Entrevista a Roberta Lajous, coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

HABLAMOS CON I ROBERTA LAJOUS

«La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) trata de avanzar en proyectos específicos, de interés para todos, de manera consistente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU.»

Foto: David Mudarra. Licencia CC

Roberta Lajous Vargas es coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Obtuvo la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México y la maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Stanford. Ha sido embajadora de México ante los gobiernos de Austria, Cuba, Bolivia y España, y representante permanente ante la ONU en Viena y Nueva York. Es autora del libro “Historia mínima de las relaciones exteriores de México 1821-2000” publicado por El Colegio de México. Hablamos con ella sobre las relaciones entre México y Estados Unidos y con España, su carrera diplomática y el futuro de la CELAC.

En su vida académica destaca el estudio, entre otros, de dos temas: las relaciones de México con Estados Unidos y la política exterior mexicana. ¿Qué comentarios le suscita la frase “Tan cerca de Dios y tan lejos de Estados Unidos”? Y a su juicio, ¿cuáles han sido los ejes directrices de la política exterior mexicana?

La política exterior de México ha oscilado entre ciclos de mayor acercamiento a Estados Unidos para buscar crecimiento económico y periodos de relativa distancia para afirmar la identidad nacional. En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y hace unos días, el 1º de julio para ser exactos, su sucesor: el T-MEC. Actualmente experimentamos un ciclo de creciente integración de las tres economías de América del Norte, el cual hemos encontrado beneficioso para convertirnos en una región competitiva en el mundo. A diferencia de Europa, el esquema de integración de América del Norte, es exclusivamente económico. México tiene además tratados de libre comercio con la Unión Europea, Japón y un número significativo de países de América Latina. Junto con Chile, Colombia y Perú integramos la Alianza del Pacífico. También participamos en esquemas de cooperación con economías del Pacífico asiático. Como España, somos un país de pertenencias múltiples.

Las encuestas de opinión sobre la posición de México en el mundo, revelan que los mexicanos vemos creciente ventaja en la vecindad con Estados Unidos. Sin embargo, la convivencia no ha sido fácil. Cuando fui directora general para América del Norte, en el siglo pasado, hubo un periodo de diferencias con Estados Unidos. Cuando mi jefe veía que yo perdía la paciencia con los temas fronterizos, me decía: “nos costaría mucho dinero mudarnos a un lugar más lejos”. Los diplomáticos mexicanos hemos aprendido, a lo largo de la historia, a encontrar ventajas en un matrimonio sin posibilidades de divorcio. Nuestras sociedades están cada día más vinculadas, no sólo a través del comercio y la inversión, también de la migración y de la cultura. Mas de 12 millones de personas que nacieron en México viven en Estados Unidos, a los que se suman sus hijos y los nietos de otros mexicanos que llegaron antes o ya estaban allí cuando los cruzó la frontera en 1848. Quienes se identifican con México forman una comunidad de más de 30 millones que le dan color y sabor a todo el suroeste de los Estados Unidos. También viven más de un millón de estadounidenses en México. La segunda lengua en Estados Unidos es el español y pronto tendrán más hispanohablantes que España.

En su carrera diplomática ha ocupado numerosos puestos en la Secretaría de Relaciones Exteriores y como embajadora estuvo destinada en Austria, varios organismos de Naciones Unidas, Bolivia, Cuba y España. ¿Cuál es el momento más importante en esa larga carrera diplomática? ¿Qué lecciones puede sacar de la misma?

A lo largo de 40 años he tenido el privilegio de ser testigo de momentos importantes en la historia mundial y de la acción diplomática de México. En Viena tuve la oportunidad de observar la integración de Europa después de la caída del muro de Berlín y ser embajadora concurrente en nuevos países que recién surgieron a la vida independiente: Eslovaquia, Eslovenia y Croacia. También viví la experiencia cuando mi país decidió encabezar, en la Organización de las Naciones Unidas con sede en Viena, el esfuerzo por abordar el problema de las drogas de una manera integral, que culminó tres años después en la Conferencia Mundial de las Drogas de 1988. Ese mismo año fui la primera mujer que presidió la Conferencia General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, también con sede en Viena, en el contexto de los recientes ensayos nucleares de India y Pakistán.

Tal vez el momento más difícil que he vivido, es estar dentro del edificio de la ONU en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, cuando fueron derribadas las Torres Gemelas. Fue una coyuntura compleja porque quedamos aislados del mundo por muchas horas y hubo que tomar decisiones. No sólo con respecto a los proyectos de resolución que se aprobaron al día siguiente y que cambiaron el concepto de seguridad mundial frente al terrorismo, sino para apoyar al personal de la Misión de México y el trauma que el evento nos ocasionó. Unos meses después ingresamos al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente y fueron tiempos difíciles por la fricción que despertó, con Estados Unidos, nuestra posición con respecto a la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak. No pude permanecer en Nueva York el tiempo que me hubiera gustado porque hubo una crisis política en la relación bilateral con Cuba y me enviaron como embajadora a la isla.

