Tribuna Red Carolina

Tribuna Red Carolina permite el involucramiento de profesionales que han participado en los distintos programas de la Fundación Carolina en la conversación global e iberoamericana sobre el desarrollo y la realidad social, política, económica, cultural y científica en Iberoamérica.

Hoy yo no aplaudo

Irene Martín
Participante en el Programa Jóvenes Líderes Iberoamericanos 2015

Hoy yo no aplaudo. Hoy no se aplaude en nuestra UCI, porque hoy Amparo se ha puesto peor. Tras tres semanas de mejoría progresiva y estando cercana al traslado a planta, hoy hemos tenido un retroceso. Parece (y digo parece, porque el SARS-CoV-2 es una nueva incorporación en los tratados de medicina) que es algo recurrente con esta infección. Hoy toca retroceder casi las tres semanas recorridas con ella, hoy volvemos al kilómetro cero, o casi. Y hoy toca informar a su hijo de que no habrá videollamada con su madre, porque a su madre ha habido que sedarla de nuevo. Son las nueve, las trece horas de encierro han llegado hoy ya a su fin. Armadura retirada, la muralla se abre, fuera nos espera impaciente nuestra codiciada libertad, que en estos tiempos es directamente proporcional a la distancia entre la casa y el hospital. Caminando, hoy las huellas son de frustración y abatimiento profundos. Un viento primaveral intenta despegar la expresión triste de mi rostro, en vano. En casa me recibe la habitual ducha purgatoria que elimina cualquier resto de aquello invisible que tanto daño está haciendo en nuestro país. Hoy las noticias informan del descenso de contagios. Pero mi semblante no cambia, mi corazón aún late compungido, pues la mejoría de los números no consuela lo de hoy: hoy Amparo se ha puesto peor. Pero en casa no se habla de esto, porque las heridas del día precisan reposo durante la noche para poder cicatrizar. En casa se sonríe y se ocupa la mente con otros menesteres menos profundos y más festivos, si es que este término tiene cabida en estos tiempos. Y a pesar de que los abrazos aterricen sobre la espalda y los besos se lancen a través de una mascarilla, esta forma de cariño y amor protegidos han sido el mejor combustible para recorrer esta senda que todos estamos transitando por primera vez en nuestras vidas. En el dormitorio se amontonan ya las pesadillas que como fieras hambrientas esperan ávidas poder penetrar mi mente en esos momentos en que, sin quererlo, la dejamos indefensa. Cubierta en mantas suspiro cansada y me dejo ir; mañana, al menos, toca día de descanso.

Pero el día de descanso no es tal, porque las emociones y los pensamientos no entienden de eso. Y el mensaje a los compañeros que hoy sí trabajan es inevitable: “¿Cómo está Amparo? ¿Igual, algo mejor?” Y su respuesta decidirá cuál será el tinte del día de descanso. Porque, aunque se intenten añadir otras capas de yoga, películas o novelas, la capa de fondo no se limpia. Y el día de descanso tampoco es tal, porque la ciencia tampoco entiende de eso. La medicina exige responsabilidad, el paciente merece el mejor de los cuidados y la ansiedad y la frustración se calman con conocimiento. Así pues, comienzo a bucear entre revistas científicas, pero los tesoros no son de oro, ni siquiera de plata, acaso de cobre. Y aquella evidencia que un día parecía ser diamante, una semana después tiene el valor de la grava. Este nuevo adversario ha venido protegido bajo varias capas de armadura. Ya le hemos despojado de sus mejores defensas, y, sin embargo, no obtendremos el descanso pleno hasta no haberle desnudado por completo. Y cuando llegan las nueve y el equipo de hoy termina, suena mi teléfono, porque el día de descanso no es tal para mí. Un compañero me resume los eventos del día y, juntos, trasladamos la teoría estudiada a la realidad de nuestra UCI; y esta fantasía de abstracción no persigue otro deseo que el de mejorar juntos para así mejorar a nuestros pacientes.

