Hablamos con

Hablamos con, Fernando García Manosalva

Hablamos con, Fernando García Manosalva

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Fernando García Manosalva
“En Colombia pensamos que la cooperación debe ser reevaluada desde la perspectiva de política migratoria internacional y se debe concebir en términos de corresponsabilidad”.

Entrevistamos a Fernando García Manosalva, director de Migración Colombia en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Colombia. Es politólogo por la Universidad de los Andes de Bogotá, estudio Relaciones Internacionales en la Universidad de Gotemburgo y tiene una especialización en cultura de paz por la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Anteriormente, se desempeñó como subdirector de asuntos internacionales de la Alcaldía de Bogotá, asesor del senador Gustavo Petro y tiene experiencia en la gestión y administración de proyectos migratorios.

¿Podrías resumirnos la experiencia migratoria de Colombia en los últimos diez años?

La experiencia ha sido de grandes cambios a través del tiempo, dado que Colombia era —hasta hace unos pocos años— un país “expulsor” de población colombiana que emigró en una amplia diáspora que se desplazó a los países vecinos como Venezuela, a EE.UU., e incluso a países de continentes lejanos como Australia.

Hoy, Colombia mantiene la misma tendencia a expulsar población. Es así como, en la frontera entre México y EE.UU., el promedio mensual de 2022 registró un flujo de entre 10.000 y 14.000 personas de nacionalidad colombiana. De igual forma, muchos colombianos siguen emigrando hacia Europa, particularmente a España. Pero ya no es un país exclusivamente “expulsor”. Como cambio fundamental, hoy experimentamos una “inmigración” profusa desde Venezuela. Según cifras oficiales, se estima que 2,5 millones de personas de nacionalidad venezolana se encuentran en proceso de regularización —además de otra población venezolana que no está registrada, pero que está asentada en Colombia—.

Además de esto, por su ubicación geopolítica, Colombia se encuentra en el camino de tránsito hacia América del Norte, a EE.UU. en particular. Es un hecho cierto que el “sueño americano” sigue representando una expectativa de millones de personas como la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. Por esa razón, personas de nacionalidades diversas de América Latina atraviesan Colombia, aunque también se registra el tránsito de personas de África y Asia.

Actualmente, ¿cómo se coordina el trabajo entre entidades públicas, privadas e internacionales para atender a los migrantes asentados —o en tránsito— en Colombia?

Al respecto de esta pregunta me gustaría plantear que, desde que estoy en el cargo actual —director de Migración del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gobierno de Colombia— hemos sostenido en un primer espacio, un profuso intercambio de opiniones, comunicación e información entre las diferentes autoridades de muchos países latinoamericanos, y con EE.UU. y Canadá. En un segundo espacio, hemos tenido intercambios con países de la UE, con los cuales hemos tenido un encuentro reciente en Bruselas (en la Conferencia Internacional de Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos y sus países y comunidades de acogida, del 16 y 17 de marzo de 2023, coordinada por la UE y Canadá) precisamente para sistematizar la distribución de recursos destinados para alrededor de 17 países que están conteniendo la diáspora venezolana y que requieren insumos para su integración social y económica.

Ahora bien, a nivel interno hemos realizado múltiples esfuerzos coordinados con distintas entidades del Estado colombiano, tales como la policía, la Fiscalía, el Ejército nacional, pero también entidades que se encargan de realizar inversión social y económica para la integración de las personas, como el Ministerio del Interior, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el Ministerio de Salud y Protección Social y el Ministerio de Educación Nacional de Colombia (MEN) —entre otros—, de tal manera que podamos responder a un hecho tan inusual en la historia del país, como es la llegada y la estadía de una población migrante significativa para Colombia, que supera los 2 millones de personas.

¿Cuáles consideras que son las principales iniciativas llevadas a cabo por el Estado colombiano que han permitido integrar socialmente a los migrantes venezolanos? 

Antes de comentar las iniciativas que se están realizando desde el Estado colombiano, empezaría por hablar de las dinámicas específicas que se han venido dando los últimos años. Como contexto, se debe señalar que la sociedad colombiana tiene un límite —como todas las sociedades— para absorber población migrante, que viene determinado por sus capacidades y el desarrollo de su economía. De tal manera que, desde que el inicio del actual gobierno, en agosto de 2022, se podría afirmar que en el sector agrícola ha sido fundamental la participación de la población venezolana migrante, porque la cosecha de café se pudo recoger en los tiempos establecidos, gracias a muchas de las manos de esta población inmigrante; y este no es un hecho menor, recordemos que en Colombia el sector cafetero es un renglón importante dentro de su economía.

