Segundo encuentro digital de la convocatoria 2016 con la responsable del área de postgrado, Paula Alonso

El martes 2 de febrero Fundación Carolina organizó un encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2016-2017.
A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Primer encuentro digital de la convocatoria 2016 con la responsable del área de postgrado, Paula Alonso

El martes 19 de enero Fundación Carolina organizó un encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2016-2017.
A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Esperanzas de juventud

Entre los expertos es sabido que desafortunadamente el último índice económico en recuperarse es el del paro. Así, en un escenario de salida de la crisis, los primeros síntomas de saneamiento hay que ir a buscarlos en el regreso de las inversiones extranjeras, en la compra de bienes de equipo por parte de las empresas, en el incremento de las exportaciones, en la aceleración del consumo, en el aumento del PIB y, finalmente, en la bajada del desempleo. Se trata de un proceso largo y sensible, muy fácil de destruir, pero que afortunadamente estamos viendo completar en España.

No obstante, en todo relato de recuperación siempre aparecen datos en los que pervive la huella de la crisis y que revelan la persistencia de problemas que conviene afrontar. En nuestro caso, sin duda el peor dato lo encarna el paro juvenil, situado en unos valores próximos al 46%, el doble de lo que en la actualidad registra la media europea. Sin ánimo de proponer un conjunto de recetas facilonas, sí que conviene recordar las incongruencias que todavía presenta la situación sociolaboral de nuestros jóvenes, con el fin de reajustar los buenos propósitos al criterio de un diagnóstico realista.

En este sentido, llama de entrada la atención que, a la luz de las cifras mencionadas, el porcentaje de jóvenes españoles con estudios universitarios se alce por encima del 40%, superando al de la media de la OCDE y adelantando incluso los niveles de Alemania o Finlandia. Y llama la atención porque es precisamente el paso por la educación superior lo que, según refleja la estadística, favorece a priori la obtención de un empleo. ¿En qué consiste, pues, la anomalía española? Básicamente en un factor bastante relacionado con lo antedicho, esto es, con la falta de técnicos profesionales.

Un examen más reposado sobre nuestro sistema educativo constata la alta polarización en la que se encuentran nuestros jóvenes, en cuyos extremos se ubica la cohorte de universitarios citada, ante otra sin apenas formación, producto del desorbitado abandono escolar que todavía padecemos. El resultado es que, frente al exceso de periodistas o psicólogos en paro, carecemos de aquellos profesionales que el mercado solicita: cuadros medios especialistas en informática, seguridad, agroalimentación, turismo o gestión energética, salidos de la formación profesional. Es decir, se produce un evidente desajuste entre las necesidades que el mercado laboral demanda y la oferta desproporcionada de graduados universitarios, a lo que además se añade ese célebre síndrome de la titulitis, que no hace sino frustrar las expectativas de quienes detentan una sobrecualificación estéril.

Justamente, este panorama es lo que procuró revertir la tan vituperada LOMCE, introduciendo un sistema de FP dual a semejanza de lo que hacen alemanes, austriacos o daneses, y que combina el aprendizaje con prácticas en empresas y el pago de un sueldo. Esta medida, cierto es, implica un profundo cambio de la mentalidad social y de los estándares del “estatus”, pero bien puede atraer a quienes antes buscaban dinero rápido o creían garantizado su futuro a través del trámite universitario. Es más, los datos acreditan que la nueva FP ha logrado la duplicación de matriculaciones en tan solo dos años y quizá pronto pueda acercarse a las cotas de éxito que se observan en Alemania, siempre que nuestras empresas -eso sí- acentúen su apuesta por este modelo.

