que pasa es que para ello hace falta un acuerdo entre los estados miembros, sobre todo entre los que más pesan en el Consejo del FMI. Lo que intentamos es trasladar un sentido de urgencia y de situación  extraordinaria. Ya sabemos que el flujo de ayuda al desarrollo no es suficiente y mucho menos lo va a ser en las condiciones que se requieren ahora, y por ahí es por donde estamos trabajando con todo el eje de instituciones multilaterales. También habría que entrar con más fuerza en el ámbito fiscal, el propio FMI ha propuesto nuevos impuestos a la riqueza para enfrentar la crisis

Si en este momento, si con esta crisis, con la erosión brutal que van a sufrir los sistemas fiscales de cualquier país, los gobiernos, la clase política y el liderazgo internacional no son capaces de dar pasos muy significativos en un sistema fiscal e internacional basado en reglas duras, los pasos no se darán nunca. La erosión que se ha producido en las últimas décadas en las haciendas públicas que ya era dura, va a ser inaceptable. Ya hay países que aseguran: “nosotros no vamos a dar ayudas a las empresas  salvo a aquellos que tengan presencia en paraísos fiscales”. Estas medidas tendrán que colectivizarse más si no queremos que siga habiendo esos sumideros, que van a ser imposibles de manejar en la crisis fiscal que se viene y que va a ser descomunal.

 

Oxfam ha destacado el impacto que el coronavirus tiene en las mujeres, quienes están en la primera línea de la respuesta al constituir el 70% de la fuerza laboral en el sector sanitario en el mundo, e igualmente tienen más probabilidades de verse perjudicadas económicamente, puesto que se ocupan del 75% del trabajo de cuidados no remunerado. Asimismo, ante el impacto económico de la crisis, muchas pueden perder su trabajo, o no tener otra opción que recurrir a empleos precarios y mal remunerado en el sector informal, en el que ya estaban sobrerrepresentadas. ¿Hay en marcha alguna medida para ayudar a frenar esta desigualdad?

Estamos viendo muy pocas medidas específicas. Vamos a sacar un briefing sobre este tema, porque, además, hay una sensación de que está todo muy centrado en el virus en sí y el virus ataca con una virulencia mayor, estadísticamente, a los hombres. Pero, en el fondo, este tema afecta mucho más a las mujeres. Concretamente de dos maneras. Primero, en lo que tiene que ver con la violencia de género que se genera en situaciones de encerramiento, y en situaciones de ruptura de la institucionalidad o de fragilidad de los sistemas de protección. De la misma manera, podemos imaginar lo que puede ser un confinamiento con un maltratador en países que, a su vez, tienen una institucionalidad frágil en cuanto a legislación, prácticas y servicios de atención a las mujeres víctimas de la violencia de género. Este es uno de los primeros impactos diferenciados.

En segundo lugar, esta crisis tiene un impacto especial en las mujeres en el ámbito económico-social. La precarización afecta desproporcionadamente a las mujeres. Muchas de ellas forman parte del sector de atención y cuidados o de servicio doméstico. Todo ello traducido a las economías y a los ingresos que las mujeres pueden obtener en las economías informales de Asia o América Latina, sumado a que ahora tienen que compaginar la atención a las familias encerradas en casa.

En cuanto a la respuesta a esta crisis, si se hace con las bases económicas a las que estamos acostumbrados, solamente llevará a una desigualdad que se acrecentará tanto durante la crisis como en la respuesta. Abogamos porque la forma de responder a esta crisis no sea siguiendo el tablero de juego de siempre.

 

En estos días ha surgido la iniciativa Alianza europea para una recuperación verde, firmada por 180 líderes políticos, empresarios, sindicatos, ONG y grupos de expertos,  que tiene entre sus objetivos principales  trabajar para construir unos planes de recuperación y transformación que consagren la lucha contra el cambio climático y la biodiversidad como un pilar clave de la estrategia económica  ¿Debería el sector de la cooperación incluir más la lucha contra la crisis climática en su trabajo contra la pobreza?

Desde luego la respuesta es sí, claro que se deberían incluir más, debo decir que está, no hablo por Oxfam solo, creo que está bien incluida y que es un sector que en relación a otros muchos sectores en los que la respuesta a esa misma pregunta tendría que ser sí, pero la forma como lo han incorporado a las políticas, a los programas, a los planes es significativamente menor.

Creo que hay un abordaje tanto desde las respuesta humanitaria a situaciones de desastre natural y de desplazamiento creado por el cambio climático, que ya es desafortunadamente muy significativa. Y también desde el  enfoque de resiliencia, de cómo fortalecer las capacidades de las comunidades para resistir choques y salir de ellos más fortalecidos y que tiene  un foco climático absolutamente claro desde hace mucho tiempo. En como acompañar a las comunidades, a las gentes, a las familias, poblaciones a que se adapten al cambio climático en países frágiles que no tienen esas políticas para esa institucionalidad que les permite seguro una política pública que hace que puedas evolucionar y que te puedas adaptar.

El daño humano, es el impacto humano directo en el que trabajamos desde la cooperación para el desarrollo y desde la acción humanitaria, pero también como Oxfam estamos mucho en el campo adaptación. Trabajamos algunas organizaciones también en el de la mitigación, pero sobre todo estamos en el lado adaptación y en el de pérdidas y daños, que es muy importante, aquello que ya se perdió y que ya no tiene una recuperación posible, ni tiene una adaptación y que es exigible que se repare ese daño hecho por el calentamiento global. El otro eje en el que trabajamos desde Oxfam es en el de la desigualdad climática, una vez más en esta crisis del cambio climático, la desigualdad y el impacto climático se retroalimentan, quien consume, quien calienta más es quien recibe un impacto menor, quien calentó menos es quien recibe un impacto mayor y además tiene menos capacidad para poderse adaptarse a ello. Estoy siendo muy sintético, pero ese es el enfoque desde el que trabajamos para responder a nuestra llegada desde las desigualdades. Esto debería  cambiar ahora con la crisis COVID así lo estaba ahora diciendo la ministra de Asuntos Exteriores que confiaba en que la cooperación internacional se reforzara no ya para la crisis del COVID sino como un ejemplo de cómo abordar la crisis climática y la de pobreza de una forma diferente a como lo hemos hecho hasta ahora.

 

Ha defendido durante mucho tiempo la refundación de la cooperación internacional para el desarrollo ¿Cómo la empieza a pensar considerando las posibles repercusiones de la pandemia?

Lo que ha mostrado por un lado, yo creo que tenemos una preocupación muy significativa de que va a suponer la crisis del COVID y referido en este caso al impacto sobre la crisis fiscal que se avecina, sobre los presupuestos de la ayuda oficial al desarrollo en los países, muy especialmente.

Como sabemos España está muy abajo, más abajo no es fácil irse, pero países que sí son significativos, que sí están en el 0,7 o se acercan a él, Reino Unido, Alemania, Francia, entre otros algunos nórdicos que ahora sufren una crisis fiscal muy fuerte, vamos a ver como se tensan esos presupuestos de la cooperación para el desarrollo en los próximos dos o tres años.

Por otro lado, si algo muestra la crisis del COVID es que existen bienes públicos globales y males públicos globales, y las infecciones y pandemias, lo llevábamos diciendo tiempo son un gran ejemplo de ello. Ha habido presión y ha habido propuesta, sobre el hecho de que uno de los fenómenos a enfrentar como mal público global es el de una pandemia  como la del COVID, de la que es imposible que salgamos unos países sí y otros no. Solo podemos salir juntos, todos y cada uno. Mientras el virus exista en un lugar del mundo, ninguno estaremos a salvo y eso requiere en el corto plazo esfuerzos multilaterales para tratamientos, etc…es el momento en el que la unilateralidad, el modo de sálvese quien pueda, de la competición en el mercado, de los derechos de patente por encima de los derechos de la gente, lo único que van a hacer es, no solamente crear unas injusticias fuertes, sino retrasar la salida global de la crisis. El abordaje multilateral juega en nuestro propio interés para que todos los países puedan salir de la crisis, no solamente por solidaridad y por justicia sino por nuestra propia salida de la crisis,

Es ahí donde la cooperación internacional muestra que es imprescindible que solamente se puede abordar desde instituciones que velen por el interés global. Este es el peor momento para debilitar a la OMS como ha hecho Trump, justo todo lo contrario, es el momento de fortalecerla. Es el momento de fortalecer ese liderazgo desde los gobiernos, crear un liderazgo colectivo. Hablábamos antes sobre sistemas fiscales internacionales, no va a haber solución para las haciendas públicas sin cooperación internacional en fiscalidad internacional. No solamente la AOD como tal, no solo la financiación sino el sentido de humanidad y de globalidad que  se refuerza, que es obvio en una situación como en la que estamos, por tanto, sí y lo que va a exigir es menos bilateralidad y más multilateralidad algo por lo que España ha apostado durante años

 

¿Cómo deberían reaccionar, a su juicio, todos los actores de la cooperación española en el “día después”?

Lo que deben es precisamente reforzar ese sentido de la multilateralidad, reforzarlo no solo con la palabra, con la actuación, con el conocimiento y con la innovación, que son importantes, también con la financiación. Esto es algo que no me canso de decir, que España contribuye mucho más con la palabra, con el papel, con la presencia y con la silla, que lo que contribuye con los fondos. Y sin financiación esto es imposible, no se puede abordar. No desmerezco todo lo demás, creo que sí es importante esas posiciones políticas, pero los actores y especialmente los actores públicos, más si cabe ahora, tendrán que ser conscientes de una dimensión como la que estamos hablando y en este  momento no es abordable sin esfuerzo financiero mayor. para recuperar nuestra participación y contribución en las organizaciones multilaterales de las que en la última década, siete, ocho o nueve años desde 2011, prácticamente nos hemos ido.

 

Durante seis años trabajó en la SEGIB promoviendo la cooperación Sur-Sur en esa región ¿Qué alcance e importancia tienen esos programas?  A la vista de la situación actual ¿Cómo piensa que debe evolucionar esta modalidad de cooperación en el ámbito iberoamericano?

Yo estoy siguiéndoles ahora como aliado, por cariño y por cercanía porque conozco a mucha gente y están haciendo cosas francamente interesantes. Justo es un momento en el que poner en valor, no solamente los programas iberoamericanos, el espacio iberoamericano que es un espacio en el que el compartir conocimiento, experiencia, y que  ya tenía como una trayectoria. Hay  un terreno abonado con mucha experiencia,  sectores variados, en el cultural, en el económico, educativo, alfabetización, … estoy viendo como ese resorte, esa forma de hacer se aplica al conocimiento en salud en Iberoamérica, en compartir la  capacidad de respuesta como está siendo, pero no solamente como un intercambio de buenas prácticas sin más, sino en ver cómo se pueden apoyar gobiernos e instituciones con este tratamiento, con esta investigación, con estos grupos que se están formando, la capacidad de florecer, de fertilizarse de una manera mutua no surge de la nada, requiere de una institucionalidad que lo ampare y que lo permita y lo refuerce. Para eso es esencial la propia existencia de la Cumbre de  Jefes de Estado y de gobierno, y que aporta  toda una institucionalidad detrás con un respaldo político fuerte, con los mimbres incluso jurídico legales y una trayectoria, que es en el momento de crisis cuando puede actuar de una manera como yo estoy viendo ahora. De una manera que se apoya y respalda la Cooperación Sur Sur también con España y Portugal y con una larga trayectoria de los países de América Latina y el Caribe con una forma de hacer que es  es muy poco donante- receptor y más horizontal.  La cooperación sur-sur tiene en este momento un gran valor, tanto por su fundamento político como, sobre todo, por lo que puede aportar de manera práctica a la respuesta y salida de la crisis.