Por otro lado, debo acotar que, aunque no es parte de las iniciativas del Estado colombiano, no se puede desconocer que los venezolanos también hacen parte de un sector económico que no está integrado al conjunto de la sociedad colombiana. Este es el sector que denominamos “economía informal”, que, aunque no esté integrado, es fundamental para la supervivencia de sector del país, y en ello también contribuyen significativamente los migrantes venezolanos.

En lo que se refiere a los esfuerzos del Estado colombiano, se ha atendido a la población inmigrante desde su llegada, no solo a través de una ayuda humanitaria que se ha desarrollado con el apoyo de la comunidad internacional, sino que se ha centrado en la prestación de dos servicios: el primero, la educación, puesto que es un derecho fundamental de todas las niñas y niños; y el segundo, la salud. Por otra parte, se comienza a abrir otro espacio de apoyo social como pequeñas ayudas a la población migrante de parte del Estado colombiano, y se reconoce la participación de migrantes venezolanos en pequeñas empresas como empleados en pequeños negocios que dan atención al público.

Existe también un sector de la población migrante venezolana con alta cualificación académica y profesional, y altos niveles de especialización, que les ha permitido insertarse laboralmente en otros espacios. Y es un proceso problemático que no se ha estudiado a fondo, ya que una parte de la población colombiana lo ha “resentido”. No solo por la profusión y llegada de un importante flujo de migrantes venezolanos en un corto tiempo —lo cual hace que la población de acogida tenga dificultades para absorberla, sobre todo, aquellos con menos recursos y capacidades, ya que se sienten “desplazados” parcialmente—, sino porque permite explicar, parcialmente, que estén emigrando colombianos —“hoy como ayer”—, con la perspectiva de tener posibilidades de futuro en otros países.

En el ámbito migratorio las iniciativas individuales de los Estados son importantes, pero también son determinantes las iniciativas dentro de un impulso de carácter regional o con un alcance más colectivo. En este sentido, ¿cuál ha sido la experiencia de Colombia en los espacios de diálogo regional para atender la rápida evolución de migrantes venezolanos en la región?

Como mencioné antes, Colombia se encuentra en una especie de “embudo geopolítico” en términos de su situación en el continente, ya que, junto a Panamá, somos el paso obligado de muchos migrantes que utilizan a estos países como tránsito. Por esta razón, los países de destino están interesados en que la población de tránsito tenga algún tipo de regulación por parte de los países por los que atraviesan estas corrientes migratorias. Entonces, sí hemos tenido un apoyo decisivo de la cooperación internacional, pero sobre todo para atender a esa población en tránsito. Y me refiero a una ayuda que es fundamentalmente de carácter humanitario.

No obstante, para llevar adelante los procesos de integración de esa población que se ha quedado en Colombia, la ayuda ha sido mínima con relación a la necesidad. Por ejemplo, en el marco de la reunión en Bruselas a la que me referí previamente (la Conferencia Internacional de Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos y sus países y comunidades de acogida 2023), es una realidad que los fondos que allí se canalizan no logran atender cabalmente las necesidades de la población migrante. Particularmente, la ayuda que recibió Colombia, en suma, resolvería la atención de los migrantes solo para un mes. Y eso no puede ser posible en términos de recursos de políticas que requerirían ser más serias para la atención de seres humanos.

Por esa razón, pensamos que la cooperación debe ser reevaluada desde la perspectiva de política migratoria internacional, y más bien se debe concebir en términos de corresponsabilidad, fundamentalmente, porque las crisis políticas, económicas y sociales han incidido en que las personas no puedan vivir en su propio país. Y esas crisis son provocadas por interrelaciones internacionales, pero también por políticas internas. Entonces, de alguna manera todos somos corresponsables de esos fenómenos que han acontecido en el continente americano, y como tal, debemos realizar mayores esfuerzos para contenerlos, para resolverlos y para dar una salida digna a los migrantes que se ven afectados por esos procesos.

Venezuela y Colombia están retomando la relación bilateral, ¿cuáles serían las perspectivas del tema migratorio dentro de la agenda bilateral?

Dentro de la agenda bilateral nosotros desearíamos que Venezuela jugara un rol mucho más destacado, y sobre todo de participación en escenarios multilaterales frente al tema migratorio. En términos más amplios de la política bilateral, creemos que es fundamental fortalecer la economía venezolana a partir del intercambio comercial entre Colombia y Venezuela, sobre todo en la zona de frontera, ya que muchas personas viven en un lado de esta, pero trabajan en el otro lado. Y así una infinidad de relaciones de interdependencias, donde creemos que la decisión fundamental que va a aliviar la situación económica de Venezuela es la que tiene que ver con la apertura de la frontera, puesto que se ha comenzado a dinamizar la economía de las personas que viven en el costado fronterizo, lo que nos demuestra además que haberla cerrado significó un “crimen” contra la calidad de vida de las personas que viven en la línea fronteriza.

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