Artículo publicado en El Huffington Post el 18 de enero de 2016

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De la “decadencia” occidental

La amenaza de la decadencia vuelve a planear sobre Occidente. Pese a que el tópico se repite secularmente, desde el ocaso de Roma hasta el estallido de las guerras mundiales, pasando por la acechanza oriental -el perpetuo “esperar a los bárbaros” del peligro amarrillo, turco o tártaro-, hoy no se trata, como tantas veces, de un simple espejismo. Ciertamente, la inmisericorde irrupción de la crisis ha venido a agudizar la conciencia de declive, pero no es menos cierto que tras ella nos encontramos con una postración de nuestro nervio ético que rebasa y antecede al puro enfriamiento financiero. No puede extrañar que haya cobrado actualidad el mítico colapso de los nativos de la Isla de Pascua, derivado de la explotación pueril de los recursos naturales. La obstinación fatua por construir los ciclópeos monolitos (moais) conectaría con la crisis de principios que vivimos, todavía mayor que la económica. Una agonía motivada sobre todo por la expansión de un engreimiento hedonista, que no solo explicaría la codicia de las élites sino el derrumbamiento del espíritu de tesón y competitividad que anida en toda sociedad humana. Por cierto, el mismo hedonismo en el que según el tan mentado Gibbon cayeron los romanos en la fase crepuscular del Imperio.

No faltan analistas contemporáneos que vienen advirtiendo desde hace años del desplome de los valores. Ya en 1992 el sociólogo Gilles Lipovetsky describió los síntomas de una sociedad postmoral que exige la satisfacción de sus derechos sin responsabilizarse de sus deberes y que renuncia -como si de un ideal retrógrado se tratase- a la austeridad y el sacrifico. Se trata de una cultura anestesiada, intolerante al riesgo y profundamente individualista bajo una faz social y de mística new age, que se refugia en religiones no punitivas (cuando no se deja seducir por el nihilismo) mientras espera que el Estado le resuelva la vida. Y que además ha encontrado su reflejo complacido en las industrias culturales: en ellas -de acuerdo con el certero diagnóstico de Vargas Llosa- prolifera el puro entretenimiento, la literatura light que apenas exige concentración, un cine facilón armado con efectos especiales y tramas planas y unas estruendosas manifestaciones musicales que rinden culto a la juventud, a los instintos y a la irracionalidad. Por no hablar del estado funeral del arte, fagocitado por una moda vulgar y cosmética que mueve millones e invade los museos contemporáneos, convirtiéndolos en espacios de consumo rápido, sin sustratos de continuidad que relacionen la antigüedad con el presente. Para ellos, parece ser igual una obra maestra que una Harley o un vestido de Valentino. Como si de un círculo vicioso se tratase, la estupidizaciónestética y la banalización moral se retroalimentan, hipnotizando a una sociedad infantilizada cuya población adormecida envejece al galope y sus índices productivos se van al garete. Y donde, en el fondo, todo da igual porque, como en los trípticos de El Bosco, la única meta es disfrutar de placeres efímeros, rápidos y sin complicaciones.

Todo ello es muy cierto y peligroso pero, aunque la magnitud de las tendencias disolutas de nuestra “sociedad del espectáculo” es real, todavía hay margen para la recuperación. No debemos infravalorar la capacidad de adaptación que está exhibiendo una gran parte de la sociedad ante un cambio de época que, en otros tiempos, seguramente hubiese derivado en conflictos bélicos. Ni podemos olvidar cómo el norte de Europa se sometió hace poco con éxito al mismo régimen de frugalidad en el que los países del sur, tradicionalmente más disipados, estamos inmersos. Es más, ya afloran -es cierto que con lentitud- nuevos y atrevidos modelos de negocios y también de emprendimiento cultural, producto de la aplicación de la I+D al turismo o la gastronomía (como el próximo BulliLab). Los mismos Vargas Llosa o Lipovetsky no se cierran al optimismo, evocando la “pegada” de la fibra crítica occidental y reivindicando -según ha señalado con frecuencia el sociólogo parisino- el papel de la educación de calidad como soporte desde el que refundar los criterios estéticos y éticos de un capitalismo cultural que en sí no tiene nada de degenerado. La cuestión está en saber tomarnos el porvenir con la seriedad que se merece (“que la vida iba en serio”, como decía Gil de Biedma), inyectándole una prudente dosis de osadía, sin pérdida de la sonrisa y, por supuesto, de la sensatez.

