20/09/2017: CRUZANDO EL OCÉANO ATLÁNTICO

Es increíble como la vida misma te va dando la madurez indispensable y las diversas herramientas para el camino que eliges seguir.

Recuerdo la primera vez que fui a España: dos amigas y yo decidimos hacer un semestre de intercambio académico mientras realizábamos nuestros estudios universitarios de Arquitectura. En ese tiempo ni siquiera me lo pensé mucho. Me pesó muy poco (por no decir nada) partir de casa, estar lejos de mis papás, hermanos y amigos, así como de mi ciudad y de mi país. Estaba muy emocionada por tener la posibilidad de estar fuera y cumplir un sueño que pensaba que de otra manera me sería imposible realizar en el futuro, pues creía que al salir de la carrera, encontraría un trabajo estable que me imposibilitaría o me quitaría las ganas de partir. Es decir, que echaría raíces, y en ese entonces era algo que de ninguna manera quería hacer. Me daba un miedo enorme no cumplir mis sueños por tener demasiado arraigo.

La experiencia de estar en España hace 7 años me enseñó que, en mis circunstancias y con las posibilidades que me han permitido tanto el cobijo de mi familia como mi educación, formación académica y emocional, así como las alianzas de las instituciones en mi país, basta con querer hacer las cosas para poder lograrlas.

Aprendí que para viajar solo se necesita un poco de dinero y muchas ganas. Me di cuenta de que era buena organizándome para subsistir de forma independiente y que además tenía la capacidad y sobre todo iniciativa de organizar los pequeños viajes que pudimos hacer entre mis amigas y yo, siempre de bajo presupuesto.

En ese entonces aprendimos muchas cosas sobre el mundo, sobre la cultura propia y también la ajena, sobre la vida de estudihambres y sobre todo de nosotras mismas. En algunos momentos nos pusimos al límite, descubriendo lo que éramos capaces de hacer y aquello que podíamos sacrificar para lograr nuestros objetivos. En ciertas ocasiones aprendimos que no valía la pena ahorrarse unos pesos a cambio de seguridad, cobijo y alimento. También aprendimos lo fácil o difícil que puede ser la convivencia, dependiendo sobre todo de nuestra actitud y disposición. Personalmente, me tomó tiempo darme cuenta de lo equivocada que estaba en muchas de mis actitudes, pero al final de aquella experiencia vivida sé que gané no solo grandes amig@s, sino herman@s, quienes tuvieron la paciencia y comprensión suficiente para convivir y quererme tal cual soy.

Después de aquel viaje a España, mi percepción cambió: se me abrió la cabeza y el mundo. A partir de ello, busqué y llegaron oportunidades de hacer otros viajes: algunos dentro de mi país y otros fuera, siempre con la intención de conocer la otredad, todo aquello que está afuera de nuestra vista y alcance inmediato. Otras culturas, otra gente.

Por otro lado, laboralmente surgió una excelente oportunidad para trabajar en el contexto local yucateco, específicamente en sitios arqueológicos, comenzando con Chichén Itzá y terminando por Uxmal, mi hogar. Esa maravillosa experiencia me permitió aproximarme a mi propia cultura y raíces.

Siempre me habían llamado la atención los sitios arqueológicos y me impresionaba lo mucho que había por conocer de ellos, pero tener la fortuna de trabajar en sitios ancestrales fue un imán para mi: estar cerca de los sitios, recorrerlos, estudiar la composición de las ciudades, descubrir sus diferencias y comprenderlas para posteriormente ser capaz de explicarlas.

Aquella oportunidad laboral también me permitió trabajar cercanamente con las comunidades locales, lo cual me hizo conocer un poco de la vasta riqueza cultural que existe en nuestros pueblos originarios, y que es poco reconocida.

Surgieron, a partir de ello, más oportunidades de conocer nuevas culturas y sus sitios de una manera mucho más profunda y sensitiva: el contacto humano y la comunicación de conocimientos de manera oral. Los intercambios culturales de la agrupación Yakanal en los que he participado, me han impactado y sensibilizado de una manera que todavía no alcanzo a calcular.

Todas esas experiencias laborales y personales, así como la gente que he conocido en el camino me han hecho crecer como persona y me permiten ser y pensar como lo hago hoy. No sé que sería de mi si no hubiera partido a España la primera vez, tampoco tengo idea de quién sería ni qué estaría haciendo de no haber tenido la oportunidad de trabajar en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Siento una enorme gratitud por todas las personas que han sido mis maestros de muchas lecciones en el camino que llevo recorrido. He aprendido de lo bueno, pero sobre todo de lo malo. Agradezco todas las experiencias y también los regaños, lo que sí funcionó y también lo que no. Ahora considero que soy una persona con mucho más carácter y determinación que entonces.

Es precisamente por lo anterior que hoy, a mis 28 años, inicio esta nueva jornada. He leído por ahí que cada 7 años nos convertimos en personas completamente nuevas en todos los sentidos. Haciendo un recuento de lo experimentado, no me cabe duda de ello. Y es precisamente eso lo que me hace tener hoy tantas emociones y sentimientos encontrados por este nuevo viaje, pues sé que es un nuevo ser el que se va a formar. Esta vez me costó muchísimo emocionalmente dejar a mi familia, mi casa, a mis amigos, a mi hermosa ciudad y a mi adolorido pero riquísimo y solidario país.

Esas raíces a las que tanto temía años atrás, hoy me hacen ser más fuerte y más consciente de lo afortunada que soy por haber nacido en primer lugar, y por haberlo hecho en la familia en la que lo hice, en la ciudad en que nací, crecí y he vivido casi toda la vida; por tener los ancestros que tengo, por tener toda esa riqueza cultural y natural en mis tierras: las mayas, las yucatecas, las mexicanas, las de nuestro planeta Tierra.

Hoy estoy segura de que la experiencia de estar fuera de casa me hará amarla cada vez con más profundidad, convicción y orgullo.

Me siento sumamente agradecida con la vida, con mis padres, con mis tutores/mentores/maestros de vida y con la Fundación Carolina por tener la fortuna de haber sido elegida para cursar el Master Universitario en Conservación del Patrimonio Arquitectónico en la Universidad Politécnica de Valencia, campus ubicado en una ciudad de la cual me enamoré a primera vista.

Desde que conocí Valencia en enero de 2011 supe que quería regresar, incluso pensé que sería lindo vivir ahí. Es curioso cómo las cosas se acomodan y te permiten realizar tus sueños, aún sin buscarlos tan explícitamente, aún sin tenerlos del todo claros.

Hoy sé lo mucho que voy a cambiar a partir de esta experiencia, y eso me genera expectativa y también ansiedad. Hay gente que se irá de mi camino y otras se quedarán; pero sé que todos me dejarán una enseñanza.

Estoy ávida por vivir todas las experiencias y conocimientos que se vienen. Deseo profundamente aprovecharlos de la mejor manera para crecer en todos sentidos, con más experiencia, sabiduría y una visión cada vez más empática; procurando adquirir mejores herramientas para hacer de este un lugar mejor para todos los que estamos aquí y los que vendrán.

Gracias madre naturaleza, gracias Universo, gracias a todos los seres que han estado, están y estarán en mi camino. A todos: enormes y eternas gracias por hacerme ser y estar. ❤

Ana Rosado