Hablamos con

“La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo”

“La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo”

HABLAMOS CON

Enrique V. Iglesias
La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo

Ex Secretario General Iberoamericano

Enrique V. Iglesias, ex Secretario General Iberoamericano, lleva en su sangre lo iberoamericano, ya que nació en España para emigrar a los tres años a Uruguay. Con motivo de la reciente presentación de su libro Las Cumbres Iberoamericanas. Una contribución a su historia, hablamos con él, entre otros temas, de la importancia de las propias cumbres, de la cultura y el desarrollo en la cooperación iberoamericana, así como de su experiencia como Secretario General Iberoamericano.

Acaba de coordinar el libro Las Cumbres Iberoamericanas. Una contribución a su historia. ¿Por qué es importante escribir la historia de las Cumbres Iberoamericanas?

Yo creo que siempre es importante ayudar a la historia a recordar, en lo bueno y en lo malo, los hechos que van aconteciendo. En la historia de las relaciones entre España, Portugal y América Latina, ha habido ciertos momentos muy importantes, con mucha influencia y con mucho impacto político y social. La creación de las cumbres fue uno de esos momentos. Coincidió con el fin del siglo pasado, un momento histórico influido por el hecho de que América Latina había recuperado las democracias, un periodo de diálogo vinculado al V Centenario, que fue muy dinámico; una fecha realmente importante para América, para la Península Ibérica y para el mundo.

Ese contexto generó un clima que propició la aparición en escena de las cinco personas que, de alguna manera, tuvieron la iniciativa de generar una movilización política de diálogo entre las dos orillas del Atlántico; entre América y la Península Ibérica. Esas personas fueron, en primer lugar, el Rey Don Juan Carlos, que fue el que tuvo la iniciativa inicial; Felipe González, que siendo presidente del Gobierno visita México, se encuentra con su presidente Salinas de Gortari -la tercera persona- y juntos conciben la idea de crear esa movilización aprovechando el clima de recuperación democrática y de las celebraciones del V Centenario. Invitan también a la cuarta persona involucrada, Mario Soares, líder portugués y gran latinoamericanista, animando así a la quinta persona que impulsa de alguna forma las cumbres, el presidente de Brasil, Collor de Mello.

Estas cinco personas, de alguna manera, conciben la idea de realizar unas cumbres anuales a partir de 1991, cuando se celebra la primera de estas reuniones. A ella asisten todos los presidentes de América Latina y los primeros ministros o jefes de gobierno de Portugal y de España, así como el presidente de Portugal y el Rey de España. Así nació esta iniciativa, a la que cuando uno mira con perspectiva histórica, ya han pasado 25 años -27 en realidad-, se trata de 25 reuniones anuales; un hecho bastante excepcional en la historia de las relaciones internacionales. No siempre se juntan los 24 jefes de estado y de gobierno, pero nunca se ha quedado una silla vacía, siempre ha aparecido o un vicepresidente o un canciller.

Las reuniones se celebraron en un clima que yo creo que ha sido muy importante, porque el ambiente era muy distendido, muy informal, muy de amigos, que no es poca cosa. Es fundamental que esta comunidad apunte a eso. Hay un dato que yo siempre menciono: el único lugar en el que el presidente cubano, Fidel Castro, podía conversar con sus colegas en los diez primeros años, era en las Cumbres Iberoamericanas, hecho que demuestra los activos que tenía esta iniciativa.

Al principio las reuniones eran informales, mucho coloquio sobre los temas más relevantes de América, Europa y el mundo, pero luego se pensó que había que usar esta herramienta para promover la cooperación. Nació una primera tentativa de creación de una Secretaría para la Cooperación, de fomentar un proyecto de cooperación, hasta que posteriormente se genera ya la Secretaría General Iberoamericana, que surge en el 2005, y está ahora funcionando con buena salud y mucha actividad.

¿Cuál es su valoración del periodo 2005 – 2014, años en los que fue Secretario General Iberoamericano?

Para mí fue un periodo muy importante, en lo personal fue volver un poco a España; me había ido cuando tenía 3 años, y aunque volvía muy a menudo, fue la primera vez que comencé a venir a radicarme en España. Vine para armar este ejercicio con entusiasmo, con mucha gente que me acompañó para formar esta Secretaría, darle una estructura internacional, con todas las formalidades que tiene todo este esfuerzo.

Siempre tuvimos una gran colaboración de los gobiernos españoles y portugueses, y un gran apoyo y seguimiento de todos los países de América Latina. Armamos todo un árbol de áreas de cooperación en lo económico, en lo social, en lo cultural, y en lo político, que, de alguna forma, le dieron contenido a esta iniciativa, que va creciendo por sus importantes objetivos y contribuciones.

Resulta interesante destacar que la cooperación iberoamericana, particularmente de España con América Latina no es nueva. Hace setenta años que se creó la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), y posteriormente se crearon otras instituciones vinculadas con otros temas, como con la justicia o con los problemas de la seguridad social, que es otro de los temas que España empezó a privilegiar hace más de cincuenta años. Es decir, la idea de cooperar siempre existió. Aún en los periodos difíciles de las relaciones políticas entre España y América Latina, siempre hubo una vocación de apoyar la cooperación y de alimentar una relación que estaba más allá de los encuentros políticos que existieron en esa época.

¿Qué papel juegan para usted la cultura y la movilidad académica en el futuro de lo Iberoamericano?

