Hablamos con Gloria Bonder

Gloria Bonder

Gloria Bonder, coordinadora de la Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina (Flacso Argentina) y Miembro del Consejo Asesor de Alianza Global para las Tecnologías de la Información y Comunicación y el Desarrollo de Naciones Unidas (UN GAID). Es coordinadora del Grupo de Trabajo Internacional: Mujeres y TIC (ITF) del UN GAID (Alianza Global para las Tecnologías de la Información y Comunicación y el Desarrollo de Naciones Unidas). En 1979, fundó el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), entidad que jugó un papel muy importante en la reorganización del movimiento feminista en Argentina. Bonder participó en las ediciones 2005 y 2008 del Programa Mujeres Líderes Iberoamericanas, organizado por la Fundación Carolina, y fue una de las impulsoras de la Red de Mujeres Líderes Iberoamericanas.
Hablamos con ella sobre las características de los movimientos de mujeres en Argentina y su contribución para fortalecer políticas y programas de igualdad de género en universidades y centros de investigación.

La conmemoración del 8 de marzo de 2020 nos incita a reconocer y celebrar el impactante crecimiento y visibilidad del movimiento de mujeres, la expansión de sus demandas y su incidencia en el ámbito global, en particular en América Latina y en Argentina. Es indudable que el movimiento de mujeres (o feminista, como algunas preferimos denominarlo), se ha convertido en un signo de época. Se manifiesta en todas las latitudes, pero voy a focalizar algunos aspectos de su desarrollo dentro de Argentina.

Celebrado por muchas y por muchos como una evidencia del crecimiento de la conciencia ciudadana, y de su interpelación a un orden patriarcal que perdura y, sobre todo, que va mutándose, expresándose en aspectos menos sobrios, menos evidentes, más sutiles, pero también más penetrantes en el cercenamiento de los derechos, en la desigualdad de oportunidades de mujeres y varones… Este movimiento es, hoy por hoy, un actor político que dialoga, interpela y negocia con los Estados y con otras instituciones de la sociedad.

Pese a los avances de las mujeres en áreas clave para su desarrollo personal, pero también para el crecimiento de las sociedades, (la educación, el trabajo remunerado, la política), este movimiento global ha ido asumiendo reivindicaciones a lo largo de los años, y ha obtenido logros, tanto comunes a todo el planeta, como singulares de acuerdo a los contextos.

Debemos decir que el movimiento de mujeres es diverso en su interior y que esta diversidad no está exenta de tensiones -muy por el contrario-, y también de un anhelo de unidad en la acción. Ambos aspectos están expresados en muchos debates que, lejos de ser problemáticos, nos están dando la idea de su vivacidad y del crecimiento del conocimiento a lo largo de esta práctica política. Su espectacularidad está expresada en el enorme número de mujeres de todas las edades y, especialmente, se destaca la participación creativa de las jóvenes.

Aunque algunos y algunas ponen mucho hincapié en la participación de las jóvenes, yo creo que no debe hacernos olvidar que este movimiento, tal como se presenta en la actualidad, viene precedido por una historia de lucha de mujeres que ha sentado las bases para que hoy tenga esta envergadura y esta importancia.

No podemos hablar ya del acumulado de experiencias históricas que permite explicar su potencia, que no sólo se traduce en ocupar las calles, sino también en el uso creativo de las redes y medios de comunicación.

Ocupar las calles es una práctica política que ha marcado la historia de Argentina. En este sentido, no podemos dejar de mencionar la valentía y la obstinación de las Madres de Plaza de Mayo, que durante la última dictadura militar, una de las más cruentas en la historia de Argentina, salieron a las calles para reclamar por la aparición con vida de sus hijos e hijas, y por la sanción a los dictadores que habían tomado el poder en el país y habían hecho desaparecer muchas personas y, sobre todo, muchos y muchas jóvenes.

Las manifestaciones de las mujeres al inicio de la democracia en Argentina también son destacables como antesala de este movimiento actual y han cubierto un espectro importante de temáticas.  Ya en 1985, cuando teníamos un sistema democrático, la lucha por el establecimiento de la Ley de la patria potestad compartida concitó la participación de muchas mujeres en las plazas de Buenos Aires, especialmente en la plaza del Congreso. Dos años después, se promulgó la Ley del divorcio vincular, que también fue una de las demandas que surgieron del movimiento de mujeres; y en 1991, con una participación muy numerosa y muy activa, llegamos a la sanción de la Ley de cupos para la participación política, una ley que fue pionera y muy significativa para toda la región.

En 1992 se crea el Consejo Nacional de la Mujer, un organismo dependiente de la Presidencia de la Nación, que, si bien no era un ministerio en ese momento, tenía un rango similar y estuvo encargado de planificar e impulsar políticas de igualdad de género. En el 2015 ya tiene rango de Instituto, y hoy por hoy, es un anticipo, un pre anuncio, del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, que ha creado el actual Gobierno. Durante la década de los 80, otro hecho especialmente significativo fue la realización del primer Encuentro Nacional de Mujeres, que convocó a miles de militantes y no militantes con la meta de compartir visiones y definir prioridades en la agenda de este movimiento, y que fue dando ese Encuentro Nacional durante todos los años en distintas zonas del país, involucrando cada vez a una diversidad mayor de mujeres: sindicalistas, mujeres de sectores populares, de organizaciones barriales, junto con académicas, mujeres políticas; es decir, un mosaico de mujeres, y también de algunos hombres, que fueron debatiendo temáticas cruciales para comprender la desigualdad y buscar los medios para erradicarlas.

Éstos son algunos de los muchos hitos que permiten comprender el porqué de las luchas actuales, y por qué el movimiento de mujeres que se va a celebrar el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, va a ser tan potente. Porque está situado en una línea histórica que demuestra un acumulado de experiencias y participación política que, como decíamos anteriormente, ha tenido que ser escuchado por el Estado, ha producido cambios en la cultura y productos culturales y, realmente, ha incidido en la conciencia colectiva sobre la igualdad de género.

Uno de los más recientes y cuya repercusión ha superado las expectativas tuvo lugar en 2015 y se conoce mundialmente como “Ni una menos”.  Este movimiento, iniciado por un grupo de mujeres periodistas, convoca, año a año, a mujeres de todo el país a movilizarse en la demanda de medidas efectivas para prevenir y superar la violencia de género.

Un párrafo aparte merece la lucha de las mujeres por la sanción de la Ley de despenalización del aborto, que en el actual Gobierno ha sido acogida de manera positiva y es posible que pueda ser sancionada próximamente. Es un movimiento vital y diverso que acumula historias y que incide en la política y en las instituciones.

Por último, destacar que uno de los ámbitos en el cual ha incidido el movimiento feminista ha sido en la creación y gestión de las políticas de igualdad de género en la educación, particularmente en las universidades. Esta iniciativa es bastante reciente, pero ya está instalada en la mayoría de las universidades del país, y también en muchas universidades de América Latina. Hay una amalgama de movimiento social, Estado, universidades, ámbitos artísticos y ámbitos de creación, para ir avanzando hacia estas metas que son históricas.  Esto no significa que todo haya sido logrado, bajo ningún punto de vista, pero sí implica que hay una experiencia que marca, que tiene raíz en el pasado y que por eso mismo está marcando el horizonte de futuro hacia el cual las mujeres, y algunos hombres comprometidos con las políticas de igualdad de género, se han incorporado.