Punto de Vista Rosa Menéndez CSIC

La baja proporción de mujeres en las áreas de ciencia y  tecnología es una de las preocupaciones de los organismos internacionales y también de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Si bien es cierto que en las últimas décadas se ha avanzado mucho en esa participación y representación, también es cierto que aún queda mucho por hacer. Según indican las estadísticas, a nivel mundial las mujeres representan el 28% del personal investigador; en la Unión Europea ese nivel se sitúa en el 33% y en España en el 38%; sin embargo, en áreas como la ingeniería y la tecnológica solo se alcanza el 24%.  En los últimos años las estudiantes en Grado y Master en las carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) en la Universidad Española han ido descendiendo. A modo de ejemplo, en el curso académico 2015-2016, las matriculaciones en estas carreras no superaban el 25%.

La falta de vocaciones femeninas en áreas científicas y especialmente tecnológicas puede tener una explicación desde los primeros niveles de la educación. Un estudio publicado en Science mostraba que las niñas (desde los 6 años) se perciben a sí mismas menos brillantes e inteligentes que los niños. Otro estudio reciente realizado en el Reino Unido, sobre estudiantes entre 7 y 11 años, concluía que los chicos quieren ser ingenieros 4 veces más que las chicas, y el doble quieren ser científicos. Por otra parte, las chicas quieren ser dos veces y media más médicas que los chicos y hasta 9 veces más profesoras que sus compañeros.

Aquellas mujeres que deciden realizar una carrera investigadora y/o tecnológica, es decir, han completado su doctorado, y se encuentran en su etapa postdoctoral, en muchas ocasiones, se pueden encontrar frente a una etapa crucial. Esta etapa coincide con la opción de esas mujeres a su posible maternidad y nuevas obligaciones familiares. El esfuerzo que requiere seguir adelante en la carrera científica se multiplica en esta etapa respecto al de sus compañeros varones, que puede conducir a un “abandono” de la carrera investigadora. Esto se ve claramente en los Informes de la UE, del Ministerio de Ciencia e Innovación y en los Informes anuales que la elabora la Comisión de Mujeres y Ciencia (CMyC) del CSIC. Estos informes muestran que las mujeres finalizan los Grados universitarios en mayor proporción que los hombres (56%) y con mejores expedientes, alcanzan el 50% de los doctorados, pero solo alcanzan el 38% de los contratos del programa R&C, proporción que sigue bajando según se avanza en la carrera investigadora hasta llegar a un 22% de catedráticas de universidad o un 26% de profesoras de investigación en el CSIC.

La representación en ámbitos más tecnológicos tampoco es muy relevante, según el Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación, las cifras de empleo directo para mujeres, derivado de los proyectos CDTI de I+D e innovación en 2018 fue de un 31%, con un porcentaje de inventoras del 17% (algo mejor que en Europa, que está en el 9%).

Este análisis nos muestra que hay que actuar desde etapas muy tempranas en la formación de los niños y las niñas. Hay que trasmitir confianza a las niñas en el sentido de que son capaces de alcanzar las mismas metas que sus compañeros, ya que el talento y la curiosidad no tienen género. Este trabajo de concienciación debe realizarse desde las familias (apoyando a las niñas que quieren realizar carreras científicas y técnicas), en los colegios y en las editoriales de los libros de texto (mostrando más modelos femeninos y potenciando las capacidades de cada alumna o alumno) y a la sociedad mostrando la necesidad de igualdad y equidad en la formación y desarrollo de las personas.

La eliminación de estereotipos y sesgos de género es fundamental para conseguir sistemas de evaluación de méritos justos que garanticen igualdad de oportunidades y que eviten la pérdida de talento. En el CSIC estamos trabajando en este sentido y se ha conseguido reducir el índice del techo de cristal a 1,37, valor que está muy por debajo de los correspondientes valores medios europeos y español. Además, desde el CSIC también se está trabajando activamente, al igual que desde la UE, en la incorporación del género en la investigación, ya que ello asegura unos resultados y conclusiones más precisos y efectivos en todas las ramas del conocimiento.

Está demostrado que los equipos de investigación con igualdad de género tienen mayores capacidades, son más creativos, innovadores y productivos. Un informe de la Morgan Stanley sobre 108 compañías tecnológicas, mostró que, durante 2011-2016, aquellas empresas tecnológicas con una mayor igualdad de género tenían un promedio de productividad de un 5,4% superior anualmente que las empresas con menor diversidad de género.

Desde el CSIC llevamos muchos años trabajando para alcanzar una participación igualitaria de la mujer en la ciencia y la tecnología, y se han conseguido éxitos, a modo de ejemplo, los recientes premios Nacionales de Investigación (2019) otorgados a tres investigadoras del CSIC. No obstante, sabemos que queda mucho por hacer y por eso continuamos trabajando en esta tarea.

Rosa Menéndez

Presidenta del CSIC