En: Punto de vista

Una educación de calidad para el desarrollo de todos los talentos

Una educación de calidad para el desarrollo de todos los talentos

Foto Isabel Celaá

Las sociedades más desarrolladas y justas no son las que tienen mayores riquezas, sino aquellas que acumulan mayor conocimiento. La educación es el eje de todo cambio, personal y social. Es puerta a la economía y la herramienta más eficaz para construir el futuro.

Sin embargo, aunque el derecho a recibir educación es universal, siguen existiendo múltiples desigualdades que impiden su pleno desarrollo. Hablar de igualdad de oportunidades educativas significa no solo que los alumnos y alumnas accedan al sistema educativo, sino que puedan permanecer en él, culminar con éxito su formación y poder enfrentarse a su futuro laboral y vital con un bagaje que les permita obtener empleos y salarios dignos y lograr su pleno desarrollo personal. En definitiva, hablar de igualdad de oportunidades educativas no es otra cosa que tener un sistema justo que permita que todas las personas desarrollen al máximo sus capacidades y contribuyan así al desarrollo económico y al bienestar social de su país.

La equidad y la excelencia son la esencia de la nueva ley de Educación que acaba de entrar en vigor, porque no puede haber educación de calidad sin equidad.

En España, cada año nos privamos del talento de miles de jóvenes. Nuestro país lidera la tasa europea de abandono escolar: el 16,1%, cuando la media está en torno al 10%. Es una situación en parte provocada por un abuso de las repeticiones, una medida que los expertos coinciden en calificar de ineficaz y económicamente costosa: en España, el 28,7% de los alumnos de 15 años ha repetido alguna vez, según el informe PISA, cuando la media de la OCDE es del 11,3%.

La repetición es también una medida injusta, pues golpea con más fuerza a los que menos tienen. Los alumnos y alumnas procedentes de entornos socioeconómicamente vulnerables repiten 5,5 veces más que los que viven en hogares con más recursos, según un reciente estudio del Alto Comisionado para la lucha contra la Pobreza Infantil. Igualmente, la tasa de abandono escolar temprano se dispara hasta afectar a uno de cada tres jóvenes de entornos con menos recursos. Es un evidente fracaso del sistema que debemos corregir.

Nuestro reto es que el 90% de los alumnos y alumnas españoles superen la escolarización obligatoria y permanezcan en el sistema para alcanzar, al menos, una titulación de educación secundaria postobligatoria.

La nueva ley de Educación, LOMLOE, diseña un sistema más flexible, abierto y centrado en cómo se aprende, más que en cómo se enseña. Cambia el esquema de evaluación, prioriza el refuerzo escolar ante la repetición y ofrece un enfoque individualizado para atender todos los talentos. Dibuja además un sistema lleno de pasarelas, de tránsito entre diferentes formaciones y crea un nuevo tipo de bachillerato general.

Todo ello viene acompañado de un esfuerzo económico sin precedentes, con un incremento para este año del presupuesto del 139%. Vamos a crear 65.000 plazas del primer ciclo de Educación Infantil de titularidad pública (0-3 años); hemos aumentado sustancialmente el importe de las becas y cambiado los criterios para asegurarnos de que llegan a quienes más las necesitan. Y, sobre todo, hemos incrementado las partidas destinadas a programas de refuerzo educativo en más de 3.000 centros de especial complejidad y vamos a implantar Unidades de Acompañamiento y Orientación Personal y Familiar del alumnado vulnerable.

Nos encontramos en un momento a la vez de incertidumbre y de esperanza. La situación epidemiológica no nos permite todavía proyectarnos con certeza, pero vislumbramos el mundo de después. Sabemos que la recuperación será dura, tanto aquí en Europa como en Latinoamérica. Pero tenemos también la esperanza de que la recuperación será la ocasión para avanzar hacia una sociedad más justa, más democrática, más inclusiva. En ese proyecto vamos a necesitar el talento de todos y para ello es necesaria una educación de calidad, inclusiva, equitativa.

En palabras de la filósofa Adela Cortina, “no se construye una sociedad justa con ciudadanos mediocres, ni es la opción por la mediocridad el mejor consejo que puede darse para llevar adelante una vida digna de ser vivida. Confundir «democracia» con «mediocridad» es el mejor camino para asegurar el rotundo fracaso de cualquier sociedad que se pretenda democrática. Por eso una educación alérgica a la exclusión no debe multiplicar el número de mediocres, sino universalizar la excelencia”.

Y universalizar la excelencia es justamente lo que pretendemos.

Isabel Celaá Diéguez
Ministra de Educación y Formación Profesional

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