Editoriales

Una relación estratégica con América Latina

Una relación estratégica con América Latina

Una relación estratégica con América Latina

La cooperación española con América Latina forma parte de una rica historia de experiencias compartidas y de aprendizaje mutuo en la que, con avances y retrocesos, esta región ha sido siempre un socio prioritario para nuestro país. Las nuevas bases en las que se apoya la cooperación internacional, y, sobre todo, los profundos cambios que ha vivido la región en las últimas décadas invitan a repensar esta relación y a establecer una política estable que ayude a la definición de un modelo diferenciado de cooperación.

Con esta orientación, la Fundación Carolina acaba de publicar el interesante trabajo de la profesora Marisa Ramos en el que, junto a repasar la larga trayectoria de apoyo al desarrollo de esta región, se sostiene que la política actual de cooperación española con América Latina se enfrenta necesariamente a un cambio de ciclo. Hay condiciones, afirma la autora, para establecer una relación estratégica con América Latina a partir de nuevas formas de asociación basadas en el diálogo y la colaboración. La potencia de la relación de España con la región latinoamericana, al margen del nivel de renta, es de tal magnitud que cualquier proceso de reforma que se lleve a cabo debe reconocer, asumir e impulsar esta realidad. La asociación con América Latina constituye el principal activo para la cooperación española y es, además, donde acumula mayores ventajas comparativas.

El debate actual sobre “desarrollo en transición”, asociado al impulso de la Agenda 2030, favorece la propuesta de promover una relación estratégica con América Latina. Este enfoque nos recuerda la necesidad de adoptar modalidades innovadoras de cooperación internacional que promuevan un diálogo horizontal de políticas, aumenten las capacidades institucionales de los países y faciliten nuevos modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles.

Pero la cooperación española hacia América Latina, más allá de su lógica bilateral, también tiene un potentísimo anclaje en el espacio iberoamericano. Como señala la profesora Ramos, la cooperación iberoamericana ha sido y es uno de los mejores ejemplos de cooperación avanzada, modalidad facilitadora de alianzas, acuerdos y diálogos basados en la confianza y en el conocimiento, horizontalidad y aprendizajes mutuos.

La acción multilateral iberoamericana (con el protagonismo de organizaciones como SEGIB, OEI y otras) conforma una poderosa institucionalidad que, treinta años después de la instauración del sistema de Cumbres, es obligado pensar, desde la cooperación española, cómo dotar de fortaleza estratégica. Al calor de las Cumbres Iberoamericanas, se ha venido promoviendo un tipo de cooperación entre socios que se basa en el desarrollo e incremento de capacidades, en el intercambio de prácticas y experiencias, en el conocimiento mutuo; que se beneficia del acceso a las diversas fuentes de conocimiento especializado, necesarias para resolver problemas complejos de sostenibilidad asociados a la triple transición social, productiva y ambiental que ya demandaba una globalización en crisis, pero que la pandemia de la COVID-19 ha hecho aún más perentoria.

La pandemia, efectivamente, reclama nuestra urgente atención, ya que América Latina sigue siendo uno de los epicentros, y la vacunación avanza a un ritmo muy lento y desigual. La pandemia, que empezó siendo una crisis sanitaria, se ha convertido en una crisis de desarrollo más amplia. Todos los estudios apuntan a que el COVID-19 traerá la peor crisis económica de los últimos 120 años y una “nueva década perdida”. Por todo ello, el papel de la cooperación internacional, también en términos de cooperación avanzada hacia América Latina, será clave. 

La Fundación Carolina, como parte del sistema español de cooperación y desde sus ámbitos de especialización (movilidad académica, diplomacia pública, elaboración de conocimiento especializado) seguirá contribuyendo a animar este debate orientado a definir una estrategia que particularice la relación con la región y contemple a América Latina como socio prioritario de una nueva política de cooperación.

 

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