Hablamos con Gloria Bonder

Gloria Bonder

Gloria Bonder, coordinadora de la Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina (Flacso Argentina) y Miembro del Consejo Asesor de Alianza Global para las Tecnologías de la Información y Comunicación y el Desarrollo de Naciones Unidas (UN GAID). Es coordinadora del Grupo de Trabajo Internacional: Mujeres y TIC (ITF) del UN GAID (Alianza Global para las Tecnologías de la Información y Comunicación y el Desarrollo de Naciones Unidas). En 1979, fundó el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), entidad que jugó un papel muy importante en la reorganización del movimiento feminista en Argentina. Bonder participó en las ediciones 2005 y 2008 del Programa Mujeres Líderes Iberoamericanas, organizado por la Fundación Carolina, y fue una de las impulsoras de la Red de Mujeres Líderes Iberoamericanas.
Hablamos con ella sobre las características de los movimientos de mujeres en Argentina y su contribución para fortalecer políticas y programas de igualdad de género en universidades y centros de investigación.

La conmemoración del 8 de marzo de 2020 nos incita a reconocer y celebrar el impactante crecimiento y visibilidad del movimiento de mujeres, la expansión de sus demandas y su incidencia en el ámbito global, en particular en América Latina y en Argentina. Es indudable que el movimiento de mujeres (o feminista, como algunas preferimos denominarlo), se ha convertido en un signo de época. Se manifiesta en todas las latitudes, pero voy a focalizar algunos aspectos de su desarrollo dentro de Argentina.

Celebrado por muchas y por muchos como una evidencia del crecimiento de la conciencia ciudadana, y de su interpelación a un orden patriarcal que perdura y, sobre todo, que va mutándose, expresándose en aspectos menos sobrios, menos evidentes, más sutiles, pero también más penetrantes en el cercenamiento de los derechos, en la desigualdad de oportunidades de mujeres y varones… Este movimiento es, hoy por hoy, un actor político que dialoga, interpela y negocia con los Estados y con otras instituciones de la sociedad.

Pese a los avances de las mujeres en áreas clave para su desarrollo personal, pero también para el crecimiento de las sociedades, (la educación, el trabajo remunerado, la política), este movimiento global ha ido asumiendo reivindicaciones a lo largo de los años, y ha obtenido logros, tanto comunes a todo el planeta, como singulares de acuerdo a los contextos.

Debemos decir que el movimiento de mujeres es diverso en su interior y que esta diversidad no está exenta de tensiones -muy por el contrario-, y también de un anhelo de unidad en la acción. Ambos aspectos están expresados en muchos debates que, lejos de ser problemáticos, nos están dando la idea de su vivacidad y del crecimiento del conocimiento a lo largo de esta práctica política. Su espectacularidad está expresada en el enorme número de mujeres de todas las edades y, especialmente, se destaca la participación creativa de las jóvenes.

Aunque algunos y algunas ponen mucho hincapié en la participación de las jóvenes, yo creo que no debe hacernos olvidar que este movimiento, tal como se presenta en la actualidad, viene precedido por una historia de lucha de mujeres que ha sentado las bases para que hoy tenga esta envergadura y esta importancia.

No podemos hablar ya del acumulado de experiencias históricas que permite explicar su potencia, que no sólo se traduce en ocupar las calles, sino también en el uso creativo de las redes y medios de comunicación.

Ocupar las calles es una práctica política que ha marcado la historia de Argentina. En este sentido, no podemos dejar de mencionar la valentía y la obstinación de las Madres de Plaza de Mayo, que durante la última dictadura militar, una de las más cruentas en la historia de Argentina, salieron a las calles para reclamar por la aparición con vida de sus hijos e hijas, y por la sanción a los dictadores que habían tomado el poder en el país y habían hecho desaparecer muchas personas y, sobre todo, muchos y muchas jóvenes.

Las manifestaciones de las mujeres al inicio de la democracia en Argentina también son destacables como antesala de este movimiento actual y han cubierto un espectro importante de temáticas.  Ya en 1985, cuando teníamos un sistema democrático, la lucha por el establecimiento de la Ley de la patria potestad compartida concitó la participación de muchas mujeres en las plazas de Buenos Aires, especialmente en la plaza del Congreso. Dos años después, se promulgó la Ley del divorcio vincular, que también fue una de las demandas que surgieron del movimiento de mujeres; y en 1991, con una participación muy numerosa y muy activa, llegamos a la sanción de la Ley de cupos para la participación política, una ley que fue pionera y muy significativa para toda la región.

En 1992 se crea el Consejo Nacional de la Mujer, un organismo dependiente de la Presidencia de la Nación, que, si bien no era un ministerio en ese momento, tenía un rango similar y estuvo encargado de planificar e impulsar políticas de igualdad de género. En el 2015 ya tiene rango de Instituto, y hoy por hoy, es un anticipo, un pre anuncio, del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, que ha creado el actual Gobierno. Durante la década de los 80, otro hecho especialmente significativo fue la realización del primer Encuentro Nacional de Mujeres, que convocó a miles de militantes y no militantes con la meta de compartir visiones y definir prioridades en la agenda de este movimiento, y que fue dando ese Encuentro Nacional durante todos los años en distintas zonas del país, involucrando cada vez a una diversidad mayor de mujeres: sindicalistas, mujeres de sectores populares, de organizaciones barriales, junto con académicas, mujeres políticas; es decir, un mosaico de mujeres, y también de algunos hombres, que fueron debatiendo temáticas cruciales para comprender la desigualdad y buscar los medios para erradicarlas.

Éstos son algunos de los muchos hitos que permiten comprender el porqué de las luchas actuales, y por qué el movimiento de mujeres que se va a celebrar el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, va a ser tan potente. Porque está situado en una línea histórica que demuestra un acumulado de experiencias y participación política que, como decíamos anteriormente, ha tenido que ser escuchado por el Estado, ha producido cambios en la cultura y productos culturales y, realmente, ha incidido en la conciencia colectiva sobre la igualdad de género.

Uno de los más recientes y cuya repercusión ha superado las expectativas tuvo lugar en 2015 y se conoce mundialmente como “Ni una menos”.  Este movimiento, iniciado por un grupo de mujeres periodistas, convoca, año a año, a mujeres de todo el país a movilizarse en la demanda de medidas efectivas para prevenir y superar la violencia de género.

Un párrafo aparte merece la lucha de las mujeres por la sanción de la Ley de despenalización del aborto, que en el actual Gobierno ha sido acogida de manera positiva y es posible que pueda ser sancionada próximamente. Es un movimiento vital y diverso que acumula historias y que incide en la política y en las instituciones.

Por último, destacar que uno de los ámbitos en el cual ha incidido el movimiento feminista ha sido en la creación y gestión de las políticas de igualdad de género en la educación, particularmente en las universidades. Esta iniciativa es bastante reciente, pero ya está instalada en la mayoría de las universidades del país, y también en muchas universidades de América Latina. Hay una amalgama de movimiento social, Estado, universidades, ámbitos artísticos y ámbitos de creación, para ir avanzando hacia estas metas que son históricas.  Esto no significa que todo haya sido logrado, bajo ningún punto de vista, pero sí implica que hay una experiencia que marca, que tiene raíz en el pasado y que por eso mismo está marcando el horizonte de futuro hacia el cual las mujeres, y algunos hombres comprometidos con las políticas de igualdad de género, se han incorporado.

Entrevista a Asunción Aragón, coordinadora del Máster Oficial en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía

HABLAMOS CON I ASUNCIÓN ARAGÓN

La igualdad no es ninguna utopía, es un camino, es una meta.

 

Asunción Aragón junto al alumnado del Máster Universitario en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía, de la Universidad de Cádiz.

Asunción Aragón, es profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz y coordinadora del Máster Oficial en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía, presente en la convocatoria de becas de la Fundación Carolina desde el año 2007, y que habitualmente se encuentra entre las diez maestrías que reciben más solicitudes.

¿Por qué es importante formar a profesionales en estudios de género y dotarles de herramientas para potenciar políticas de igualdad?

En términos generales, es importante educar a todas las personas en estudios de género para conseguir sociedades más justas e igualitarias. En lo que lo que respecta a profesionales, consideramos que es vital formarles para que detecten las desigualdades de género, para que se pongan eso que llamamos las gafas violetas, y sean conscientes de todas las áreas en las que estas se producen. El objetivo es que podamos hacer frente a esas desigualdades a través de políticas de igualdad, de intervenciones definitivas a todos los niveles. Estas políticas, además, deben ir desde lo macro a lo micro, y tienen que conducir a la prevención y erradicación de prácticas sexistas en todos los ámbitos de nuestra vida.

El Máster Oficial en Estudios de Género, identidades y ciudadanía tiene una larga trayectoria dentro de la convocatoria de becas de la Fundación Carolina. Vamos ya por los 13 años, y estamos muy contentas con el intercambio de saberes que se produce con todas las personas que vienen de Latinoamérica, que sin lugar a dudas, aportan muchísimo al buen desarrollo de este máster.

 

¿Qué importancia tiene la investigación en el campo de la igualdad de género?

La teoría y la práctica nunca van disasociadas. No se entiende la teoría sin la práctica, ni viceversa. El feminismo es, entre otras muchas cosas, una teoría política y social que explica la realidad y las relaciones de poder. En este sentido, como dice la filósofa feminista Celia Amorós, conceptualizar es politizar, y para hacer teoría feminist,a indudablemente hay que investigar, hay que hacer teoría. Hacer teoría significa hacer ver y, por lo tanto, en una sociedad heteropatriarcal que ha mantenido a la mitad de la población en una subordinación sistemática, hay que visibilizar todos esos mecanismos para poder eliminar los sistemas de opresión y conseguir sociedades justas e igualitarias.

 

Los datos de la Unesco muestran que, a pesar de la mayor presencia de mujeres en todos los niveles educativos, pocas llegan a la cima de la carrera de investigación, a ser profesoras titulares o rectoras de universidades. ¿Cuáles son las principales causas que dificultan la progresión de la carrera profesional de las mujeres dentro de la universidad?

Hay cuestiones que son claramente estructurales. Para empezar, estamos hablando de una institución educativa que ha sido, históricamente, y tradicionalmente, androcéntrica y patriarcal, al igual que otras instituciones, sean políticas, religiosas o jurídicas. Yo diría que las causas que dificultan la carrera profesional de las mujeres en las universidades pueden ser diversas, pero me parece que hay determinados patrones que se repiten. Uno de ellos, es el problema de conciliación entre la vida personal, familiar y laboral.

Por ejemplo, si tal como demuestran todos los estudios, las mujeres seguimos siendo las principales encargadas de las tareas de cuidado, o si al mismo tiempo, decidimos ser madres, nuestra producción científica se ve claramente ralentizada. Los tiempos de los que disponemos para el desarrollo y promoción de nuestra carrera profesional se ven muy limitados. Otra posible causa que dificulta nuestra progresión profesional, creo que viene dada por las sociedades patriarcales en las que vivimos. En la universidad, hay redes de poder muy masculinizadas, que reproducen relaciones desiguales en función del sexo, y ello, en muchos casos, se puede traducir en lo que se denomina sistemas de cooptación.

 

¿Qué políticas de igualdad de género podrían aplicarse en este ámbito?

Desde hace ya muchos años en las universidades se están poniendo en marcha, con mayor o menor éxito, planes de igualdad, precisamente para implementar políticas que pongan fin a este tipo de prácticas totalmente sexistas, injustas y, claramente, antidemocráticas. Por ejemplo, como medidas de los planes de igualdad se están tratando de implementar disposiciones de acción positiva para la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Se trata de medidas concretas, como la puesta en marcha de ludotecas, convenios con centros para aulas matinales, campamentos vacacionales durante el mes de julio, programas de respiro familiar para personas ascendientes, etc.

