“Debemos redefinir la narrativa del desarrollo, cambiar los enfoques y las herramientas”.

HABLAMOS CON I MARIO PEZZINI

 

Mario Pezzini es el director del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y consejero especial para el Desarrollo del secretario general, Ángel Gurría.  Le entrevistamos durante su visita a España para participar en el seminario “La Agenda 2030 y el desarrollo en Iberoamérica. Retos para las políticas de cooperación internacional”, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los días 6 y 7 de junio.

¿Llegará a tener “desarrollo en transición” carácter y aplicación universales? ¿Cree que eso es posible?

Sí, porque el debate empezó a iniciativa  de África del Sur, seguido de países como Ghana o Costa de Marfil; seguramente también hay interés en Asia, en países como Tailandia o Vietnam. Estamos hablando entonces de un tema universal, porque ¿qué significa “desarrollo en transición”? Significa cómo el sistema de cooperación internacional debe transformarse y transitar en la dirección de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Y cuáles son las ventajas que tiene “desarrollo en transición” sobre el sistema de cooperación anterior?

El sistema de cooperación anterior, como todo cuerpo social, ha tenido una evolución en el tiempo: se ha modificado, se ha adaptado frente a la implementación práctica de las acciones y también de los problemas, pero en el origen fue construido con un objetivo bastante claro: cómo ayudar, a la gente que estaba por debajo de la línea de pobreza extrema, a cruzar la línea; la idea, en el fondo, era realizar transferencias financieras a estas personas. Ahora, al cambiar esta visión, el sistema de cooperación debe adaptarse.

Sabemos que el tema de la pobreza es un tema complicado, y aún lo es más cuando una familia cruza la línea de la pobreza extrema. En primer lugar, porque puede regresar a esa pobreza extrema. Y en segundo lugar, porque se enfrenta a otro tipo de retos, que las transferencias financieras por sí solas ya no pueden ayudar a solucionar. Por eso hoy pensamos que el objetivo no es conseguir un nivel de renta personal, sino un objetivo de bienestar y, por ello, se deben tener en cuenta muchos más tipos de intervenciones, políticas, técnicas, etc   En este sentido, la transición del sistema de cooperación internacional es indispensable, porque hemos puesto una serie de Band Aid (tiritas) en el antiguo modelo y ahora debemos empezar a redefinirlo. Debemos redefinir la narrativa del desarrollo, cambiar los enfoques y las herramientas.

La Fundación Carolina tiene un patronato en el que hay muchas empresas. Ahora parece que para alcanzar los Objetivos de la Agenda 2030 y aplicar “desarrollo en transición”, se considera que el sector privado es indispensable.

Por supuesto, porque si como digo, nos enfocamos en los diferentes objetivos -recordamos que los objetivos son 17, articulados en numerosas metas y muchos indicadores-, pues bien, hay una serie de objetivos que no se pueden alcanzar si otros actores, distintos del sector público, no están involucrados. Nos referimos, por supuesto, a las empresas, porque en muchos casos se trata de pensar en infraestructuras, se trata de pensar en digitalización, se trata de pensar de otra manera para utilizar los recursos naturales no renovables, se trata de pensar en qué tipo de desarrollo rural, y también urbano, se va a producir en los países en desarrollo. Y aquí las empresas tradicionalmente tienen un papel fundamental. También las fundaciones. También es importante la sociedad civil. No se puede pensar en trabajar los ODS si no se tiene al mismo tiempo en cuenta diferentes actores que deben sentarse a una misma mesa para discutir y para tener todo el saber que se necesita. Frente a una nueva narrativa que va más allá de los aspectos financieros, es evidente que hay que acercarse a otros actores, como los alcaldes, la empresa privada, para pensar bien qué hacer y cómo hacerlo. Esto es indispensable.

