El mes de mayo ha consolidado la agenda de la Fundación Carolina como un espacio necesario para el análisis de algunos de los desafíos más urgentes que atraviesan nuestras sociedades. Bajo el binomio de seguridad y democracia, la agenda de estas semanas se ha articulado en torno al seminario internacional «América Latina bajo presión: causas, realidades y soluciones ante la inseguridad», celebrado en Casa de América, y la inminente tercera fase del programa de liderazgo que organizamos junto a CAF -Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe- en Madrid: Programa formativo sobre valores e instituciones democráticas para líderes de América Latina, contando además con el marco global que ofrece la reciente presentación del Bertelsmann Transformation Index (BTI) 2026, en el que participamos.
Estos escenarios confluyen en una premisa: no es posible sostener democracias plenas bajo el asedio de la violencia y el crimen organizado, como tampoco existen soluciones legítimas ni duraderas a la inseguridad fuera del marco del Estado de derecho.
La urgencia de este debate queda refrendada por las alarmantes conclusiones del informe Bertelsmann 2026, presentado en Madrid el pasado 20 de mayo: 77 de los 137 países analizados son hoy autocracias; la cifra más alta desde la creación del índice en 2006. Si bien se detectan señales de recuperación democrática en naciones como Brasil o Polonia, el panorama global nos obliga a encender las alarmas. En América Latina y el Caribe, este retroceso democrático global se manifiesta con dinámicas propias. La desafección ciudadana hacia la institucionalidad no solo debilita los pactos sociales, sino que abre una peligrosa ventana de oportunidad para el deterioro de la gobernabilidad.
Tal y como se plasmó en el seminario, la inseguridad en la región latinoamericana dejó de ser un problema meramente policial para convertirse en una crisis multidimensional. La desigualdad estructural, la debilidad de las agencias estatales y las dinámicas criminales transfronterizas exigen respuestas que vayan más allá de la coyuntura. La seguridad ciudadana debe abordarse desde un enfoque integral que vincule la prevención, la reforma institucional en contextos de alta conflictividad, la cooperación judicial y el uso estratégico de las nuevas tecnologías.
Frente a la tentación de soluciones autoritarias o populismos que debilitan las garantías constitucionales, la respuesta de la Fundación Carolina es inequívoca: más y mejor democracia. El fortalecimiento de las instituciones democráticas es, en sí mismo, la política de seguridad más efectiva a largo plazo.
Por ello, la tercera fase de nuestro programa con CAF, que se celebra del 31 de mayo al 5 de junio, se centrará estratégicamente en la formación de liderazgos. Fortalecer las capacidades de los y las líderes del mañana es una condición sine qua non para dotar a la región de herramientas de gobernanza capaces de abordar los retos de seguridad pública con un respeto irrestricto a los derechos humanos.