Un Contrato Social Iberoamericano para el Siglo 21

Rebeca Grynspan

Secretaria General Iberoamericana

 

Iberoamérica está ante una encrucijada de varios caminos y muchas más advertencias. La persiguen cuatro grandes tendencias que la fuerzan a decidirse: el cambio climático, las revoluciones tecnológicas, la polarización social y la desigualdad. Quedarnos parados es arriesgarnos a perder nuestro objetivo de cohesión social, nuestro medioambiente, nuestra dignidad laboral y nuestros sistemas democráticos. Hay que tomar un camino, y ese camino es la Agenda 2030, la única narrativa positiva que nos queda en un mundo político dominado por narrativas populistas. La única narrativa posible, la única que responde a cada uno de nuestros retos de manera transversal y comprometida.

Nuestra región ha enfrentado innumerables desafíos. Los de hoy podrían verse como la continuación de los de ayer. Pero la realidad es que, si bien los nuevos retos se unen a los viejos, lo cierto es que estos retos no son del todo nuevos, tanto en su dimensión como en sus dinámicas particulares.

La desigualdad que representa un futuro del trabajo donde solo una minoría de la población tiene acceso a las tecnologías y al trabajo formal y bien pagado es muy distinta a la del ayer donde el trabajo era mal pagado pero irremplazable. La polarización en tiempos de Twitter es muy distinta, y quizás mucho más profunda y cotidiana, que la polarización de una sociedad que aún solo se encontraba a sí misma caminando por las calles. Hasta hace menos de cuarenta años el cambio climático no era sino una sospecha.

El contrato social que hicimos entonces, que mal que bien nos ayudó a luchar estos retos, no nos servirá para afrontar las tendencias del mañana. Las profundas transformaciones del siglo 21 requieren instituciones que tengan de premisa el futuro. Que no solo respondan: que nos preparen.

Los conceptos han cambiado: la educación, en un mundo donde ya no existirán profesiones de por vida, donde la gente cambiará constantemente de trabajos que requieren distintas habilidades, ya no puede ser un asunto que termina a los 25 años – necesitamos crear un ecosistema de aprendizaje continuado a lo largo de la vida y legislar para que nuestros ciudadanos y ciudadanas tengan el derecho universal de accederlo.

Las instituciones laborales, en un presente donde ya tenemos una creciente cohorte de trabajadores informales, precarios autónomos, nómadas digitales, gremios multinacionales, jornaleros virtuales, ya no pueden basarse en sindicatos y derechos que asumían que los trabajos eran empleos de por vida – debemos crear sindicatos digitales y multi-gremiales, fortalecer nuestras garantías sociales para personas transitando entre empleos, actualizar nuestros derechos laborales para que sean independientes del trabajo realizado, para que los beneficios acumulados transiten también con nosotros.

Los modelos empresariales que asumían que el costo de operaciones era una simple ecuación de contabilidad interna, en un mundo donde vemos año tras año el verdadero costo ambiental de la producción no sostenible, ya no pueden ser considerados como económicamente válidos o viables – necesitamos llevar una transición hacia el Cuarto Sector de la economía, hacia la producción responsable y sostenible, hacia la inversión continuada en los recursos humanos y naturales.

Y por último, la discusión política, en esta encrucijada que advierte que los problemas mayores son futuros y no pretéritos, que son globales y no parciales, pues si algo compartimos es trabajo, medioambiente y sociedad, ya no puede mirar a un atrás donde estuvimos separados sino a un frente donde nuestros destinos están entrelazados – como ciudadanos debemos ser conscientes de la realidad y magnitud de los retos que ya nos están afectando, y activarnos en dar un cambio positivo a la polarización actual.

El nuevo contrato social iberoamericano del siglo 21, centrado en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, por tanto deberá basarse en cuatro premisas principales: nuevos derechos, nuevas ideas, nuevos mercados y nuevas personas. Tendrá que ser verde, inclusivo, conciliador y concienzudo. Apostar por mejores instituciones laborales, educativas, empresariales y políticas. Ser presentado en democracia y ratificado en sociedad.