Cuando llegué a La Habana, me tocó el delicado papel de restañar las heridas en busca de una normalización diplomática. México fue el único país de América Latina que nunca rompió relaciones con la Revolución Cubana y con la llegada al poder de un gobierno de centro derecha en México, era preciso evitarlo. Somos países vecinos entre los que hay vasos comunicantes complejos que un embajador tiene que evitar se salgan de cauce. Mi estancia en La Habana seguramente fue una buena preparación para ser embajadora del segundo gobierno del PAN ante el primer gobierno de Evo Morales. Mi estancia en La Paz fue fascinante porque fui testigo de una revolución social con énfasis indígena. México había pasado unos años antes por el levantamiento indígena zapatista en Chiapas y las transformaciones legales que ello propició, tuvieron mucha relación con Bolivia. Nosotros nunca nos hemos considerado un Estado plurinacional como lo asumió entonces Bolivia, pero acabábamos de hacer reformas constitucionales para afirmar nuestra identidad pluricultural y plurilingüistica. Somos el país con mayor población indígena del continente americano.

En 2013, fue designada como Embajadora de México en España, concurrente en Andorra, cargo que ocupó hasta 2020, durante las administraciones de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuál fue el momento más importante en esa larga carrera diplomática?  ¿Qué lecciones puede sacar de la misma?

Me siento muy honrada de haber sido representante de gobiernos del PRI, del PAN y de Morena. La embajada que más me ha marcado, por su duración, importancia e intensidad de la relación, es España. Como estudié en El Colegio de México, al igual que el canciller Marcelo Ebrard, conocí la España republicana en su exilio mexicano. Como directora General para Europa, más de la mitad de mi trabajo fue con España. Traté con muchos diplomáticos españoles desde entonces, a quienes volví a encontrar en Madrid, como a Juan Pablo de Laiglesia y Emilio Casinello. Uno siente que conoce España, pero no hay nada como vivir allí, visitar ciudades y pueblos, participar en sus fiestas populares, conocer sus gentes y viajar por las diferentes autonomías. No sólo conocí toda España, sino que gracias a ello entendí mejor México y nuestra herencia hispana.

Josep Borrell y Roberta Lajous

El momento más importante que me tocó vivir en España fue la visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto justo en el interregno, ya anunciada la abdicación del rey Juan Carlos I, en 2014. Fue posible reunir en una sola mesa a los principales actores políticos y económicos de ambos países. España se consolidó como el segundo inversionista del mundo en México, desplazando a otros países europeos que tradicionalmente lo habían sido. A partir de entonces se amplió considerablemente la inversión mexicana en España. Otros momentos significativos fueron cuando Elena Poniatowska y Fernando del Paso recibieron el Premio Cervantes. Ambos convocaron a grandes exponentes de la lengua que une ambos lados del Atlántico. El aniversario de los 40 años de relaciones diplomáticas en 2017, permitió a la Embajada celebrar una serie de eventos en diversas ciudades españolas para conmemorar la efeméride y reflexionar sobre el futuro de la relación bilateral y la de ambos países dentro de la Comunidad Iberoamericana.

La primera visita que recibió el presidente Andrés Manuel López Obrador, después de su toma de posesión, fue la del presidente Pedro Sánchez en enero de 2019. Se estrenaron los nuevos protocolos del gobierno entrante con la comitiva del gobierno español y los empresarios que la acompañaron. Allí se mencionó por primera vez el tema de la conmemoración de los 500 años de la llegada de los españoles al territorio que hoy es México y la reconciliación con la historia común. El incidente de la posterior carta que envió el Presidente al Rey, cuyo texto aún se desconoce, despertó un emotivo debate en la prensa. Pronto fue superado por el afecto que prevalece entre mexicanos y españoles. La relación entre México y España es importante en lo político, lo económico, lo cultural, pero también en el plano afectivo. Ningún otro país en el mundo tiene esa dimensión para México: España forma parte de nuestra identidad, que compartimos todos los países hispanoamericanos y Puerto Rico. Compartimos la lengua y parte fundamental de la cultura. Compartimos también una población que tiene la doble nacionalidad. Mucho menor en número que la que compartimos con Estados Unidos, pero significativa en cuanto al peso que ejerce en la relación bilateral.

Usted jugó un importante papel en la apertura de la Casa de México en España. ¿Qué significado tiene para México y para España esta institución?

En efecto, se requirió mucha tenacidad para llevar el proyecto a término. Desde que se inauguró el Centro Cultural de España en la Ciudad de México, por una donación de un palacio virreinal que hizo el entonces alcalde Andrés Manuel López Obrador en 2002, había sido una meta para los embajadores de México lograr la correspondencia. Fue Manuela Carmena, apenas se hizo cargo de la Alcaldía de Madrid, quien de inmediato accedió a mi petición de donar un inmueble para crear un centro cultural alrededor de una librería del Fondo de Cultura Económica (FCE). Me dijo que todas las lecturas de sus años universitarios fueron de libros editados por el Fondo. Le emocionó conocer que habían sido los exilados españoles en México quienes hicieron las traducciones de los grandes clásicos de la cultura occidental para el FCE y saber que era una institución hermana de la Casa de España (transformada en El Colegio de México).