¡Dichosos compañeros! El día 23 de marzo de 2020 se abrió la enésima UCI de nuestro hospital, y allí fuimos trasladados un revoltijo de médicos de lo más variado en edad, carácter y especialidad profesional (en el surtido se incluían anestesistas, cirujanos o cardiólogos, como servidora), pero todos con un espíritu común. Y así comenzó una de las experiencias más especiales que he vivido hasta la fecha. A pesar de haber abandonado por completo nuestros círculos de confianza, y de habernos embarcado en una empresa ardua y llena de momentos desagradables y desafortunados, de forma no impuesta y espontánea se construyó un equipo que desbordaba generosidad, valentía, compañerismo, empatía, humildad y sinceridad, a la par que proactividad y profesionalidad. Ese deseo imperioso común de cada uno de nosotros de que nuestros pacientes se recuperaran de tan injusto ataque por este nuevo malhechor, construyó un vínculo intangible que nos sujetó a todos con tal fuerza, que ni las peores de las desgracias que acontecieron en aquellos días pudieron, ni por asomo, ni tan siquiera rasgar ese lazo mágico que habíamos creado.

Fotograma video Europa Press

Hoy yo sí que aplaudo. Hoy sí que aplaudimos en nuestra UCI, porque hoy Amparo se traslada a planta. Hoy aplaudimos, pero sólo un rato. Porque el vecino de cama de Amparo ha corrido peor suerte. Ya descansa, en esta guerra arbitraria y abusiva no ha sido posible su victoria. Pero no descansa su familia, que no lo hace desde hace casi dos meses y que probablemente no lo haga nunca. Y es que esta guerra injusta es también de soledad. De soledad para el paciente que encerrado entre paredes blancas aguarda su destino; y de soledad para la familia, que resiste desarmada en casa, suplicando un desenlace favorable.

Y hoy, de nuevo, se aplaude en España. Se aplaude por nosotros, los sanitarios, pero también por tantos otros que se enfrentan cada día a los horrores de esta contienda. Por todos esos héroes, y es que todos somos de algún modo héroes. ¿Porque acaso no es héroe quien realiza una hazaña noble o el que actúa de forma valerosa y arriesgada? ¿Y no es heroico, pues, confrontar, superar o aprovechar cada uno de los retos, adversidades u oportunidades que nos presenta la vida?

Aplaudamos, pues, por todos, por aquellos que siguen y por los que no. Por todos nosotros, héroes terrenales que luchan y lucharán contra todo aquello que decida interponerse en este viaje que es la vida.

Irene Martín

Médico Interno Residente de Cardiología en Hospital General Universitario Gregorio Marañón (Madrid)

LinkedIn: Irene Martín

La transparencia y el acceso a la información pública como promotor de la confianza ciudadana en tiempos de coronavirus

María José Méndez
Participante en el Programa Liderazgo Público Iberoamericano 2016

La pandemia mundial que estamos viviendo ha presentado no sólo desafíos en el ámbito de la salud y del gobierno, éste último de demostrar su capacidad para atender la demanda  de atención médica y proveer de soluciones rápidas y eficientes, sino también a la sociedad en general que ha debido aprender a vivir en confinamiento y con incertidumbre durante un tiempo indeterminado, avizorando, además, complejas proyecciones económicas a nivel mundial.

Si sumamos a esto la percepción de falta de información sobre aspectos relativos al coronavirus y de variables sociales y económicas que se relacionan con este fenómeno y afectan el bienestar de las personas, es posible que agudice aún mas la desconfianza ciudadana sobre sus representantes, alimentada en este caso por su forma de liderar este asunto del mayor interés público.

Más que nunca es importante reconocer, entonces, la importancia del Principio de Transparencia y el Derecho de Acceso a la Información de las personas para conocer las decisiones de las autoridades, sus fundamentos y exigir de éstas rendición de cuentas en un ejercicio continuo  de lo que es considerado por la comunidad internacional como un derecho primario y base fundamental de todos los derechos humanos.

En ese contexto, los órganos garantes de acceso a la información pública se encuentran colaborando en la construcción de sistemas de información pro activos, alentando a las instituciones a publicar información más allá de las obligaciones legales establecidos en sus marcos jurídicos, con atención a las demandas actuales de información de sus ciudadanos sobre la pandemia y sus efectos en las políticas públicas.

Para la efectividad de ese ejercicio y su conducción se considera pertinente recordar el carácter instrumental de la Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información, como derecho llave para acceder a otros derechos, y poner sobre la mesa la necesidad de reconocer y entender las necesidades de información de los usuarios que, en definitiva, serán los públicos objetivo o meta para quienes se dispondrán estos canales de información o comunicación y, por lo mismo, quienes los validarán o desestimarán. Sólo entendiendo las necesidades de información de los usuarios y diferenciándolas explícitamente, entendemos que avanzaremos en el camino de la comprensión, validación y confianza institucional.