Respuesta: Las dos son realmente muy importantes. La cultura es la base, el sustrato de la comunidad. Cuando hablo de cultura hablo de valores, de tradiciones, de dos lenguas que unen a toda la región, más allá de las lenguas vernáculas que existen y que son muchas, y, sobre todo, con objetivos comunes en materias de democracia.

La cultura es el mayor activo que tiene la Comunidad Iberoamericana, siempre lo pensé. Por eso, de alguna manera, el sector cultural tuvo gran prioridad durante todo este periodo y lo sigue teniendo, porque realmente es el gran capital que tiene la comunidad iberoamericana, y la que la distingue de otro tipo de relaciones, incluyendo la de Europa. Es decir, hay más cosas para compartir en esta comunidad que las que realmente se comparten en Europa, donde hay un conjunto de culturas que se agrupan pero que tienen sus identidades propias. En América Latina también las hay, pero el sustrato común es realmente muy vigoroso.

¿En qué medida es importante la cultura vinculada al desarrollo?

La cultura es la base sobre la que debería asentarse la política de desarrollo, porque en la cultura están los valores fundamentales que mueven a una sociedad, para proceder y distribuir con igualdad y justicia. Esos valores son fundamentales en cualquier estrategia del desarrollo. Es decir, sirve para beneficiar a la sociedad. No solo a su bienestar físico, sino a su bienestar espiritual. Son valores comprometidos. La política de desarrollo no puede ser insensible a trabajar para los valores, porque ese es el objetivo central del desarrollo económico social inclusivo.

Usted llegó a Uruguay con tres años. Uruguay le acoge a usted y a su familia, le forma y le educa. Es increíble el papel de Uruguay acogiendo a la migración. ¿Cómo se siente usted?

Me siento, primero, muy agradecido y muy orgulloso de ser uruguayo. Como usted dice, llegué con tres años y el país me abrió todas las puertas. Nunca me sentí otra cosa que uruguayo, y siempre recuerdo que nací en Asturias. Tanto es así que tengo una Fundación, la que publica este libro, que se llama Fundación Astur, ¡por algo será! De alguna manera, mi origen siempre ha estado presente, pero nunca he sentido en mi país que alguien me señalara el no haber nacido en Uruguay, o el no tener acceso a cualquier cosa, menos una, que es el ser presidente de la República, (ríe), afortunadamente.

Entre sus muchos cargos, usted ha trabajado para Naciones Unidas, y fue Secretario Ejecutivo de la CEPAL en una época difícil, durante la dictadura de Pinochet, ¿qué recuerdos le trae esta época?

Recuerdos buenos y recuerdos duros, tristes. Chile siempre fue un país muy abierto a la cooperación internacional y a la presencia internacional. La CEPAL fue creada en Chile en 1948 y eso fue debido, precisamente, a esa vocación internacionalista que ha tenido siempre el país, y eso hizo que Santiago se convirtiera en una de las grandes capitales de Naciones Unidas. La CEPAL fue para mí un lugar muy importante de formación desde mi temprana juventud, porque conocí muy de cerca los trabajos pioneros que lanzó su fundador, el Dr. Prébisch. Siempre he tenido una relación muy estrecha con la CEPAL y con su Instituto de Planificación.

Era un poco volver a casa, al alma máter de mi formación en las disciplinas de ciencias económicas y sociales. Fue un periodo muy interesante, pero nos chocamos con que yo empecé allí en 1972 y un año después comenzó el periodo autoritario hasta 1990, y me tocó vivirlo en sus momentos más duros y más difíciles. Fue cuando aprendí la importancia de las Naciones Unidas, especialmente la trascendencia de los derechos humanos y la valoración de los grandes objetivos en libertad y democracia. Aprendí cómo esta institución pudo, con su bandera azul, ayudar en momentos muy difíciles a personas e instituciones como parte de la responsabilidad que tiene el sistema con respecto a esos temas.

De manera que fue una experiencia muy grata trabajar para la CEPAL y agradezco la oportunidad de haber podido estar con la bandera de Naciones Unidas al servicio de los problemas de la gente y de sus instituciones. En ese sentido, tengo recuerdos muy tristes de la gran división en la familia chilena, un país que yo quiero mucho. Soy muy amigo de Chile, me siento muy cerca de ese país. Ver su salida hacia la democracia fue muy grato y muy importante para terminar ese periodo tan difícil.

Y del pasado, al presente. Estamos todos muy preocupados con la situación en Venezuela y hace pocos días el Mecanismo de Montevideo le señaló a usted como uno de los posibles negociadores del conflicto. ¿Cuál es su postura?

Es un problema muy difícil. Por supuesto, siempre que se pueda ayudar a recuperar la paz y la convivencia hay que estar a la orden. Y es con ese espíritu que estaría dispuesto a colaborar con esta iniciativa que claramente tiene algunas condiciones previas. La primera es que realmente las dos partes quieran aceptar esta iniciativa como un instrumento de diálogo y de cooperación. Eso todavía no está claro y por tanto este mecanismo está a la espera de lograr estos consensos.

Luego, por supuesto, está el compromiso de dar salida a los problemas dificilísimos que tiene Venezuela, comenzando por el tema de las elecciones o el respeto a los derechos humanos y a todos los temas que entrarían en un paquete negociador. Habrá que esperar un poco a ver cómo evolucionan los hechos, la situación no es nada fácil, es muy peligrosa, y hay mucha gente sufriendo. Habría que tratar las soluciones cuanto antes para ayudar a revertir la situación tan difícil que vive la sociedad venezolana.

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