Jesús Andreu

Artículo publicado en El País el 21 de febrero de 2015

Gran participación en el cuarto encuentro digital con Paula Alonso, responsable del Programa de formación de Fundación Carolina

El martes 10 de febrero Fundación Carolina organizó un cuarto encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2015-2016. A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Tercer encuentro digital con Paula Alonso, responsable del Programa de formación de Fundación Carolina

El martes 3 de febrero Fundación Carolina organizó un segundo encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2015-2016. A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Segundo encuentro digital con Paula Alonso, responsable del Programa de formación de Fundación Carolina

El martes 27 de enero Fundación Carolina organizó un segundo encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2015-2016. A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Encuentro digital con Paula Alonso, responsable del Programa de formación de Fundación Carolina

El martes 20 de enero Fundación Carolina organizó un encuentro digital con la responsable del Programa de Formación, Paula Alonso. Los participantes tuvieron ocasión de realizar sus consultas relacionadas con la convocatoria de becas para el periodo 2015-2016. A continuación reproducimos la conversación mantenida.

Foto EuropaPress/UCLM

Movilidad académica en Iberoamérica

La movilidad académica global está en auge y 4 millones de universitarios se encuentran cursando estudios fuera de su país de origen, el doble que hace diez años. De ellos, casi 400.000 son iberoamericanos, una cifra aún modesta, pero que no hace sino crecer y que es preciso poner en relación con su número total de universitarios, que se aproxima a los 20 millones, un 40% más que hace una década. Esta pujanza está vinculada a la emergencia de las clases medias en el subcontinente, al afán de ascender socialmente y al apogeo de la economía del conocimiento, lo que no significa abandonar otros sectores, pero es bien sabido que la viabilidad financiera de Iberoamérica depende del éxito de su diversificación productiva, tanto más en un momento en el que la innovación constituye el factor determinante del crecimiento. Que esta nueva era en la que las empresas tecnológicas ocupan los primeros puestos del mercado coincida con el salto cualitativo de su sistema de educación superior, abre una oportunidad de futuro excepcional para la juventud iberoamericana.

Las bases están establecidas: recordemos que la región ya contaba con universidades en el siglo XVI y que en la actualidad las instituciones académicas de México, Brasil, Chile, etc., cada año escalan puestos en los rankings de calidad internacionales. La asignatura pendiente, sin embargo, radica en la falta de un programa transnacional de referencia, que no solo estimule a los estudiantes a ganar en experiencia internacional. El reto, largamente debatido, consiste en articular un gran espacio de conocimiento en el que los títulos estén homologados, en el que al profesorado se le recompense por investigar y ejercer la docencia en otros países y en el que se consoliden criterios de indexación y excelencia propios. Un espacio que además contribuya -al igual de lo que sucede en Europa con el programa Erasmus- a la toma de conciencia de una identidad común, al tiempo que se incentiva la movilidad empresarial y laboral.

Es cierto que ya existen iniciativas orientadas hacia tales propósitos. En este sentido, la OEI activó hace tres años el programa de postgrado “Pablo Neruda” y recientemente acaba de inaugurar el proyecto “Paulo Freire”. A su vez, la Alianza del Pacífico puso en marcha en 2013 la Plataforma de movilidad académica, que involucra a sus países miembros. Las propias naciones iberoamericanas están creando programas de internacionalización académica, como el Pronabec peruano o las becas Prometeo de Ecuador. E incluso a escala hemisférica, el Gobierno estadounidense impulsó hace un par de años el programa educativo “100,000 Strong”, cuyo objetivo es lograr que cada año crezca en 100.000 el número de universitarios iberoamericanos en Estados Unidos y el de norteamericanos en Iberoamérica. Rebasando el nivel continental, destaca el programa más maduro de todos, el de formación de la Fundación Carolina, que en sus 15 años de historia lleva asignadas más de 14.800 becas de postgrado y doctorado.

Pues bien, de lo que se trataría es de saber rentabilizar con eficacia todos estos instrumentos, articulando un espacio de coordinación en beneficio de todos los países e instituciones: obviamente, a mayor provecho del capital humano de Iberoamérica y, por ende, de su desarrollo y prosperidad. Tal es, en suma, el objetivo que se perfiló en la última Cumbre Iberoamericana de Veracruz y que, incluso más allá de directrices gubernamentales, deberían apoyar con decisión empresas, filántropos y la sociedad civil. No podemos olvidar que en la carta de la formación se juega nuestro destino compartido.