Pero tomemos en cuenta otra cosa, un dato que es particularmente significativo: en los años noventa ha habido trece países que han tenido una tasa de crecimiento económico más del doble de la OCDE, se trataba de China, Chile, Malasia y otros. Entre 2000 y 2010, los países que han tenido una tasa de crecimiento más del doble de la OCDE fueron, ochenta y tres. Esto significa que la geografía de crecimiento del mundo ha cambiado. Desafortunadamente, en muchos casos el crecimiento económico no se ha traducido en bienestar general. En muchos casos ese es el reto que se ponen los países en desarrollo: cómo hacer una ciudad mejor organizada, cómo labrar campos que sean más productivos, cómo hacer industrias para favorecer el trabajo local. Y esto son las cosas que muchas empresas privadas saben hacer, multiplicándose las oportunidades del conocimiento.

En el seminario “La Agenda 2030 y el desarrollo en Iberoamérica. Retos para las políticas de cooperación internacional”, se ha repetido hasta la saciedad lo mucho que ha cambiado en los últimos años el mundo. Incluso ha cambiado la Agenda 2030, como decía Mario Cimoli, desde que se aprobó hasta hoy. Ese cambio tiene que ver, en cierta manera, con un choque entre lo que podríamos llamar las distintas visiones del multilateralismo y otras políticas más concentradas, más orientadas. ¿Eso va a impedir o va a ser un obstáculo para que se puedan lograr el mayor número de objetivos posibles de la Agenda 2030?

Claro que sí. Tenemos que encontrar una solución apropiada a un problema complejo, como hacer más larga la vida de los ciudadanos de un país en desarrollo. Hay ocho años de diferencia entre la vida de un ciudadano de un país de la OCDE y otro de un país de América Latina. Ocho años son muchos, entonces, trabajar sobre este tipo de problemas, necesita de la movilización de mucho saber, de muchas ideas, de muchas cosas. Esto requiere necesariamente de un trabajo multilateral, puede ser internacional o puede ser local, pero multilateral.

Si regresamos a la idea de que el problema solo es una transferencia financiera, es evidente que no vamos a solucionar el problema. Yo pienso que lo que necesitamos es una forma de multilateralismo más sofisticada que la del pasado. No se trata de dejar de lado la experiencia acumulada, eso sería un error. Sino de reformar el multilateralismo a partir de lo que ya tenemos, sumando actores y sumando herramientas. Por ejemplo hay una dimensión que a mi me parece cada vez más importante en el multilateralismo, se trata de la dimensión regional. Precisamente, porque hay conflicto a nivel global, se va a reforzar mucho la conexión a nivel de una región. ¿Estamos preparados para enfrentar ese tipo de problema? En América Latina contamos con la CEPAL que puede trabajar en ello, pero no es el caso en los otros continentes, a pesar del esfuerzo que está haciendo la Unión Africana. Cómo fortalecer también la dimensión regional en el multilateralismo, es un tema muy importante.

El día 20 de junio se presentó en Madrid el informe “Perspectivas económicas de América Latina, 2019″(LEO 2019), que de alguna manera ha puesto de manifiesto el “desarrollo en transición”. En el mismo se habla de las cuatro trampas del desarrollo: la de la productividad, la de la vulnerabilidad social, la institucional y la medioambiental ¿Esas trampas son los retos que hay que superar en el inmediato futuro?

No solo en el futuro inmediato sino desde ya mismo. Durante muchos años hemos pensado que había una sola trampa, que era la trampa de la pobreza extrema y, en realidad, hay mucho más que esta trampa. Si tomamos a los países de Latinoamérica, en los que la renta per cápita es relativamente elevada -en promedio Latinoamérica tiene la misma renta per cápita que China-, podemos fácilmente constatar que el tipo de avance que se ha producido en el tiempo es incompleto ¿Por qué? Porque si miramos, por ejemplo, la seguridad personal, en América Latina hay países de renta alta donde el nivel de seguridad es comparable al de los países de renta medio baja. Y lo mismo pasa con la esperanza de vida. Por supuesto se debe de seguir trabajando, intentando superar la trampa de la pobreza extrema, pero hay que enfocarse en superar en lo más inmediato estas otras cuatro trampas, porque si no lo hacemos podemos confundir el crecimiento económico con el desarrollo y la renta con el bienestar. Ambas están, por supuesto, relacionadas, pero no son sinónimos.