Editoriales

Compromiso con la movilidad académica en el Espacio Iberoamericano del Conocimiento

Compromiso con la movilidad académica en el Espacio Iberoamericano del Conocimiento

El pasado 17 de marzo, la Fundación Carolina cerraba su última convocatoria de becas de posgrado; y, hasta el próximo 8 de abril, estará abierta la oferta de sus becas de doctorado. Con ello, un año más, la Fundación Carolina da cuenta de una de sus funciones centrales—ininterrumpida durante 20 años— de perfeccionar la formación académica, el incremento de capacidades, y facilitar el acceso a la educación superior a cientos de jóvenes de América Latina; reforzar la internacionalización de las universidades españolas y, en suma, intensificar la actividad de las redes de conocimiento iberoamericanas.

Como resulta habitual, las cifras de solicitudes reflejan el enorme atractivo que continúa suscitando el sistema de educación superior en España, así como la confianza y reputación consolidada que depara el marchamo “carolino”.  En esta ocasión, varias novedades han dotado de un rango distintivo a la convocatoria: en primer lugar, su lanzamiento bajo el marco de las “becas de la cooperación española”, que no solo subraya la armonización estratégica y operativa entre la AECID y la Fundación Carolina, sino que institucionaliza y visibiliza la realidad de una labor compartida por todos los actores de la Cooperación Española.  Un trabajo que, en este caso, apunta a la contribución al logro del ODS 4 de la Agenda 2030 (“educación inclusiva y de calidad”), pero que —por la misma naturaleza universal de la ciencia y la formación— atañe a todos los ODS.

La segunda novedad radica en la inclusión de nuevas modalidades de becas, como el “programa de los bicentenarios”, centrado en impulsar el volumen de becados/as centroamericanos/as coincidiendo con la celebración de las independencias en los países de esa región. Esta iniciativa se agrega al conjunto de innovaciones promovidas desde 2019, como la propia adaptación de la oferta formativa a las “5 P” de la Agenda 2030 (personas, planeta, prosperidad, paz y partenariados), o la articulación de un programa especial de becas STEM dirigidas a mujeres.

En tercer lugar, cabe destacar lo que —sin resultar estrictamente una novedad— sí representa una actualización acorde a la versatilidad de la institución, centrada siempre en el bienestar de las personas becadas: se trata de la atención garantizada a los protocolos de seguridad sanitaria establecidos en circunstancias de pandemia. Aun en la confianza de que la cooperación internacional rebase los conatos de “nacionalismos de las vacunas” que en la actualidad se atestiguan, y que en el curso 2021-2022 se continúe progresando hacia el restablecimiento de la normalidad académica, la experiencia ha demostrado que tanto la Fundación Carolina como las universidades con las que colabora están sobradamente preparadas para asegurar a su estudiantado las condiciones óptimas para proseguir de modo estable su formación. Más aún, en la Carolina estamos plenamente convencidos de que la educación —esto es: el conocimiento científico, la investigación, el intercambio de saberes y la innovación social— constituyen el complemento imprescindible para superar una crisis que no solo concierne a la salud, sino también, y cada vez más, a la cohesión social y a la institucionalidad democrática.

De ahí que desde la Fundación Carolina tengamos, de cara al futuro inmediato, la voluntad de ahondar en un enfoque de cooperación avanzada, que sume a las premisas ya asumidas (enfoque de género, sostenibilidad inclusiva, derechos humanos) un compromiso adicional de combatir, desde el terreno que nos ocupa, las brechas de desigualdad o de digitalización que acechan a la región. Y es que no cabe dar un paso atrás en los logros educativos obtenidos.

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