 

En los últimos años, las mujeres en España y en América Latina están tomando los espacios públicos para reclamar el reconocimiento de sus derechos y gritar «basta» contra la violencia machista, los feminicidios, etc. ¿Qué están suponiendo esos movimientos? ¿Qué papel tienen los medios de comunicación y las redes sociales?

Está muy claro que ya estamos viviendo en lo que se ha denominado como la 4ª ola del feminismo. Una ola que está caracterizada, precisamente, por su pluralidad.  De ahí que se hable ya de feminismos. Hay un activismo feminista global que funciona y se moviliza claramente a través de las redes, ya sea Twitter, Youtube, Instagram, Facebook, etc. Así, por ejemplo, movimientos como el de “Ni una Menos”, o “Me too” o “Un violador en tu camino” se han hecho virales. Estos movimientos nos enseñan que no estamos solas, que incluso siendo diferentes y diversas, hay una solidaridad y sororidad global. Nos muestran que en esta polifonía de voces, hay un mismo mensaje contra la impunidad de los delitos contra las mujeres, la invisibilización o la falta de derechos de las mujeres.

 

¿Es posible alcanzar una sociedad que promueve la igualdad real a todos los niveles? ¿Qué país se podría tomar como ejemplo?

Creo, (no sé si soy utópica, pero sí claramente optimista), que es posible alcanzar la igualdad real. La igualdad no es ninguna utopía, es un camino, es una meta. Si miramos a lo largo de la historia de la lucha de los derechos de las mujeres, vemos que se ha ido avanzando, con mayor o menor celeridad, en distintos lugares del mundo. Aunque, obviamente, nunca podemos bajar la guardia porque los derechos se luchan, se consiguen en las calles; pero luego hay que mantenerlos y afianzarlos para no volverlos a perder.

Hay varios países que podrían tomarse como ejemplo. Es un clásico y todos los estudios e informes apuntan siempre a la misma dirección poniendo de ejemplo a los países del norte de Europa. Así, tenemos a Islandia como el mejor país del mundo para ser mujer. Allí es donde se organizó la 1ª huelga de mujeres, hace ya unos 40 años. Tenemos a Suecia, donde, por lo menos, el 50 por ciento de la población se considera claramente feminista, y donde la brecha salarial de género es casi inexistente. Otro ejemplo estaría en Noruega, donde las medidas de acción positiva se empezaron a implementar  hace 50 años y, por ejemplo, Finlandia, otro país referente, donde los permisos de paternidad son casi ejemplares y están establecidos desde hace muchísimo tiempo.

Entrevista a Sofía Cabrera, divulgadora científica y exbecaria de Fundación Carolina

HABLAMOS CON I SOFÍA CABRERA

El humor es un excelente recurso para la divulgación científica. Cuando te ríes […] puedes conectar fácilmente con el conocimiento

Exbecaria de Fundación Carolina, realizó en 2011 el máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología en la Universidad de Salamanca. Tras ello, volvió a Ecuador, donde comenzó a poner en práctica lo aprendido y a desarrollar proyectos de divulgación científica. Actualmente, es docente de la Cátedra de Periodismo Científico de la Universidad UTE y coordinadora de KUNA – Comunidad de Divulgadores del Conocimiento Científico y Ancestral de Ecuador. Le preguntamos por la importancia de acercar la ciencia a la sociedad, por el papel de las universidades, y las oportunidades que le brindó la beca de Fundación Carolina.

 

¿Es importante el periodismo científico para acercar la ciencia a la sociedad?

Totalmente. El periodismo científico es la conexión del mundo científico con la sociedad, quien requiere de esta información para solucionar problemas de su cotidianidad, como por ejemplo, obtener información sobre nuevas enfermedades y tratamientos. Así como el periodismo político permite la comprensión de los actores sociales y su interacción, o el periodismo deportivo trata sobre diferentes disciplinas deportivas, el periodismo científico tiene el propósito de abordar los avances y/o las problemáticas científicas a nivel local, regional y mundial.

Creo que hoy, más que nunca, el periodismo científico es importante en nuestra sociedad, y las carreras de periodismo deberían incluirlo en sus currículos académicos para combatir las noticias falsas o fake news que ahora proliferan en redes sociales. Actualmente, estamos conectados en el ciberespacio, y la excesiva información difundida sin rigor científico, hacen que los usuarios puedan adolecer de bulimia informativa. El periodismo científico, además de abordar la información de ciencia y tecnología, genera conciencia social sobre estos temas.

 

¿Qué pueden hacer los investigadores para transmitir a la sociedad los avances de la ciencia?

Lo primero, ser conscientes de que la divulgación científica es una responsabilidad con la sociedad, que en la mayoría de los casos, es quien financia sus investigaciones. Después, interesarse por conectar con diversos públicos, que no manejan su lenguaje técnico, y generar estrategias de comunicación pública para cautivarlos. Las estrategias deberían contar con los siguientes elementos: una buena historia, recursos interactivos y lenguajes atractivos. Pero como digo, lo más importante es que el investigador sea consciente de la importancia de divulgar lo que conoce.

 

¿Cuáles han sido las conclusiones del I Congreso de Divulgación Científica en Ecuador celebrado en abril 2019, en cuya organización participaste?

Durante los dos días del congreso, se compartieron 27 iniciativas de divulgación que se desarrollan actualmente en Ecuador. Fue un excelente espacio para coincidir, compartir y generar networking con diferentes actores sociales interesados en la divulgación científica. Entre las iniciativas que se presentaron se encuentran:

– El proyecto de ComCienCia “Yasuní en Imágenes”, el cual intenta generar consciencia ambiental y conocimiento a la par.

– Propuestas de tejido para fortalecer el diálogo de saberes, así como para la transferencia de conocimientos y la conservación de la biodiversidad entre las comunidades amazónicas y grupos de científicos.

– Plataformas de divulgación gestionadas por científicos como Bioscience o Dream Big.

– La revista digital Catálisis que busca acelerar las biociencias en Ecuador mediante la exposición de experiencias científicas en el área de la biotecnología. Según su editora, Ana del Hierro, esta publicación “representa innovación y colabora con el desarrollo del país”.

El primer congreso de divulgación científica en Ecuador fue organizado por KUNA, Comunidad de divulgadores del conocimiento científico y ancestral del Ecuador. Soy cofundadora y, actualmente, coordinadora. Somos un grupo conformado por gente apasionada de la divulgación de la ciencia, que busca aunar esfuerzos para democratizar el acceso al conocimiento científico. Organizar el congreso fue un proceso lleno de diversas emociones. Este espacio ha plasmado el corazón y la energía de los diferentes actores que estamos haciendo divulgación de ciencia en Ecuador, con la propuesta de unir a nuevos actores. KUNA significa “Compartir” de ahí viene la idea de compartir conocimiento científico.

 

Tienes diversos proyectos de encuentros informales en cafés y también monólogos. ¿Cómo contribuye el humor a la divulgación científica?

El humor es un excelente recurso para la divulgación científica. Cuando te ríes, estás relajado y te diviertes, puedes conectar facilmente con el conocimiento. En noviembre de 2019,  realizamos Micrófono Loco, el primer show de comedia científica en Ecuador. El evento reunió a diez investigadores de diferentes ramas de ciencia, quienes hablaron sobre biotecnología, enfermedades cardiovasculares, historia, física, electricidad y química utilizando el stand up comedy como recurso de divulgación. Ricardo Moure, del grupo de monologuistas españoles Big Van Ciencia, fue el presentador del evento, gracias al auspicio de la Embajada de España en Ecuador. Este evento promovió el desarrollo de la creatividad para contar historias de ciencia, utilizando el stand up como recurso de divulgación, y al mismo tiempo, cautivó al público asistente, quien llenó el Teatro Capitol, un hermoso espacio patrimonial del Centro Histórico de Quito.

También he realizado monólogos. Tengo uno de la neurobiología del enamoramiento que, cada vez que lo presento, lo disfruto mucho y me encanta ver la reacción del público cuando lo pongo en escena.

 

Actualmente realizas una tesis doctoral sobre el análisis de las estrategias de comunicación para divulgar la ciencia en la universidad ecuatoriana. ¿Nos puedes avanzar alguna de las conclusiones?

Bueno, en Ecuador los conceptos de comunicación pública de la ciencia y la divulgación científica son relativamente nuevos. Hace 15 años, más o menos, se empezaron a organizar acciones concretas. Mi investigación ha querido retratar cuál es el estado de la universidad ecuatoriana en este campo. Por eso, analizo cinco universidades ubicadas en la capital de Ecuador, Quito. Uno de los resultados más importantes es que las universidades deben innovar en estrategias de divulgación en redes.

Otro punto que se ha identificado es que son los investigadores jóvenes quienes están interesados en divulgar sus resultados de investigación. Por otro lado, se ve la necesidad de crear planes de divulgación en las universidades. En este sentido, el producto más importante de mi investigación es el desarrollo de una Estrategia Nacional de Divulgación Científica, que he redactado utilizando algunas técnicas como las mesas de trabajo de actores multidisciplinares. La Estrategia tiene 6 ejes principales: Estado del Arte de la Divulgación en Ecuador, Divulgación en Red, Institucionalizar la Divulgación, Comunicación Pública de la Ciencia, Incentivos para la Divulgación y Formación en Divulgación. Cada eje tiene objetivos y actividades para ejecutar la línea conceptual de la Estrategia.

 

En el año 2011, realizaste el Máster Universitario en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca. ¿Qué te aportó esta etapa en tu vida profesional y académica? ¿Qué mensaje le darías a los futuros candidatos y candidatas a una beca de Fundación Carolina?

Viajar a España en 2011 me permitió romper paradigmas y plantearme nuevos sueños. Fue la puerta de entrada para nuevos desafíos. El máster en Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología me permitió enamorarme completamente de la comunicación pública de la ciencia. Al volver a Ecuador empecé a ejecutar proyectos de divulgación como programas de radio, portales interactivos, monólogos y, ahora, dictar cátedra sobre periodismo científico. Me siento afortunada de haber estudiado en la Universidad de Salamanca, la más antigua de España y una de las más antiguas del mundo. Salamanca es una ciudad mágica llena de historia, que me ha regalado la amistad con hermanos latinoamericanos para toda la vida.

A los futuros candidatos les digo que apliquen a la convocatoria con todo el entusiasmo; coloquen la información precisa que contextualice su perfil académico y profesional. Muchas veces, escucho a personas que me dicen: “He aplicado varias veces y no he sido favorecido”… Y lo que siempre les digo es que apliquen una vez más, que muestren su interés por estudiar en España y que se planteen un proyecto para volver a tu país. El orgullo de haber sido becario o becaria carolina está en contribuir de regreso en tu país de origen. Y a los becarios seleccionados les motivo a disfrutar la experiencia de vivir en España, conocer otra cultura y compartir con gente de otras nacionales para convertirte en ciudadano del mundo.

Entrevista a Martín Sánchez Mestre, museólogo, docente e investigador venezolano

HABLAMOS CON I MARTÍN SÁNCHEZ MESTRE

Debemos implicarnos no solo con el arte, sino también con cómo hacemos del arte un espacio de compromiso

 Martín Sánchez Mestre

Martín Sánchez Mestre es museólogo experto en arte contemporáneo, además de docente e investigador en la Universidad de Zulia, Venezuela. Invitado a España por Fundación Carolina en colaboración con la Embajada de España en Venezuela, realizó una visita con el objetivo de entrar en contacto e intercambiar impresiones con instituciones que pudieran mostrarle diferentes modelos de gestión de la cultura en España. Aprovechamos esta visita para preguntarle por sus proyectos museísticos y cómo encajan estos en el cumplimiento de la Agenda 2030 y con los retos que afrontan nuestras sociedades.