Jesús Andreu

Artículo publicado en Notimérica el 17 de enero de 2015
Foto: Europa Press/UCLM

Iberoamérica ‘intra-histórica’

Hoy más que nunca hacer prospectiva parece inútil. La volatilidad de los mercados y la posibilidad no tan remota de que el mundo se desquicie aún más -por un colapso chino o la ruptura de Europa- invitan a la cautela a la hora de pensar en el porvenir. No obstante, estos ejercicios son consustanciales no solo a la alta política, sino a los proyectos de vida, a los sueños y ambiciones que cada persona traza para sí. Hay una palabra que expresa esta alerta de futuro, tanto en el plano individual como en el colectivo: sostenibilidad. En este sentido, el escenario institucional más sostenible que cabe idear -de acuerdo con PwC y EsadeGeo- es el de una gobernanza global en la que las naciones regulen coordinadamente los conflictos económicos, sociales o de cualquier orden. Es también el escenario más optimista.

Sin necesidad de contraponer a esta opción una alternativa apocalíptica, a medio plazo lo más realista es imaginar la conformación de grandes bloques regionales, muy integrados internamente, aun rivalizando entre sí por los recursos energéticos. De hecho, esta es la clave desde la que mejor se entiende la construcción de unos Estados Unidos de Europa, en la que estamos inmersos. Pero también la existencia de la Liga Árabe, de la Asociación del sudeste asiático (Asean) o del Nafta, en el Norte de América. Obviamente, la reconfiguración mundial está por definir, pero ya se esbozan incluso coaliciones inter-regionales: el libre comercio avanza hacia Europa, existe un foro Sur-Sur desde hace años y en mayo de 2014 Rusia y China firmaron un acuerdo energético en el marco de la Conferencia sobre Interacción y Desarrollo de la Confianza en Asia.

 

En este tablero dinámico llama la atención la ausencia de un bloque iberoamericano consolidado, que en cambio aparece fragmentado -como ya reflejé en este blog– en diversos y hasta contrapuestos programas de integración (Alba, Mercosur, Alianza del Pacífico, etc.). Una fragmentación que se deja notar en cada Cumbre Iberoamericanahasta el punto de que hay países decididos a finiquitarlas. Bajo una óptica diametralmente opuesta, la Segib -a través de su nueva secretaria, Rebeca Grynspan- parece dispuesta a relanzar el sistema iberoamericano recurriendo con audacia a los factores que en la actualidad están marcando la diferencia: la innovación y la atracción de talento.

 

Es lo que se desprende de la Declaración de Veracruz que, además de sentar las bases para la implantación del “Erasmus latinoamericano”, hace hincapié en el impulso a la movilidad empresarial, al tiempo que habla del establecimiento de una Agenda Digital, soporte de la economía del conocimiento. No por casualidad se trata de los mismos puntos -focalizados en la movilidad laboral y la inversión en I+D- que definen los propósitos de la recién estrenada Comisión Juncker. Por descontado, al contrario que en Europa, las dificultades en el subcontinente empiezan en el terreno de la voluntad política, toda vez que resulta preciso contar con la aquiescencia de los países desafectos y recuperar la confianza de Brasil.

 

Y sin embargo -lo que es paradójico- Iberoamérica es una realidad supranacional de facto por encima de gobiernos e instituciones, un verdadero bloque regional, más compacto en lo geográfico, afectivo y cultural que cualquier otro. Más “intra-histórico”, como diría Unamuno. En la fuerza de este legado descansa la credibilidad que despierta Iberoamérica, no solo como proyecto político de futuro sino como enclave comercial y de inversión económica de este mismo presente. Precisamente por ello el liderazgo institucional de la Segib -todavía sostenido en su mayor parte por España- no puede desfallecer ya que está condenado al éxito.