El reto es convencer a la gente. Nuestro actual contrato social fue más una reacción que en una premonición. Una reacción a guerras mundiales, décadas de dictadura y de crisis económica. Hoy día no tenemos más alternativa que adelantarnos: el futuro corre más rápido que nosotros. Pero la tecnología, que promete mayor crecimiento, fortalecer el combate contra el cambio climático, impulsar la interconectividad ciudadana y ampliar nuestros modelos educativos, puede salvarnos.

Así que pongámonos sus zapatillas, veamos nuevos horizontes, cojamos el camino de la Agenda 2030 y el nuevo contrato social – y echémonos a andar.

 

Volver al boletín

 

“La educación para el desarrollo es una pieza clave en la acción en favor del desarrollo sostenible”

HABLAMOS CON I AINA CALVO

 

Hablamos con Aina Calvo, la directora de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), de temas como el compromiso de la Institución con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostneible (ODS) de la Agenda 2030, de los centros culturales y de formación de la AECID en América Latina, así como del futuro de la educación para el desarrollo.

 

Lleva usted aproximadamente 9 meses al frente de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). ¿Qué balance hace?

Hemos trabajado mucho para tejer alianzas y complicidades, para abrir espacios de escucha y de diálogo y para fraguar cambios de calado que pongan a la Agencia rumbo a la cooperación que queremos para la próxima década, con el horizonte compartido de la Agenda 2030. Estoy convencida de que hay impulsos que son imparables, porque cuentan con la fuerza de los trabajadores y trabajadoras de la Agencia, con su compromiso personal y profesional con la lucha por la igualdad y por un desarrollo sostenible para todos y todas y porque, con suerte, la política de cooperación internacional se afianzará como una verdadera política de Estado que ocupe un lugar central en nuestra acción exterior.

 

En torno al personal expatriado ¿Cree que sus condiciones laborales son óptimas para tener buenos resultados en los proyectos de cooperación que gestionan?

Rotundamente no. Así lo he manifestado siempre que he tenido ocasión, y es algo que debemos corregir, por una cuestión de decencia. Por eso al poco de ser nombrada, con motivo del Día del Cooperante, me reuní con todos los actores de la Cooperación Española, con los sindicatos y con la Asociación Profesional de Cooperantes para escuchar sus reivindicaciones y tratar de encontrar soluciones. La vida profesional de estas empleadas y empleados públicos tiene lugar en países en desarrollo, a menudo con graves carencias de servicios públicos y vivienda, altos índices de inseguridad en muchos casos, elevada inflación, etc., con el agravante de que todo su futuro laboral está en el exterior. Las condiciones laborales de este colectivo se han ido deteriorando en los últimos años por diversos factores, como la congelación de sus salarios en la época de crisis. Y la tipología de nuestro personal laboral, cuyas condiciones retributivas en el exterior son diferentes a las del resto de empleados públicos, ayuda poco o nada a mejorar esta realidad. Por primera vez se ha creado un grupo de trabajo conjunto entre el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Política territorial y Función Pública y el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación para dar una solución definitiva y sostenible a esta situación.

 

¿Qué papel juegan los centros culturales y de formación de la AECID en América Latina?

Nuestras redes de centros juegan un papel fundamental, reconocido por nuestros países socios y por el resto de Administraciones españolas, que encuentran en ellos una plataforma única para poder llevar a cabo sus acciones de cooperación internacional con impacto en desarrollo. La Red de Centros Culturales está constituida por trece centros de la AECID y seis centros asociados, con participación local, que enriquecen la diversidad e implantación geográfica de la Red, mayoritariamente en América Latina además de Guinea Ecuatorial. La Red de Centros Culturales es un instrumento importantísimo para trabajar en el ámbito de la cultura como factor de desarrollo y de construcción de sociedades diversas, creativas, justas e inclusivas. Por su parte, los Centros de Formación de la Cooperación Española en América Latina y el Caribe —ubicados en Cartagena de Indias (Colombia), La Antigua (Guatemala), Montevideo (Uruguay) y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)— son unidades especializadas en gestión y transferencia de conocimiento, y funcionan como foros de encuentro, reflexión e intercambio de experiencias en torno a múltiples aspectos del desarrollo en la región. Al mismo tiempo, contribuyen al fortalecimiento de capacidades institucionales, a la dinamización de la cooperación sur-sur y a la creación y consolidación de redes de personas expertas. Además, en no pocas ocasiones, juegan también un papel significativo en la cooperación cultural.