 

Como museólogo, tienes previsto conocer diferentes modelos museísticos que se están desarrollando en España. ¿En cuáles has estado trabajando en Venezuela?

Como museólogo, mi trabajo consistía en desarrollar proyectos expositivos y educativos que fuesen significativos. No solo tenían que ser del mundo del arte, sino también generar un impacto social.

¿Y como docente e investigador? ¿En qué proyectos te has involucrado últimamente?

En el Museo Virtual del Sur, por ejemplo. Este proyecto comenzó con una investigación, con un proceso de encuesta para conocer mejor la realidad de la gente y las veces que va al museo. Y la realidad es que la gente no va lo que debería ir. ¿Por qué? Porque no tienen tiempo, porque tienen difícil aparcar, porque tienen otras prioridades. Pero a lo mejor tienes un tiempo libre en tu casa y puedes acceder al museo a través de las tecnologías.

Este museo virtual estaba especializado en la puesta en valor del patrimonio, porque este se estaba perdiendo. El patrimonio es un importante recurso turístico, pero también una oportunidad de desarrollo para las comunidades que lo conservan. El museo es un ente social. Por definición, los museos son instituciones al servicio de la sociedad y de su desarrollo, pero yo me preguntaba hasta qué punto el museo contribuye a ello.

¿Y cómo contribuye ese museo a mejorar la sociedad?

El museo tiene que ser lo suficientemente sensible y distinto al resto. Por ello, se creó una revista llamada Museal, y, con ella, la búsqueda de nuevas estrategias de financiamiento. Decidimos hacerla con los estudiantes de diseño gráfico. Contribuimos a cambiar la mentalidad de la gente respecto de estos jóvenes, que estaban todo el día pegados a una computadora. Era una manera de poder estimular la relación familiar para que se valorase el trabajo que hacía el joven.

¿Cómo se adapta esa contribución a la situación actual de Venezuela?

Comenzábamos a ganar patrocinios, pero luego empezó a superarnos la realidad venezolana, y comenzó la fuga de todos los patrocinadores… Entonces, el museo tuvo que reinventarse. Fue cuando la revista Museal apareció al rescate del lenguaje, de la lengua indígena anyú, que se había perdido. Es fundamental trabajar con este tipo de situaciones para conservar ese conocimiento popular.

Háblanos del proyecto de voluntariado “Aliados del Patrimonio”…

Como docente, cuando nombrabas algo del patrimonio muy importante de la zona, nadie sabía lo que era. Y así nace el voluntariado “Aliados del Patrimonio”, que comenzó en la Universidad de Zulia, y luego se proyectó a otras universidades de la ciudad, porque realmente el problema no era solo de mis estudiantes; era el problema de los estudiantes universitarios.

La agenda que tienes programada parece muy interesante…

Sí, me gusta el arte contemporáneo, la mediación, la educación… Además de ser museólogo también soy público, y me dan la oportunidad de visitar el Reina Sofía o el Prado, entre otros. Pero esta visita me permite también estar dentro, me permite estar en los procesos, que es lo que la gente no ve, así que estoy muy agradecido.

En la agenda se incluyen visitas a instituciones más alternativas…

Sí. A pesar de ser académico, no soy tan formal. Creo que, tanto en los procesos universitarios como en los docentes, tenemos que repensarnos y reinventarnos, porque la sociedad es distinta. Las necesidades que tiene hoy la sociedad son distintas a las que tenía en el siglo XX. Tenemos que ser flexibles.

¿Cómo crees que puede aportar a los proyectos que estás llevando a cabo?

Creo que el intercambio genera cambio. Estoy seguro de que, al volver, lo haré con otra mentalidad, porque uno es reflexivo y, sobre todo, sensible. Uno tiene que estar abierto y creo que permitir conocer toda esa diversidad, de alguna manera, impacta.

Vemos que has hecho algo de inmersión en el mercado de artistas noveles…

Cuando hablas de artistas emergentes, lamentablemente existe una limitante de edad. O sea, emergente es hasta los 35 años y en realidad no tiene nada que ver con la edad. Tiene que ver con la oportunidad que tú tengas para dar visibilidad. Para poder poner en valor ese concepto, yo preferí utilizar el término novel. Y, también otra parte, ¿qué pasa con lo que no sea emergente? ¿No puede entrar al mundo del arte? Se dio la oportunidad de que un patrocinador en una importante feria internacional que se celebró en el museo comenzara a patrocinar proyectos, y así personas de 60 y 70 años comenzaron a sentirse jóvenes nuevamente, a sentirse emergentes y comenzaron a mejorar su calidad de vida, porque consiguieron en el arte una opción.

¿Tienes algún proyecto en mente para este año?

Me preocupa mucho el problema del plástico y estoy tratando de ver cómo puedo enfrentarlo. Estoy en esa fase como de investigación, pero no en una investigación tradicional, sino en una investigación conmigo mismo. O sea, que yo me sienta como a gusto y que yo crea que lo que realmente estoy haciendo es chévere. Lo importante es arriesgarse. O sea, creo que el arte es riesgo. Entonces, yo también tengo que ser coherente con eso, tengo que arriesgar. Lo que resulte tiene que llegar realmente a todo el mundo.

Me preocupa el deshecho, vivimos en una sociedad plástica. Si yo también formo parte del mundo, y hoy en día existe la Agenda 2030, ¿qué hago yo como ciudadano para contribuir con la Agenda 2030? Soy de una generación la cual está consciente que se está cargando el planeta. Y no estoy haciendo nada. Y yo no quiero ser así. Quiero generar algo que realmente eduque y cambie una actitud en torno al consumo y uso del plástico. Tenemos que trabajar todos, porque hay que generar sinergias… No quiero ser pasivo, uno no puede ser tan egoísta.

Y para este proyecto en concreto, ¿pretendes contar con alguna colaboración?

Debemos implicarnos no solo con el arte, sino también en cómo hacemos del arte un espacio de compromiso. Quiero que sea un trabajo curatorial, pero con diferentes visiones. No con curador o curadora estrella, sino que sea mucha gente. Entonces, estoy ahorita hablando con mis amigos para ver qué les parece, cómo aportan y cómo construimos juntos el proyecto. Tiene que ser entre todos.

 

Entrevista a Diego Acosta Arcarazo, profesor de la Universidad de Bristol

HABLAMOS CON I DIEGO ACOSTA ARCARAZO

“El caso venezolano rompe la tendencia en Sudamérica, que llevaba casi un siglo sin recibir grandes flujos migratorios”.

Diego Acosta Arcarazo es Catedrático de Derecho Europeo y de Inmigración en la Universidad de Bristol. Previamente fue Profesor titular en la Universidad de Sheffield y tiene un doctorado en Derecho Europeo de Inmigración por la Universidad King´s College de Londres. Su área de investigación es el Derecho de Inmigración. Su último libro publicado es The National versus the Foreigner in South America. 200 Years of Migration and Citizenship Law. Cambridge. Cambridge University Press. 2018. https://doi.org/10.1017/9781108594110. Le entrevistamos tras participar en el seminario Diálogos América Latina «Desplazamientos y migraciones en América Latina y el Caribe», celebrado el lunes 16 de diciembre en la Casa de América, Madrid. Hablamos sobre el caso venezolano y su impacto en los desplazamientos regionales en Sudamérica, la relación entre la Unión Europea y América Latina en materia migratoria, el papel de Estados Unidos y el futuro de las políticas sobre migración de la región.

 

El año 2019 ha sido excepcional para América Latina y el Caribe en términos de migraciones y desplazamientos de población. Venezuela es un caso paradigmático de lo que está pasando en la región, pero, además, se han alterado los flujos en Centroamérica y, producto del endurecimiento de las leyes en Estados Unidos, han llegado también otras poblaciones a la frontera sur de México para intentar llegar al norte, como, por ejemplo, africanos o asiáticos, que antes no aparecían en el escenario. En ese sentido, después de haber publicado tu libro The National versus the Foreigner in South America. 200 Years of Migration and Citizenship Law, ese tour de force de 200 años, ¿le agregarías un epílogo después de lo visto en 2019?

Desde luego; ha sido un periodo excepcional tanto 2019 como 2018. Yo creo que el tema venezolano rompe todo, porque, principalmente, si hablamos de Sudamérica, la región llevaba casi un siglo sin recibir grandes flujos migratorios. Los últimos que llegaron a Sudamérica acabaron con la crisis económica de 1929. Posteriormente, hay flujos migratorios de judíos antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Después hay, en último término, emigración hacia Venezuela, a donde llegan europeos sobre los años cincuenta, sesenta y setenta: italianos, portugueses y españoles. Pero Sudamérica no había visto una magnitud de números tan grande en casi un siglo, por lo que, por supuesto, Venezuela rompe, rompe todo y habría que añadirle un nuevo capítulo al libro.

 

Según explicas, los países sudamericanos se han ido adaptando a la dimensión de estos flujos, a la realidad, a la inmediatez de la situación venezolana, algunos de forma ad hoc, otros han utilizado las herramientas que ya tenían y las han adaptado. ¿Tú crees que estos países entienden bien que han cambiado de posición en el ciclo migratorio, que de estar expulsando población ahora son receptores?

Bueno, son receptores, desde luego, pero también son países de emigración. Eso no hay que quitarlo del foco, con la excepción de Argentina y de Chile. Chile, ahora, más o menos iguala el número de chilenos fuera y el número de extranjeros en Chile. Argentina siempre ha tenido más extranjeros dentro de Argentina que argentinos fuera. Quitando esas dos excepciones, todos los países siguen siendo países de emigración. Es decir, Perú, Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia, Uruguay… tienen muchos más nacionales en el extranjero que no nacionales dentro de los propios países. Entonces, lo que sí que se produce ahora es una novedad, porque se tiene que gestionar la inmigración con un mayor número de personas, y eso, evidentemente, afecta a las políticas y a las leyes.

 

Y afecta al discurso también, ¿no? Porque esos países llevan décadas hablando de por qué no se trata mejor a sus migrantes, y ahora les toca a ellos gestionar migrantes en sus países.

Si nos centramos solo en Sudamérica, desde el año 2000 en adelante, se tienen muy en cuenta los derechos de los sudamericanos que están en el exterior: en la Unión Europea y en Estados Unidos. Y uno de los motivos por los que ese discurso era muy abierto era que los números dentro de la región eran muy pequeños. El país que más porcentaje de inmigración sigue teniendo ahora mismo es Argentina. Estamos hablando de un 5% de la población. Cualquier país europeo medio de inmigración tiene un 10% más de recepción de migrantes. Era más fácil mantener ese discurso antes que ahora. Ahora es el momento de solidificar y ampliar ese discurso.

 

¿Qué tipo de aprendizajes cruzados puede haber entre América Latina y la Unión Europea en términos de migración y refugio?

Creo que América Latina tiene su propia historia de 200 años de gestión de las migraciones y del refugio, y, realmente, no creo que ahora mismo sea muy positivo mirar hacia la actual gestión actual de las migraciones y el refugio de la Unión Europea. En mi opinión, la Unión Europea tiene, evidentemente, elementos muy interesantes, pero hay otros que, en los últimos cinco años, han tendido hacia cierta obsesión con el retorno de nacionales de terceros países que estén en situación irregular. Además, sin proponer alternativa alguna. Por tanto, creo que la Unión Europea no es un modelo para imitar o para seguir. Creo que cada región tiene sus propias idiosincrasias y, especialmente, en el caso latinoamericano, que tiene esa larga carrera, tradición, o esa larga experiencia de 200 años de gestionar temas migratorios. Yo creo que no es necesario mirar a la Unión Europea.