Artículo publicado en el Huffington Post el 7 de enero de 2015

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El triunfo del pragmatismo

El fin de un año internacional bastante agitado nos ha dejado la noticia esperanzadora del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Una decisión tanto más positiva por cuanto, sumidos en un periodo de reconfiguración global, no resulta nada sencillo consolidar escenarios de estabilidad. 2014 será recordado como el año en que China superó a EEUU como primera potencia económica, el grupo terrorista Estado Islámico se hizo sanguinariamente famoso a través de YouTube, Rusia intentó sacar provecho de la debilidad defensiva de Europa (con fatales consecuencias económicas) y la UE inauguró una nueva Comisión, confiando en apuntalar su recuperación y profundizar en su integración financiera.

Ante este panorama de tensiones, siempre incierto y más condicionado que nunca por conflictos geoenergéticos, es de celebrar que el continente americano cierre el año con un acuerdo -que coincide con el esperado anuncio de las FARC de un alto el fuego indefinido- que no puede sino tener efectos beneficiosos. Y no solo para los países concernidos, sino para todas las naciones de su entorno, incluida España.

¿Cómo ha sido posible el acuerdo y qué podemos esperar a partir de ahora? Más allá de la explicación oficial, que recuerda la falta de resultados de una situación que venía prolongándose medio siglo, los expertos apuntan a diversos motivos: la mediación del Papa, el cambio generacional -y de mentalidades- en la isla y el uso de la técnica delfracking, lo que no solo posibilita el autoabastecimiento de crudo por parte de EEUU sino que ha determinado la caída de su precio. Ello, qué duda cabe, ha alterado las relaciones de Cuba con Venezuela, un régimen que les suministra petróleo desde hace lustros pero que, al no haber diversificado su economía, se encuentra ahora al borde del colapso.

En paralelo a estas causas materiales, se encuentran los factores intangibles, representados en primer lugar por el Papa Francisco, quien ha asumido un papel diplomático de primer orden y cuyo gesto en esta ocasión -como nos ha recordado Jon Juaristi- coindice con los cien años de la tregua navideña auspiciada por Benedicto XV. En consecuencia, cabe suponer que el acuerdo impulsará el desarrollo de una agenda en favor de los Derechos Humanos y las libertades, además de una deseable apertura económica. Como la experiencia histórica demuestra, antes o después, democracia y economía de mercado acaban ensamblándose. En este sentido, el papel que juegue la sociedad civil como promotora del emprendimiento, las relaciones comerciales y la comunicación -ante todo, vía internet- será decisivo.

No obstante no conviene anticiparse imprudentemente al porvenir. De momento, aplaudamos este paso -fruto de la tolerancia y el respeto recíproco-, que ojalá sea el primer punto de un diálogo que conduzca al entendimiento pleno y al deseable fin del embargo. Un camino en cuyo horizonte se vislumbra el sueño de la integración de las Américas (“Todos somos americanos”, afirmó Obama en español) y que España no puede permitirse el lujo de presenciar sin más. Y no tanto por sus intereses económico,s sino sobre todo, por ser ejemplo moderno de cómo reformarse en profundidad sin necesidad de rupturas y, por supuesto, por nuestra naturaleza congénita y vocacional de nación americana.

Artículo publicado en el Huffington Post el 24 de diciembre de 2014
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Givenchy en el Thyssen: el arte de la banalización

El debate sobre los límites del arte, al igual que el del significado de la belleza, se remonta a los albores de la civilización. Ya Aristóteles definía el arte en función de su carácter modélico, por su capacidad para inspirar ejemplaridad. Esto es lo que lo distinguía de la artesanía. Desde entonces, los paradigmas del gusto se han modificado y diversificado mucho, incorporando conceptos como “lo sublime” o “lo interesante”, e incluso desterrando la figuración en beneficio de la abstracción. Sin embargo, pese a la convulsión que supusieron las vanguardias, la referencia a unos ideales de sentido y belleza, incluso de revolución, y su plasmación a través de las artes plásticas, se han mantenido como bases de la actividad estética.

