La desinformación es un fenómeno que deteriora nuestro sentido de realidad, y su modelo de negocios explota inseguridades, miserias y miedos, impactando en la desconfianza hacia las instituciones democráticas y la prensa.
En su lucha contra la realidad, contra la información verificada, y contra la ciencia misma, la desinformación consolida asimismo una estrategia de combate cultural.
El compromiso ético del buen periodismo de investigación ha de revelar cómo estamos ante un nuevo tipo de poder tan oculto como real, que en la región latinoamericana además se coaliga con el crimen organizado.