A grosso modo, es posible identificar tres tipos de usuarios y fines para la información relativa a la pandemia: la comunidad en general, los expertos y los órganos, entidades y personas abocados al control y fiscalización.

La comunidad busca una comprensión general de la pandemia así como datos de utilidad para su prevención. Los datos sobre recomendaciones de las autoridades y protocolos de actuación, estrategia sanitaria nacional y reportes de su cumplimiento por fases, estadísticas de la propagación local del virus, disponibilidad de servicios médicos e infraestructura, recomendaciones para identificar los síntomas y actuar en consecuencia, entre otros.

La academia o grupos de expertos que buscan desarrollar la gestión del conocimiento de esta pandemia para recomendaciones futuras. Para este grupo, los datos sobre los modelos de atención implementados y su justificación, estadísticas de la propagación del virus, tipos de pacientes y personal médico afectado, sus tratamientos, estadísticas de propagación, defunciones y su análisis de incidencia con otros padecimientos físicos, entre otros.

Y los organismos y entidades de control que desarrollan una función de supervisión de las estrategias aplicadas por el gobierno con una clara orientación en la información concerniente a la distribución e inversión que se realicen con fondos públicos para que los ciudadanos puedan fiscalizar y exigir cuentas a gobiernos, a cada paso del proceso y en cualquier momento, y, además, constituirse en un medio eficaz contra la corrupción, entre otros.

Respecto de las cuestiones presupuestarias, y en el desembolso de fondos de emergencia se pone un énfasis importante por los eventuales actos de corrupción. Es así como Transparencia International, Human Rights Watch y Global Witness, lo manifiestan en una carta dirigida al Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendando la incorporación de medidas de transparencia y anticorrupción en los programas de ayuda de emergencia relacionados con el coronavirus para garantizar que los miles de millones de dólares que está desembolsando a docenas de países ayuden a los más vulnerables. En este sentido, se indica la necesidad de publicación de información sobre los programas de ayuda y sus antecedentes generales, los actos administrativos que transparentan todo el proceso de compras públicas y limitan la colusión, el sobreprecio y el uso de procesos no competitivos, la implementación de acciones de auditorías dando prioridad a las áreas de salud, compras públicas y seguridad social, y el fortalecimiento de los marcos anticorrupción y contra el lavado de dineros existentes.

Y cuando no es posible encontrar la información pública en estas plataformas, los ciudadanos tienen derecho a preguntar y los organismos públicos el deber de responder. Es así como la señala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre Pandemia y Derechos Humanos en las Américas, en su parte resolutiva N°32: “Asegurar el derecho de acceso a la información pública en el marco de la emergencia generada por el COVID-19 y no establecer limitaciones generales basadas en razones de seguridad u orden público. Los órganos que garantizan este derecho y los sujetos obligados deben otorgar prioridad a las solicitudes de acceso a la información relacionadas con la emergencia de salud pública, así como informar proactivamente, en formatos abiertos y de manera accesible a todos los grupos en situación de vulnerabilidad, de forma desagregada sobre los impactos de la pandemia y los gastos de emergencia, desagregados de acuerdo con las mejores prácticas internacionales. En los casos de postergación de los plazos de solicitudes de información en asuntos no vinculados a la pandemia, los Estados deberán fundamentar la negativa, establecer un espacio temporal para cumplir la obligación y admitir la apelación de estas resoluciones”.

Como se señalaba al inicio de este artículo, en el estado actual de emergencia, las necesidades de información no están limitadas solo al funcionamiento de las políticas de salud, sino también a las demás políticas públicas relacionadas, como empleo, seguridad social, laboral, fiscal, protección al consumidor, entre otros. En este sentido, los gobiernos deberían generar una mirada conjunta de los sistemas de información necesarios de proveer a sus ciudadanos, atendiendo todo el ciclo de vida de estos y las necesidades que se ven afectadas.

Un sistema de transparencia debiese permitir contar con información pertinente, clara y oportuna, disminuyendo las asimetrías y fomentando una mejor comprensión de las decisiones de gobierno y una rendición de cuentas permanente de su acción. Un gobierno abierto y enfocado en las necesidades de información de los usuarios puede, especialmente en situaciones críticas como la presente, crear espacios de colaboración a través de una interacción permanente con la ciudadanía acercando a los ciudadanos al Estado y mejorando los niveles de confianza de los organismos de gobierno y sus autoridades.

María José Méndez,

Administrador Público y MBA. Consultora en Transparencia y Acceso a la Información en Programa EUROsociAL+, FIIAPP.
LinkedIn: María José Méndez Hernández
Twitter: @josefina_mh

Educación para el cambio: ¡que sirva para algo esta pandemia!

Alberto Barrantes Ceciliano
Participante en Jóvenes Líderes Iberoamericanos 2016

El nuevo coronavirus nos encerró en las casas y a su vez rompió mamparas para ponernos ante los ojos lo mejor y lo peor que ofrecemos como sociedad. El confinamiento social es un sube y baja de emociones, cada veinticuatro horas, donde hay momentos de esperanza, silencio, risa, enojo, dudas, miedo, alegría, compasión: todas ellas muy humanas y necesarias para abrirle puerta a los múltiples aprendizajes que ofrece esta crisis que roba vidas, trabajos, calma y que vino a sacarnos para siempre de nuestra acostumbrada normalidad.

Si la crisis nos obligó a poner en pausa lo que considerábamos tan normal, es oportuno hacer que la pausa sirva para algo. Asumo el confinamiento social como un laboratorio de innovación educativa, en donde todos los días, desde nuestras casas, con recursos tecnológicos o sin ellos, tenemos la oportunidad de repensarnos, de cuestionar los propósitos de que hemos estado haciendo y la ruta que queremos trazar para durante y después de esta pandemia: de eso se trata la educación y el nuevo coronavirus vino a plantearnos una nueva forma de aprender, que transciende los entornos virtuales.

Reinventar la forma de enseñar y de aprender implica colaboración y humildad: el nuevo coronavirus nos coloca frente a un nuevo desafío para re-estructurarnos, donde la base del éxito es el trabajo en equipo y no tener miedo a equivocarse. La tarea más importante: que nadie se quede atrás. Bajo esa  consigna oriento mi trabajo durante esta crisis, para soñar con esperanza en que sí podemos hacer que toda esta pandemia sirva para algo.

En el  año 2016, motivado en trabajar por una educación de calidad para todas y todos, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, fundé Carretica Cuentera: una organización educativa que viaja por aulas urbanas y rurales de toda Costa Rica, con cuentos con finales abiertos, libros y una app móvil gratuita (Carretica) con el propósito de despertar la participación activa en las aulas de Primaria, la creatividad y la imaginación y con el objetivo de contribuir a cerrar la injusta brecha entre los que nacieron con más oportunidades y los que no.

Blog «Cambio educativo», de Alberto Barrantes en el diario La Nación

El viernes 6 de marzo del año en curso, con el anuncio del primer caso de coronavirus en Costa Rica, se imponía pensar en nuevas formas de estructura de trabajo para Carretica Cuentera, echando mano de los recursos digitales ya desarrollados (la app educativa) y de la posibilidad de desarrollar nuevos productos que generen impacto positivo en nuestros públicos metas: niñas, niños, sus familias y por supuesto, sus maestras. Días más tarde, vino el cierre de los centros educativos, y con ello el inminente desafío de repensar, desde nuestro propósito como organización,  cuál sería el camino a transitar durante la cuarentena.

La respuesta, en todo momento, ha sido la empatía. En una primera etapa y con apoyo de la app educativa  Carretica Cuentera (disponible en PlayStore y AppStore) decidimos ofrecer trivias, audiocuentos, hojas para colear, sopas de letras y ejercicios de escritura creativa, para ser un apoyo para docentes y padres de familia y también motivar a niñas y niños el gusto por las letras durante este tiempo. Todos los contenidos generados están vinculados a la promoción de la paz, educación ambiental, educación financiera, salud, nutrición y esperanza.

Sin embargo, paralelo a la generación de contenidos digitales educativos y entretenidos para los más pequeños, trabajamos en una segunda etapa luego del Covid-19 que consiste en definir una estrategia para llegar a las  aulas de aquellas poblaciones más vulnerables que no tienen acceso a estos recursos en sus casas y que volverán a las escuelas con un serio rezago.

El cierre de los centros educativos ampliará las brechas de rendimiento por nivel socioeconómico: las diferencias en acceso a tecnología y los ambientes del hogar influirán de manera negativa entre los que menos tienen. Es por eso, a recuperación de esta crisis exige creatividad, innovación y priorizar contenidos en las aulas.

Ya el sistema educativo estaba golpeado:  teníamos pobres niveles de lectura  desde la Primaria, una deficiente capacidad de razonamiento  matemático y  una escasa capacidad de resolución de problemas, por mencionar algunas de las deficiencias fundamentales. Sin embargo, la situación empeorará por mucho que las clases migren al mundo virtual. Los afectados serán los que menos tienen, debido a que en ellos, influye de manera negativa y directa las limitaciones de acceso a la tecnología, el apoyo de sus padres y la economía de sus hogares.

Un reciente informe de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) titulado “Efectos de la crisis del coronavirus en la educación” afirma que conforme se reducen los días de instrucción en escuelas y colegios, se impacta el rendimiento académico de niños y jóvenes en el corto y mediano plazo, se aumenta la exclusión escolar y, en el largo plazo, se traduce en menos oportunidades y menos salarios para los sectores menos favorecidos.

Estoy convencido, de que es necesario cambiar la escuela como la conocemos y de que esta crisis sea una buena oportunidad para dar el golpe de timón tan necesario y abandonar el modelo anticuado, no adecuado a las necesidades del siglo XXI.

¿Qué hacer post-cuarentena? Como primer eje de acción, es fundamental que niños y jóvenes, especialmente los de grupos de más riesgo, regresen a la escuela y permanezcan en el sistema educativo cuando se vuelvan a abrir las aulas. Es ahí el único lugar donde podrán hallar oportunidades para escalar socialmente, en un mundo que tendrá que aprender nuevas capacidades para enfrentar las crisis sociales y económicas que derivan de este nuevo virus y de lo que esté por venir.

En segundo lugar, los hacedores de política educativa y las instituciones no deben descuidar la formación  del docente en el uso de las metodologías online y su interacción en el aprendizaje: Tienen que saber cómo se hace la docencia en línea, aprender metodologías adecuadas, personalizar la docencia a sus alumnos, e, incluso, crear sus propios recursos educativos. No sacar una foto con el celular de la fotocopia que entregarían en el aula. Eso no hace el aprendizaje a distancia efectivo.

Por último pero no menos importante, la creatividad y la capacidad de priorizar contenidos será crucial para el segundo semestre del año. Como señala el informe de OEI, “menos es más:  si se sabe priorizar contenidos, la reducción del ciclo educativo podría tener un impacto más suave”. Los docentes tendrán  no necesariamente que apegarse a lo que dicen los planes de estudio, sino a hacer que sus estudiantes dominen habilidades básicas para la vida, como el trabajo en equipo y la lectura.

¿De qué sirve que un estudiante recite de memoria X o Y contenido de una asignatura específica, si cuando lee no comprende nada del párrafo o ni siquiera alcanza a leer fluido entre una sílaba y otra? De nada sirve. Nunca ha servido, lo que pasa es que esta crisis nos exige reinvención para ayer. La magia sucederá cuando personas normales estén dispuestas, en equipos, a realizar lo extraordinario. De lo contrario, la brecha se hará más grande y los afectados seremos todos.

Alberto Barrantes Ceciliano.

Twitter: @albertobace

Fundador y director de la organización educativa Carretica Cuentera

Alberto es periodista y emprendedor social, socio de la Red Iberoamericana de Jóvenes Líderes, graduado de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la Universidad de Costa Rica (UCR). Trabajó durante los últimos cinco años en el periódico La Nación de Costa Rica en la cobertura del acontecer político nacional e internacional. A partir de julio del 2015 decidió dejar las páginas del diario para dirigir la organización no gubernamental Carretica cuentera, que pretende fomentar el gusto por la lectura en niños de 4 a 6 años, en escuelas urbanas y rurales. 

Gobierno y economía digital en tiempos de crisis

Juan Gowland
Participante en el Programa Liderazgo Público Iberoamericano 2016

La crisis mundial que estamos viviendo, producto de los efectos del COVID19 -conocido como Coronavirus-, trajo aparejado un extenso debate, aún incipiente, sobre las políticas públicas de Argentina, tanto en medios de comunicación como en redes sociales.

En este contexto, considero que aún no se ha debatido en profundidad la importancia de la infraestructura digital para afrontar este tipo de escenarios. Desde mi punto de vista, la agenda digital se tiene que priorizar como una política de estado a desarrollar, independientemente del gobierno

de turno.