 

La AECID está comprometida con la Agenda 2030. ¿Qué acciones concretas lleva a cabo la agencia para contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?

Toda la Administración Pública española debe orientar su acción a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ese ha sido siempre un compromiso firme de este Gobierno, pero también es un mandato que recibimos del conjunto de la comunidad internacional y, en cuanto a la cooperación internacional, también de la sociedad civil española, que siempre ha demostrado una elevada solidaridad. El trabajo de la AECID incide en prácticamente todos los ODS. Siempre hemos puesto el foco en la erradicación de la pobreza (ODS 1). La prioridad que la Cooperación Española da a la educación (ODS 4), a la salud (ODS 3) o a la lucha contra el hambre y la malnutrición (ODS 2) es sobradamente conocida. Por referirme a un ejemplo, el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento que gestionamos desde la Agencia en América Latina, lleva una década trabajando por lo que consagra el ODS 6, y ahora vamos a trasladar esa experiencia al mundo árabe a través del Programa Masar. Todo ello sin olvidar los principios transversales de nuestras actuaciones: la igualdad de género, la diversidad cultural y la sostenibilidad medioambiental (ODS 5, 7, 10, 11, 13, 15).

 

Usted está muy vinculada con la educación, ya que antes de dirigir la Agencia era profesora de Universidad… ¿Cómo cree que contribuye la educación en general a la consecución de los ODS, y la educación superior en particular?

Bueno, yo sigo siendo profesora, aunque ahora no ejerza como tal. Esa es mi profesión, más allá de la responsabilidad que tengo la suerte de ostentar en estos momentos. Creo que el compromiso con la educación es un compromiso cívico, al que inevitablemente se une mi vocación profesional. Además de ser un derecho humano fundamental, la educación es también un elemento imprescindible para la erradicación de la pobreza, para conseguir sociedad inclusivas y oportunidades para todos y para todas y para construir un mundo pacífico y sostenible. Por eso desde AECID tratamos de acompañar a nuestros países socios en el establecimiento de una enseñanza gratuita, equitativa y de calidad, con el objetivo de garantizar que los niños y niñas terminen sus ciclos educativos y asegurar la adquisición de conocimientos necesarios para promover el desarrollo sostenible en todas sus variantes. Pero el ODS 4 nos habla de promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos y todas antes de 2030 y se relaciona directamente con el ODS 8 orientado hacia el trabajo decente para todas las personas. En este sentido, las Escuelas Taller impulsadas desde la Agencia han jugado y siguen un papel esencial. Al igual que la educación superior, que además también tiene un papel determinante en los objetivos de crecimiento económico y de empleo productivo, así como en la formación de profesionales que conformen el capital humano necesario para impulsar procesos endógenos de desarrollo.

 

¿Cómo se imagina usted el futuro de la educación para el desarrollo? ¿Qué papel cree que debe jugar la movilidad académica en ese futuro de la educación al desarrollo?

La educación para el desarrollo es una pieza clave en la acción en favor del desarrollo sostenible. El propio ODS 4, en su meta 4.7, nos habla de promover la educación para el desarrollo sostenible y los estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y la contribución de la cultura al desarrollo sostenible. Personalmente, me sumo a quienes opinan que esta línea de trabajo debería ser capaz de incorporar nuevas miradas y de orientarse de manera primordial a una educación para la ciudadanía global. Dentro del espacio académico, la movilidad, el intercambio, la colaboración… son esenciales. Pero también creo que no debería centrarse exclusivamente en los currículos académicos, sino también explorar todo el potencial, por ejemplo, de los espacios educativos no formales.

