Este artículo analiza la relevancia de la tecnodiplomacia en un contexto marcado por la Cuarta Revolución Industrial y la expansión de tecnologías como la inteligencia artificial, el 5G, la biotecnología y la digitalización. Estas transformaciones están redistribuyendo el poder global, generando nuevas amenazas de seguridad y otorgando un papel creciente a los Estados y a las grandes empresas tecnológicas.
A partir de una revisión de distintas definiciones, se defiende que con la tecnodiplomacia se pretende alcanzar objetivos de política exterior, regular tecnologías estratégicas, construir alianzas, influir en estándares internacionales y relacionarse con actores no estatales.
Asimismo, se destaca la necesidad de incorporar la perspectiva de los países periféricos, cuyas prioridades se centran en la transferencia tecnológica, la atracción de inversiones, la definición de estándares y el fortalecimiento de capacidades.
Finalmente, se propone una definición operativa de tecnodiplomacia aplicable a diferentes tecnologías y contextos de desarrollo.