Cuando hablamos de infraestructura digital, nos referimos a toda aquella política pública tendiente a fomentar la transformación y modernización digital del país.1

Estas son políticas a largo plazo y que deben impactar en los distintos niveles de gobierno, en la economía, en el desarrollo de la conectividad, en la delimitación de un marco regulatorio que promueva inversiones y, sobre todo, debe potenciar el talento humano.

En nuestro país, durante los ocho días que llevamos de cuarentena obligatoria dispuesta por el gobierno nacional (Decreto 297/2020), se ha registrado un aumento del 25% del tráfico de internet. Esto se debe a que el trabajo, las relaciones sociales y el  entretenimiento mutó de lo presencial a lo digital. En este contexto cabe preguntarnos, cómo nos estamos relacionando con los distintos ejes de la agenda digital.

Para empezar a respondernos esta pregunta, es importante entender el avance que tuvo la Argentina en dos ejes principales: la velocidad móvil y la cantidad de accesos conectados.

Durante el período 2015-2019, nuestro país quintuplicó la velocidad móvil pasando de 4,4 mbps a 20,4 mbps.

A su vez, la cobertura de 4G llegó al 90% de los argentinos quintuplicando la cantidad de localidades conectadas.

Desde el punto de vista de los accesos, en el mismo período, se conectaron más de 2 millones de hogares nuevos gracias a las inversiones del sector privado y a

la iluminación de más de 25 mil KM de fibra óptica por parte del Estado Argentino. Todo esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo sería el aislamiento para muchos de los argentinos que no estaban conectados y ahora si lo están? Más importante aún: ¿Cómo seguimos promoviendo políticas que sigan impulsando el desarrollo de la infraestructura digital?

La semana anterior a decretar la cuarentena total, el gobierno argentino, dispuso que los empleados de la Administración Pública Nacional trabajen desde sus casas.

S

in lugar a dudas, esto no se podría haber logrado si durante la presidencia de Mauricio Macri no se hubiese avanzado fuertemente en políticas de gobierno digital, las cuales continúan durante este gobierno, y hoy nos permite que el Estado pueda seguir funcionando a distancia.

En contraposición a esto, muchos gobiernos provinciales y municipales están teniendo problemas para operar, por no haber promocionado en sus gobiernos la modernización y digitalización del Estado. Es indiscutible que la transformación digital debe acelerarse en los gobiernos y para ello todos tenemos que fomentarla.

¿Cuántos de nosotros aceleramos nuestra capacidad para educarnos y comunicarnos digitalmente en estos días? Un claro ejemplo la gran cantidad escuelas y universidades que optaron por la modalidad en línea para acelerar el proceso de aprendizaje de sus alumnos. Sin embargo, son millones los argentinos que todavía no se encuentran alfabetizados digitalmente. Ser un analfabeto digital implica perder todo tipo de posibilidad de desarrollarse en siglo XXI, en este sentido, como Estado todavía tenemos una gran brecha en la que debemos trabajar para acortarla, aunque ya haya políticas de inclusión digital para llegar a poblaciones más vulnerables que requieren mayor educación.

Argentina tiene un gran potencial en lo que respecta a su economía digital: su ecosistema permitió el surgimiento de empresas como Globant, Despegar y Mercado libre (entre otras) que fueron acompañadas por legislaciones como la Ley de Economía del Conocimiento sancionada por el anterior gobierno de los Kirchner el 18 de Agosto de 2004 y continuada por el ex presidente Mauricio Macri. La ley buscaba promover diferentes incentivos de inversión a empresas y pymes vinculadas con lo digital. Lamentablemente, el actual gobierno discontinuó la reglamentación de la ley generando incertidumbre en el sector privado. Las empresas y sobre todo las pymes necesitan de políticas que las ayuden a transformarse digitalmente para ser más com

petitivas y es allí donde es necesario trabajar codo a codo con el Estado.

Para finalizar, debemos tener en cuenta que, en momentos de crisis, es fundamental encontrar una respuesta a qué políticas públicas debemos fomentar como gobierno. En medio de la situación actual que estamos afrontando, considero que es necesario acelerar nuestra política digital para un mayor desarrollo económico, así como también para fomentar la igualdad de oportunidades a millones de argentinos que, por no tener conectividad o por no estar alfabetizados digitalmente, se encuentran en las periferias del mundo que hoy es digital.

Descargar artículo

Juan Gowland
Twitter: @juangowland

Politólogo. Funcionario de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Exfuncionario de Modernización de la Nación. Vicepresidente de Generación Argentina Política