Fundación Carolina lanza dos nuevas líneas de publicaciones: Análisis Carolina y Documentos de Trabajo

El mejor conocimiento y análisis de la realidad de Iberoamérica y su posición y actuaciones ante la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible es también uno de los propósitos de la Fundación Carolina. En periodos anteriores la Fundación ha tratado de contribuir a ese conocimiento apoyando la investigación sobre esa realidad, y con una intensa actividad editorial, cuyos resultados están plenamente disponibles, en acceso abierto, a través de nuestra página web. En esta nueva etapa la Fundación, a través de su área de Estudios y Análisis, recupera esa actividad con dos nuevas líneas de publicaciones: los “Análisis Carolina”, en primer lugar, serán textos relativamente breves centrados en asuntos de actualidad, tratando de desentrañar sus claves y ofrecer recomendaciones de política. Los “Documentos de Trabajo”, más extensos y con un enfoque más académico, realizarán un análisis más exhaustivo y abordarán asuntos de mayor alcance, sin dejar por ello de tener una dimensión aplicada y orientada a la formulación de políticas. Estas publicaciones serán de libre acceso, con la correspondiente licencia Creative Commons. Serán elaboradas de forma independiente por parte de especialistas de reconocido prestigio. Por ello, su contenido no reflejará la posición institucional de la Fundación.

En el siguiente enlace se pueden consultar las publicaciones

Análisis Carolina Nº 1: “El difícil camino hacia adelante: Venezuela y el Grupo de Contacto Internacional” de David Smilde y Geoff Ramsey,

Documentos de Trabajo Nº1 : “El estado de la relaciones China-América Latina”, de Xulio Ríos.

 

 

 

Seminario en el Instituto Cervantes: «Una visión actual de la diplomacia cultural»

El día 25 de febrero tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Madrid el seminario “Una visión actual de la diplomacia cultural”; segunda sesión del ciclo que sobre el mismo título organiza Joan Álvarez del Instituto Europeo de Estudios Internacionales (IEEI). En el mismo participaron Luís García Montero (director del Instituto Cervantes), Miguel Albero (director de relaciones culturales y científicas de la AECID), Ibán Garcia del Blanco (presidente ejecutivo de Acción Cultural Española-AC/E) y José Antonio Sanahuja (director de la Fundación Carolina), moderados por Alfonso Lucini (Embajador de España). La sesión estaba destinada a poner de manifiesto la necesaria colaboración entre instituciones gubernamentales como clave para la consolidación de una diplomacia cultural ambiciosa y de éxito.

En las sucesivas intervenciones de los participantes salieron a relucir viejos problemas, como el de las competencias entre distintos ministerios y entre instituciones del mismo ministerio, problema institucional que nos ocupa desde hace 20 años y que sólo se podrá resolver cuando haya una política de Estado que favorezca la coordinación, la cooperación y la concentración entre instituciones.

Ha sido interesante escuchar, por otra parte, a las distintas instituciones para comprobar que sus agendas de actividad muestran la gran riqueza de las diversas expresiones culturales, educativas y científicas que se llevan a cabo y que quizás podrían mejorarse en algunos casos trabajando de forma coordinada.

Pero aún resulta más interesante el planteamiento de los nuevos problemas, de los destacamos solo los siguientes:

Instituto Cervantes:

  • Apuesta panhispánica para trabajar culturalmente en Iberoamérica.
  • Necesidad de la profesionalización.

AECID:

  • Trabajar más intensamente con programas, como ya se hace en algunos casos.
  • Necesidad de poner en marcha una carrera profesional para funcionarios de la AECID y del Instituto Cervantes.

AC/E:

  • Ampliar a otros espacios y países las actividades que han tenido buenos resultados.
  • Trabajar más intensamente en la puesta en valor el patrimonio.

Fundación Carolina

  • Impulsar el español como lengua de generación de conocimiento y comunicación científica y trabajar para que nuestro personal académico no dependa de los oligopolios de las publicaciones anglosajonas.
  • Trabajar en los marcos existentes, como el Espacio Iberoamericano del Conocimiento y la Educación Superior.
  • Estudiar nuevos modelos de “patrocinio” empresarial.

En conclusión, una buena sesión que permite aumentar nuestro interés hacia desarrollos culturales novedosos y en los que habrá que trabajar, a buen seguro, en los próximos años.

Tomás Mallo

 

El video del acto se puede ver en: