La Fundación Carolina inicia el curso académico

La actual pandemia de COVID-19 supone una crisis sin precedentes en todos los ámbitos, y está planteando retos importantes para los sistemas educativos de todos los países. Esta situación de crisis ha obligado a adoptar de manera generalizada medidas sociales y educativas, impensables antes de la crisis, en el terreno del aprendizaje a distancia, de la movilización de la comunidad educativa y de la atención a la salud y el bienestar del alumnado (Informe La Educación en tiempos de la pandemia de COVID-19de CEPAL y UNESCO ). No son una excepción los organismos vinculados a la cooperación internacional en el ámbito educativo y la movilidad académica que han tenido que diseñar y gestionar importantes reajustes y adaptaciones en su actividad programática regular, y renovar sus retos estratégicos en un marco de notable incertidumbre.

Pasados los primeros meses tras la declaración del estado de alarma, la Fundación Carolina tomó la decisión de seguir adelante con su actividad académica, adaptándola a las circunstancias y necesidades de las personas beneficiarias de las becas, y atendiendo a los esquemas formativos que las universidades españolas han ido adoptando. De este modo, se ha procedido a comunicar la concesión de aquellas becas que corresponden a programas que garantizan una docencia mixta que combina sesiones en línea y clases presenciales (algo más del 70% de las becas de postgrado convocadas), de tal modo que los/las estudiantes puedan atender inicialmente el desarrollo de las materias desde sus lugares de residencia, para incorporarse a las clases de manera presencial cuando haya condiciones que permitan sus desplazamientos. La situación y el tratamiento de la pandemia en los países de América Latina es muy diverso, por lo que la casuística en cuanto a trámites y programación de vuelos también lo es. En todo caso, los/las estudiantes internacionales son uno de los colectivos que la normativa española (y de la UE) contempla como excepción para su ingreso al espacio europeo.

En este próximo periodo, la Fundación reforzará asimismo sus capacidades para acompañar una línea de trabajo ya abierta durante el confinamiento: la reflexión estratégica sobre los escenarios que se abren a partir de la irrupción de nuevos modelos híbridos y virtuales de formación de postgrado, así como el necesario debate acerca del sentido pedagógico de las tecnologías de la información y la comunicación en la educación; y, de modo especial, en el espacio de la educación superior. Se trata, también en este escenario de crisis epidémica, de fortalecer la institución educativa. Necesitamos instituciones que incorporen la novedad tecnológica y dialoguen con ella, que afronten el reto de una mayor y mejor integración de la tecnología con sentido pedagógico para potenciar aprendizajes situados y significativos.

Resulta de igual modo útil generar espacios de reflexión e intercambio sobre el papel relevante que, en este singular contexto, tiene la movilidad académica internacional. Hay que subrayar que es un instrumento de cooperación avanzada en un espacio tan singular como el iberoamericano, donde el intercambio, la gestión ya creación compartida de conocimiento han probado ser de enorme importancia en la mejora de la calidad de las instituciones de educación superior.

Para ello –y en colaboración con otras instituciones y organismos iberoamericanos-, promoveremos la creación de grupos de análisis, la realización de seminarios especializados, y la publicación de estudios e investigaciones. Son momentos para seguir reivindicando un tipo de cooperación académica avanzada de carácter horizontal que ponga el acento en las brechas de equidad, y un tipo de movilidad académica que tenga en cuenta el valor social que se basa en el impacto de la acción de cooperación en el territorio y en el fortalecimiento de la institucionalidad en los países de origen de los/las becarios.