Punto de vista

La XXVII Cumbre Iberoamericana de Andorra: consenso, inclusión y cooperación

La XXVII Cumbre Iberoamericana de Andorra: consenso, inclusión y cooperación

Con cierta frecuencia, los medios de comunicación suelen medir el éxito de un encuentro del más alto nivel político por el número de mandatarios participantes y, sobre todo, por la asistencia de aquellos que supuestamente tienen mayor peso en la toma de decisiones en el contexto internacional.

Hay, indudablemente, alguna lógica en ello, pues las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno son el momento culminante de un largo proceso de tratativas en las que se definen acuerdos y políticas comunes que, en última instancia, son los que determinan si en realidad ese trabajo ha dado o no ha dado los resultados esperados.

Y la asistencia a ese evento central no es sino la demostración del interés que se genera en torno a las decisiones que se alcanzan. Pero también es la expresión de una voluntad de querer ser parte, de seguir perteneciendo a un grupo de países que continúa siendo determinante, que es coherente y que se mantiene unido a pesar de las diferencias ideológicas o de intereses que puedan subsistir entre los miembros.

Además, la ausencia de uno u otro miembro puede ser circunstancial, porque la verdad es que los países nunca dejan de estar representados por alguna de sus autoridades y las decisiones se toman en nombre de todos.

Huelga señalar, por cierto, que todo ello ha ocurrido en la XXVII Cumbre Iberoamericana de Andorra, celebrada el pasado día 21 de abril, bajo las extraordinarias condiciones en las que ha debido realizarse debido a la pandemia de la COVID-19, que tan duramente ha afectado a nuestros países. A pesar de ello, han estado en Andorra los Jefes de Estado y de Gobierno de España y de Portugal, gracias a su proximidad geográfica, además de los de República Dominicana, país que asumirá la Secretaría Pro Tempore en el bienio 2021-2022, y de Guatemala, país que tuvo a su cargo la anterior Cumbre. Todos los demás países han estado presentes de forma telemática y 19 de los 22 lo han hecho a través de sus más altas autoridades. 

Y lo que es más importante aún, el espíritu que ha prevalecido a lo largo de estos dos años ha sido el del consenso y el de la inclusión, siempre bajo el extraordinario liderazgo asumido por el Principado de Andorra desde el momento en que promovió el lema de la “Innovación para el Desarrollo Sostenible”, que fue la referencia para los trabajos del bienio en todas las reuniones de la Conferencia.

En realidad, los encuentros iberoamericanos, y todos los eventos de importancia multilateral, deben medirse sobre todo por la repercusión de sus contenidos en nuestras sociedades. Y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que esta Cumbre la tendrá, porque ha sabido buscar y promover oportunamente las respuestas que la opinión pública requiere con urgencia.

No se trata de elaborar propuestas, sino más bien de acordarlas, lo que no siempre es factible. Y pocas veces como en Andorra han surgido tantas. La Declaración política ha definido acciones muy concretas para avanzar de forma conjunta frente a la crisis sanitaria y socioeconómica que enfrentan nuestros países y para plantear los términos en los que debe hacerse efectiva la recuperación. Recuperación no ya de la normalidad o de los niveles de bienestar social que los países habían alcanzado antes de la crisis, sino más bien de las condiciones que nos permitan reencauzar el desarrollo humano y sostenible de una forma más equitativa, más plural y más acorde con el medio en el que vivimos. Tenemos que aprender y tomar conciencia de lo que ha ocurrido para proyectarnos mejor hacia el futuro.

Pero además de la Declaración y del significativo Compromiso por la Innovación para el Desarrollo Sostenible, los países han querido ir más lejos. 16 Comunicados Especiales han sido aprobados por los países, entre los que quisiera destacar muy particularmente cuatro.  

El primero, presentado por Ecuador, se refiere a la garantía del derecho a la salud y, muy especialmente, al acceso universal a las vacunas contra el coronavirus, como un reclamo conjunto para su justa distribución internacional. El segundo, promovido por Bolivia, está vinculado al alivio de la deuda externa. El tercero, impulsado por España y Chile, de muy difícil negociación, se centra en Cambio Climático y Medio Ambiente. Este Comunicado da un paso más allá de lo acordado en la Reunión de Ministros de Medio Ambiente, realizada en septiembre de 2020, y puede servir de referencia para los países iberoamericanos en las negociaciones que, en otros ámbitos internacionales, se realizarán durante este año. Por último, el referido al acceso al financiamiento externo para la recuperación de la pandemia de la COVID-19, presentado por Argentina y España, considera entre otras cuestiones la creación de un posible mecanismo o marco multilateral que permita que, en las condiciones de la deuda (incluyendo la deuda soberana), se incorporen las situaciones derivadas de crisis sistémicas. Y que asimismo valore, junto a los derechos e intereses de los acreedores, las necesidades de crecimiento y bienestar de los países afectados en una perspectiva de sostenibilidad a medio y largo plazo.

Y en todas estas decisiones ha prevalecido el consenso.

Rebeca Grynspan
Secretaria General Iberoamericana

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