Entrevista a Asunción Aragón, coordinadora del Máster Oficial en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía

HABLAMOS CON I ASUNCIÓN ARAGÓN

La igualdad no es ninguna utopía, es un camino, es una meta.

 

Asunción Aragón junto al alumnado del Máster Universitario en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía, de la Universidad de Cádiz.

Asunción Aragón, es profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz y coordinadora del Máster Oficial en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía, presente en la convocatoria de becas de la Fundación Carolina desde el año 2007, y que habitualmente se encuentra entre las diez maestrías que reciben más solicitudes.

¿Por qué es importante formar a profesionales en estudios de género y dotarles de herramientas para potenciar políticas de igualdad?

En términos generales, es importante educar a todas las personas en estudios de género para conseguir sociedades más justas e igualitarias. En lo que lo que respecta a profesionales, consideramos que es vital formarles para que detecten las desigualdades de género, para que se pongan eso que llamamos las gafas violetas, y sean conscientes de todas las áreas en las que estas se producen. El objetivo es que podamos hacer frente a esas desigualdades a través de políticas de igualdad, de intervenciones definitivas a todos los niveles. Estas políticas, además, deben ir desde lo macro a lo micro, y tienen que conducir a la prevención y erradicación de prácticas sexistas en todos los ámbitos de nuestra vida.

El Máster Oficial en Estudios de Género, identidades y ciudadanía tiene una larga trayectoria dentro de la convocatoria de becas de la Fundación Carolina. Vamos ya por los 13 años, y estamos muy contentas con el intercambio de saberes que se produce con todas las personas que vienen de Latinoamérica, que sin lugar a dudas, aportan muchísimo al buen desarrollo de este máster.

 

¿Qué importancia tiene la investigación en el campo de la igualdad de género?

La teoría y la práctica nunca van disasociadas. No se entiende la teoría sin la práctica, ni viceversa. El feminismo es, entre otras muchas cosas, una teoría política y social que explica la realidad y las relaciones de poder. En este sentido, como dice la filósofa feminista Celia Amorós, conceptualizar es politizar, y para hacer teoría feminist,a indudablemente hay que investigar, hay que hacer teoría. Hacer teoría significa hacer ver y, por lo tanto, en una sociedad heteropatriarcal que ha mantenido a la mitad de la población en una subordinación sistemática, hay que visibilizar todos esos mecanismos para poder eliminar los sistemas de opresión y conseguir sociedades justas e igualitarias.

 

Los datos de la Unesco muestran que, a pesar de la mayor presencia de mujeres en todos los niveles educativos, pocas llegan a la cima de la carrera de investigación, a ser profesoras titulares o rectoras de universidades. ¿Cuáles son las principales causas que dificultan la progresión de la carrera profesional de las mujeres dentro de la universidad?

Hay cuestiones que son claramente estructurales. Para empezar, estamos hablando de una institución educativa que ha sido, históricamente, y tradicionalmente, androcéntrica y patriarcal, al igual que otras instituciones, sean políticas, religiosas o jurídicas. Yo diría que las causas que dificultan la carrera profesional de las mujeres en las universidades pueden ser diversas, pero me parece que hay determinados patrones que se repiten. Uno de ellos, es el problema de conciliación entre la vida personal, familiar y laboral.

Por ejemplo, si tal como demuestran todos los estudios, las mujeres seguimos siendo las principales encargadas de las tareas de cuidado, o si al mismo tiempo, decidimos ser madres, nuestra producción científica se ve claramente ralentizada. Los tiempos de los que disponemos para el desarrollo y promoción de nuestra carrera profesional se ven muy limitados. Otra posible causa que dificulta nuestra progresión profesional, creo que viene dada por las sociedades patriarcales en las que vivimos. En la universidad, hay redes de poder muy masculinizadas, que reproducen relaciones desiguales en función del sexo, y ello, en muchos casos, se puede traducir en lo que se denomina sistemas de cooptación.

 

¿Qué políticas de igualdad de género podrían aplicarse en este ámbito?

Desde hace ya muchos años en las universidades se están poniendo en marcha, con mayor o menor éxito, planes de igualdad, precisamente para implementar políticas que pongan fin a este tipo de prácticas totalmente sexistas, injustas y, claramente, antidemocráticas. Por ejemplo, como medidas de los planes de igualdad se están tratando de implementar disposiciones de acción positiva para la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Se trata de medidas concretas, como la puesta en marcha de ludotecas, convenios con centros para aulas matinales, campamentos vacacionales durante el mes de julio, programas de respiro familiar para personas ascendientes, etc.

 

En los últimos años, las mujeres en España y en América Latina están tomando los espacios públicos para reclamar el reconocimiento de sus derechos y gritar «basta» contra la violencia machista, los feminicidios, etc. ¿Qué están suponiendo esos movimientos? ¿Qué papel tienen los medios de comunicación y las redes sociales?

Está muy claro que ya estamos viviendo en lo que se ha denominado como la 4ª ola del feminismo. Una ola que está caracterizada, precisamente, por su pluralidad.  De ahí que se hable ya de feminismos. Hay un activismo feminista global que funciona y se moviliza claramente a través de las redes, ya sea Twitter, Youtube, Instagram, Facebook, etc. Así, por ejemplo, movimientos como el de “Ni una Menos”, o “Me too” o “Un violador en tu camino” se han hecho virales. Estos movimientos nos enseñan que no estamos solas, que incluso siendo diferentes y diversas, hay una solidaridad y sororidad global. Nos muestran que en esta polifonía de voces, hay un mismo mensaje contra la impunidad de los delitos contra las mujeres, la invisibilización o la falta de derechos de las mujeres.

 

¿Es posible alcanzar una sociedad que promueve la igualdad real a todos los niveles? ¿Qué país se podría tomar como ejemplo?

Creo, (no sé si soy utópica, pero sí claramente optimista), que es posible alcanzar la igualdad real. La igualdad no es ninguna utopía, es un camino, es una meta. Si miramos a lo largo de la historia de la lucha de los derechos de las mujeres, vemos que se ha ido avanzando, con mayor o menor celeridad, en distintos lugares del mundo. Aunque, obviamente, nunca podemos bajar la guardia porque los derechos se luchan, se consiguen en las calles; pero luego hay que mantenerlos y afianzarlos para no volverlos a perder.

Hay varios países que podrían tomarse como ejemplo. Es un clásico y todos los estudios e informes apuntan siempre a la misma dirección poniendo de ejemplo a los países del norte de Europa. Así, tenemos a Islandia como el mejor país del mundo para ser mujer. Allí es donde se organizó la 1ª huelga de mujeres, hace ya unos 40 años. Tenemos a Suecia, donde, por lo menos, el 50 por ciento de la población se considera claramente feminista, y donde la brecha salarial de género es casi inexistente. Otro ejemplo estaría en Noruega, donde las medidas de acción positiva se empezaron a implementar  hace 50 años y, por ejemplo, Finlandia, otro país referente, donde los permisos de paternidad son casi ejemplares y están establecidos desde hace muchísimo tiempo.