El proyecto sobrevivió a dos secretarios de relaciones que no vieron con simpatía la Casa por el enorme costo que ello supondría. Fue entonces cuando me decidí a buscar financiamiento de la creciente comunidad empresarial mexicana en España y el tercer canciller se entusiasmó con la propuesta. Se creó la Fundación Casa de México en España, presidida por el empresario Valentín Diez Morodo, para financiar la remodelación del inmueble ubicado en la calle Alberto Aguilera nº 20 y asumir su operación, sin costo para el erario público. Para los mexicanos es motivo de orgullo la Casa y la comunidad mexicana residente en España se siente cada vez más identificada con ella en la promoción de lo que somos. También ha sido muy bien acogida por los españoles, particularmente los del barrio aledaño. México estuvo ausente de España durante la dictadura, nos quedamos sin calles ni plazas públicas en los años de mayor crecimiento de Madrid y otras ciudades. Pero, a partir de 1977, hemos trabajado para recuperar un lugar en el corazón de España.

Hablemos del futuro: en la actualidad es la coordinadora ejecutiva de la presidencia pro tempore (PPT) de México en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Al respecto le hacemos tres preguntas: ¿Se producen avances en la articulación e integración de los países latinoamericanos y caribeños en la CELAC? ¿Hay avances en la relación CELAC-UE? ¿Para cuándo la Cumbre CELAC-UE?

México asumió la PPT de CELAC en enero de este año, consciente de la polarización que caracteriza a la región. A pesar de ser el único foro que agrupa a todos los miembros de la región, a 10 años de su creación justamente en territorio mexicano, corría el riesgo de desaparecer, como lo hicieron otros mecanismos de concertación regional en fecha reciente. Por ello, México propuso un programa muy pragmático de 14 puntos que fue consensuado por los miembros de CELAC en los meses previos. Se trata de avanzar en proyectos específicos, de interés para todos, de manera consistente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU.

La pandemia nos ha obligado a usar los medios virtuales para cumplir con la agenda de trabajo. Sin embargo, gracias a ello se han podido realizar numerosas reuniones a nivel ministerial sobre diversos temas, que han incluido también a sectores de la sociedad civil. Tal vez no hubiera sido posible un contacto tan frecuente, de manera presencial. Hemos hecho de la necesidad, virtud. El tema que mayor atención ha recibido es la coordinación de esfuerzos para luchar contra la pandemia, a través de una red de salud pública, y sus efectos negativos sobre la economía y la sociedad. Para ello se hizo una alianza estratégica con CEPAL y FAO a fin de tener un diagnóstico de los riesgos inminentes sobre el avance de los ODS, con énfasis en la promoción de la seguridad alimentaria. América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo más afectada por el COVID-19. Continúa creciendo el número de casos y los indicadores económicos van en caída como lo demuestra el Observatorio de CEPAL creado a partir de la solicitud de CELAC el pasado mes de marzo. Ello ha provocado una profunda reflexión sobre la necesaria flexibilización del pago de la deuda de la región.

Se han llevado a cabo dos importantes diálogos regionales entre autoridades y rectores de universidades con el apoyo de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL) sobre temas de economía y de educación. La segunda resultó de particular interés por la rápida transformación a medios virtuales que experimentaron todos los niveles educativos. Ello pone de relieve las carencias de conectividad en toda la región y la necesidad de adaptar los sistemas educativos a los medios virtuales. Habrá que capacitar a los maestros de todos los niveles educativos, proporcionar los medios electrónicos y los materiales educativos para el próximo ciclo escolar, en el que se tendrán que reducir la densidad escolar. Otro de los temas que hemos abordado es la cooperación en los temas espaciales y las posibilidades de construcción de un nano satélite y su lanzamiento para observar el territorio de la región a efecto de mitigar el cambio climático, en particular los huracanes tan riesgosos para la región del Caribe. También se podría aprovechar para la optimización de la agricultura, la minería y la pesca sostenible. La observación puede contribuir al desarrollo de ciudades inteligentes y capacidades de conectividad con implicaciones profundas para la educación y la medicina. CELAC ha acompañado los trabajos sobre gestión sostenible de los océanos, iniciados por la Unesco, por ser un tema vital para el Gran Caribe, donde se ubican la mayoría de los Estados miembros.

El dialogo entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe avanza por distintas vías paralelas. Apenas el 10 de julio, a instancias de España, Francia y el Alto Representante para Asuntos Exteriores de la UE, se tuvo una reunión virtual con 18 ministros de relaciones exteriores, de ambas regiones, sobre cooperación en la crisis actual y sus consecuencias. CELAC y la UE preparan un dialogo de alto nivel para octubre sobre innovación e investigación con una agenda para responder al mundo post COVID. España ha jugado, como siempre, un papel de acercamiento con América Latina y el Caribe desde la UE. El vicepresidente de la UE para Acción Exterior, Josep Borrell, ha demostrado ser sensible y estar muy interesado en la región, por lo que confiamos fijar la fecha de una cumbre CELAC-UE en fecha próxima.