Desde su aparición, la museología ha corrido en paralelo a esta evolución histórica, de tal modo que la estructura de las pinacotecas responde a un sistema de salones encadenados desde los que se ordena, por épocas, una exposición. Desbordando el formato del “museo-enciclopedia”, la concepción del MoMA se planteó sobre un único periodo de la historia del arte: el que cubre el desplazamiento del centro artístico de París a Nueva York. Este modelo no solventó totalmente el problema de integrar en los museos obras de creadores vivos. Frente a esta cuestión, el recurso más común ha estribado en la organización de exposiciones temporales que complementan el fondo del museo y tienen la capacidad de generar más público. Ahora bien, procurando evitar siempre el riesgo de no confundir la democratización del arte con su vulgarización, sobre todo si hay dinero público de por medio. No obstante, la irrupción de un nuevo modelo de museo, el “museo-espectáculo”, ha franqueado todos los límites, desarrollando funciones -comerciales y turísticas- más propias de instituciones privadas de entretenimiento.

A la luz de estas reflexiones quizá pueda explicarse la osada decisión que ha tomado el museo Thyssen-Bornemisza de presentar una retrospectiva de Hubert de Givenchy, inaugurada el pasado 22 de octubre, siguiendo la estela de la exposición que el Guggenheim dedicó a Armani. Vaya por delante mi reconocimiento al esfuerzo y talento como modisto de Givenchy, discípulo distinguido de nuestro Balenciaga. Sin embargo, no acabo de entender la capitulación en la que están cayendo museos que se pretenden de prestigio, entregándose -como ya hiciera el mismo Thyssen con la exposición de Cartier- a la mezcla del arte con la artesanía. Máxime cuando recurren al burdo subterfugio de “poner en diálogo” lienzos que han revolucionado nuestro juicio sensitivo con una selección de simples vestidos y tejidos, por muy espectaculares que sean.

La introducción de cuadros de Miró, Rothko, Ernst, Fontana y Zurbarán detrás de maniquíes recubiertos de trajes -parte de cuyo atractivo es fatuo, al radicar en que lo portaron actrices y duquesas- resulta, en el caso que nos ocupa, afrentoso. Dejando de lado la considerable cuestión de que este “diálogo” probablemente no hubiese sido querido por los citados creadores, ¿tan indigno hubiese sido reservar esta exposición a nuestro museo del Traje, al de Artes Decorativas -en el que actualmente se exhibe la obra de Kima Guitart- o a una institución privada? Valga como ejemplo la muestra que la Fundación Mapfre dedicó en 2012 a Jean Paul Gautier a la que nada se puede objetar.

Forma parte de la responsabilidad de los gestores y profesionales del arte mantener la función ilustrada y genuina de los museos al servicio del conocimiento, de la pedagogía y de la reflexión artística y simbólica. No deberíamos rebajar deliberadamente los parámetros de exigencia estética, ni confundirlos con cuestiones que, sin menoscabo de su sofisticación, pertenecen a otro dominio, sobre todo cuando existen espacios habilitados para este tipo de creaciones espectaculares. Es la única forma de garantizar la transmisión de la belleza heredada a las próximas generaciones.
Artículo publicado en el Huffington Post el 24 de noviembre de 2014
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Movilidad y conocimiento: ejes de la innovación iberoamericana