 

¿Necesita América Latina la colaboración de la Unión Europea en otros términos?

Sí, yo creo que, en términos económicos, desde luego. La Unión Europea no está debatiendo el tema venezolano y, si lo hace, lo hace de manera muy leve, y eso tiene que ver con que los venezolanos no están viniendo a Europa. Eso es diferente en el caso de Siria, porque los sirios sí llegaron a Europa, y, por tanto, hubo una respuesta económica mucho más potente para ayudar a los países como Turquía o, en menor medida, al propio Líbano y Jordania, que son los grandes receptores de nacionales sirios. En el caso de Venezuela esto no ocurre así porque la Unión Europea tiene ese tema como algo que está pasando “lejos” de aquí y que no está afectando para nada a la política migratoria o de asilo de la Unión Europea.

 

Bueno, está pasando lejos… Pero las estimaciones dicen que todavía no ha llegado a su máximo la crisis en Venezuela… ¿Qué escenarios planteas para el año 2020?

No soy sociólogo, por lo que me es muy difícil medir qué números va a haber el año que viene. Las migraciones siempre son muy pendulares. A veces uno plantea escenarios de largo plazo, la situación cambia, y ocurre todo lo contrario. Un ejemplo es el de España. Hasta el año 2008, España era el segundo país del mundo que más migrantes recibía por detrás de Estados Unidos. Entonces, llegó la crisis económica y, en dos años, pasó a ser país exportador de migrantes. Se va más gente de la que entra, incluidos españoles. Las predicciones son necesarias, pero no me gustaría ponerme en una situación alarmista de pensar que el año que viene va a haber el doble de venezolanos o va a haber 2 millones más de venezolanos fuera. Puede darse eso o puede no darse. También emigrar, salir de un país, requiere acceso a unos recursos financieros y a unas capacidades sociales y de redes y de contactos a las que no todo el mundo tiene acceso.

 

¿Y el andamiaje legal puede resistir todavía más migrantes, más refugiados en América Latina?

La pregunta de cuántos son muchos depende mucho del contexto. A veces los países deciden que diez mil son muchos y otras en las que te dicen que muchos son un millón. En el caso peruano y colombiano es una situación especial, porque es donde realmente han llegado números muy importantes de venezolanos. Hablamos de 1,5 millones a Colombia y casi 850.000–860.000 a Perú. En estos países es donde, posiblemente, van a necesitar mayor colaboración internacional. Perú ya ha introducido ahora un visado para los venezolanos, que, desde mi punto de vista, no ayuda a resolver la situación. Colombia sigue manteniendo una actitud relativamente abierta. Y, ¿cuál sería la alternativa? La alternativa sería imponer un visado a los venezolanos. Creo que eso no resolvería nada. Al contrario, eso empeoraría las cosas, porque la gente tendría que llegar a Colombia de manera irregular a través de viajes mucho más difíciles y complicados.

Es difícil prever lo que va a pasar en 2020. Probablemente habrá cosas positivas y cosas negativas. Dentro de lo positivo, que Brasil haya dado estatuto de refugiado, de momento, a 21.000 venezolanos es una pieza positiva. Por otra parte, lo negativo sería que más países empezaran a imponer visado a los venezolanos.

 

A tu juicio, ¿se pueden conciliar las políticas migratorias con la gran desigualdad existente en América Latina?

Creo que un tema interesante sobre las protestas que han surgido ahora en muchos países latinoamericanos es que el tema migratorio no aparece. Hay problemas mucho más graves en América Latina que tienen que ver con la estructura de desigualdad histórica, con la falta de acceso a servicios básicos para una parte de la población o con una cultura política en algunos casos elitista o en la que abunda la corrupción. Me resulta interesante ver cómo el tema migratorio no aparece ni en Chile ni en Ecuador ni en las protestas en Colombia, ni en Bolivia… Hay otros temas que son mucho más centrales que el tema migratorio. Esto, por una parte, me alegra, porque creo que cuanto menos dentro del discurso político esté el tema migratorio, menos tendencia va a haber a hacer un discurso simplista sobre lo que está pasando en la región, que pueda incluir, además, posiciones discriminadoras, xenófobas en algunos casos.

 

En esos 200 años que recorres en tu libro, Estados Unidos está siempre presente en la articulación de políticas migratorias en los países sudamericanos. ¿Sigue siendo el caso? ¿Las políticas son siempre resultado de la reacción a lo que hace Estados Unidos en el escenario migratorio latinoamericano?

Lo que hizo Sudamérica a partir del año 2000 fue, precisamente, seguir una política migratoria propia que respondía a los problemas, idiosincrasias y desafíos propios de Sudamérica como región. En ese aspecto, Estados Unidos dejó de tener tanta influencia. No podemos decir lo mismo de México o de Centroamérica, donde Estados Unidos sigue teniendo una influencia muy importante en su política migratoria.

Respecto de los venezolanos, yo diría que en Estados Unidos hay un número importante de venezolanos, pero tampoco ha sido un gran receptor en los últimos cuatro años. Digamos que ha mantenido una posición relativamente ambivalente, o incluso no restrictiva frente a los venezolanos. No es así en otros casos como el de los países centroamericanos. En los últimos años, Estados Unidos ha generado un discurso negativo respecto de las migraciones, que no necesariamente se aplica siempre en su práctica propia, pero que sí afecta a la narrativa o a los discursos en el ámbito mundial.

Es importante señalar que lo que vemos en el ámbito mundial no es solo el endurecimiento de fronteras, sino también precisamente el proceso contrario, el proceso de apertura de fronteras en el ámbito regional en muchas regiones del mundo. El Pacto Mundial de Migraciones no es un pacto mundial, en mi opinión. Es un pacto regional y lo que vemos es que muchas regiones del mundo, como Sudamérica, Centroamérica, el espacio postsoviético, África y, por supuesto, la Unión Europea, abren sus fronteras para los ciudadanos regionales. Eso es una buena noticia. Cada vez tenemos más acuerdos de libre movilidad regional en el mundo. Cada año hay acuerdos nuevos que se adoptan y creo que allí está el futuro de la gestión de las migraciones.

La mayor parte de las migraciones son regionales y un modo fácil de gestionar las migraciones es, precisamente, no gestionarlas. Para ilustrar este tema, me gusta poner de ejemplo a Rumania. Antes de entrar en la Unión Europea, tenía emigrantes en otros países de la Unión Europea, principalmente en Italia, en España… Y entonces muchas de esas personas rumanas estaban en situación irregular.

Cuando Rumania entró en la Unión Europea el 1 de enero de 2017, esos ciudadanos se transformaron en ciudadanos de la Unión Europea, con igualdad de derechos. Como consecuencia, el tema de cómo gestionar las migraciones rumanas desapareció del mapa porque ya no había algo que gestionar. Los rumanos se convirtieron en ciudadanos europeos con derecho de entrada, de residencia y de trabajo.

Entrevista a César Ipenza, exbecario peruano y abogado especialista en materia ambiental

HABLAMOS CON I CÉSAR IPENZA

“Debemos […] emprender mayores acciones globales y asumir compromisos más ambiciosos […], y generar y utilizar mecanismos de adaptación como lo han hecho durante décadas nuestros pueblos indígenas”.

César Ipenza es abogado en materia ambiental, licenciado por la Universidad de Porres, Perú. En 2007, fue becario de Fundación Carolina del máster en Conservación de Espacios Naturales Protegidos (Fundación BBVA) en la Universidad Autónoma y Complutense de Madrid. En 2008 obtuvo el premio mundial en derecho ambiental “Alexander Kiss” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Fue asesor del primer Ministro del Ambiente de Perú hasta 2011, y miembro del Consejo Directivo del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental OEFA. En la actualidad, es profesor universitario e investigador en materia ambiental. Hablamos con él sobre las oportunidades que le brindó su beca, la Amazonia, los pueblos indígenas, las políticas de medioambiente en América Latina y el Caribe, y su aporte a la COP 25.

Realizaste la Maestría en Espacios Naturales Protegidos en las Universidades Autónoma de Madrid y Complutense de Madrid, ¿Qué destacarías de esta etapa de tu vida?

Fue la mejor experiencia de mi vida. Tuve la oportunidad de conocer gran parte de España, estudiar en las mejores universidades y tener acceso a materiales, publicaciones y libros… intercambiar experiencias con otros amigos latinoamericanos y españoles y, además, dedicarme a escribir e investigar. Eso me permitió hacer una propuesta para la Unión Mundial de la Naturaleza-UICN y ese año obtuve el Premio Mundial de Derecho Ambiental que otorga la UICN y que luego me llevo a otros espacios y experiencias profesionales.

Esa experiencia me permitió, a mi retorno, empezar a trabajar como asesor en la Alta Dirección del Ministerio del Ambiente (asesor del primer ministro del Ambiente, Dr. Antonio Brack, un hombre sabio, increíble, de quien aprendí muchísimo), que se creó en 2008. Fue una gran oportunidad para aplicar lo aprendido y seguir creciendo profesionalmente. Sin duda, fue la mejor experiencia académica y profesional.

Como abogado por la Universidad de San Martín de Porres y como autor de varias publicaciones, has conducido procesos participativos y analíticos de biodiversidad, recursos naturales, minería e hidrocarburos, tierras y pueblos indígenas, ¿Cuál es tu posición ante la destrucción de los recursos naturales y las tierras de los pueblos indígenas? ¿Qué pasó años atrás con el impacto de Pluspetrol en los territorios indígenas de la Amazonia norperuana?

Es increíble la presión que tienen no solo los pueblos indígenas, sino también nuestra Amazonia, con una visión de extracción, que no se detiene. En los últimos tiempos hemos visto cómo el afán de producir y producir más llevó a la destrucción más acelerada de los últimos tiempos de la Amazonia. Yo nací en la Amazonia central de Perú y cada día veo cómo se pierde este patrimonio valioso, y cómo impacta esto sobre la vida misma, sobre la capacidad de proveernos de recursos y mantener la calidad de vida de la gente.

Las décadas de extracción de hidrocarburos en la Amazonia norte dejó un legado de destrucción y contaminación de ecosistemas y afectación de los pueblos indígenas, que aun hoy no se recupera y genera, con justa razón, el rechazo de ese lamentable pasado y cada vez más exigencias de revertir el daño aún no resueltas. Esa experiencia debió enseñarnos, pero creo que el caos hoy en día en la Amazonia sur, por la actividad de la minería ilegal de oro en Madre de Dios, demanda mayor atención y acción, no solo de las autoridades nacionales, sino también de compradores y usuarios de oro.

Has sido negociador del Perú en el Convenio sobre la Diversidad Biológica. ¿Cuáles fueron los temas más difíciles de acordar en dicho Convenio?

Mi posición profesional en el gobierno en diversos momentos me ha llevado a responsabilizarme de negociar y aportar en procesos internacionales. Uno de ellos fue el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), y en el último tiempo asumí la negociación por parte de Perú del último Acuerdo Regional de América Latina y el Caribe, denominado Acuerdo del principio 10 de Río, o Acuerdo de Escazú, que trata temas fundamentales como el acceso a la información, la participación pública y la justicia ambiental, elementos básicos en una región tan convulsionada y con grandes diferencias, de manera particular en el uso de los recursos naturales. Sin duda, es un reto el proceso de implementar este último.