La próxima Cumbre de Veracruz constituye indudablemente una cita de gran trascendencia, quizá mayor que las anteriores, y ello debido al proceso de renovación que está experimentando el sistema de cooperación iberoamericano. Estamos en un momento que viene determinado por la emergencia económica de gran parte de sus países, la consolidación democrática, el notable descenso de la pobreza y el surgimiento de unas clases medias que aspiran a mejorar –o al menos a mantener– su estatus. Dichos factores han redefinido la percepción geoestratégica de Iberoamérica, cada vez más atractiva para los mercados asiáticos, y han generado la apertura de nuevos circuitos financieros, culturales, migratorios y tecnológicos.
En este escenario, el principio según el cual la riqueza de un país radica en la inversión en capital humano, ligado a las demandas formativas de las clases medias, hacen especialmente oportunas las cuestiones –de cariz educativo y cultural– que se abordarán en la Cumbre de Veracruz. El concepto de innovación introducido dota al encuentro de un acento emprendedor que desborda los tradicionales planteamientos pedagógicos y cognitivos, obviamente imprescindibles. Y es que en las economías del siglo XXI la innovación se ha convertido en el principal motor del crecimiento y en el puntal de la competitividad. Ello explica el empeño sostenido de China, EE.UU. y la UE, pese a las limitaciones de la crisis, volcado sobre la I+D y sobre todo, la rotunda apuesta del sector privado por invertir en conocimiento y tecnología como fuente de valor agregado y garantía de retorno económico. Más allá del debate que enfrenta a los “keynesianos de la innovación” frente a quienes reclaman mayores incentivos para las empresas, la potencialidad del asunto anida en la internacionalización del comercio: es a través de él como se encauza la transferencia de conocimientos, se multiplica la difusión tecnológica y se maximizan los beneficios, no sólo en clave económica, sino también en términos creativos, sociales y de bienestar. Baste pensar en las ventajas sanitarias que comporta la biotecnología aplicada o calibrar el impacto en la industria cultural de la revolución de las telecomunicaciones. Por supuesto, la rentabilidad de la innovación ha propiciado que ciertos gobiernos desarrollen prácticas fraudulentas (infringiendo derechos de propiedad intelectual) o intervencionistas (imponiendo condiciones proteccionistas a empresas extranjeras) encaminadas a lograr réditos a corto plazo, a costa de saltarse el paso más arduo y decisivo: alcanzar la generación propia de conocimiento.

En este punto es donde se aprecia la importancia de los promotores de la ciencia: las universidades y los centros de investigación. En el denominado triángulo del conocimiento, donde confluyen los esfuerzos de los gobiernos, las empresas y las instituciones académicas, a estas últimas les corresponde la labor crucial de producir y validar los avances científicos que conducen a la introducción de nuevos dispositivos o aplicaciones en el mercado: un proceso que a menudo conlleva el “efecto multiplicador” que los usuarios les otorgan, democratizando la innovación. Al igual que en el terreno empresarial, la financiación pública de la I+D es objeto de un debate al que se superpone el de la presencia de las corporaciones privadas en la construcción del conocimiento. No obstante, sin restarle relevancia al mismo, el foco de la cuestión ha sido desplazado por el de las oportunidades que, de nuevo, abre la internacionalización.

No parece casual que las mejores universidades iberoamericanas, de acuerdo con el último ranking QS, se encuentren en los países que mayor inversión extranjera reciben: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Tampoco parece serlo el hincapié que, en paralelo, están poniendo sus gobiernos en programas de intercambio exterior, entre los que destacan los activados por Brasil y Ecuador, o la Plataforma de Movilidad Académica de la Alianza del Pacífico, una especie de Erasmus intra-regional: precisamente la implantación de un Erasmus ampliado a toda Iberoamérica constituye uno de los puntos fuertes de la agenda de Veracruz. Cabe subrayar que este modelo no solo sirvió en Europa para fortalecer la conciencia de ciudadanía, también favoreció la articulación de un espacio científico compartido e, igualmente importante, impulsó la circulación laboral comunitaria. Así, la movilidad universitaria –en la que por cierto es habitual que los agentes públicos y privados sumen fuerzas– es al ámbito académico-científico lo que la transferencia tecnológica al ámbito empresarial, un vector que repercute en positivo sobre la innovación, la prosperidad y los niveles de empleabilidad en nuestras sociedades de conocimiento.

23 años después de la inauguración del sistema de Cumbres, en el que España jugó un papel nodal en el contexto de expansión de su acción exterior, nuestro país tiene la obligación de contribuir a su actualización en un mundo transformado, aportando ideas frescas –orientadas a intensificar la redes transatlánticas de talentos y premiar la creatividad y el emprendimiento–, así como su experiencia mediadora de nación europea. Retomando el horizonte de Veracruz, una de las tareas ineludibles pasa desde luego por aprovechar nuestro gran valor económico –el español– para afianzarlo ya no como activo cultural (fuera de duda) sino como vehículo de comunicación científico-técnica y, por ende, del comercio internacional. Es nuestra innovación pendiente.[/testimonial]

Jesús Andreu
Artículo publicado en Revista Uno (Llorente y Cuenca) el 21 de noviembre de 2014
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