Regresando al CDB, creo que es un instrumento fundamental para países megadiversos como el Perú, que, si bien ha tenido un desarrollo importante jurídicamente, y de muchos años, lo complejo es ver su objetivo de conservar la diversidad biológica como todo un reto en el escenario de cambio climático y el cambio en los ecosistemas, como se ha evidenciado en el último análisis de la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos que, en resumen, señala que más de un millón de especies animales y vegetales se encuentran en riesgo de extinción y la mayoría podría desaparecer en las próximas décadas.

¿Cuáles son los principales aportes legislativos en América Latina y Caribe sobre el combate al cambio climático?

Creo que en nuestra región ha habido aportes fundamentales en materia jurídica climática, desde México que fue el primer país en contar con una Ley Marco de Cambio Climático, luego Guatemala, Honduras, Paraguay, Perú y Colombia, entre otros. Esos países hoy cuentan con leyes específicas. En el caso peruano tuve la oportunidad de trabajar en esa norma, y es un proceso dinámico, que permite a cada país responder desde el ámbito jurídico a sus necesidades y realidades, y además con una visión integral del territorio, con acciones concretas y que, de aplicarse, puede ser un modelo para compartir. Esto está plasmado en una investigación que realicé en 2013 para el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente denominada “Aportes legislativos en América Latina y el Caribe en materia climática”.

¿Se está haciendo en estos momentos en Perú una política responsable con el medio ambiente?

Creo que el compromiso peruano en materia ambiental no es homogéneo. Aún tenemos sectores que sienten que el tema ambiental es un tema superfluo y no fundamental para ser estratégicos, en un mundo más cambiante. Los últimos escenarios evidencian acciones aisladas, y el entorno político suma a no ser estratégicos con los recursos. Lamentablemente, el incremento de actividades ilícitas como la tala y la minería ilegales están generando una destrucción nunca antes vista en la Amazonia a un ritmo que no tiene precedente.

Sin embargo, veo que hay nuevos actores: la juventud y los ciudadanos cada vez son mas conscientes del impacto de nuestras actividades y quiero creer que es y será un tema importante en las propuestas de las diversas autoridades y un tema bajo el control social y ciudadano cada vez más y de manera más común.

A esto hay que sumar que cobra cada vez mayor importancia el papel de los encargados de hacer justicia (fiscalías especializadas en materia ambiental, jueces ambientales, procuradores ambientales) en la defensa de nuestro patrimonio común.

¿Cuál puede ser la aportación de América Latina y Caribe a la COP 25?

Creo que un aporte importante es que gran parte de los países cuenten con marcos jurídicos apropiados y adaptados al Acuerdo de París, a pesar de que también son muchos los países de la región que son bastante vulnerables frente a los efectos del cambio climático. Un aporte en la práctica es empezar a aplicar y replicar las prácticas ancestrales de adaptación a los efectos del cambio climático, ya que el reciente Informe Anual de Brecha de Emisiones del PNUMA dice que, incluso si se implementaran todos los compromisos incondicionales actuales en virtud del Acuerdo de París, se espera que las temperaturas aumenten 3,2 °C, lo que provocará consecuencias climáticas más destructivas y de mayor alcance. Entonces debemos, sí o sí, emprender mayores acciones globales y asumir compromisos más ambiciosos en todos los países del mundo y también, indudablemente, generar y utilizar mecanismos de adaptación como lo han hecho durante décadas nuestros pueblos indígenas.

El periodismo no debería quedar a merced de los intereses de unos y de otros que sobrevuelan nuestra agitada región.

HABLAMOS CON I ROCÍO MONTES

Rocío Montes (Santiago, 1980), es egresada de periodismo de la Universidad de Chile . En 2007 realizó el Máster en Periodismo UAM-El País con beca de la Fundación Carolina. Periodista independiente, corresponsal del diario EL PAÍS en Chile y columnista política del Diario Financiero. En 2018 ganó el premio Alejandro Silva de la Fuente de la Academia Chilena de la Lengua que premia el uso destacado del idioma castellano, un premio que por primera vez lo gana un periodista menor de 40 años. Ha participado en diversos talleres de la Fundación Gabo y en 2012 fue invitada a Nuevos Cronistas 2 en México DF, como la representante chilena de una nueva generación de periodistas latinoamericanos.

 

Foto: Sebastián Utreras

¿En Chile el Estado ha sido capturado por las élites? ¿Es esta una de las causas de la crisis actual?

Lo que ocurre en Chile es un conflicto complejo y multicausal, por lo que nadie actualmente podría hacer un diagnóstico cerrado de lo que originó el estallido del 18 de octubre. Es lo primero que se debe considerar. Pero existen algunos consensos. De partida, parece un hecho evidente que las protestas que se originaron por el aumento del pasaje del metro escondían un malestar mayor que se venía incubando hace décadas. Una porción importante de la población que se siente al margen de la senda de desarrollo de los últimos 30 años y pide bienes sociales públicos al alcance de todos, que permitan tener mejor educación, salud y vejez. En Chile se vive una constante sensación de abuso: de que siempre se le mete la mano al bolsillo a los ciudadanos, aunque no a todos por igual. Hace algunos meses, en un reportaje televisivo se reveló que muchas viviendas de sectores acomodados tanto de regiones como de Santiago pagan menos contribuciones que las que deberían, de acuerdo a la ley. Resulta irritante para la mayoría de la gente de Chile que las paga con tremendo esfuerzo. Pero, lamentablemente, no es un caso aislado. En un país donde la salud y educación pública enfrenta serios problemas, un 70% de la población gana menos de 770 dólares mensualmente y 11 de los 18 millones de chilenos tienen deudas, según cálculos de la Fundación Sol. La vida –sobre todo en Santiago de Chile– se ha vuelto carísima. El precio de la vivienda en la capital ha aumentado hasta un 150% en la última década, mientras los sueldos apenas un 25%, según un estudio de la Universidad Católica. Son parte de los elementos que configuran una especie de tormenta perfecta.

¿Estimas que la deficiencia de la educación durante años es otra de las causas? ¿Por qué?

Lo decía el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, en una reciente columna en el diario EL PAÍS: “Como un edificio que se desploma cuando se destruye uno de sus muros estructurales, lo que vivimos hoy no hubiera ocurrido si no se hubiese arrasado con la educación pública en los niveles básico y medio.  Y eso es lo que se ha venido haciendo por muchos años sin el menor remordimiento”. La dictadura militar (1973-1990) destruyó la educación pública en Chile, por lo que la brecha entre las niñas y los niños chilenos comienza desde el inicio de sus vidas. Y luego, las distancias entre unos y otros se acrecientan, en todos los frentes. No es casual que el descontento en este país haya brotado primero en forma de protestas estudiantiles: en 2006 y luego en 2011.

¿Éste estallido social será un parteaguas en la historia chilena, es decir, que habrá un antes y un después? De ser así, ¿Qué cambios fundamentales se pueden esperar?

Todo está en desarrollo. No me atrevería a predecir nada. Tampoco a cazarme con eslóganes. ¿Quién hace lo que ocurra mañana? Pero existen algunos indicios: esta es la mayor crisis política y social que se haya producido en Chile desde el retorno a la democracia en 1990 y la que ha movilizado a mayor cantidad de gente, al menos en las últimas tres décadas (1,2 millones de personas en una ciudad de siete millones de habitantes, que se concentraron en el centro de Santiago el viernes 25 de octubre). En estos días, a su vez, se ha visto una violencia inédita: “Ni el tránsito de la dictadura de Pinochet a la democracia vio los niveles de destrucción que hemos visto en estos días”, indicó el ex presidente socialista Ricardo Lagos, en entrevista con EL PAÍS. ¿Cambios fundamentales que se podrían esperar? El presidente Sebastián Piñera se ha abierto a un cambio a la Constitución de 1980, redactada en el régimen militar y vigente hasta nuestros días. En el Parlamento, a su vez, se discuten reformas a las pensiones y al sistema tributario, un punto clave que debe abordarse en Chile. La carga tributaria se ha mantenido prácticamente igual en las últimas décadas, en torno al 18% y 20% respecto al producto nacional bruto. Los europeos están todos alrededor del 35-40% y Estados Unidos, en cerca del 30%.

¿Qué tanto han influido actores externos en la crisis chilena, para bien o para mal? ¿Puede hablarse de “efecto contagio”? 

No tengo elementos para afirmar o negar la presencia de actores externos en la crisis chilena. Pero dos puntos interesantes: uno de los fiscales que investiga los ataques al metro de Santiago –con pérdidas valoradas en 376 millones de dólares– señaló que se usaron acelerantes para el fuego (aunque no se sabe si estaban o no en el mercado local), que hubo simultaneidad en los ataques y que se revisan cámaras de hasta 7 días antes del 18 de octubre. Es decir, que se trabaja con la hipótesis de que la destrucción no fue simplemente producto de la protesta desbordada. Un segundo asunto tiene relación a la pregunta: ¿gran conspiración o un gran contagio? Las dos, señalaba Moisés Naim en EL PAÍS. Los disparadores de las protestas son muy locales, explicaba (el pasaje del metro en Chile, por ejemplo). Una vez que toman fuerza, es muy probable que agentes de regímenes adversos al Gobierno hagan cuanto puedan por apoyar a quienes protestan.

 

¿Cuál es el futuro de Sebastián Piñera?¿Qué actores se vislumbran en el panorama chileno como posibles sucesores con capacidad de diálogo y de generar nuevos consensos?¿Ésta crisis impulsa a algún nuevo movimiento en particular?

No parece posible ni menos aún probable que Sebastián Piñera no termine su mandato, aunque determinados sectores busquen su salida. Además, en ese caso hipotético, ¿quién lo reemplazaría? Parte del problema de Chile es que no existen liderazgos en la política y que las instituciones democráticas –el Gobierno, el Parlamento, los partidos– no tienen la confianza de los ciudadanos. Nadie –ni la derecha ni la izquierda ni el centro– puede decir que representa lo que ocurre en la calle. Ni el Frente Amplio (que mira a Podemos en España) que nació justamente luego de las protestas sociales de 2011. Si el presidente tiene un 13% de popularidad, los partidos están todos en torno a esas cifras e incluso peor.

 

¿Por qué se protesta ahora y no antes?

No es la primera vez que se protesta. En 2006 estalló el movimiento de los secundarios. En 2011, también hubo movilizaciones, encabezadas por los estudiantes universitarios, pero a las que se sumaron múltiples actores de la sociedad civil con demandas diferentes, como la de las pensiones. El malestar no es nuevo ni necesariamente contra este Gobierno, sino contra un tipo de sociedad. ¿Podría haber ocurrido en una Administración que no fuese ésta? Imposible saberlo. Pero hubo al menos asuntos que empujaron a la indignación que se manifiesta, ahora, con tanta fuerza. Al anunciar las cifras del IPC de septiembre, el removido ministro de Hacienda, Felipe Larraín, hizo un llamamiento “a los románticos” a comprar flores, que habían disminuido su precio. Fue al menos una provocación para la inmensa mayoría de la población. Lo mismo que las palabras de Juan Andrés Fontaine, que lideraba el Ministerio de Economía, que indicó que los habitantes de Santiago podían levantarse todavía más temprano para ir a sus trabajos y, de esa forma, no verse afectados por el alza de la tarifa del metro. Sus palabras fueron también una bofetada para los ciudadanos que, en promedio, pueden llegar a tardar hasta dos horas en traslados cada mañana en la capital. Las contribuciones rebajadas que el presidente Piñera pagaba en una de sus casas de descanso –que se conoció hace algunos meses– tampoco ayudaron.

¿La política chilena se está polarizando o cabe vislumbrar la posibilidad de alcanzar consensos de Estado?

Lo que se observa en estos días en la sociedad chilena: intolerancia,  descalificación, irresponsabilidad. Está por verse si las instituciones democráticas estarán a la altura de las circunstancias.

Ante la pobre salud de la democracia en América Latina en la actualidad, ¿Cuál es el papel que pueden jugar los medios de comunicación?

No me gusta dar lecciones a nadie ni pontificar sobre el oficio. Pero como me enseñaron mis grandes maestros, el primero de ellos, el fallecido Miguel Ángel Bastenier, a quien perdimos demasiado pronto: los periodistas debemos informar con rigurosidad y ayudar a comprender este tipo de fenómenos complejos. Este momento no es de blancos y negros, a mi juicio, sino de una complicada realidad en escala de grises ­–con distintos elementos– que es necesario contar y explicar. El periodismo no debería quedar a merced de los intereses de unos y de otros que sobrevuelan nuestra agitada región.

¿Cuál fue tu experiencia en el master de periodismo EL PAÍS-UAM y posteriormente en la redacción de Madrid?. ¿Algún mensaje para los becarios de esta promoción?

La beca de la Fundación Carolina marcó para siempre mi formación y mi carrera. Siempre estaré agradecida de la oportunidad. Tenía 26 años, recién comenzaba en el oficio y sin su ayuda jamás podría haber estudiado el Máster de Periodismo de EL PAÍS, el periódico donde aprendí y sigo aprendiendo. Tuve grandes maestros en la sala de clases. Por ejemplo: Sol Gallego, Joaquín Estefanía, Belén Cebrián, Macu de la Cruz, Camilo Valdecantos. Y luego, en la redacción, tuve el privilegio de aprender de gente estupenda: Carlos Castro, Sol Fuertes, Victorino Ruiz de Azúa, entre tantos otros. Muchos de mis mejores amigos los conocí en Madrid entre 2007-2009, que no solo son grandes profesionales, sino grandísimas personas. ¿Un mensaje para los becarios de esta promoción? Disfruten cada día como que fuera el último, porque luego deben regresar a sus países a poner en práctica lo aprendido gracias a la Fundación Carolina. Cuando faltan las fuerzas, recordar el cielo azul de Madrid y sus nubes, sirve como un gran empujón.

Entrevista a Marcos Robledo, exsubsecretario de Defensa en Chile

HABLAMOS CON I MARCOS ROBLEDO

“La crisis de la democracia está resecuritizando y remilitarizando la política en América Latina”

Marcos Robledo

Periodista y politólogo, se graduó en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Realizó un  posgrado en seguridad nacional, y se graduó con distinción de un Master of Arts in National Security Affairs, por la Naval Postgraduate School, California, Estados Unidos. Entre  1998 y 2005 fue jefe del comité asesor de la ministra de Defensa Nacional de Chile. Entre 2006 y 2010, se desempeñó como asesor de política exterior y defensa de la Presidenta Michelle Bachelet, quien lo designó en enero de 2014 como subsecretario de Defensa, cargo que desempeña hasta marzo de 2018. Actualmente es profesor de la Universidad de Chile, coordinador del Programa Internacional del Instituto Igualdad del Partido Socialista de Chile, y coordinador de la Red Latinoamericana de Seguridad Inclusiva y Sostenible puesta en marcha este 2019 por la Fundación Friedrich Ebert (FES) desde Colombia.
Recientemente ha viajado a Madrid para participar en el seminario “Diálogos sobre Cuba”, momento en el que le realizamos esta entrevista.

 

Asumió el cargo de subsecretario de Defensa con la recién elegida presidenta Michelle Bachelet en 2014 ¿Cuáles fueron las actuaciones más destacadas en esta etapa?

Durante ese periodo la tarea más importante en ese ámbito en particular fue continuar con el proceso de reformas que se puso en marcha en Chile, a partir del proceso de transición, un proceso que tomó mucho tiempo, desde el régimen autoritario a la democracia en 1990, puesto que en Chile el régimen autoritario dejó instituido un conjunto de instituciones que organizaron el sistema económico y social. Así, por ejemplo, en Chile tenemos una Constitución neoliberal; también se articuló un sistema de instituciones políticas contra-mayoritarias, para impedir las reformas a ese primer modelo, y, finalmente, había un conjunto de instituciones de seguridad nacional propias de la etapa que vivió América Latina durante la Guerra Fría. Con estos tres pilares se intentó, por lo tanto, construir una institucionalidad que permitiera limitar a la democracia que se iba a desarrollar más adelante, fruto del proceso de movilización que terminó en una transición democrática. Desde entonces, lo que se ha estado haciendo en el ámbito en el que me desempeñé como viceministro de Defensa es profundizar el proceso de reformas iniciadas diez o quince años después de la transición.

La transición tuvo una primera etapa muy dura, muy difícil, de mucha contestación militar a las autoridades democráticas. Hubo tres amenazas de golpe de Estado por parte de Pinochet, hasta que fue detenido por orden del juez Garzón en Londres. Eso, junto con la dinámica electoral que terminó aislando a los militares, cambió el escenario, porque la derecha terminó necesitando diferenciarse de los violadores de los derechos humanos. Esta combinación abrió un escenario distinto que permitió, a partir del año 2005, un proceso de reformas constitucionales, y, después, a partir de 2010, es decir 20 años después de la transición, unas reformas de carácter legal que reestructuraron la institucionalidad del conjunto de la defensa, no solamente en el ministerio sino también, sino desmantelando el conjunto de instituciones de alto nivel de seguridad nacional. Hasta el 2005, los militares conservaron un papel político tutelar por sobre todas los poderes del Estado, y esto es lo que se desmanteló con las reformas. El proceso se puso en marcha durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, y ha sido continuado durante el primer y el segundo gobiernos de la presidenta Bachelet, orientado a la construcción de instituciones democráticas para la relación civil militar del país.

«Si hoy día se analiza, desde el punto de vista estratégico, la situación de seguridad en el mundo, probablemente América Latina sea la zona más estable, donde hay menos conflictos internacionales. Y esto no es casualidad, sino que es el resultado de una gestión política de largo plazo de los gobiernos democráticos».

 

Por otro lado, desde la defensa, también se profundizó en una política de cooperación regional e internacional, orientada a consolidar las instituciones de cooperación que, con la democratización, también se estaban desarrollando en la región desde 1990, y que gradualmente permitieron que esta se consolidara como un espacio continental muy estable en términos comparados. Si hoy día se analiza, desde el punto de vista estratégico, la situación de seguridad en el mundo, probablemente América Latina sea la zona más estable, donde hay menos conflictos internacionales. Y esto no es casualidad, sino que es el resultado de una gestión política de largo plazo de los gobiernos democráticos, que se inició con la democratización en Argentina y en Brasil, y continuó con la de Chile y el proceso de paz en Centroamérica.
A su vez, eso originó una dinámica en los años noventa que terminó con la adhesión de toda la región al Tratado de Tlatelolco, que prohíbe las armas nucleares, pero también a los tratados y convenciones que prohíben las armas químicas y bacteriológicas. De esta forma, en América Latina se proscribieron todas las armas de destrucción masiva y se generó una red muy intensa de medidas de transparencia y de confianza entre los Estados. A esta dinámica se añadió la práctica, poco reconocida pero muy importante durante el siglo XX, de la resolución pacífica de controversias. Esa combinación terminó por estabilizar a la región, y facilitó el proceso de democratización. Por esta razón, la región se autodefine desde los años noventa como una zona de paz, y se va consolidando en este siglo. En la actualidad, todo está en discusión porque hay una crisis política global, cuyo impacto no solo afecta al ámbito de la seguridad, sino que también alcanza a la calidad de la democracia o a la propia suerte de las democracias en la región.

¿Cuáles crees que son los desafíos progresistas en este momento en América Latina?

América Latina está experimentando los mismos problemas que ha producido el proceso de la globalización en todo el mundo. Se trata de problemas que, aunque tienen elementos comunes, se manifiestan de manera distinta en cada región, o en cada país. Entre los elementos comunes se encuentra el hecho de que la globalización estableció un rodamiento de la economía internacional y del funcionamiento del sistema financiero que ha supuesto que las instituciones políticas se vean debilitadas. Además, este proceso ha reordenado también toda la política internacional y eso es lo que ha impactado sobre las democracias en América Latina, que, asimismo, tienen que lidiar con sus propias dificultades históricas.

América Latina es un continente con una tradición oligárquica importante, con déficit democráticos muy conocidos, muy profundos, con un alto nivel de militarización en la política y  de violencia interna en cada Estado. En América Latina ha habido más violencia dentro de los Estados que entre los Estados, y ese déficit democrático marcó la etapa de democratización prolongada que se inició en la década de los ochenta. Esto ha hecho que las democracias en América Latina, a su vez, tengan algunas falencias estructurales, que se han visto agravadas porque, con la globalización, muchas decisiones que antes estaban radicadas en los Estados han subido de nivel y escapado al control nacional. No obstante, y a diferencia de Europa, en América Latina no existe un proceso de integración que permita la intermediación de la dinámica de la globalización con las dinámicas nacionales. En América Latina la integración ha sido básicamente intergubernamental, no supranacional.

En consecuencia, entre los déficits de las democracias en América Latina y los déficits de la globalización, la crisis democrática es muy aguda. De ahí que la percepción ciudadana de la democracia se haya ido deteriorando. En este sentido, el último informe del Latinobarómetro realmente es lapidario. No solamente se ha producido una disminución de la valoración de la adhesión a la democracia, sino que también hay algunos fenómenos preocupantes como, al igual que en otras regiones, el surgimiento de liderazgos iliberales. Se trata de liderazgos convocados por los electores frente al fracaso de la democracia, pero que tienen fórmulas de salida a la crisis que van debilitando la democracia. Es el caso del presidente de Brasil, por ejemplo, muy controvertido, pero también tenemos situaciones de crisis democrática en  Nicaragua, Guatemala  y Venezuela, y esta última amenaza con derivar en un conflicto interno a internacional aún más agudo si no hay capacidad para alcanzar un entendimiento político. En ese escenario se ha producido un proceso de repolitización y de contestación ciudadana en Chile y otros países, porque la gente está cuestionando el tipo de democracia que estamos viviendo, y demandando regímenes más inclusivos y más democráticos.

A eso se añaden nuevos fenómenos, como la crisis migratoria, que ya no es solamente de Estados Unidos con México y América Central; ahora es latinoamericana, es regional. La crisis en Venezuela ha originado una ola migratoria masiva hacia América del Sur. América Latina se creía inmune frente a algunas dinámicas de la globalización, como el fenómeno migratorio, y en muy poco tiempo ya lo tiene instalado como un nuevo clivaje de la política regional, lo que progresivamente ha alimentado discursos nacionalistas. En resumen, una crisis democrática que genera una respuesta iliberal y esa respuesta iliberal a su vez se ve alimentada, en un segundo momento, por la crisis migratoria, que genera respuestas nacionalistas.

¿En este momento las Fuerzas Armadas tienen un protagonismo renovado en América Latina?

Hay una cierta tendencia en la región a darle un papel cada vez mayor a las Fuerzas Armadas, que ha tenido dos momentos: un primer momento se originó con el fracaso de las políticas públicas de las democracias ante el crimen organizado, que en América Latina es muy poderoso. El Estado es débil en América Latina; históricamente, tiene dificultades para enfrentar el crimen organizado, que, además, es una institución muy poderosa porque genera mucho dinero y desarrolla capacidades incluso para combatir al Estado. No nos olvidemos que, en México, algunos de los cárteles de la droga reclutaron unidades completas de las Fuerzas Armadas mexicanas para integrarse al cártel; ese es el origen de algunos cárteles, por ejemplo. Se trata de instituciones muy poderosas que actúan transnacionalmente y los Estados latinoamericanos, en general, han respondido de forma insuficiente, lo que a su vez ha generado dinámicas muy populistas, que con el tiempo se han ido profundizando.

Una de las respuestas ante el fracaso del Estado y de las instituciones civiles ha sido llamar a las Fuerzas Armadas para que encaren los problemas de seguridad ciudadana. Fue una política que originalmente promovió Estados Unidos, después del fin de la Guerra Fría y a partir del proceso de la democratización, para replicar la respuesta que Estados Unidos desarrolló en los años setenta. Pero al margen de esto, los países de la región han ido llamando gradualmente a las Fuerzas Armadas para hacerse cargo de las políticas de seguridad: en México, en Brasil y así sucesivamente en toda la región, salvo en Uruguay, Chile y Argentina, aunque recientemente los gobiernos de derecha en Argentina y Chile han hecho algunos movimientos en ese sentido, pero con menos fuerza.

Por otro lado, en un segundo momento y ante la erosión de las democracias de la región, ya no solamente es que hayan aparecido los militares frente al problema de la seguridad, sino que también emergen como respuesta al déficit de la política, y este es el caso de Brasil. La región está transitando a una nueva etapa en que las Fuerzas Armadas adquieren protagonismo tras la etapa de las dictaduras que siguió a la crisis del modelo desarrollista en los años sesenta y setenta, y que fue una etapa de mucha represión y muertes. Sin embargo, treinta o cuarenta años después, los votantes de algunos países, como respuesta al fracaso de la democracia y a la incapacidad institucional para resolver los déficits históricos y enfrentar la gobernanza de la globalización que escapa a nivel nacional, parece que quieren militares. Es una situación bien compleja.

¿Cree que en América Latina ha fracasado la utilización del ejército como hacen algunos gobiernos populistas para combatir el narcotráfico?

Creo que lo complicado es que los gobiernos populistas sigan convocando a las Fuerzas Armadas, o que los votantes estén empezando a votar candidatos militares, a pesar de que, desde el punto de vista estadístico o empírico, resulta evidente que el involucramiento de las Fuerzas Armadas no produce resultados en la lucha contra el crimen organizado. Al contrario, lo que suele ocurrir es que, frente a esos episodios de militarización, el narcotráfico intenta corromper a las instituciones militares que a su vez se desprofesionalizan para asumir el papel de policía; y al mismo tiempo se incrementa la violencia y la letalidad de las operaciones antidrogas, deteriorando asimismo las instituciones democráticas-. Por eso los resultados son negativos por todos lados. Y pese a que toda la región, desde México hasta el Cono Sur, con las excepciones indicadas, tiene a los militares involucrados en la lucha contra el narcotráfico, la demanda de cocaína en Estados Unidos y en Europa no baja y el precio tampoco. En esta lucha se ha fracasado y eso ha abierto el debate sobre la legalización de las drogas en América Latina y en Estados Unidos. Este es un debate en el que hay que profundizar para enfrentar esta cuestión de manera mucho más seria. Pero, en este escenario regional de incremento del populismo y del nacionalismo, que también es global, ese debate ha perdido fuerza. Estamos en un momento complicado y eso plantea serios desafíos, digamos, a las miradas democráticas, tanto de la región como internacionales.

El motivo de su viaje ha sido participar como ponente en el taller “Diálogos sobre Cuba”, organizado por Laura Tedesco. ¿Cuál cree que debe ser el papel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, mirando hacia el futuro de Cuba?

En Cuba hay un proceso político muy complejo que transita desde un régimen como el cubano hacia un estadio distinto, pero en los términos planteados por el mismo régimen. Se trata de un proceso de transición desde el punto de vista económico hacia algo distinto; pero todavía estamos por ver los resultados que tendrá esa dinámica. Mientras tanto, se siguen dando situaciones complejas desde el punto de vista de la observancia de los derechos humanos. En todo caso, todavía hay mucho camino que recorrer, y los actores democráticos de la comunidad internacional, tiene una posición clara sobre hacia dónde tiene que avanzar Cuba: hacia un régimen  democrático y, sobre todo, hacia un régimen que respete los derechos humanos.

«Debemos trabajar conjuntamente para dar respuesta a los nuevos retos»

HABLAMOS CON I LAURA ELENA CARRILLO

Directora ejecutiva de la Agencia mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID). Cuenta con las licenciaturas en Comunicación y en Educación, maestrías en Historia y en Desarrollo Sostenible, además del Doctorado en Desarrollo Regional. En el año 2010 se integró al servicio público en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México, para coordinar el Programa Niñas y Niños Talento. También participó en el Fideicomiso Educación Garantizada como directora del Programa de Estímulos para el Bachillerato Universal Prepa Sí. Fue Directora de de Evaluación del Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México. Investigadora y docente en los niveles básico, medio y superior, ha participado como ponente y moderadora en conferencias y congresos en México y en el extranjero. Es autora de varias publicaciones en materia de desarrollo, cooperación, educación y políticas públicas.

Cómo directora de la cooperación mexicana, ¿cuáles son los principales desafíos de las políticas de cooperación al desarrollo en Iberoamérica y en México, en el marco de la Agenda 2030?

El principal, es empezar a ver no tanto como países, sino como regiones porque algo que nos afectó, de alguna forma, es que tenemos un producto interno bruto elevado y da la impresión de que somos una economía muy grande, entonces, nuestra situación social, se vería reflejada también como mejor calidad de vida, y no es así. Acá tenemos una especie de disparidad, porque tenemos, efectivamente una economía grande, pero también tenemos mucha inequidad y mucha desigualdad y esa desigualdad, si se hace un análisis regional, es aún mayor. Tenemos regiones del país como la del Norte que está mucho más avanzada en muchos aspectos pero, por ejemplo, la región Sureste de México se parece mucho más a la situación social y económica del norte de Centroamérica que al propio México. Este es un gran desafío porque no se puede ver a México como un solo país, en realidad, somos cinco o siete distintos; además, tenemos que vernos no como un país aislado que se encuentra entre América del Norte, Estados Unidos y Canadá y Latinoamérica, sino que nos tenemos que ver como parte de la región latinoamericana, y más aún, como parte de la región Iberoamericana.

En la medida en que nosotros podamos entender que no estamos aislados, que no somos una sola región, que somos varias, creo que vamos a poder empezar, ahora sí, a planear con una visión mucho más comprensiva… al final, sea desarrollo, sea crecimiento económico, lo que queremos hacer y lo que quiere hacer el presidente López Obrador, es eliminar la pobreza y ese es el mismo objetivo de la Agenda 2030.

Desde esa perspectiva integradora, ¿qué papel puede jugar el Plan de Desarrollo para Centroamérica?

Es precisamente la prioridad en este momento. Se nos ha encargado a la Agencia de Cooperación, también de manera muy particular, dar a conocer este plan, dar a conocer las bondades de este plan y buscar adeptos y compañeros, no sólo dentro del país, sino también y de manera muy importante con nuestros socios en cooperación internacional, de manera que ellos puedan ver que estamos haciendo algo muy concreto, muy específico, para tener resultados a corto y a largo plazo. Hay situaciones de real emergencia en las que, si pudiéramos contar con el apoyo de la cooperación internacional, seguramente podríamos apoyar a toda la gente que ahorita se encuentra en una situación muy difícil.

Vamos a trabajar en una gran campaña en torno a la cooperación internacional, a las Agencias, para de alguna manera, buscar la financiación e implementar el Plan. Esa es la prioridad que me han encargado como directora ejecutiva de la cooperación internacional en México.

Desde la perspectiva mexicana, ¿cómo veis la situación en América Latina?

México estuvo mirando mucho hacia el norte en años pasados y el presidente Andrés Manuel López Obrador, tiene la visión de mirar hacia la región a la que realmente nosotros pertenecemos. Tenemos mucho que aprender de unas regiones y otras. La región iberoamericana, por ejemplo, tiene mucho en común en términos culturales y en términos de idioma. En México, creemos y, no quiero ser petulante, que tenemos un liderazgo natural que debemos retomar y que queremos aprovechar para que se traduzca, insisto mucho en esto, en una mejor calidad de vida, no solo para los mexicanos sino también para todos los latinoamericanos y de manera muy especial para nuestros hermanos centroamericanos. Como les digo, compartimos una región que se ha quedado rezagada, como también El Caribe, que cada año se ve azotada por el cambio climático y eso no es responsabilidad de una sola región, sino de todo el planeta. Todos deben hacerse responsables también de sus consecuencias.

¿Qué papel crees que puede desempeñar el sector privado en estos Planes de cooperación al desarrollo o en la propia implementación de la Agenda 2030?

Debe ser un papel cada vez más protagónico, porque, así como estoy hablando de las regiones que deben tener planes de desarrollo integrales, pues también deben tenerlos todos los sectores. A la iniciativa privada le interesa que los nuevos jóvenes vengan preparados para ayudarles y buena parte de la preparación de la juventud, de la niñez, se da en los sistemas gubernamentales o en los sistemas nacionales de educación y en ese sentido debe haber una comunicación continua. El desarrollo económico y la posibilidad de generar mejores oportunidades de empleo, se van a dar en buena medida, en la iniciativa privada, de modo que esta relación, que siempre ha sido natural, hay que reforzarla.

¿Eso está presente en el Programa de gobierno de Andrés Manuel López Obrador?

No hay duda con respecto de las políticas públicas del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo van a ir viendo con el paso de estos meses. La duda va a quedar esclarecida automáticamente porque la inclusión de la iniciativa privada está presente. Fue además muy importante en las pasadas elecciones la participación de empresarios porque lo que ellos quieren y lo que les conviene, es que a México le vaya bien y si la calidad de vida aumenta, entonces también aumentan las posibilidades de que la iniciativa privada haga una aportación más importante a México.

Hablas de la vuelta de México a América Latina y al Caribe, ¿qué papel le atribuyes a España en todos esos posibles planes de desarrollo tanto al interior de México como de la región centroamericana?

España siempre ha sido nuestro aliado, siempre hemos sido hermanos. La cooperación más importante que tenemos es con España y la cooperación que tiene España con América Latina es mucho más fuerte que la que se da en otras regiones del mundo. Eso es natural, porque nosotros, como digo, compartimos tanto y compartimos tanta hermandad cultural que me parece que es natural que tengamos este acercamiento. Pero, además México tiene la tradición también de apoyar a los españoles. Estamos cumpliendo 80 años del apoyo que dio el presidente Cárdenas a los exiliados españoles, y yo creo que cuando hablamos de esa época, en mi experiencia, a los mexicanos se nos pone la piel muy sensible y también a nuestros hermanos españoles, porque es un reflejo precisamente de esa unión que tenemos y que debemos reforzar, y que ahora, me parece más importante que nunca para fortalecer esta región.

Quiero aprovechar para decir que es momento de superar las rencillas que pudiera haber entre hermanos y que la mejor manera de hacerlo es dialogándolo, platicándolo como cualquier familia. Tenemos que hacer un frente común, porque el mundo nos presenta estos nuevos retos. Ayer lo mencionábamos también, con el equipo del Seminario, y es que estamos quedándonos muy atrás en temas de innovación, en temas de tecnología, de ciencia y deberíamos crecer en ciencia y unidos, podemos hacerlo. Si enfocamos nuestros recursos para unirnos como región, para unirnos también España y México y dar frente a, como digo, al resto del mundo, seguramente podemos lograr resultados en poco tiempo.

Efectivamente, en los tiempos que corren, con ese extraño multilateralismo que es distinto, debemos trabajar conjuntamente para dar respuesta a los nuevos retos, a esas trampas del desarrollo y que como no seamos capaces de enfrentarlas a corto plazo, va a ser un problema grande para todos nosotros.